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21/10/2017
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TLATELOLCO
México, 02/10/1968
02/10/2008


Banda Bostik canta/sings/chante Tlatelolco

TLATELOLCO EN LA CANCIóN COMPROMETIDA

MEMORIAL DE TLATELOLCO (Rosario Castellanos)

    


Tragedia, representación teatral para recordar los acontecimientos del 2 de octubre de 1968, fue escenificada el 2 de Octubre de 2006 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco/Theatrical re-creation staged in the Plaza de las Tres Culturas, in Tlatelolco, on October 2nd, 2006, of the tragedy of October 2nd, 1968 /Recréatioon théâtrale des événements du 2 Octobre 1968 sur la Place des Trois-Cultures le 2 Octobre 2006/Ricreazione teatrale degli avvenimenti del 2 ottobre 1968 in Piazza delle Tre Culture, il 2 ottobre 2006-  Foto Roberto García/ LA JORNADA

Escucha

el rumor         escucha

las cadenas que lleva el torrente

oye, mira

el terror cabalga en aras de bayoneta

acércate amor mío, no temas, ya pasará

Nos cubrieron con lazos de dolor

nos robaron el lenguaje de los astros

No temas ya llegará la aurora

En la negritud se volcó la imagen

nos rompieron los cráneos

y mis cabellos bañan la simiente.

Estréchate ya pasará el frío

Se crecieron las negras raíces

Serpiente verdesmeralda

formada de cristal de gritos

Nos negaron el silencio

y nos acogotaron con sus voces

Ya pasará amor mío no temas

 

Eduardo Santos

Facultad de Comercio de la UNAM, Revista de la Universidad

                   Listen

for the murmur         listen

for the stream of chains

listen, look

terror gallops on an altar of bayonets

come closer, my love, fear no more, it will be over

They covered us with ribbons of pain

they robbed us of the language of the stars

Do not be afraid, dawn will come

The image was thrown into the blackness

they broke open our skulls

and strands of my hair cover the seed.

Hold tight, the cold will go away

The roots of darkness rose

Emerald-green serpent

made of cries that shattered the glass

They denied us the silence

and choked us with their voices

It will be over, my love, fear no more

 

Eduardo Santos

School of Commerce, UNAM, Revista de la Universidad

Translated by Atenea Acevedo and revised by Machetera, Tlaxcala  

  


México, 2 de Octubre de 1968: Noche de Tlatelolco, muerte del movimiento estudiantil

por Ernesto Páramo, Tlaxcala

Los hechos de la noche de Tlatelolco están aun cubiertos, 40 años después, por una neblina densa y fría que oculta la identidad de una multitud de actores secundarios, que a pesar de eso, tuvieron papeles de importancia  en esta tragedia. Aquellos actores principales que tomaron las decisiones y que tuvieron responsabilidad directa por los acontecimientos que condujeron a la masacre: el presidente de la Republica Gustavo Díaz Ordaz, el Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez, el jefe del Estado Mayor Presidencial general Luis Gutiérrez Oropeza, el comandante de la operación militar en Tlatelolco general José Hernández Toledo y el comandante del Batallón Olimpia Coronel Ernesto Gutiérrez Gomes Tagle, entre otros, junto con aquellos que se dedicaron a crear confusión como estrategia de desinformación en los días que siguieron a  la masacre, han permanecido fuera del alcance de la ley y de la justicia.   

Sin embargo, la sangre de los jóvenes y las lágrimas de los adultos aún están frescas y llenas de dolor.

Juan Kalvellido, TlaxcalaLas marchas masivas de  más  de 700 mil u 800 mil estudiantes, trabajadores, amas de casa y empleados de oficina que tardaban más de tres o cuatro horas en llegar al Zócalo a partir del Museo de Antropología, aún están presentes y frescas en la memoria de quienes participaron activamente y de quienes formaron valla en silencio a lo largo del camino para verlos pasar y darles su apoyo.

Es cierto que el Consejo Nacional de Huelga no fue disuelto sino hasta el 4 de Diciembre en un mitin en Zacatenco. Sin embargo, también es cierto que después de la noche del 2 de Octubre y la masacre de Tlatelolco, con cientos de estudiantes y espectadores muertos, miles de encarcelados en prisiones y campos militares o víctimas de persecución por parte del estado y sus fuerzas de represión, el movimiento estudiantil realmente dejó de existir. Aparte de intentos de protesta aislados, durante la Ceremonia Inaugural de la XIX Olimpiada, que fueron rápida y brutalmente suprimidos, el movimiento prácticamente desapareció.

 Hay dos versiones, aparentemente contradictorias, de los acontecimientos de la noche del 2 de Octubre, y ellas dependen principalmente del lugar en el que se encontraban los observadores, del tiempo en el que realizaban sus reportes y de su interpretación personal bajo circunstancias de peligro extremo.
Juan Kalvellido, Tlaxcala

Se celebró un mitin público que fue anunciado para empezar a las 17:00 horas en la Plaza de las Tres Culturas, en el cual se encontraban una gran variedad de gente: Padres de familia con niños pequeños, estudiantes, trabajadores, obreros. Los oradores exigían en tono verbal agitado que terminara la represión violenta ejercida por las diferentes fuerzas policíacas, cuando de pronto se dejaron oír ráfagas de ametralladora sin saber exactamente de donde venían.

La gente empezó a correr tratando de escapar en un pánico ciego, lo que produjo muchos lesionados.

Durante estos momentos de caos, francotiradores situados en los edificios de la Unidad Habitacional de Tlatelolco empezaron a disparar en contra de las unidades del ejército que se encontraban ahí. El tiempo, las 18:10. La batalla se generaliza oyéndose ráfagas de ametralladora interrumpidas por largos lapsos de silencio y después del silencio, las ráfagas de nuevo.

La mayoría de los disparos en contra del ejército se hicieron desde el edificio 16 de Septiembre: el ejército respondió usando 2 tanques que dispararon con sus cañones en contra del edificio. Esto produjo inmediatamente un incendio y un número desconocido de víctimas que debe de haber sido muy grande.

Muy pronto se hicieron numerosas llamadas telefónicas a la Cruz Roja y a la Cruz Verde para que atendieran a las víctimas y para que las transportaran a las clínicas y hospitales que les pudieran ofrecer ayuda médica. Las ambulancias hicieron una cantidad innumerable de viajes con los heridos durante toda la noche.

En estos momentos se puede observar una gran cantidad de heridos, pero ningún muerto. El rumor empieza a circular de que hay dos soldados muertos. 

Aunque la batalla se llevaba a cabo en toda la unidad habitacional, sólo se podían ver dos camiones quemados a las 19.30 horas. 

Muchos curiosos que se encontraban en el lugar de los hechos recibieron heridas de bala.

Como decíamos antes, hay varias versiones de los acontecimientos y de cómo empezó la balacera. A las 19:40 horas circulaban dos de ellas.

La primera dice que 3 helicópteros se encontraban volando sobre el lugar, cuando de pronto uno de ellos dejó caer una luz verde, que se asume fue la señal para que el ejercito empezara a atacar.

La segunda dice que una patrulla policíaca pasaba frente al edificio 16 de Septiembre, cuando fue atacada con armas de fuego y testigos aseguran que miembros de la policía montada empezaron a disparar en contra de los habitantes del edificio. Inmediatamente después llegó el Ejército con sus tanques, abriendo fuego con sus cañones y provocando un incendio que se extendió con rapidez.

Los oradores hicieron un esfuerzo desesperado para controlar esta situación tan violenta, pidiendo a los asistentes que no hicieran nada que provocara una reacción del ejército o de la policía.

Un helicóptero bajó mucho sobre la Plaza de las Tres Culturas, donde se llevaba a cabo el mitin y dejó caer una luz verde. De inmediato se inició la balacera y el ejército inicio sus operaciones.

A las 19:15 horas en el punto más feroz de la violencia. La balacera se extiende desde la calle Manuel González en el norte a la calle Sol, lo que incluye la totalidad de la Unidad Habitacional de Tlatelolco.

Grupos de granaderos se ven por todas partes persiguiendo a los estudiantes y disparando a matar con sus rifles.

A las 19:15 horas un Volkswagen blanco, circula a alta velocidad por la calle Manuel González, se detiene por unos momentos en la Glorieta Peralvillo, dispara varias veces a los soldados y escapa.

A las 19:45 horas en la calle Prolongación de San Juan de Letrán y Sol unos 100 estudiantes hacen un mitin, y el orador los arenga a través de un megáfono, para que se mantengan unidos sin tenerle miedo a la muerte.

De repente una camioneta panel blanca llega ahí y se estaciona, todos los muchachos se dispersan hacia el sur.

En las calles de Zarco y Nonoalco se ve un autobús de la línea San Rafael-Aviación destruido. En las calles de Guerrero y Nonoalco se encuentra otro de la línea Guerrero-San Lázaro en llamas. En Lerdo y Nonoalco hay un autobús de la línea Peralvillo-Tlanepantla en ruinas.

A las 20:00 horas se ven escenas desgarradoras de padres de familia buscando a sus hijos por los alrededores.

Por el edificio de Relaciones Exteriores se puede ver a una señora cargando a una niña de tres años, camina unos pasos y se desmaya.

A las 20:19 horas El Ejército entra en masa a la Plaza de las Tres Culturas con varios carros ligeros de combate y un gran número de soldados. Al mismo tiempo, aproximadamente 100 estudiantes fueron conducidos a San Juan de Letrán en 18 transportes militares como prisioneros.

Por más de 30 años el Gobierno Federal ha negado la existencia de detenidos y desaparecidos en el Campo Militar Número Uno, sin embargo, documentos oficiales de la Procuraduría General de la Republica y de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad sobre la represión del 2 de Octubre de 1968, localizados en el Archivo General de la Nación, desmienten las versiones que prevalecieron por más de tres décadas.

Clique en la imágen
 

Después de que el ejército entró a la Plaza de las Tres Culturas se podía ver una gran cantidad de muertos. Algunos de los cuales, se empezaba a amontonar, unos sobre otros.

A las 20:45 horas empieza un incendio en el edificio Chihuahua sobre el cual concentra su fuego el ejército porque piensan que ahí se encuentran los miembros del Consejo Nacional de Huelga.

Alguien dice que hay 17 muertos en el atrio de la Iglesia de Santiago.

El Ejército ha capturado y tiene prisioneros a 400 estudiantes en la parte de atrás del edificio de Relaciones Exteriores.

Llegan más refuerzos del ejército, los granaderos y otras fuerzas policíacas a la Unidad Nonoalco. En la Plaza de las Tres Culturas una ambulancia militar transporta a dos muchachas. No se sabe si están heridas de gravedad.

Entre las calles de San Juan de Letrán y Tacuba se puede ver un tranvía quemando. Entre las calles de San Juan de Letrán y 16 de Septiembre un camión de limpieza es consumido por el fuego

Un testigo recuerda el arribo de la Brigada Olimpia que estaba integrada por agentes especiales, muchos de ellos tan jóvenes que se podían confundir fácilmente con los estudiantes, y que sólo se identificaban por un guante blanco en la mano izquierda. Estos soldados entraron a todos los departamentos de los edificios en busca de estudiantes, armas o testigos de las atrocidades.

Es una situación Dantesca con muchos padres, madres, hermanos y otros familiares buscando a sus seres queridos. Van de un lugar a otro preguntando y tratando de encontrar a sus familiares. Se llenan de pánico cuando se enteran de que algunos de los edificios han sido ametrallados por el ejército o que los granaderos disparaban a los estudiantes por la espalda.

La otra versión del inicio de la masacre dice que ya iba a terminar el mitin cuando se vio pasar un grupo de muchachos que parecían estudiantes. Se dirigían al edificio Chihuahua, hacia el balcón que usaban los oradores. Este grupo era parte de la Brigada Olimpia, una unidad especial de la policía integrada por soldados, policías judiciales y otros. Llevaban un guante blanco en la mano izquierda para identificarse.

Entraron al edificio y llegaron al balcón donde estaban los dirigentes del movimiento estudiantil, trataron de detenerlos y ellos resistieron, así que los miembros de la Brigada Olimpia empezaron a disparar cuando vieron una luz verde que se lanzó desde un helicóptero que descendió bastante bajo. Del edificio Chihuahua se difundió la balacera a todos lados.

En la parte de atrás de la Iglesia de Tlatelolco hay más de mil estudiantes detenidos por el ejército. En un elevador del edificio Chihuahua se encuentran como 60 estudiantes en calzoncillos con la cara hacia la pared y las manos en la nuca.

Hacia las 24:00 horas se pueden ver unas mil doscientas personas detenidas en la parte oriente de la Iglesia de Tlatelolco. Entre ellos, estudiantes, padres y madres de familia, obreros, empleados de oficina y hasta niños. Por todos lados se ven escenas desgarradoras. Se oyen gritos desesperados de angustia y se ven las figuras en la oscuridad de aquellos que buscan, con frecuencia en vano, a aquellos familiares que han desaparecido

Varios francotiradores que atacaron a las fuerzas del ejército desde los edificios de Tlatelolco perecieron o sufrieron heridas graves. Cuando menos dos son identificados como miembros del ejercito.  

Como siempre en América Latina, cuando hay un desastre político o alguna tragedia social, la CIA se encuentra escondiéndose muy cerca, en un algún agujero o en el caso de México, en las oficinas de los más altos dirigentes de la nación.

Según documentos recientemente desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos, obtenidos y examinados por Kate Doyle del Archivo de Seguridad Nacional, la CIA inició en 1956 un programa para reclutar altos funcionarios del gobierno mexicano y tuvo en Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez a dos agentes de muy alto valor.
En su libro sobre Winston Scott, "Our Man in Mexico" [Nuestro hombre en México], Jefferson Morley analizó también estos documentos y otros muchos.

 
Winston Scott
 
  
Díaz Ordaz                                                                  Gutiérrez Barrios


Echeverría

Díaz Ordaz, Echeverría y Fernando Gutiérrez Barrios fueron reclutados por Winston Scott que fue jefe de estación en México entre 1956 y 1969 como parte del programa denominado *Litempo*, que tuvo un éxito tan grande que se consideró como modelo para otras estaciones de la CIA.

