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23/10/2017
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La Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y por los Derechos de la Madre Tierra, se cerró con música indígena y danzas originarias

En la Fiesta de la Pachamama se animó la interculturalidad


AUTOR:   Ministerio de Culturas de Bolivia


La interculturalidad en el sentido de festejar la vida, de celebrar la fertilidad de la Madre Tierra y de gozar la diversidad que lleva los colores del sol, se mostró plena durante el acto de clausura de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, organizado por el Ministerio de Culturas con diversas expresiones folclóricas, pero sobre todo con masiva presencia indígena.

Desde el medio día de aquel memorable jueves 22 de abril, el estadio “Félix Capriles” de Cochabamba colmó sus graderías y los palcos ubicados frente a un escenario que lucía imágenes y leyendas de intenso significado para los pueblos originarios del mundo entero, portadores de los mensajes urgentes de esperanza que lanza la Pachamama en su cósmica agonía. Aquellos mensajes se tornaron música y danza; y entonces la celebración fue una auténtica Fiesta de la Pachamama.

Bolivia abrió la ventana de aquel gran acto cultural para mostrar ante los 40.000 asistentes y los millones de telespectadores de Telesur y BoliviaTV que transmitieron la fiesta en vivo, la belleza de sus expresiones interculturales con grupos danzantes provenientes de los cuatro puntos cardinales del país.

Macheteros del Beni

Encabezaron la polocrómica procesión los Macheteros del Beni, que es una danza de origen colonial donde los nativos de  nación de Mojos, pueblo que habita en los entornos fluviales de la Amazonia boliviana, representan a su manera la Resurrección de Cristo y su Ascensión a los cielos, luciendo una indumentaria que imita los movimientos circulares del sol. Un enorme tocado hecho con plumas multicolores de parabas hermosea la cabeza de los danzantes cuyos cuerpos van cubiertos por una camisa larga y blanca, sin cuellos ni mangas, una capa de piel de tigre en la espalda y los talones enmanillados con collares de una semilla amazónica que produce sonidos de percusión acompañando a una melodiosa flauta de caña.  Los danzantes mojeños, blandiendo sus machetes, llegaron al escenario principal encabezados por el líder de esta nación, hoy Viceministro de Interculturalidad del Ministerio de Culturas, Miguel Peña Guaji.

Yarituses de la Chiquitanía

A fines del siglo XVII, en los albores del dieciochesco, las primeras misiones jesuíticas que irrumpieron en el territorio de lo que hoy se conoce como la Chiquitanía , en el actual departamento de Santa Cruz, hallaron que los moradores de esa tierra santa adoraban a un avestruz, el “piyo”, que era una deidad de la fertilidad reinando desde los cerros. Los Yarituses, actualmente sincretizados en un culto centrado en San Pedro y San Pablo, representación católica de la lluvia y la siembra respectivamente, son herederos directos de aquellos hombres del bosque convertidos en pájaros y felinos guardianes de la Madre Tierra.

Tarqueada Sullka Utha

Las tarkas son instrumentos de viento huracanado y emiten sonidos que denotan las poderosas brisas del universo astral abonando la tierra fértil del altiplano andino.  Las tarqueadas son la  máxima expresión en música autóctona de regocijo y agradecimiento por la reproducción de los animales y la abundante cosecha. Las tarkas, flautas de caña o madera ahuecada tallada a mano, difieren en su sonido según sean licos, malas o chilis. Sus sones adquieren ritmo en compañía de bombos y tambores hechos en cuero curtido de llama. La fiesta de la tarqueada comienza con aromáticos humos de sahumerios (kh’oa), pidiendo permiso a la Pachamama para la “ch’alla” (un tributo de alcohol). Los músicos-danzantes, flanqueados por bailarinas haciendo flamear wiphalas, inician la ronda con una diana y luego ejecutan huayños comunitarios que son encabezados por las autoridades originarias. Los solteros forman una comparsa especial. Todo esto sucede a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Curahuara de Carangas, un enclave aymara-puquina en el Departamento de Oruro.