Sin embargo, el programa acabó por absorber a su creador, anotó Morley en resumen, al señalar que los reportes sobre el movimiento estudiantil de 1968 sólo reflejaron el punto de vista que el gobierno de Díaz Ordaz quiso presentar y que de acuerdo a varios reportes (la CIA transmitió cuando menos 15 versiones distintas y contradictorias sobre los hechos de Tlatelolco) el gobierno de México estaba luchando en contra de una amenaza comunista con raíces en el extranjero.

Fuentes cercanas a la presidencia de Díaz Ordaz aceptaron sin reserva a fines de 1968, que nadie tenía la menor idea de cómo resolver los problemas con el movimiento estudiantil, sin poner en peligro el inicio de los Juegos Olímpicos y que Díaz Ordaz llamaba por teléfono a Scott con tanta frecuencia, en los momentos más difíciles del conflicto para pedirle consejos y ayuda, que el jefe de estación se regresó a los Estados Unidos para cortar la comunicación entre ellos.

El código Litempo compuesto por el prefijo Li que identifica operaciones en México y Tempo, que identifica al programa de relaciones entre la CIA  y “altos funcionarios selectos” de México.

Díaz Ordaz era Litempo 2, Echeverría era Litempo 8 y Gutiérrez Barrios Litempo 4.

Litempo 1 era Emilio Bolaños, un sobrino de Díaz Ordaz que fue posiblemente el conducto por el cual entraron en contacto con el Presidente, cuando era Secretario de Gobernación.

El documento dice que la CIA-México informó al gobierno de EEUU que el gobierno mexicano reportó que el movimiento estudiantil era dirigido por comunistas y que tenía influencias extranjeras [proviniendo de la Embajada Soviética] pero que los reportes eran cuando menos exageraciones.

Como muchos mexicanos, los oficiales de la embajada de los Estados Unidos en la ciudad de México, no estaban preparados para ver la fuerza que tomó el movimiento estudiantil y la violencia que desató el gobierno de Díaz Ordaz como respuesta. Los reportes que salían de la embajada eran con frecuencia confusos durante la crisis, posiblemente porque los oficiales de la CIA tenían relaciones mucho más cercanas con los políticos mexicanos, que los miembros de otras agencias y estaban más dispuestos a creer su propaganda política. Por una parte, la Embajada tenía mucha confianza en la hegemonía de régimen. Por otra parte, oficiales de los Estados Unidos nunca pensaron que los estudiantes pudieran ser capaces de montar un desafió serio al gobierno.

En respuesta a los disturbios estudiantiles de mayo en Paris, Washington pidió a la Embajada que preparara una evaluación de los cuerpos estudiantiles mexicanos, pero ellos fallaron en predecir el huracán que se avecinaba. El 14 de Junio, unas cinco semanas antes de la primera confrontación entre los estudiantes y las fuerzas de seguridad, la Embajada predijo con toda confianza que era imposible que pasara en México algo parecido a lo que pasó en Francia.

También es interesante notar que una caja que se encuentra en la galería dos del Archivo General de la Nación, depositada en el fondo Gobernación, contiene telegramas enviados al Presidente de la Nación en los días que siguieron al 2 de Octubre de 1968 por políticos, empresarios y lideres de organizaciones afines al régimen en todo el país.

En medio de centenares de papeles se encuentra uno fechado en Buenos Aires el 23 de Octubre de 1968; el mensaje es breve: “Rogamos haga llegar nuestra adhesión al gobierno de México”. Este mensaje está dirigido a Luis Echeverría y esta firmado por Jorge Luis Borges, Manuel Peyrou y Adolfo Bioy Casares. Años después, Borges confirmó sin lugar a duda su vocación y afinidades fascistas cuando aceptó honores por su obra literaria rendidos por miembros de la Junta Militar Pinochetista en Chile.

La caja de los telegramas esta precedida por otra que contiene los acuerdos que tomaron Díaz Ordaz y Echeverría durante el mes de Octubre de 1968, sin embargo se encontró uno que no tiene nada que ver con eso. Este oficio fue enviado por Winston Scott, jefe de estación de la CIA en México el 19 de Julio de 1965 con una invitación a Fernando Gutiérrez Barrios a seleccionar dos agentes de la Agencia Federal de Seguridad para que a partir del “15 de Septiembre”, viajen a los Estados Unidos para “recibir entrenamiento por cuatro meses”.

 

"La Noche De Tlatelolco" de Elena Poniatowska


La noche de Tlatelolco
Testimonios de historia oral

   
Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco

treinta años de paz más otros

treinta años de paz,

más todo el acero y el cemento empleado para las

fiestas del fantasmagórico país,

más todos los discursos

salieron por boca de las ametralladoras.

José Carlos Becerra


   Libros y documentos para leer /Books and documents  to read /Livres et documents  à lire/Livros e documentos para ler

Our Man in Mexico: Winston Scott and the Hidden History of the CIA, Jefferson Morley , University Press of Kansas 2008, 371 pages . ISBN-10: 0700615717. ISBN-13: 978-0700615711

The Tlatelolco Massacre, U.S. Documents on Mexico and the Events of 1968, by Kate Doyle, Oct. 2003. Research Assistance: Isaac Campos Costero. Additional Research: Tamara Feinstein and Eli Forsythe

68, El Desconcierto de Washington, Kate Doyle, Proceso N° 1406, 5 de Octubre de 2003

Los Patriotas – de Tlatelolco a la guerra sucia
, de Julio Scherer García e Carlos Monsiváis, 199 pp., Nuevo Siglo/Aguilar, México DF, 2004

La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral, Elena Poniatowska, Biblioteca Era 2003, 280pp. ISBN-13: 9789684114258

Massacre in Mexico, Elena Poniatowska, translated by Helen R. Lane, University of Missouri Press 1992. ISBN-13: 9780826208170

68,  Paco Taibo, Siete Cuentos Editorial 2004, 224pp, ISBN-13: 9781583226001
 
68, Paco Ignacio Taibo II,  translated by Donald Nicholson-Smith, Seven Stories Press 2004, 224 pages. ISBN-10: 1583226087. ISBN-13: 978-1583226087

68, Paco Ignacio Taibo II, Éditions L’Échappée 2008, 125 p. . ISBN-10: 2915830142. ISBN-13: 978-2915830149

   2 DE OCTUBRE DE 1968
Verdad Bajo Resguardo
Kate Doyle & Susana Zavala, 2/10/2008 

Washington D.C., 2 de octubre 2008 - Nosotros hemos arrivado en el cuadragésimo aniversario de la masacre de Tlatelolco con poco que reportar. Los eventos de ese terrible día continuan envolviendo los secretos que caracterizaron el régimen represivo y dictatorial que se vivió en México en aquella época, a diferencia de la actualidad en donde México es una nación moderna, desarrollada y democrática. Este vergonzoso suceso se dió gracias a las mentiras, a la desinformación y a los errores de los originales responsables: el ex Presidente Gustavo Díaz Ordaz; su segundo al mando, el Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez; Marcellino García Barragán secretario de la Defensa Nacional; al Jefe del Estado Mayor Presidencial Luis Gutiérrez Oropeza; a mario Ballesteros Prieto, Jefe del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional; y a Alfonso Corona del Rosal, regente del Distrito Federal.

Pero esos hombres, la era que representaron y los grandes obstáculo para entender lo que sucedio en Tlatelolco quedaron enterrados en el pasado. Ese honor correponde al gobierno actual de México, el cual se ha negado a dar información que pudiese aclarar todo lo que sucedio el 2 de Octubre de una vez por todas. Lo deshonesto y los esfuerzos incompletos del ex Presidente Vicente Fox para obligar a sus agencias a abrir los archivos e iniciar una investigación criminal, es agravado hoy en día por el gobierno del actual Presidente Felipe Calderón el cual obstruye la investigación entre los archivos preservados en el Archivo General de la Nación, en donde esforzarse a investigar es perderse en un hoyo negro de falta de documentación, aguantando al personal intransigente y prepotente.

Para marcar la solemne ocasión del aniversario de Tlatelolco, Archivos Abiertos ofrece la más completa información hasta la fecha de los archivos que existen acerca del 2 de Octubre, y lo que permanece escondido bajo resguardo. Es nuestra esperanza que los sobrevivientes de Tlatelolco, las familias de las víctimas, los historiadores,  los periodistas y los investigadores de los derechos humanos utilizen esta información como guía para insistir en una versión completa y veraz de los acontecimientos de la masacre. Así - y sólo así - podamos llegar a un México verdaderamente abierto.

Washington D.C., October 2, 2008 - We have arrived at the fortieth anniversary of the massacre at Tlatelolco with little to report. The events of that terrible day remain shrouded in the kind of secrecy that characterizes repressive dictatorships rather than the modern, developed and democratic nation that Mexico is today. This shameful state of affairs is due first and foremost to the lies, misinformation and equivocations of those originally responsable: the late President Gustavo Díaz Ordaz; his hardline deputy, Government Minister Luis Echeverría Alvarez; Marcellino García Barragán, Secretary of National Defense; Chief of the Presidential Staff Luis Gutiérrez Oropeza; Mario Ballesteros Prieto, Chief of Staff to the Secretary of National Defense; and Alfonso Corona del Rosal, Regent of the Federal District.

But those men, and the era they represented, have receded into the distant past and no longer pose the greatest obstacle to understanding what happened to Tlatelolco. That honor belongs to the current government of Mexico, which has steadfastly refused to provide the records and testimony necessary to clarify October 2nd once and for all. The dishonest and incomplete efforts of ex-President Vicente Fox to compel his agencies to turn over their files related to Tlatelolco and to launch competent criminal investigations of former Mexican officials is exacerbated today by stonewalling on the part of President Calderón’s government. To investigate Tlatelolco among the files preserved at the Archivo General de la Nación is to lose oneself in a black hole of missing documentation, enduring secrecy and an intransigent and arrogant staff.

To mark the solemn occasion of the anniversary of Tlatelolco, Archivos Abiertos offers the most complete account to date of what files exist on October 2nd – and what remains hidden.  It is our hope that the survivors of Tlatelolco, families of the victims, historians, journalists and human rights investigators will use this account as a guide to insist on a full and truthful version of the events of the massacre.

Thus - and only then - we will achieve a truly open Mexico.

   
 

Durante el sexenio de Vicente Fox Quesada, se decretó el acuerdo presidencial, 27 de noviembre de 2001, mediante el cual se disponía de diversas medidas para la procuración de justicia por delitos cometidos contra personas vinculadas con movimientos sociales y políticos del pasado.

Una de las disposiciones ordenó que la documentación en poder de las dependencias federales fuera transferida al Archivo General de la Nación (AGN) para atender la recomendación 26/2001 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), que había documentado 532 casos de desaparición forzada de personas por motivos políticos. A estas investigaciones se les daría seguimiento a través de una fiscalía especial dependiente de la Procuraduría General de la República.
 
En
2002 la Oficina del Fiscal Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (OFEMOSPP), encabezada por Ignacio Carrillo Prieto, abrió sus puertas para integrar las averiguaciones previas de los casos investigados previamente por la CNDH. Tiempo después, Carrillo atrajo también las denuncias de los acontecimientos del 2 de octubre de 1968 y los hechos del 10 de junio de 1971. Su misión era comprobar la responsabilidad de funcionarios, de todos los niveles (que ejercieron funciones en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta) en delitos en contra de personas vinculadas a grupos de oposición al gobierno mexicano de aquellos años.

Pero, ¿cuáles fueron las Secretarías de Estado que atendieron esta medida? ¿Cuáles no cumplieron y estaban obligadas? ¿Cuándo y en dónde se resguardó la documentación de aquellas que acataron el acuerdo? ¿Quiénes pueden tener acceso a estos documentos? ¿Quiénes se hicieron cargo de monitorear el total cumplimiento del mandado presidencial? Estas y muchas otras preguntas motivaron a The National Security Archive a realizar una exhaustiva investigación haciendo uso de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental (LFTAIPG) para conocer los detalles del cumplimiento a la disposición presidencial y su vigencia actual.

Dependencias que cumplieron

SEDENA (DOCUMENTO 1)

Sólo algunas de las Secretarías de Estado atendieron el acuerdo de Fox. De las primeras en hacer entrega de parte de su archivo histórico fueron las Fuerzas Armadas.  El 22 de enero de 2002, la SEDENA, mediante Acta de Transferencia, hace entrega de información generada desde 1965 hasta 1985.

 “En la Ciudad de México, DF, siendo las dieciocho horas del día veintidós del mes de enero del año dos mil dos, en las instalaciones del Archivo General de la Nación, se precede a suscribir la presente acta de cumplimiento al acuerdo presidencial. Publicado en el Diario Oficial de la Federación el 27 de noviembre del 2001. Mediante el cual dispone diversas medidas para la procuración de justicia por delitos cometidos contra personas vinculadas con movimientos sociales y políticos del pasado, con la representación por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional el C. General de División EM Roberto Miranda Sánchez, Director General de Archivo e Historia y por parte de la Secretaría de Gobernación la C. Dra. Stella María González Cicero, Directora del Archivo General de la Nación…”

El documento termina asentando “Por lo anterior la Dirección del Archivo General de la Nación, custodiará y conservará el acervo documental que constituye la información que le es transferida en estricto acatamiento al Acuerdo Presidencial de mérito.”  El acta consta de 9 fojas de las que se resume la siguiente cifra: Cajas 486, legajos 1,653 y un total de 150,713 hojas de 36 Zonas Militares de las 45 que actualmente existen.

La consulta de este fondo documental no tiene mayores restricciones que las señaladas por el área de referencia del AGN. Sin embargo, éste no cuenta con  un índice temático completo que facilite la búsqueda de información, aunque el AGN en su Centro de Referencias tiene a disposición de los investigadores el que le entregó SEDENA.

Por otra parte, hemos identificado documentos que adjuntan anexos los cuales aportan información complementaria en las comunicaciones entre las áreas militares u otras dependencias. Realizamos una exhaustiva búsqueda tratando de ubicar estos anexos en la colección transferida al AGN sin éxito. Y haciendo uso del Sistema de Solicitudes de Información (SISI) del IFAI cuestionamos al respecto a la dependencia castrense, lamentablemente los funcionarios actuales del Archivo Histórico Militar desconocen el paradero de los anexos ya que categóricamente pronunciaron la inexistencia de esta información.

CISEN (DOCUMENTO 2)

El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) envió a las instalaciones del ex Palacio de Lecumberri, en febrero de 2002, el fondo documental perteneciente a la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) y la información de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) que se encontraban bajo su custodia desde 1947 hasta 1985.

El Acta entrega-recepción signada por el entonces director del CISEN, Eduardo Medina Mora y la directora del AGN Stella María González Cicero, contabilizaron 4223 cajas con un número aproximado de 58,302 (expedientes). Además se transfirieron de una serie de tarjetas, contabilizadas en aproximadamente 7 millones y que hacen posible la búsqueda de los documentos en sus expedientes, que no fueron especificadas en el  acta de entrega.

También el acta de recepción omite detalles sobre la descripción y el formato de la información resguardada en la Galería No. 1. Sólo señala la procedencia de ésta. Cabe mencionar que las autoridades actuales del AGN aseguran que existen miles de imágenes en diversos tamaños, no obstante descartan por completo que la colección incluyera audiocintas o vídeos.

Para corroborar lo dicho por las autoridades hemos solicitado al CISEN y al AGN un cotejo entre la información resguardada y lo que realmente se trasladó mediante el acta de entrega. Esto debido a las contradicciones en que ambas dependencias han incurrido pues el CISEN manifiesta haber remitido al AGN todo los documentos y el AGN ha respondido que no llegó información en formatos de audio y video.

Sobre su acceso, cuando se trate de un personaje, la vía corta es una solicitud electrónica a través del SISI, en su modalidad de Versión Pública (VP). En los documentos que el AGN entrega en esta modalidad se testan (se suprime con cintos negros) los datos personales del individuo en cuestión. Cuando se desee consultar sobre un tema en particular es decir algún grupo armado, institución, dependencia, etc., lo recomendable es visitar la Galería No. 1 del AGN. 

El AGN, desde 1998, ya tenía en resguardo un fondo documental perteneciente a la DGIPS, órgano que dependía de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) también extinta DFS reportaba a esta dependencia. Este fondo actualmente se  ubican en la Galería No. 2 del archivo y cuenta con 3052 cajas de información. En este fondo está totalmente abierto al público y fue trasladado al AGN en otro momento y circunstancias. En parte de esta colección es posible consultar cerca de 500 cajas con copia de informes de la DFS de 1969 a 1976.

Secretaría de Relaciones Exteriores (DOCUMENTO 3)

Esta dependencia da respuesta al acuerdo presidencial el 14 de enero de 2002.  Por parte de la Dirección General de Derechos Humanos de la SER, la Subsecretaría para Derechos Humanos y Democracia, Mariclaire Acosta, manifiesta:

“En cumplimiento del citado Acuerdo y después de haberlo conversado con el titular de la Unidad de Estudios Legislativos de la Secretaría de Gobernación, le transmito los citados expedientes en paquetes de 4 y 10 sobres cerrados, respectivamente, con el fin de que los mismos se integren al Archivo General de la Nación.”

Los citados paquetes no han sido posibles de localizar ni en la SER ni en el AGN, ignorándose pues el total de fojas, tipo de material y descripción de su contenido.

La Secretaría de Gobernación (DOCUMENTO 4)

El entonces Secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, dio instrucciones a las Direcciones Generales a su cargo de enviar, a más tardar al 31 de enero de 2002, la documentación relativa al acuerdo presidencial.

Por su parte, el 16 de enero de 2002, Felipe de Jesús Preciado Coronado, Comisionado del Instituto Nacional de Migración informa: “…me permito transferir al Archivo General de la Nación un total de 15 expedientes originales pertenecientes al archivo de la Coordinación de Control y Verificación Migratoria y que contiene información presumiblemente relacionada con los hechos materia del citado Acuerdo Presidencial…”

Su lista no cuantifica el número de fojas o formato de la información, sólo precisa una breve descripción y algunas fechas. Por ello sabemos que la celda número 7 menciona un informe confidencial del año 1968 y la 13 refiere uno a los disturbios estudiantiles en el mes de julio en la Ciudad de México.

El comisionado finaliza comentando “… se carece de elementos para determinar cuales (expedientes) estarían vinculados con hechos del pasado relacionados con violaciones a los derechos humanos o probablemente constitutivos de delitos cometidos en contra de personas vinculadas con movimientos sociales y políticos, por lo que desde luego, dicho acervo está a disposición de las instancias competentes que requieran consultarlo.”

A pesar de que este memorándum está dirigido a la entonces Directora Stella María González haciendo entrega del mismo, esta información no se encuentra disponible al público pues se desconoce su ubicación dentro del AGN.

Los que no acataron la disposición

Hubo direcciones generales dependientes de la SEGOB que no cumplieron el acuerdo argumentando no contar con expedientes que aportaran datos a las investigaciones. Por ejemplo, la Dirección General del Registro Nacional de Población e Identificación Personal, informó lo siguiente el 22 de enero: “…esta Unidad Administrativa no cuenta con archivo documental de acuerdo a lo solicitado.”  El memorándum lo firma el Director General, Fernando Tovar y de Teresa. (DOCUMENTO 5)

La Dirección General de Asociaciones Religiosas, Dirección de Registro y Certificaciones refiere el titular, Guillermo Fuentes Maldonado, el 10 de enero de 2002: “Sobre el particular me permito informarle que en los archivos dependientes de la Dirección General de Asociaciones Religiosas de la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos, no existen expedientes, documentos e información general que pudiera ser considerado como relevante para la investigación de los hechos del pasado.”  (DOCUMENTO 6)

Entre las negativas que más afectaron el proceso de acopio sin duda fueron la hechas por el Estado Mayor Presidencial y la Procuraduría General de la República, pues estas dependencias fueron protagonistas de los hechos sus archivos en 1968 seguramente generaron pilas de información. Sus registros podrían resolver dudas que por años han dejado incompleta la verdad sobre su injerencia en el conflicto.

Además muchas otras como el Tribunal Superior de Justicia, la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Telecomunicaciones y Transporte no realizaron búsquedas en sus archivos para contribuir con la recopilación de expedientes relacionados a las investigaciones del pasado ni tuvieron siquiera la intención de transferir documentación solicitada. No son creíbles los argumentos de estas secretarías que dicen carecer de documentos que pudieran ayudar a descifrar algunas de las incógnitas que por años sólo se han quedado en especulaciones y otras ni siquiera se tomaron la molestia de responder al acuerdo.

Es importante señalar que el decreto presidencial incluía sólo dependencias federales. Sin embargo, para garantizar el buen cumplimiento de esta medida se debió  incluir también dependencias del Gobierno del Distrito Federal, ya que en los registros del servicio forense, delegaciones, hospitales, corporaciones policíacas, departamento de limpia, panteones, etc. es posible obtener datos imprescindibles para la reconstrucción de los hechos. 

Intentos fallidos de justicia y esclarecimiento

El año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) consideró que las causas penales para resolver el caso del 2 de octubre de 1968 ya habían prescrito. Esta resolución prácticamente da por concluido el proceso judicial que se había iniciado en contra del ex presidente Luis Echeverría Álvarez por el delito de genocidio. Esto originó que se descalificara la actuación del ex fiscal Carrillo Prieto, ya que repetidamente se le señalaron las escasas probabilidades de enjuiciar al ex mandatario bajo el delito de genocidio, dejando en duda su capacidad de integrar correctamente la averiguación previa.

A 40 años de aquella noche en la Plaza de las Tres Culturas, el caso aparentemente cerrado continúa siendo objeto de controversia. La demanda de justicia para quienes el 2 de octubre de 1968 perdieron a un ser querido o que purgaron un condena por delitos que no habían cometido sigue vigente más que nunca a pesar del dictamen de la Corte.

Muchos pensaron que de no concluir el caso en una sentencia jurídica promovida por la OFEMOSPP, por lo menos sería posible que su titular determinara, a través de un “Libro Blanco”, una sanción histórica a los funcionarios que reprendieron ferozmente la manifestación estudiantil pacífica. La tarea de esclarecer los hechos del 2 de octubre de 1968 sigue pendiente, pues ni el “Informe a la Sociedad Mexicana 2006” que elaboró el Fiscal Carrillo, al término de sus funciones, ni el informe elaborado por sus colaboradores del área histórica, “Que jamás vuelva a suceder” dio cabal respuesta a la sociedad mexicana.

La verdad bajo resguardo.

Uno de los problemas que denunciaron los integrantes del Comité 68, conformado en 1998 por el Congreso de la Unión (LVII Legislatura), fue la magra voluntad de las autoridades federales de esclarecer los hechos del 2 de octubre. Su desinterés y nulo apoyo se reflejó en los resultados obtenidos. La intención del Comité fue frustrada cuando solicitaron acceso a los archivos de las dependencias federales, pues éste fue restringido en la mayoría de los casos. Sin la documentación generada por las administraciones de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez este trabajo no pasó de ser un mero anecdotario.

La OFEMOSPP tenía la ventaja del contar, previo a su creación, con un acuerdo que disponía otorgarle todas las facilidades para su indagación y aún así los resultados fueron cuestionados. ¿Qué sigue? ¿Una comisión de la verdad? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la información trasladada al AGN está incompleta y que la propia fiscalía dejó al final de sus funciones miles de documentos en la bóveda se seguridad del AGN, lugar a donde van a parar los documentos que por alguna razón de suma delicadeza tienen que ser sacados de sus colecciones de origen. Dichos documentos no pueden ser consultados por los ciudadanos. Peor aún, la Unidad de Coordinación de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la República, la cual atrajo los casos sin resolver, continúa con esta practica de secretismo.
 
Existe un catálogo de 350 expedientes en reserva, todos ellos pertenecientes a información que Agentes de Ministerio Público de la Federación (AMPF), colaboradores de la OFEMOSPP y ahora de la Unidad de Investigaciones Especiales sacaron de sus fondos documentales impidiendo que investigadores de DDHH, abogados, periodistas, académicos o estudiantes puedan consultarlos.

De acuerdo con el índice proveído por el AGN, la práctica de ocultamiento se inicio en 2003. En una primera etapa los resguardos fueron decisión de Ministerios Públicos adscritos a la OFEMOSPP, los fechados después de noviembre de 2006 fueron designados a la unidad especial. Cada página en resguardo fue seleccionada según el criterio de los agentes con el argumento de servir como evidencia fundamental de una determinada averiguación previa.

La lista completa puede ser consultada en la página electrónica del AGN, ya que es obligación de toda dependencia contar con un Portal de Obligaciones de Transparencia (POT) el cual debe ser actualizado periódicamente. En el rubro XII del POT del AGN, refiere la Información Relevante del archivo y en esta pestaña está incorporado el Índice de Expedientes Reservados, es decir toda aquella información que haya sido etiquetada como reservada. (DOCUMENTO 7)

Un total de 9,294 fojas y 27 fotografías fueron separadas de sus expedientes, volúmenes y legajos originales; además de tres cajas íntegras. Si bien el índice de expedientes señala la fecha de resguardo, fundamento legal, periodo, número de fojas, dependencia donde se encuentra en reserva y el responsable de ésta.

La autoridad (PGR) que llevó a cabo el resguardo es una distinta del depositario (AGN). Debido a esto los datos no son suficientes para saber si dicha información en reserva fue destinada a una averiguación previa del caso 68 o a algún caso de desaparición forzada. Sólo sabemos que la documentación en resguardo se encuentra físicamente en el AGN.

Las 350 celdas, que describen los resguardos ejecutados por el Ministerio Público,  no especifican datos sobre el fondo documental al que pertenecen, el número de averiguación previa que motiva su resguardo, la clasificación del documento dentro de su acervo o la descripción del documento. 

Se entiende que algunos de los resguardos deben continuar bajo este esquema, pues las AP siguen su proceso de integración, sobre todo las que denuncian casos de desaparición forzada. Pero es indispensable que la PGR garantice a las víctimas y familiares que la documentación integrada a las AP es protegida, además debe ser integrada a los Índices de Expedientes Reservados de su POT con una descripción de cada página señalando a que averiguación pertenece de esa manera los denunciantes y representantes legales podrán llevar registro de los avances en sus casos pero mientras se buscan mecanismos para optimizar esto, la documentación sobre los disturbios de 1968 debe ser depositada inmediatamente en sus acervos originales y ponerla a disposición de público de nueva cuenta.

Con estas acciones nos queda claro que los pasos que se dieron en la administración de Vicente Fox, para esclarecer uno de los pasajes más obscuros de la historia reciente de México, fueron discretamente en retroceso. No obstante la reconstrucción de los acontecimientos en Tlatelolco que el decreto presidencial en 2001 preveía debe ser un reclamo que trascienda en cualquier administración federal.

El Estado Mexicano está obligado a garantizar el derecho a conocer la verdad sin importar el partido político en turno. Debe ordenar a las Secretarías de Estado, sobre todo aquellas que hicieron caso omiso en 2002, que continúen trasfiriendo al AGN la documentación que vayan identificando en sus archivos; que localicé la que se perdió o se traspapeló en el AGN, que decrete máxima publicidad a los documentos bajo resguardo y que ordene inmediatamente a la PGR integrar a sus expedientes originales la información relativa a los acontecimientos del 2 de octubre para su libre consulta.

Esta investigación concluye que la verdad sobre el conflicto estudiantil en 1968 estará lejos todavía si el gobierno en turno no tiene interés o voluntad en que se conozca. No hay explicaciones congruentes de por qué siguen en reserva cerca de 10.000 documentos, si el proceso en las instancias procuradoras de justicia ya finalizó; no las hay para el extravío de documentos y menos para el desacato en que incurrieron muchas dependencias.


DOCUMENTOS

DOCUMENTO 1
Enero 22, 2002
Acta de Transferencia de Documentación
9 páginas

El acta da cumplimiento al acuerdo presidencial, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 27 de noviembre de 2001, mediante el cual se disponen diversas medidas para la procuración de justicia por delitos cometidos contra personas vinculadas con movimientos sociales y políticos del pasado.  Se resume la siguiente cifra: cajas 486, legajos 1,653 y un total de 150,713 hojas generadas en 36 Zonas Militares. El documento se encuentra firmado por la Dra. Stella María González Cicero, Directora General del Archivo General de la Nación y el Gral. De Div. DEM Roberto Miranda Sánchez, Director de la Dirección General del Archivo e Historia.