Kantus de Charazani

La de los Kantus es una música curativa y energizante, a pesar de su cadencia sedativa. Suele danzársela alrededor de unas aguas termales en lugares como Charazani y Curva, valles altiplánicos del territorio aymara, en La Paz , durante la fiesta de la Cruz , en mayo. Se caracteriza por el gran número de bombos que cargan los componentes, quienes, con sikus o zampoñas, tocan la música de aire lento y melancólico. Los danzantes llevan un paso lento; varón y mujer avanzan tomados de las manos. Charazani, el Gran Hospital de la Pachamama , es el reino prodigioso de los kallawayas, médicos del incario de cuya sabiduría se ocupó la Unesco declarándola Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Los Kantus de Charazani son eso: una Obra Maestra gestada en el fecundo y sano vientre de la Madre Tierra.

Pujllay de Tarabuco

Tarabuco se sitúa entre las corrugaciones andinas que forman los valles centrales de Bolivia, en la provincia Yamparáez del departamento de Chuquisaca. Aquí se celebra el Pujllay, una de las más grandes demostraciones de creatividad de la nación Quechua. Los Pujllay son danzantes que se animan a sí mismos con aerófonos de vigoroso resoplido y diversas tonalidades. Sus indumentarias son una fiesta total. El tejido de las prendas, hecho en telares nativos, se destaca entre los mejores de América. Sobre la cabeza y debajo de una montera a la usanza del conquistador español satirizado, se cuelga la cofia con las dos estallas, que no son otra cosa que anchas cintas bordadas con figuras diversas, que caen sobre las espaldas del pujllay. La montera de fiesta se adorna con flores de tela e hilos de plata, completándola con lentejuelas de todo color.

Tinkus de Macha

Hubo un tiempo en que los territorios donde hoy domina la lengua quechua fueron, antes del éxodo incaico de los mitimaes, dominios aymaras. En estos dominios preincaicos el culto a la fertilidad se expresaba de infinitas maneras. El Tinku, que traducido al castellano significa “encuentro”, era un rito marcial donde los devotos de la Pachamama y otras deidades mayores y menores hacían ofrendas de sangre y dolor, con auténtica devoción. La danza del Tinku traspuso las eras y venció al tiempo. Su fiesta principal se realiza en el municipio de Macha, Potosí. El éxito de su pervivencia radica en el ritmo pegajoso y acrobático de una música que nunca pasa de moda entre la juventud boliviana.

Saya Afroboliviana

Bolivia, como todos los pueblos del mundo, recibió a lo largo de su existencia influencias étnicas y culturales no sólo desde la tierra adentro sino también desde los más remotos confines del planeta. La presencia africana en el territorio boliviano obedeció a la economía colonial basada en la semiesclavitud humana y el saqueo despiadado de las riquezas naturales. Los esclavos africanos inicialmente trasladados a la minas de Potosí, hallaron un refugio natural en los valles de los Yungas, en La Paz , donde la cultura del continente negro se sincretizó armoniosamente con los saberes aymaras, y fruto de ese encuentro intercultural es la danza de la Saya Afroboliviana , una bella expresión de profunda raíz negra, bailada y entonada por afrobolivianos de habla aymara que nunca olvidan sus orígenes y su lucha por la vida. El acompañamiento de tambores y guanchas y las coplas entre solista y coro surgen de las raíces africanas mientras la vestimenta adoptada por las mujeres se asemeja al traje de las cholas aymaras. El canto es ejecutado en castellano.

La Diablada Urus

La Fiesta de la Pachamama cerró con broche de oro aquella jornada ritual con la entrada de los Diablos de la Fraternidad Urus. Esta expresión del mestizaje redentor, conserva su magnífica mirada indígena a través de una coreografía espectacular de la lucha entre el bien y el mal, donde el sincretismo admite una interpretación nativa de la narración bíblica acerca del enfrentamiento entre los arcángeles celestiales y las fuerzas subterráneas del mundo andino.


Fuente: Claudia Mollinedo Calderón, Unidad de Comunicación, MINISTERIO DE CULTURAS

Artículo original publicado el 27 de abril de 2010 

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AL SUR DE LA FRONTERA: 28/04/2010

 
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