Fuente:
Secretaría de la Defensa Nacional

DOCUMENTO 2
Febrero 19, 2002
Acta Administrativa de Entrega-Recepción del Acervo Documental Transferido al Archivo General de la Nación
6 páginas

En cumplimiento al acuerdo presidencial del 27 de noviembre de 2002, la Secretaría de Gobernación transferiría al Archivo General de la Nación la totalidad de los archivos, expedientes, documentos e información en general que fueron generados por las extintas Dirección General de Seguridad y Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales. Dicha información actualmente se encuentran bajo custodia y conservación del Centro de Investigación y Seguridad Nacional a efecto de que pueda ser consultada en los términos de dicho acuerdo. El Acta entrega-recepción fue signada por el entonces director del CISEN Eduardo Medina Mora Icaza y la directora del Archivo General de la Nación Dra. Stella María González Cicero contabilizaron 4223 cajas con un número aproximado de 58,302 (expedientes).

Fuente:
Archivo General de la Nación

DOCUMENTO 3
Enero 14, 2002
Memorándum Secretaría de Relaciones Exteriores
1 página

Para cumplimiento del Acuerdo, del 27 de noviembre de 2001, la Subsecretaria para Derechos Humanos y Democracia, Mariclaire Acosta, transfiere dos expedientes relacionados con violaciones, generados hasta 1985, mismos que pudieran ser relevantes para la investigación. Los citados expedientes son remitidos en paquetes de 4 y 10 sobres cerrados, respectivamente, con el fin de que los mismos se integren al Archivo General de la Nación.

Fuente:
Secretaría de Relaciones Exteriores

DOCUMENTO 4
Enero 16, 2002
Memorándum

Felipe de Jesús Preciado Coronado, Comisionado del Instituto Nacional de Migración informa: “…me permito transferir al Archivo General de la Nación un total de 15 expedientes originales pertenecientes al archivo de la Coordinación de Control y Verificación Migratoria y que contiene información presumiblemente relacionada con los hechos materia del citado Acuerdo Presidencial…”

El Comisionado concluye: “… se carece de elementos para determinar cuales (expedientes) estarían vinculados con hechos del pasado relacionados con violaciones a los derechos humanos o probablemente constitutivos de delitos cometidos en contra de personas vinculadas con movimientos sociales y políticos, por lo que desde luego, dicho acervo está a disposición de las instancias competentes que requieran consultarlo.”

Fuente:
Archivo General de la Nación

DOCUMENTO 5
Enero 22, 2002
Memorándum

La Dirección General del Registro Nacional de Población e Identificación Personal, informó lo siguiente el 22 de enero: “…esta Unidad Administrativa no cuenta con archivo documental de acuerdo a lo solicitado.”  El memorándum lo firma el Director General, Fernando Tovar y de Teresa.

Fuente:
Archivo General de la Nación

DOCUMENTO 6
Enero 10, 2002
Memorándum

La Dirección General de Asociaciones Religiosas, Dirección de Registro y Certificaciones refiere el titular, Guillermo Fuentes Maldonado, el 10 de enero de 2002: “Sobre el particular me permito informarle que en los archivos dependientes de la Dirección General de Asociaciones Religiosas de la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos, no existen expedientes, documentos e información general que pudiera ser considerado como relevante para la investigación de los hechos del pasado.” 

Fuente:
Archivo General de la Nación

DOCUMENTO 7
De junio 26, 2003 a enero 29, 2007
Lista de resguardos POT-AGN

Esta lista describe la información que Agentes de Ministerio Público de la Federación (AMPF), colaboradores de la OFEMOSPP y ahora de la Unidad de Investigaciones Especiales sacaron de sus fondos documentales Un total de 9294 fojas y 27 fotografías fueron separadas de sus expedientes, volúmenes y legajos originales; además de tres cajas íntegras. El índice de expedientes señala la fecha de resguardo, fundamento legal, periodo, número de fojas, dependencia donde se encuentra en reserva y el responsable de ésta.

Fuente:
www.agn.gob.mx

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 Mexico, October 2, 1968: The Night of Tlatelolco; the Death of the Student Movement
by Ernesto Páramo, translated by Machetera

The events of the night of Tlatelolco are still concealed, 40 years later, by a cold, dense fog that obscures the identity of a multitude of secondary actors, who nevertheless played important roles in the tragedy. The main actors who took the decisions and had direct responsibility for the events that led to the slaughter were: the President of the Republic, Gustavo Díaz Ordaz; the Interior Secretary, Luis Echeverría Álvarez, the head of the Presidential staff, Luis Gutiérrez Oropeza, the commander of the military operation in Tlatelolco, General José Herández Toledo, and the commander of the Olympia Battalion, Colonel Ernesto Gutiérrez Gomes Tagle, among others, along with those who dedicated themselves to sowing confusion as a strategy of disinformation in the days that followed the slaughter. All have remained beyond the reach of law and justice.

However, the blood of the young people and the tears of the adults are still fresh and painful.

The massive marches of more than 700,000 or 800,000 students, workers, housewives, and office workers that took more than three or four hours to arrive at the Zócalo from the Anthropology Museum, are still present and fresh in the memory of those who participated actively and those who formed a silent cordon along their path, to watch them march and lend their support.

It's true that the National Strike Council was not dissolved until December 4th in a meeting at Zacatenco. However, it's also true that after the night of October 2nd, and the massacre at Tlatelolco, with hundreds of students and spectators killed, thousands locked up in prisons and military camps or victims of persecution by the state and its repressive forces, the student movement really ceased to exist. Apart from isolated attempts at protest, during the Opening Ceremony of the 19th Olympic Games, which were rapidly and brutally suppressed, the movement practically disappeared.

There are two versions, apparently contradictory, of the events of the night of October 2nd, and they depend principally on the place in which the observers could be found, the time in which they made their reports, and their personal interpretation under circumstances of extreme danger.

A public meeting was held with an announced starting time of 5 p.m., at the Plaza de las Tres Culturas, in which a great variety of people could be found: fathers with small children, students, workers, laborers. The speakers demanded in an agitated verbal tone that the violent repression exercised by the different police forces cease, when suddenly the sound of automatic weapons could be heard, from an uncertain direction.

People began to run, trying to escape in a blind panic, which left many injured.

During these chaotic moments, snipers situated in the buildings of the Tlatelolco Housing Unit began to shoot against the army units that found themselves there. The time: 6:10 p.m. The battle generally continued that way, with the sound of machine-gun bursts interrupted by long periods of silence, and after the silence, the bursts again.

The majority of the shots against the Army came from the 16 de Septiembre building: the Army responded by using two tanks that shot with their cannons toward the building. This resulted immediately in a fire and an unknown number of victims that must have been very large.

Very soon, there were a number of telephone calls made to the Red Cross and Green Cross, to attend to the victims and bring them to the clinics and hospitals that might offer medical aid. Ambulances made countless trips throughout the night, carrying the wounded.

In these moments a large number of wounded could be seen, but no dead. The rumor began to circulate that there were two dead soldiers.

Although the battle took place throughout the entire housing unit, at 7:30 p.m. only two burned trucks could be seen.

Many onlookers who found themselves at the scene were wounded by gunfire.

As said previously, there are various versions of the events and how the shooting began. At 7:40 p.m., two of them began to circulate.

The first said that three helicopters were flying over the site, when suddenly one of them dropped a green light, which was assumed to be the signal for the Army to begin its attack.

The second said that a police patrol passed in front of the 16 de Septiembre building, when it was attacked with firearms, and witnesses insisted that members of the mounted police began to shoot against the inhabitants of the building. Immediately afterward, the Army arrived with its tanks, opening fire with its cannons and provoking a fire that spread rapidly.

The speakers made a desperate attempt to control such a violent situation, asking those in attendance not to do anything that would provoke a reaction from the army or the police.

A helicopter descended low over the Plaza de las Tres Culturas, where the rally was taking place, and dropped a green light. Immediately the gunfire began and the army initiated its operations.

At 7:15 p.m., the violence reached the most ferocious point. The gunfire ran from Manuel González street on the north, to Sol street, which included the entire Tlatelolco Housing Unit.

Groups of infantry spread everywhere, chasing the students and shooting to kill.

At 7:15 p.m., a white Volkswagen sped through Manuel González street at high velocity, slowed for a few moments at Glorieta Peralvillo, shot at the soldiers a number of times, and escaped.

At 7:45 p.m. at the intersection of Prolongación de San Juan de Letrán and Sol streets, around a hundred students gathered, and a speaker exhorted them through a megaphone to remain united and not fear death.

Suddenly a white paneled truck arrived and parked. All the young people dispersed toward the south.

In the streets of Zarco and Nonoalco, a bus from the San Rafael-Aviación line could be seen, destroyed. At Guerrero and Nonoalco another, from the Guerrero-San Lázaro line, in flames. At Lerdo and Nonoalco, one from the Paralvillo-Tlanepantla line, also in ruins.

At 8 p.m., there were harrowing scenes of fathers searching for their children in the vicinity.

At the Foreign Affairs building, a woman carrying a three year old girl could be seen; she took a few steps and fainted.

At 8:19 p.m., the Army entered the Plaza de las Tres Culturas en masse, with various light combat cars and a great number of soldiers. At the same time, approximately 100 students were taken as prisoners to San Juan de Letrán, in 18 military transport vehicles.

For more than 30 years, the Federal Government has denied the existence of the arrested and missing in the Number One Military Camp, however, official documents from the Attorney General of the Republic and the defunct Federal Security Directorate on the repression of October 2, 1968, found in the National General Archive, contradict the versions that have prevailed for more than three decades.

After the Army entered the Plaza de las Tres Culturas, a great number of dead could be seen. Some of whom began to pile up, bodies on top of bodies.

At 8:45 p.m., a fire began in the Chihuahua building where the Army concentrated its fire, because it believed that the members of the National Strike Council could be found there.

Someone said that there were 17 dead in the courtyard of the Santiago Church.

The Army had captured and taken prisoner 400 students in the area behind the Foreign Affairs building.

More army reinforcements arrived; infantry and other police forces from the Nonoalco Unit. At the Plaza de las Tres Culturas, a military ambulance took away two girls. It is not known if they were seriously wounded.

Between San Juan de Letrán and Tacuba streets a burning tram could be seen. Between San Juan de Letrán and 16 de Septiembre, a sanitation truck was consumed by fire.

A witness recalled the arrival of the Olympia Brigade, made up of special agents, many of them so young that they could easily have been confused with the students and who could only be identified by a white glove on their left hands. These soldiers entered all the apartments in the buildings in search of students, weapons, or witnesses to the atrocities.

It was a Dantesque situation, with many fathers, mothers, siblings and other family members searching for their loved ones. They would go from place to place, asking for and trying to find them. They were filled with panic when they realized that some of the buildings had been riddled by automatic weapons by the Army, or that the infantry had shot students in the back.

The other version of the beginning of the massacre says that the rally was almost over when a group of young men who looked like students could be seen passing by. They went to the Chihuahua building, toward a balcony used by the speakers. This group was part of the Olympia Brigade, a special police unit made up of soldiers, judicial police and others. They wore white gloves on their left hands to identify themselves.

They entered the building and arrived at the balcony where the leaders of the student movement were, tried to arrest them, and were resisted; so the members of the Olympia Brigade began to shoot when they saw the green light launched from the helicopter that had descended so low. From the Chihuahua building they shot in all directions.

In the area behind the Tlatelolco church, there were more than a thousand students arrested by the Army. Near an elevator bank inside the Chihuahua building 60 students found themselves stripped to their underwear, with their faces toward the wall and hands on their neck.

At around midnight, some 1,200 detainees could be seen in the eastern part of the Tlatelolco Church. Among them, students, fathers and mothers, laborers, office workers and even children. On all sides, dreadful scenes. Desperate cries of anguish could be heard and in the darkness, people could be seen searching, frequently in vain, for their missing family members.

A number of snipers who attacked the army forces from the Tlatelolco buildings perished or suffered serious injuries. At least two were identified as members of the army.

As always in Latin America, when there is any kind of political disaster or social tragedy, the CIA can be found hidden very nearby, in some hole or other, or in Mexico's case, in the offices of the nation's highest leaders.

According to documents recently declassified by the United States government, obtained and examined by Kate Doyle at the National Security Archive, in 1956, the CIA began a program to recruit high officials of the Mexican government, and in Gustavo Díaz Ordaz and Luis Echeverría Álvarez, it had two very high value agents. Jefferson Morley also analyzed these records and many others, in his book about Winston Scott, "Our Man in Mexico."

Díaz Ordaz, Echeverría and Fernando Gutiérrez Barrios were recruited by Winston Scott, who was Chief of Station in Mexico between 1956 and 1969, as part of the program called Litempo, which was so hugely successful that it was considered to be a model for other CIA stations.

However, the program ended up being absorbed by its creator, Morley said in summary, noting that the reports on the 1968 student movement only reflected the point of view that the government of Díaz Ordaz wanted to present and that according to various reports (the CIA sent at least 15 different and contradictory versions of the events at Tlatelolco) the Mexican government was fighting against a communist threat with foreign roots.

At the end of 1968, sources close to the presidency of Díaz Ordaz accepted without reservation that no-one had the least idea how to resolve the problems of the student movement without endangering the Olympic games, and Díaz Ordaz called Winston Scott so frequently during the most difficult moments of the conflict, to ask for advice and assistance, that the Chief of Station left for the United States in order to cut off communication between them.

The Litempo codename was made up of the prefix Li, which identified Mexican operations and Tempo, which identified the program of relations between the CIA and "select high government officials" in Mexico.

Díaz Ordaz was Litempo 2, Echeverría was Litempo 8 and Gutiérrez Barrios was Litempo 4.

Litempo 1 was Emilio Bolaños, a nephew of Díaz Ordaz who was possibly the conduit by which the CIA made contact with the president, while he was Interior Secretary.

The document says that the CIA-Mexico informed the U.S. government that the Mexican government reported that the student movement was led by communists and that it was under foreign influence (coming from the Soviet Union) but that the reports were a bit exaggerated.

Like many Mexicans, the officials at the U.S. Embassy in Mexico City were not prepared to see the strength in the student movement and the violence unleashed by the government of Díaz Ordaz in response. The reports that came out of the Embassy were often confused throughout the crisis, possibly because the CIA officials had much closer relations with Mexican politicians than did members of other agencies and were more inclined to believe their political propaganda. For one thing, the Embassy had a lot of confidence in the hegemony of the regime. For another, U.S. officials never thought that the students would be capable of mounting a serious challenge to the government.

In response to the May student protests in Paris, Washington asked the Embassy to prepare a report on the Mexican student-body, but they failed to predict the hurricane that was coming. On June 14th, some five weeks before the first confrontation between the students and security forces, the Embassy predicted with total confidence that it was impossible for anything like what had happened in France, to happen in Mexico.

It's also interesting to note that a box found in the Second Gallery of the National General Archive, deposited in the Interiors fund, contains telegrams sent to the President of the Nation in the days that followed October 2, 1968, by politicians, businessmen and leaders of organizations allied with the regime throughout the country.

In the middle of hundreds of papers one can be found, dated October 23, 1968, from Buenos Aires; its message brief: "Please transmit our adhesion to México is achieved." This message was directed to Luis Echeverría and is signed by José Luis Borges, Manuel Peyrou and Adolfo Bioy Casares. Years later, Borges would confirm beyond any doubt, his fascist vocation and affinities, when he accepted honors for his literary work, bestowed by members of the Pinochet military junta in Chile.

The box of telegrams is preceded by another which contains the agreements that Díaz Ordaz and Echeverría made during the month of October, 1968.  However, one can be found that has nothing to do with those. This was sent by Winston Scott, CIA Chief of Station in Mexico, on July 19, 1965, with an invitation to Fernando Gutiérrez Barrios to select two agents from the Federal Security Agency so that on "September 15th" they might travel to the United States to "receive four months of training."

  Mexico, 2 octobre 1968: Nuit de Tlatelolco, mort du mouvement étudiant
Par Ernesto Páramo
Traduit par Gérard Jugant, révisé par Fausto Giudice

Les faits de la nuit de Tlatelolco sont encore couverts, 40 ans plus tard, par une brume dense et froide qui occulte l’identité d’une multitude d’acteurs secondaires qui eurent des rôles d’importance dans cette tragédie. Les acteurs principaux qui prirent les décisions et qui eurent la responsabilité directe pour les événements qui conduisirent au massacre : le président de la République Gustavo Diaz Ordaz, le ministre de l’Intérieur Luis Echeverria Alvarez, le chef de l’État-Major présidentiel le général Luis Gutierrez Oropeza, le commandant de l’opération militaire à Tlatelolco le général José Hernandez Toledo et le commandant du Bataillon Olimpia le colonel Ernesto Gutierrez Gomes Tagle, entre autres, avec ceux qui se consacrèrent à créer la confusion comme stratégie de désinformation dans les jours qui suivirent le massacre, sont demeurés hors de portée de la loi et de la justice.

Néanmoins le sang des jeunes et les larmes des adultes sont encore frais et pleins de douleur.

Les marches massives de plus de 700 ou 800.000 étudiants, travailleurs, mères au foyer et employés de bureau qui mirent plus de trois ou quatre heures pour atteindre le Zócalo à partir du Musée d’Anthropologie sont encore présentes et fraîches dans la mémoire de ceux qui participèrent activement et de ceux qui formèrent des haies silencieuses le long du chemin pour les voir passer et leur donner leur appui.

Il est certain que le Conseil National de Grève ne fut pas dissous avant le 4 décembre dans un meeting à Zacatenco. Néanmoins il est aussi certain qu’après la nuit du 2 octobre et le massacre de Tlatelolco, avec des centaines d’étudiants et de spectateurs morts, des milliers incarcérés en prison et dans des camps militaires ou victimes de persécution de la part de l’État et de ses forces de répression, le mouvement étudiant cessa réellement d’exister. À l’exception de tentatives de protestations isolées durant la cérémonie inaugurale des XIXe Olympiades, qui furent rapidement et brutalement étouffées, le mouvement disparut pratiquement.

Il y a deux versions, apparemment contradictoires, des événements de la nuit du 2 octobre et celles-ci dépendent principalement du lieu où se trouvaient les observateurs, du temps durant lequel ils réalisèrent leurs rapports et de leur interprétation personnelle dans des circonstances de danger extrême.

Il y eut un meeting public qui avait été annoncé pour commencer à 17 heures sur la Place des Trois-Cultures, auquel assistaient une grande variété de gens : des pères de famille avec des petits enfants, des étudiants, des travailleurs, des ouvriers. Les orateurs exigeaient d’une voix agitée l’arrêt de la répression violente exercée par les différentes forces policières, quand rapidement se firent entendre des rafales de mitraillette sans qu’on sache exactement d’où elles venaient.

Les gens commencèrent à courir, cherchant à s’échapper dans une panique aveugle, ce qui fit beaucoup de blessés.

Durant ces moments de chaos, des francs-tireurs postés dans les bâtiments de l’Unité d’habitation de Tlatelolco commencèrent à tirer contre les unités de l’armée qui se trouvaient là. Il était 18 heures 10. La bataille se généralisa à coups de rafales de mitrailleuses interrompues par de longs moments de silence et après le silence, de nouvelles rafales.

La majorité des tirs contre l’armée se firent du bâtiment 16-septembre : l’armée répondit en utilisant 2 tanks qui firent feu avec leurs canons contre l’édifice. Cela produisit immédiatement un incendie et un nombre inconnu - mais sans doute très important - de victimes.

Très rapidement il y eut de nombreux appels téléphoniques à la Croix Rouge et à la Croix Verte pour qu’elles s’occupent des victimes et les transportent dans les cliniques et les hôpitaux qui puissent leur apporter des soins médicaux. Les ambulances firent un nombre incalculable de transports des blessés durant toute la nuit.

A ce moment-là on peut observer une grande quantité de blessés mais aucun mort. La rumeur commence à circuler qu’il y a deux soldats morts.

Bien que la bataille s’étendît à toute l’unité d’habitation, on ne vit que deux camions brûlés à 19 heures 30.

Beaucoup de curieux qui se trouvaient sur le lieu des événements furent blessés par balles.

Comme nous l’avons déjà dit, il y a diverses versions des événements et de la manière dont la fusillade commença. A 19 heures 40 circulaient deux d’entre elles.

La première dit que 3 hélicoptères survolaient les lieux, quand l’un deux laissa soudain tomber une lumière verte, qui fut le signal pour que l’armée commence à attaquer.

La seconde dit qu’une patrouille policière passait face au bâtiment 16-septembre, quand elle fut attaquée par armes à feu et des témoins assurent que des membres de la police montée se mirent alors à tirer contre les habitants du bâtiment. Immédiatement après arriva l’armée avec ses tanks, ouvrant le feu avec ses canons et provoquant un incendie qui s’étendit rapidement.

Les orateurs firent un effort désespéré pour contrôler cette situation si violente, demandant aux participants qu’ils ne fassent rien qui provoquerait une réaction de l’armée ou de la police.

Un hélicoptère descendit vers la Place des Trois-Cultures où se tenait le meeting et laissa tomber une lumière verte. Immédiatement commença la fusillade et l’armée commença ses opérations. 19 heures 15 est le moment le plus féroce de la violence. La fusillade s’étendit depuis la rue Manuel Gonzalez au nord jusqu’à la rue Sol, ce qui inclut la totalité de l’Unité d’habitation de Tlatelolco.

Des groupes de grenadiers se voient  partout, poursuivant les étudiants et tirant pour tuer avec leurs carabines.

A 19h15 une Volkswagen blanche, circulant à grande vitesse dans la rue Manuel Gonzalez, s’arrête quelques instants dans la Glorieta Peralvillo, tire plusieurs fois sur les soldats et s’enfuit.

A 19h45 au carrefour des rues San Juan de Letrán prolongée et Sol  , une centaine d’étudiants tenaient un meeting et l’orateur les haranguait avec un mégaphone pour qu’ils restent unis sans avoir peur de la mort.

Subitement une camionnette blanche arriva sur les lieux et stationna, et tous les jeunes gens se dispersèrent vers le sud.

Au carrefour des rues Zarco et Nonoalco il y a un autobus de la ligne San Rafael-Aviacion détruit. À celui des rues Guerrero et Nonoalco il y en a un autre de la ligne Guerrero-San Lazaro qui est en flammes. A celui de Lerdo et Nonoalco il y a un autobus de la ligne Peralvillo-Tlanepantla qui est en ruine.

Près du bâtiment du ministère des Relations Extérieures on peut voir une femme portant une fille de trois ans, marchant quelques pas et s’évanouissant.

A 20h19 l’armée entre en masse sur la Place des Trois-Cultures avec diverses voitures légères de combat et un grand nombre de soldats. Au même moment environ une centaine d’étudiants sont conduits à San Juan de Letrán dans 18 transports militaires comme prisonniers.

Pendant plus de 30 ans le Gouvernement Fédéral a nié l’existence de détenus et de disparus dans le Camp Militaire N° 1, néanmoins des documents officiels du Parquet Général de la République et de la disparue Direction Fédérale de Sécurité sur la répression du 2 octobre 1968, contenus dans les Archives Générales de la Nation, démentent les versions qui ont prévalu pendant plus de trois décennies.

Après l’entrée de l’armée dans la Place des Trois-Cultures on pouvait voir une grande quantité de morts, certains entassés les uns sur les autres.

A 20h45 commença un incendie dans le bâtiment Chihuahua sur lequel l’armée concentra ses tirs, pensant que c’était là que se trouvaient les membres du Conseil National de Grève.

Quelqu’un dit qu’il y a 17 morts sur le parvis de l’église de Santiago.

L’armée a capturé et tient prisonniers 400 étudiants dans la partie arrière de l’immeuble des Relations Extérieures.

Des renforts de l’armée, des grenadiers et d’autres forces de police arrivent à l’Unité Nonoalco. Sur la Place des Trois-Cultures une ambulance militaire transporte deux jeunes filles. On ne sait pas si elles sont gravement blessées.

Entre les rues San Juan de Letrán et Tacuba on peut voir un tramway incendié. Entre les rues San Juan de Letran et 16 Septiembre un camion de voirie est en train de brûler.

Un témoin se souvient de l’arrivée de la Brigade Olimpia qui était composée d’agents spéciaux, dont beaucoup d’entre eux étaient si jeunes qu’on pouvait les confondre facilement avec les étudiants, et qui s’identifiaient par un gant blanc à la main gauche. Ces soldats entrèrent dans tous les appartements des immeubles pour chercher les étudiants, les armes ou des témoins des atrocités.

C’est une situation dantesque avec beaucoup de pères, de mères, de frères et d’autres parents à la recherche de leurs êtres chers. Ils vont d’un lieu à l’autre, interrogeant et cherchant à retrouver leurs parents. Ils sont effrayés quand ils apprennent que certains des immeubles ont été mitraillés par l’armée ou que les grenadiers tirent sur les étudiants dans le dos.

L’autre version du début du massacre dit que le meeting allait sur sa fin quand on vit passer un groupe de jeunes qui paraissaient des étudiants. Ils se dirigèrent vers le bâtiment Chihuahua, jusqu’au balcon qu’utilisaient les orateurs. Ce groupe faisait partie de la Brigade Olimpia, une unité spéciale de la police composée de soldats, de policiers et autres. Ils portaient un gant blanc à la main gauche pour s’identifier.

Ils entrèrent dans l’édifice et allèrent sur le balcon où se trouvaient les dirigeants du mouvement étudiant, essayant de les arrêter mais ceux-ci résistèrent, aussi les membres de la Brigade Olimpia commencèrent à tirer quand ils virent une lumière verte lancée d’un hélicoptère qui volait bas. Du bâtiment Chihuahua partit la fusillade dans tous les sens.

Dans la partie arrière de l’église de Tlatelolco il y a plus de mille étudiants détenus par l’armée.

Près d’un ascenseur du bâtiment Chihuahua se trouvent 60 étudiants en caleçons avec le visage contre le mur et les mains sur la nuque.

Aux alentours de minuit on peut voir environ 1200 personnes détenues dans la partie Est de l’église de Tlatelolco. Parmi elles, des étudiants, des pères et mères de familles, des ouvriers, des employés de bureau et même des enfants. De tous les côtés on voit des scènes déchirantes. On entend les cris désespérés d’angoisse et on voit les figures dans l’obscurité de ceux qui cherchent, souvent en vain, leurs parents qui ont disparu.

Divers francs-tireurs qui ont attaqué les forces de l’armée depuis les édifices de Tlatlelolco périrent ou furent gravement blessés. Deux d’entre eux sont identifiés comme membres de l’armée.

Comme toujours en Amérique latine quand il y a un désastre politique ou quelque tragédie sociale, la CIA se trouve cachée à proximité, dans quelque bureau ou dans le cas de Mexico, dans les bureaux des plus hauts dirigeants de la nation.

Selon des documents récemment déclassifiés par le gouvernement US, obtenus et examinés par Kata Doyle des Archives de Sécurité Nationale, la CIA lança un programme pour recruter de hauts fonctionnaires du gouvernement mexicain et eut dans Gustavo Diaz Ordaz et Luis Echeverria Alvarez deux agents de très grande valeur. Dans son livre sur Winston Scott, Our Man in Mexico ("Notre homme au Mexique"), Jefferson Morley analyse aussi ces documents et beaucoup d'autres.

Diaz Ordaz, Echeverria et Fernando Gutiérrez furent recrutés par Winston Scott   qui fut chef de station à Mexico entre 1956 et 1969 dans le cadre d’un programme dénommé "Litempo", qui connut un succès si grand qu’on le considéra comme un modèle pour les autres stations de la CIA.

Néanmoins, le programme finit par absorber son créateur, indique Morley dans son compte-rendu, en signalant que les rapports sur le mouvement étudiant de 1968 reflétèrent seulement le point de vue que le gouvernement de Diaz Ordaz voulut présenter et que selon différents rapports (la CIA transmit pas moins de 15 versions distinctes et contradictoires sur les événements de Tlatelolco), le gouvernement du Mexique était en train de lutter contre une menace communiste d’origine étrangère.

Des sources proches de la présidence de Diaz Ordaz acceptèrent sans réserve à la fin de 1968 que personne n’avait la plus petite idée de comment résoudre les problèmes posés par le mouvement étudiant, sans mettre en péril le début des Jeux Olympiques et que Diaz Ordaz appelait par téléphone Scott si souvent, dans les moments les plus difficiles du conflit pour lui demander conseils et aide, que le chef de la station retourna aux USA pour couper la communication entre eux.

Le code Litempo est composé par le préfixe Li qui identifie les opérations au Mexique et Tempo, qui identifie le programme de relations entre la CIA et de "hauts fonctionnaires choisis" du Mexique.

Diaz Ordaz était Litempo 2, Echeverria était Litempo 8 et Gutiérrez Barrios Litempo 4.

Litempo 1 était Emilio Bolaños, un neveu de Diaz Ordaz qui fut peut-être la voie par lequel ils entrèrent en contact avec le Président, quand il était ministre de l’Intérieur.

Le document dit que la CIA-Mexique informa le gouvernement des USA que le gouvernement mexicain rapportait que le mouvement étudiant était dirigé par des communistes et avait des influences étrangères [en provenance de l’ambassade soviétique] mais que les rapports étaient pour le moins exagérés.

Comme beaucoup de Mexicains, les fonctionnaires de l’ambassade US à Mexico n’étaient pas préparés à voir la force prise par le mouvement étudiant et la violence déclenchée par le gouvernement de Diaz Ordaz en réponse. Les rapports qui sortirent de l’ambassade étaient généralement confus durant la crise, peut-être parce que les fonctionnaires de la CIA avaient des relations beaucoup plus proches avec les politiques mexicains que les membres d’autres agences et étaient plus disposés à croire leur propagande politique. D’un côté l’ambassade avait une grande confiance dans la capacité du régime à garder le contrôle de la situation. De l’autre, les fonctionnaires US ne pensèrent jamais que les étudiants pourraient constituer un danger sérieux pour le gouvernement.

En réponse aux troubles étudiants de mai à Paris, Washington avait demandé à son ambassade de préparer une évaluation des mouvements  étudiants mexicains mais celle-ci échouat à prédire l’ouragan qui se rapprochait. Le 14 juin, quelque 5 semaines avant la première confrontation entre les étudiants et les forces de sécurité, l’ambassade prédit en toute confiance qu’il était impossible qu’il se passe à Mexico quelque chose de comparable à ce qui s’était passé en France.

Il est aussi intéressant de relever que dans une caisse qui se trouve dans la galerie 2 des Archives Générales de la Nation, déposée dans le fonds Intérieur, il y a des télégrammes envoyés au Président de la Nation dans les jours qui suivirent le 2 octobre 1968 par des politiciens, des patrons et des leaders d’organisation affiliées au régime de tout le pays.

Au milieu de centaines de papiers s’en trouve un, daté de Buenos Aires le 23 octobre 1968. Le message est bref : "Nous vous prions de faire connaître notre adhésion au gouvernement du Mexique". Ce message est destiné à Luis Echeverria et est signé par Jorge Luis Borges, Manuel Peyrou et Adolfo Bioy Casares. Des années plus tard, Borges confirma sans équivoque sa vocation et ses affinités fascistes quand il accepta des honneurs pour son oeuvre littéraire rendus par des membres de la junte militaire pinochétiste au Chili.

La caisse des télégrammes est précédée par une autre qui contient les accords passés par Diaz Ordaz et Echeverria durant le mois d’octobre 1968, et un document qui n’a rien à voir avec ceux-ci. Cet écrit fut envoyé par Winston Scott, chef de la station de la CIA au Mexique, le 19 juillet 1965, avec une invitation à Fernando Gutierrez Barrios de sélectionner deux agents de l’Agence Fédérale de Sécurité pour qu’à partir du ’15 septembre" ils aillent aux USA pour "recevoir un entraînement d’une durée de quatre mois".

 

   Extraits (pp. 102-104) de 68, Paco Ignacio Taibo II, Éditions L’Échappée 2008, 125 p., 10 € . ISBN-10: 2915830142. ISBN-13: 978-2915830149.
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RETOUR À L'IDÉE DES FANTÔMES ET À LEUR PÉRENNITÉ

après tout, ça n'avait été qu'un mouvement étudiant de cent vingt-trois jours, rien de plus. Mais il nous avait donné, à une génération entière d'étudiants, un passé, un pays, une terre sur laquelle se tenir. Les mois suivants, des milliers d'entre nous commencèrent à chercher, dans et hors de l'université, un chemin. Les plus téméraires s'engagèrent dans une lutte de guérilla urbaine qui pro­voqua une hémorragie durant les cinq années suivantes, guerre sale, sans repères officiels. Un groupe énorme de jeunes gens alla vers les quartiers fonder des organisations locales qui, durant les vingt années suivantes, offrirent un modèle de résistance populaire. Nous autres allâmes vers les usines, cherchant les raisons de l'isolement du mouvement étudiant. D'autres essayèrent de transfor­mer l'université, créèrent des syndicats, impulsèrent la réforme éducative. D'autres encore partirent à la cam­pagne, espace encore plus inconnu. Nous allions dans ces directions avec toutes nos qualités et nos défauts : une volonté à l'épreuve des défaites, un penchant pour l'entêtement, beaucoup de marxisme scolaire, beau­coup de sectarisme envers le vieux et le nouveau, beau­coup d'avant-gardisme de bas étage, beaucoup d'igno­rance crasse. Il y avait quelques qualités mélangées à ce cocktail : l'idée que la politique doit être morale, qu'elle mettrait encore quelques années à finir de se développer, et la saine sensation que nous n'étions pas immortels.
Vingt ans plus tard, une bonne partie d'entre nous est toujours là. D'autres se sont fatigués, beaucoup ont pourri. La plupart ne subirent dans leur vie que les échecs qu'eux-mêmes s'infligèrent. Des défaites, un paquet, mais peu de redditions. Le mouvement de 68 nous a donné ce combustible de résistance et d'abnégation qui en fit la cohésion, il nous a donné un sentiment du « ici », une « notion de patrie » en chair et en os.

Nous nous sommes revus en 1973 pour la défense impuissante du Chili, pour l'obsession solidaire envers le Nicaragua au cours des années soixante-dix, lors du trem­blement de terre de 1985, pour la renaissance CEUiste du mouvement étudiant. Mais nous nous étions vus avant, lors du mouvement des électriciens, dans la grève de Spicer68, à la coopérative Pascual69, ainsi que lors des manifestations pour Demetrio Vallejo, lors du change­ment qu'il y eut en Sciences sociales, dans les désastres que nous avions commis en voulant transformer les uni­versités tout en les changeant en foyers de propagation d'un marxisme néanderthalien. Mais aussi dans les tra­vaux des étudiants en architecture pour construire des maisons à bas prix à Santo Domingo, dans les change­ments de la presse mexicaine, dans l'apparition d'un cou­rant de médecins avec des préoccupations sociales, dans l'émergence de la folle génération des avocats du travail honnêtes, lors des procès locatifs, dans le surgissement de la chronique sociale comme genre littéraire, dans les licenciements pour avoir refusé d'adhérer au PRI en 1985, dans les nuits de solitude où l'on insulte sa télévision, dans les tribunaux qui traitaient nos divorces, dans les manifestations des couturières, à l'état civil quand on a baptisé le bébé Ernesto. Et encore lors des multiples soûleries où on fête nos quarante ans et où on se découvre hagards, ahuris, vieillis. On se retrouvait dans l'appari­tion et la disparition de rêves et de projets, dans les livres que nous lisions. Et on se croisait pendant les élections.

Par là, nous allions transportant les fantômes de nos morts, les fantômes des quelques traîtres, les fantômes de nos suicidés. Il y a des nuits où je vois Dulce Maria mordre un crayon et Carlos Thierry dormir assis sur une chaise, le docteur Uno Osegueda me souriant lors de la grève de Spicer, comme si nous étions invincibles, comme si nous étions im­mortels, comme s'il n'allait pas se suicider deux ans plus tard.

Je n'oublie pas le sourire chevalin d'Alejandro Licona, bien qu'Elisa Ramirez me raconta plus tard qu'il avait disparu dans le Sud de la France, qu'il s'était probable­ment noyé ou qu'il était enfermé sous un nom d'emprunt dans un asile. Je répondis à Licona: on les aura, n'est-ce pas, mon cher Alex?

Mais il y a aussi des jours où je me vois sans me re­connaître. Les temps sont mauvais, la nuit succède à la journée pluvieuse, le sommeil ne vient pas et je me bats inutilement avec le clavier de l'ordinateur. Il m'apparaît alors que nous sommes tous condamnés à êtres des fan­tômes de 68. Mais où est le problème?

Il vaut mieux être un Dracula de la résistance qu'un monstrueux priiste créé par Frankenstein ou issu de la modernité. Alors, des étincelles sortent des touches, des petits feux de Bengale, des souvenirs qui font parfois mal mais qui, le plus souvent, font naître un sourire.

Je regrette ce sentiment, cette humeur, cette étrange intensité de la peur des ombres aujourd'hui perdue, cette sensation d'immortalité, cet autre moi de cette intermi­nable année.

 

 

 MEMORIALE DI TLATELOLCO



Rosario Castellanos

L'oscurità genera la violenza
e la violenza chiede oscurità
per coprire il crimine.
Per questo il due di ottobre aspettò sino alla notte
perché nessuno vedesse la mano che impugnava
l'arma, ma solo il suo effetto di lampo.

E questa luce, breve e livida, chi? Chi è che uccide?
Qui quelli che agonizzano, quelli che muoiono?
Quelli che scappano senza scarpe?
Quelli che cadono nel pozzo di una carcere?
Quelli che marciscono nell'ospedale?
Quelli che restano muti, per sempre, di spavento?

Chi? Quali? Nessuno. Il giorno dopo, nessuno.
La piazza si svegliò spazzata; i periodici
diedero come notizia principale
lo stato del tempo.
E alla televisione, alla radio, al cinema
non ci fu nessun cambio di programma,
nessun annuncio interrotto né un
minuto di silenzio durante il banchetto.
(Perché proseguì il banchetto).

Non cercare quello che non c'è: orme, cadaveri
ché tutto è stato dato come offerta a una dea,
alla Divoratrice di Escrementi.

Non frugare negli archivi ché niente resta agli atti.

Se non qui dove tocco una piaga: è la mia memoria.
Fa male, quindi è vero. Sangue con sangue
e se la chiamo mia tradisco tutti.

Ricordo, ricordiamo.
Questa è la nostra maniera di aiutare a fare giorno
su tante coscienze maciullate,
su un testo iracondo, su una rete aperta,
sul volto riparato dalla maschera.
Ricordo, ricordiamo
Sino a che la giustizia si sieda tra di noi.

Traduzione di Claudia Crabuzza

Fonte : http://americalatina.blogosfere.it/2006/04/memoriale-di-tlatelolco-rosario-castellanos.html 

 

Messico, 2 ottobre 1968: notte di Tlatelolco, morte del movimento studentesco

di Ernesto Páramo, Tlaxcala
Tradotto da Gianluca Bifolchi

I fatti della notte di Tlatelolco sono ancora coperti, 40 dopo, da una nebbia densa e fredda che nasconde l'identità di una moltitudine di attori secondari, che a dispetto di ciò, ebbero un ruolo importante in questa tragedia. Gli attori principali che presero le decisioni e che ebbero responsabilità diretta per gli accadimenti che portarono al massacro: il presidente della repubblica Gustavo Diaz Ordaz, il segretario del governatorato Luis Echeverria Alvarez, il capo di stato maggiore presidenziale Luis Gutierrez Oropeza, il comandante dell'operazione militare a Tlatelolco generale Jose Hernandez Toledo, e il comandante del Battaglione Olimpia colonnello Ernesto Gutierrez Gomes Tagle, tra gli altri, insieme a quelli che si dedicarono a creare confusione come strategia di disinformazione nei giorni che seguirono al massacro, sono rimasti fuori dalla portata della legge e della giustizia.

Tuttavia, il sangue dei giovani e le lacrime degli adulti sono ancora freschi e pieni di dolore.

Le massicce marce di più di 700 mila o 800 mila studenti, lavoratori, donne di case e impiegati che impiegarono più di tre o quattro ore ad arrivare a Zocalo, dopo essere partiti dal Museo di Antropologia, sono ancora presenti e fresche nella memoria di quanti parteciparono attivamente e di quanti fecero ala al corteo per vederli passare e dare il loro sostegno.

Di sicuro il Consiglio Nazionale di Sciopero non fu disciolto fino al 4 dicembre, in una assemblea a Zacatenco. Tuttavia, è anche certo che dopo la notte del 2 ottobre e il massacro di Tlatelolco, con centinaia di studenti e spettatori morti, migliaia di prigionieri in prigioni o campi militari o vittime di persecuzione da parte dello stato e delle sue forze di repressione, il movimento studentesco cessò di esistere. Al di là di intenzioni di protesta isolate, durante la Cerimonia Inaugurale della XIX Olimpiade - rapidamente e brutalmente represse - il movimento in pratica scomparve.

Sugli avvenimenti della notte del 2 ottobre ci sono due versioni apparentemente contraddittorie, ed esse dipendono principalmente dal luogo nel quale gli osservatori si trovavano, dal momento in cui scrivevano i loro resoconti, e dalla loro interpretazione personale in circostanze di pericolo estremo.

Ci fu una assemblea pubblica, che doveva iniziare alle 17, in Piazza delle Tre Culture, alla quale prese parte una grande quantità di gente: padri di famiglia con figli piccoli, studenti, lavoratori, operai. Gli oratori esigevano con toni vibranti che la repressione violenta esercitata dalle varie forze di polizia avesse termine, quando all'improvviso si udirono raffiche di mitragliatrice senza che si potesse dire da dove esattamente partivano.

La gente iniziò a correre nel panico per mettersi in salvo, il che produsse molti feriti.

Durante questi momenti di caos, frinchi tiratori posti negli edifici della Unità Abitativa di Tlateloclo iniziarono a sparare contro le unità dell'esercito che si troivavano lì. L'ora, le 18. La battaglia si generalizzava, con raffiche di mitragliatrice interrotte da lunghi intervalli di silenzio, e dopo il silenzio, ancora le raffiche.

La maggior parte degli spari contro l'esercito partirono dall'edificio 16 Settembre: l'esercito rispose usando due carri armati che spararono con i cannoni contro l'edificio. Ciò produsse immediatamente un incendio e un numero sconosciuto di vittime, che devono essere state molte.

Subito si fecero molte chiamate telefoniche alla Croce Rossa e alla Croce Verde perché soccorressero le vittime e le trasportassero in cliniche e ospedali per ricevere assistenza medica. Le ambulanze fecero una quantità enorme di viaggi con i feriti per tutta la notte.

In quei momenti si vedevano molti feriti, ma nessun morto. Comincia a circolare la voce che ci sono due soldati morti.

Sebbene la battaglia si sviluppava in tutta l'unità abitativa, si potevano vedere solo due camion bruciati alle 19:30.

Molti curiosi che si trovavano sul posto ricevettero ferite di arma da fuoco.

Come abbiamo detto, ci sono varie versioni degli avvenimenti e di come ebbe inizio la sparatoria. Alle 19:40 circolavano due di esse.

La prima diceva che 3 elicotteri volavano sul sito, quando all'improvviso uno di essi lasciò cadere una luce verde, probabilmente un segnale perché l'esercito iniziasse l'attacco.

La seconda diceva che una pattuglia della polizia passava di fronte all'edificio 16 Settembre, quando fu attaccata con armi da fuoco, e ci sono testimoni che assicurano che membri della polizia motorizzata iniziarono a sparare contro gli abitanti dell'edificio. Subito dopo arrivò l'esercito con i suoi carri armati, aprendo il fuoco con i suoi cannoni, e provocando un incendio che si estese rapidamente.

Gli oratori fecero uno sforzo disperato per controllare questa situazione tanto violenta, chiedendo agli astanti che non facessero nulla che provocasse una reazione di esercito o polizia.

Un elicottero si abbasò di molto sulla Piazza delle Tre Culture, dove si svolgeva la manifestazione, e lasciò cadere una luce verde. Subito iniziò la sparatoria, e l'esercito dette inizio alle sue operazioni.

Alle 19:15, quando la violenza era al massimo, la sparatoria si estende alla via Manuel Gonzalez, al nord della via Sol, e in questo perimetro vi è la totalità dell'unità abitativa di Tlatelolco.

Gruppi di granadieri sono visti mentre inseguono, sparano e uccidono studenti con i loro fucili.

Alle 19:15 una Wolkswagen bianca circola ad alta velocità per la via Manuel Gonzalez, si ferma per un momento alla Glorieta Peralvillo, spara varie volte ai soldati e scappa.

Alle 19:45 nella via Prolungamento di San Juan de Letran, e Sol, circa 100 studenti tengono una riunione, l'oratore parla attraverso un megafono perché rimangano uniti, senza temere la morte.

Arriva una camionetta bianca e si ferma, tutti i ragazzi si disperdono verso sud.

Tra le vie Zarco e Nonoalco si vede un autobus della linea San Rafael-Aviacion distruttto. Nelle vie di Guerrero e Nonoalco ce n'è un altro ditrutto della linea Guerrero-San Lazaro in fiamme. A Lerdo e Nonoalco c'è un autobus della linea Peralvillo -Tlanepantla a pezzi.

Alle 20 si vedono scene strazianti di padri di famiglia che cercano i propri figli nei dintorni.

Dall'edificio di Relazione Estere si può vedere una signora che prende in braccio una bambina di tre anni, fa qualche passo e sviene.

Alle 20:19 l'esercito entra in massa in Piazza delle Tre Culture con vari autoblindo leggeri e un gran numero d soldati. Nello stesso momento, approssimativamente 100 studenti vengono condotti a San Juan de Letran in 18 mezzi di traporto militari come prigionieri.

Per più di 30 anni il Governo Federale ha negato l'esistenza di detenuti e desaparecidos nel Campo Militare Numero Uno, tuttavia documenti ufficiali della Procura Generale della Repubblica e della scomparsa Direzione Federale di Sicurezza sulla repressione del 2 ottobre 1968, localizzati negli archivi della nazione, smentiscono le versioni circolate per più di tre decenni.

Dopo che l'esercito entrò in Piazza delle Tre Culture, si poteva vedere un gran numero di morti. Alcuni dei quali erano ammucchiati gli uni sugli altri.

Alle 20:45 scoppia un incendio nell'edificio Chihuahua sul quale concentra il fuoco l'esercito perché pensano che qui ci siano membri del Consiglio Nazionale di Sciopero.

Qualcuno dice che si sono 17 morti nell'atrio della Chiesa di Santiago.

L'esercito ha catturato e tiene prigionieri 400 studenti nella parte posteriore dell'edificio di Relazioni Estere

Arrivano altri rinforzi dell'esercito, i granatieri e altre forze di polizia dell'unità Nonoalco. Nella Piazza delle Tre Culture un'ambulanza militare trasporta due ragazze. Non si sa se sono ferite gravemente.

Tra le vie San Juan de Letran e Tacuba si può vedere un tram incendiato. Tra le vie San Juan de Letran e 16 Settembre un camion della nettezza urbana è dato alle fiamme.

Un testimone ricorda l'arrivo della Brigata Olimpia, della quale facevano parte agenti speciali, molti dei quali così giovani che potevano facilmente essere confusi con gli studenti, e che si distinguevano solo per un guanto bianco alla mano sinistra. Questi soldati entrarono in tutti gli appartamenti degli edifici in cerca di studenti, armi o testimoni delle atrocità.

E' una situazione dantesca con molti padri, madri, fratelli e altri familiari che cercano i propri cari. Vanno da un luogo all'altro facendo domande e cercando di incontrare i propri familiari. Si spaventano quando sanno che alcuni degli edifici sono stati mitragliati dall'esercito, o che i granatieri sparavano agli studenti alle spalle.

Secondo l'altra versione dell'inizio del massacro si era prossimi al termine della dimostrazione quando si videro passare dei giovani che all'apparenza sembravano studenti. Si dirigevano all'edificio Chihuahua, verso il balcone usato dagli oratori. Questo gruppo era parte della Brigata Olimpia, una unità speciale della polizia di cui facevano parte soldati, polizia giudiziaria e altri.

Entrarono nell'edificio e giunsero al balcone dove erano i dirigenti del movimento studentesco, cercarono di arrestarli e questi fecero resistenza, così i membri della Brigata Olimpia cominciarono a sparare quando videro una luce verde lanciata da un elicottero che era sceso di quota. La sparatoria che partì dall'edificio Chihuahua si diffuse da tutti i lati.

Nella parte posteriore della Chiesa di Tlatelolco c'erano più di mille studenti fermati dall'esercito. In un montacarichi dell'edificio Chihuahua c'erano circa 60 studenti in mutande con la faccia verso la parete e le mani alla nuca.

Verso la mezzanotte si possono vedere circa milleduecento persone detenute nella parte est della Chiesa di Tlatelolco. Tra loro, studenti, padri e madri di famiglia, operai, impiegati e persino bambini. Ovunque scene strazianti. Si sentono grida disperate di angoscia, e si vedono le figure nell'oscurità di chi che cerca, spesso invano, i familiari dispersi.

Vari franchi tiratori che attaccarono le foze dell'esercito dagli edifici di Tlatelolco morirono o furono gravemente feriti. Almeno due furono indentificati come membri dell'esercito.

Come sempre in America Latina, quando c'è un disastro politico o qualche tragedia sociale, si può esse certi che la CIA è molto vicina, nascosta in qualche buco o, nel caso del Messico, negli uffici delle più alte autorità della nazione.

Secondo documenti recentemente declassificati dal governo degli Stati Uniti, ottenuti ed esaminati da Kate Doyle dell'Archivio della Sicurezza Nazionale, la CIA iniziò nel 1956 un programma per reclutare alti funzionari del governo messicano ed ebbe in Gustavo Diaz Ordaz e Luis Echeverria Alvarez due agenti di alto valore. Nel suo libro su Winston Scott, Our Man in Mexico ("Il nostro uomo in Messico"), Jefferson Morley analizza anche questi documenti e molti altri.

Diaz Ordaz, Echeverria e Fernando Gutierrez Barrios furono reclutati da Winston Scott, che fu il residente CIA in Messico tra il 1956 e il 1969, come parte del programma "Litempo", che ebbe un successo così grande da venir considerato un modello per altre residenze della CIA.

Tuttavia, il programma finì per assorbire il suo creatore, come annota Morley, perché i rapporti sul movimento studentesco del 1968 riflettono solo il punto di vista che il governo di Diaz Ordaz volle presentare, cioè secondo vari rapporti (la CIA trasmise almeno 15 versioni diverse e contraddittorie sui fatti di Tlatelolco) il governo del Messico stava lottando contro la minaccia comunista proveniente dall'estero.

Fonti vicine alla presidenza di Diaz Ordaz accettarono senza riserva sul finire del 1968, che nessuno aveva la minima idea di come risolvere i problemi con il movimento studentesco, senza porre in pericolo l'inizio dei Giochi Olimpici e che Diaz Ordaz chiamava Scott al telefono con tanta frequenza, nei momenti più difficili del conflitto, per chiedere consiglio e aiuto che il capo dela stazione della CIA se ne tornò negli Stati Uniti per interrompere la comunicazione con lui.

Il codice Litempo è composto dal prefisso Li che identifica le operazioni in Messico e Tempo, che identifica il programma di relazioni tra la CIA e "alti funzionari selezionati" del Messico.

Díaz Ordaz era Litempo 2, Echeverría era Litempo 8 e Gutiérrez Barrios Litempo 4.

Litempo 1 era Emilio Bolaños, un cugino di Diaz Ordaz, che fu probabilmente il tramite per cui entrarono in contatto con il Presidente, quando era segretario del governatorato.

Il documento dice che la CIA-Messico informò il governo USA che il governo messicano sosteneva che il movimento studentesco era diretto da comunisti e che aveva influenze straniere [dall'ambasciata sovietica] ma che i rapporti erano quanto meno esagerazioni.

Come molti messicani, i funzionari dell'ambasciata degli Stati Uniti di Città del Messico, non erano pronti per la forza che il movimento studentesco acquisì e per la violenza scatenata dal governo di Diaz Ordaz come risposta. I rapporti che uscivano dall'ambasciata erano spessi confusi, durante la crisi, forse perché i funzionari della CIA avevano relazioni molto più strette con i politici messicani che i membri delle altre agenzie, ed erano più disposti a credere alla loro popaganda politica. Da una parte, l'ambasciata aveva molta fiducia nell'egemonia del regime. Per altro verso, i funzionari degli Stati Uniti non pensarono mai che gli studenti fossero capaci di lanciare una sfida così seria al governo.

In risposta alle agitazioni studentesche del maggio parigino, Washington chiese all'ambasciata che preparasse una analisi del corpo studentesco messicano, ma non previdero l'uragano che si avvicinava. Il 14 giugno, circa cinque settimane prima del primo scontro tra studenti e forze di sicurezza, l'ambasciata affermò con piena sicurezza che era impossibile che in Messico accadesse qualcosa di paragonabile a quello che era accaduto in Francia.

E' anche interessante notare che una scatola che si trova nella galleria due dell'Archivio Generale della Nazione, depositata nel fondo Governatorato, contiene telegrammi inviati al presidente della nazione nei giorni che seguirono il 2 ottobre 1968 da politici, imprenditori e capi di organizzazioni vicine al regime in tutto il paese.

In mezzo a centinaia di documenti se ne trova uno con data Buenos Aires, 23 ottobre 1968; il messaggio è breve: "Vi preghiamo di comunicare il nostro appoggio al governo del Messico". Questo messaggio è diretto a Luis Echeverria ed è firmato da Jorge Luis Borges, Manuel Peyrou e Adolfo Bioy Casares. Anni dopo, Borges confermò senza dare adito a dubbi la sua vocazione e le sue affinità fasciste quando accettò onori per la sua opera letteraria resi da membri della giunta militare pinochettista in Cile.

La scatola dei telegrammi era preceduta da un'altra che contiene gli accordi tra Diaz Ordaz e Echeverria durante il mese di ottobre 1968, tuttavia se ne è trovato uno che non ha niente a che vedere con tutto ciò. Questa comunicazione ufficiale fu inviata da Winston Scott, capo della residenza della CIA nel Messico il 19 luglio 1965 con un invito a Fernando Gutierrez Barrios a selezionare due agenti dell'Agenzia Federale di Sicurezza per partire il "15 settembre", e viaggiare negli USA per "ricevere addestramento per quattro mesi".

Leggere anche DOCUMENTAZIONE SULLA STRAGE DI TLATELOLCO, Ottobre 2002

 

México, 2 de outubro de 1968:Noite de Tlatelolco, a morte do movimento estudantil
Por Ernesto Páramo,Tlaxcala

Tradução de Omar L. de Barros Filho, ViaPolítica e Tlaxcala

Os fatos da noite de Tlatelolco estão ainda encobertos, 40 anos depois, por uma densa e fria névoa. Ela oculta a identidade de uma multidão de atores secundários que, apesar de tudo, desempenharam importantes papéis na tragédia ocorrida na capital mexicana.

 

Os atores principais que tomaram as decisões e que tiveram responsabilidade direta pelos acontecimentos que levaram ao massacre: o presidente da República, Gustavo Díaz Ordaz; o secretário do Interior, Luis Echeverría Alvarez; o chefe do gabinete presidencial, general Luis Gutiérrez Oropeza; o comandante da operação militar em Tlatelolco, general José Hernández Toledo; e o comandante do Batalhão Olímpia, coronel Ernesto Gutiérrez Gomes Tagle, entre outros, juntamente com aqueles que se dedicaram a semear a confusão como estratégia de desinformação nos dias seguintes ao massacre, e permaneceram fora do alcance da lei e da justiça.   

 

Entretanto, o sangue dos jovens e as lágrimas doloridas dos mais velhos ainda não secaram. As marchas massivas de mais de 700 mil ou 800 mil estudantes, trabalhadores, donas de casa e funcionários de escritórios que, partindo do Museu de Antropologia, demoravam mais de três ou quatro horas para chegar ao Zócalo, na cidade do México, ainda estão presentes e vivas na memória dos ativistas, ou de quem apenas formou um silencioso cordão ao longo do caminho, para vê-los passar e apoiá-los.

 

É verdade que o Comitê Nacional de Greve não foi dissolvido senão em 4 de dezembro, em um comício no Zacatenco. Porém, também é realidade que, depois da noite de 2 de outubro e do massacre de Tlatelolco, com centenas de estudantes e espectadores mortos, milhares de encarcerados em prisões e campos militares, ou vítimas de perseguição por parte do Estado e suas forças de repressão, o movimento estudantil de fato deixou de existir. À parte de tentativas de protestos isolados durante a cerimônia inaugural da XIX Olimpíada, que foram suprimidas de forma rápida e brutal, a mobilização praticamente desapareceu.

 

   

Veja As fotos da Noite de Tlatelolco, apresentadas pelo fotógrafo Jesus Carlos no seu blog Fotografia, Cachaça & Política

 

Há duas versões aparentemente contraditórias dos acontecimentos da noite de 2 de outubro, e elas dependem, em essência, do lugar em que se encontravam os observadores, do momento em que faziam seus relatos e de sua própria interpretação sob circunstâncias de extremo perigo.

 

Uma manifestação pública foi anunciada para começar às 17h na Praça das Três Culturas, onde se encontrava uma grande variedade de pessoas: pais de família com crianças pequenas, estudantes, trabalhadores, operários. Os oradores exigiam, em tom exacerbado, que acabasse a violenta repressão exercida pelas diferentes forças policiais quando, de repente, foram ouvidas rajadas de metralhadora sem que se soubesse exatamente de onde vinham.

 

Cegas pelo pânico, as pessoas começaram a correr para escapar, o que resultou em muitos feridos. Durante estes momentos de caos, franco-atiradores situados nos edifícios da Unidade Habitacional de Tlatelolco passaram a disparar contra as unidades do exército que ali estavam estacionadas. O horário, 18h10min. A batalha generalizou-se, ouvindo-se rajadas de metralhadora interrompidas por longos lapsos de silêncio e, depois do silêncio, as rajadas outra vez.

 

A maioria dos tiros contra o exército vieram do edifício 16 de Setembro: os militares responderam usando dois tanques, cujos canhões alvejaram o prédio. Isso logo produziu um incêndio e um número desconhecido de vítimas, que deve ter sido enorme. Com urgência, foram efetuadas numerosas chamadas telefônicas à Cruz Vermelha e à Cruz Verde, para que atendessem as vítimas, transportando-as até clínicas e hospitais onde o atendimento médico fosse oferecido. As ambulâncias fizeram incontáveis viagens durante toda a noite.

 

Neste momento, viu-se uma grande quantidade de feridos, mas nenhum morto. Porém, começou a circular o rumor de que dois soldados haviam morrido. Ainda que a batalha se estendesse por toda a unidade habitacional, às 19h30min somente se podiam observar dois caminhões queimados. Mas muitos curiosos que se encontravam no lugar dos fatos foram feridos à bala.

 

Como foi dito antes, existem várias versões sobre os acontecimentos e como começou o tiroteio. Às 19h40min circulavam duas delas. A primeira afirmava que três helicópteros sobrevoavam o local, quando um deles lançou um sinalizador verde, o que foi entendido como a senha para que o exército começasse a atacar.

 

A segunda dizia que uma patrulha policial passava diante do edifício 16 de Setembro, quando foi atacada com armas de fogo, e testemunhas asseguraram que membros da polícia montada começaram a disparar contra os habitantes do prédio. Imediatamente o Exército chegou com seus tanques, que abriram fogo com seus canhões e provocaram o incêndio que se expandiu com rapidez.

 

Os oradores fizeram um esforço desesperado para controlar a situação, pedindo aos manifestantes que não provocassem uma reação dos militares ou dos policiais.

 

Um helicóptero voou rasante sobre a Praça das Três Culturas, onde ocorria o comício, e deixou cair uma luz verde. Logo depois começou a fuzilaria e o exército iniciou suas operações.

 

Às 19h15min, o ponto mais feroz da violência. O tiroteio abrangia desde a rua Manuel González, no norte, até a rua Sol, o que incluía a totalidade da área residencial de Tlatelolco. Grupos de granadeiros foram vistos por todas as partes perseguindo estudantes e atirando com seus rifles para matar.

 

No mesmo instante, um Volkswagen branco circulava em alta velocidade pela rua Manuel González, parou por alguns momentos na Glorieta Peralvillo, seus ocupantes dispararam várias vezes contra os soldados e então escapou.

 

Às 19h45min, na rua Prolongación de San Juan de Letrán e Sol, uns 100 estudantes fizeram uma manifestação, em que o orador apelava com um megafone para que se mantivessem unidos sem temer a morte. De repente, uma camioneta branca chegou e estacionou, e todos os jovens se dispersaram na direção do sul.

 

Nas ruas Zarco e Nonoalco se observava um ônibus da linha San Rafael-Aviación destruído. Na ruas Guerrero e Nonoalco se encontrava outro da linha Guerrero-San Lázaro em chamas. Em Lerdo e Nonoalco havia um ônibus da linha Peralvillo-Tlanepantla em ruínas.

 

Às 20h foram registradas cenas pungentes de pais de família procurando por seus filhos nos arredores. Perto do edifício do Ministério das Relações Exteriores era possível ver uma senhora carregando uma menina de três anos. A mulher andou alguns passos e desmaiou.

 

Às 20h19min, o Exército entra em massa na Praça das Três Culturas, usando vários carros de combate ligeiros e um grande número de soldados. Ao mesmo tempo, cerca de 100 estudantes foram levados como prisioneiros a San Juan de Letrán, em 18 viaturas militares.

 

Por mais de 30 anos o Governo Federal negou a existência de detidos e desaparecidos no Campo Militar Número Um, entretanto, documentos oficiais da Procuradoria-geral da República e do extinto órgão federal de Segurança sobre a repressão de 2 de outubro de 1968, localizados no Arquivo Geral da Nação, desmentiram as versões oficiais que, por mais de três décadas, prevaleceram.

 

Depois que as tropas entraram na Praça das Três Culturas havia um grande número de mortos, alguns dos quais foram amontoados uns sobre os outros.

 

Às 20h45min começou um incêndio no edifício Chihuahua, onde se concentrou o fogo dos militares, porque pensavam que ali se encontravam os membros do Comitê Nacional de Greve.

 

Alguém disse que havia 17 mortos no átrio da Igreja de Santiago.

 

O Exército capturou 400 estudantes, que manteve como prisioneiros, na parte nos fundos do edifício das Relações Exteriores.

 

Chegaram mais reforços do exército, granadeiros e outras forças policiais para a Unidade Nonoalco. Na Praça das Três Culturas, uma ambulância militar transportava duas jovens. Não se sabia se estavam feridas com gravidade.

 

Entre as ruas San Juan de Letrán e Tacuba havia um bonde queimando. Entre as ruas de San Juan de Letrán e 16 de Setembro, um caminhão de limpeza era consumido pelas chamas.

 

Uma testemunha recordou a chegada da Brigada Olímpia, que era integrada por agentes especiais, muitos deles tão jovens que podiam ser facilmente confundidos com os estudantes, e que só se identificavam por uma luva branca na mão esquerda. Esses soldados invadiram os apartamentos dos edifícios em busca de estudantes, armas ou testemunhas das atrocidades.

 

Foi uma situação dantesca que envolveu muitos pais, mães, irmãos e outros familiares que buscavam seus parentes queridos. Iam de um lugar a outro perguntando e tratando de achar seus familiares. Eram tomados pelo pânico quando descobriam que edifícios tinham sido metralhados pelo exército, ou que os granadeiros disparavam contra os estudantes pelas costas.

 

A outra versão do início do massacre descreve que a manifestação já terminava quando notou-se um grupo de rapazes que pareciam estudantes. Dirigiam-se ao edifício Chihuahua, na direção do palanque que os oradores utilizavam. Esse grupo é parte da Brigada Olímpia, uma unidade especial da polícia integrada por soldados, agentes judiciários e outros. Usavam uma luva branca na mão esquerda como identificação.

 

Entraram no edifício e chegaram onde estavam os dirigentes do movimento estudantil. Logo trataram de detê-los, mas os líderes resistiram. Então, os membros da Brigada Olímpia começaram a atirar depois que viram uma luz verde lançada de um helicóptero que voava bastante baixo. Do edifício Chihuahua o tiroteio se espalhou por todo o lugar.

 

Nos fundos da igreja de Tlatelolco havia mais de mil estudantes detidos pelo exército. Em uma elevada próxima do edifício Chihuahua encontravam-se 60 estudantes vestidos apenas com cuecas, com a cara para a parede e as mãos na nuca.

 

Até às 24h, cerca de 1.200 pessoas detidas foram vistas no lado oriental da igreja de Tlatelolco. Entre elas, estudantes, pais e mães, operários, funcionários de escritórios e até crianças. Por todos os lados ocorriam cenas pungentes. Ouviam-se gritos desesperados de angústia, enquanto que, na semi-escuridão, observavam-se as figuras daqueles que procuravam, quase sempre em vão, os familiares que desapareceram.

 

Vários franco-atiradores que atacaram as forças militares desde os edifícios de Tlatelolco pereceram ou sofreram ferimentos graves. Ao menos dois foram identificados como membros do exército.  

 

Como sempre na América Latina, quando há um desastre político ou alguma tragédia social, a CIA encontra-se escondida por perto, em algum buraco ou, no caso do México, nos gabinetes dos mais altos dirigentes do país.

 

De acordo com documentos recentemente desclassificados pelo governo dos Estados Unidos, obtidos e examinados por Kate Doyle, do Arquivo de Segurança Nacional, a CIA iniciara, em 1956, um programa para recrutar altos funcionários do governo mexicano, e teve em Gustavo Díaz Ordaz e Luis Echeverría Álvarez dois agentes de alto valor. Em seu livro sobre Winston Scott, “Our Man in México” [Nosso homem no México], Jefferson Morley analisou também esses documentos e muitos outros.

 

Díaz Ordaz, Echeverría e Fernando Gutiérrez Barrios foram recrutados por Winston Scott, chefe de estação da CIA no México, entre 1956 e 1969, como parte do programa denominado Litempo, que alcançou tanto êxito que foi considerado como modelo para outras estações da CIA.

 

Contudo, o programa acabou por absorver seu criador, sintetizou Morley, ao assinalar que os relatórios sobre o movimento estudantil de 1968 somente refletiram o ponto de vista que o governo de Díaz Ordaz desejou apresentar, e que, segundo vários informes, (a CIA transmitiu pelo menos 15 versões diferentes e contraditórias sobre os fatos de Tlatelolco), o governo do México lutava contra uma ameaça comunista com raízes no estrangeiro.

 

Fontes próximas à presidência de Díaz Ordaz aceitaram sem reservas, no final de 1968, que ninguém tinha a menor idéia de como resolver os problemas com o movimento estudantil, sem colocar em perigo o início dos Jogos Olímpicos, e que Díaz Ordaz, freqüentemente, chamava Scott por telefone nos momentos mais difíceis do conflito, para pedir conselhos e ajuda. O chefe da estação regressou aos Estados Unidos para cortar a comunicação entre eles.

 

O código Litempo é composto pelo prefixo Li, que identifica operações no México, e tempo, que identifica o programa de relações entre a CIA e os “altos funcionários selecionados” no México.

 

Díaz Ordaz era Litempo 2, Echeverría era Litempo 8, e Gutiérrez Barrios o Litempo 4. Litempo 1 era Emilio Bolaños, um sobrinho de Díaz Ordaz, que possivelmente foi o canal por onde a CIA entrou em contato com o presidente, quando ele era secretário de Governo.

 

O documento afirma que a CIA-México informara ao governo dos EUA que o governo mexicano havia reportado que o movimento estudantil era dirigido por comunistas, e que sofria influências estrangeiras [vindas da embaixada soviética], mas que os relatórios continham meros exageros.

 

Como os mexicanos, os oficiais da Embaixada dos Estados Unidos na cidade do México não estavam preparados para enfrentar a força que tomara o movimento estudantil, assim como a violência que o governo de Díaz Ordaz desatara como resposta. Quase sempre os relatórios transmitidos da Embaixada eram confusos durante a crise, possivelmente porque os oficiais da CIA mantinham relações muito mais próximas com os políticos mexicanos do que os membros de outras agências, e estavam mais dispostos a acreditar em sua propaganda política. A Embaixada confiava muito na hegemonia do regime. Por outro lado, oficiais dos Estados Unidos nunca pensaram que os estudantes fossem capazes de montar um desafio sério ao governo.

 

Em resposta aos distúrbios estudantis de maio, em Paris, Washington pedira à Embaixada que preparasse uma avaliação dos grupos estudantis mexicanos, mas ela falhou em prever o furacão que se aproximava. Em 14 de junho, umas cinco semanas antes da primeira confrontação entre os estudantes e as forças de segurança, a representação diplomática predisse, com toda confiança, que era impossível que ocorresse no México algo parecido com o que se deu na França.

 

Também é interessante avaliar o conteúdo de uma caixa identificada na galeria dois do Arquivo Geral da Nação, depositada no fundo Governança, contendo telegramas enviados ao presidente por políticos, empresários e líderes de organizações afinadas com o regime em todo o país, nos dias seguintes ao 2 de outubro de 1968.

 

Entre centenas de papéis encontra-se um, datado em Buenos Aires, de 23 de outubro de 1968. A mensagem é breve: “Rogamos faça chegar nossa adesão ao governo do México”. Este mensagem estava dirigida a Luis Echeverría e era firmada por Jorge Luis Borges, Manuel Peyrou e Adolfo Bioy Casares. Anos depois, Borges confirmou, sem deixar dúvidas, sua vocação e afinidades fascistas quando, graças à sua obra literária, aceitou homenagens de membros da junta militar pinochetista no Chile.

 

A caixa de telegramas era precedida por outra, que preserva os acordos feitos por Díaz Ordaz e Echeverría durante o mês de outubro de 1968. Também foi revelado o conteúdo de uma outra, que não teria muito a ver com isso. É um ofício enviado por Winston Scott, o chefe de estação da CIA no México, em 19 de julho de 1965, que revela uma solicitação dirigida a Fernando Gutiérrez Barrios para que dois agentes da Agência Federal de Segurança, a partir de “15 de Setembro”, viajassem aos Estados Unidos para “receber treinamento por quatro meses”.



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02/10/2009
 
 
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