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18/10/2017
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Una leyenda de apenas tres años (1934-1937) que aún perdura. Gerta, caída en el frente a los 26 años, también fue cayendo en el olvido. El renacimiento de la Gerda Taro fotógrafa tuvo que esperar muchos años.

«Gerta + Endre = Robert Capa»


AUTOR:  Michel PORCHERON

Traducido por  Juan Vivanco


Robert Capa creía que los 3.000 negativos que en 1939 había entregado en París a su amigo Weisz estaban destruidos o se habían extraviado para siempre. Recuperados en Méjico y examinados en Nueva York 69 años después, pueden ser una mina de oro sobre la guerra civil española, cuando aún no se ha desvelado el «misterio» del miliciano abatido por una bala en Cerro Muriano.

Otra incógnita: ¿cuántas fotos podrán atribuirse con seguridad a Gerda Taro, la compañera de Capa? La respuesta arrojaría luz sobre su actuación durante los once meses que cubrió la guerra civil.

[Primera parte] - Un día de septiembre de 1934 Gerta Pohorylle, joven y atractiva refugiada alemana, se enamora en París de Endre Friedmann, fotógrafo judío húngaro de 21 años, que también ha huido de la Alemania nazi. Gerta tiene tres años más que él.

 

Gerta, la mujer de la Rolleiflex, et Endre, el hombre de la Leica, fotografiado por Gerta en 1937,
cortesía del International Center of Photography

La historia de estos dos jóvenes emigrantes llegados del Este podría terminar ahí si Endre, que en París se hacía llamar André, nacido en el seno de una familia modesta de Budapest el 22 de octubre de 1913, y la joven Pohorylle, ambos con ideas políticas claramente de izquierdas, no hubieran cosechado enseguida un éxito inesperado, él con las fotos de su Leica y ella con los pies de esas fotos.

No es ajena a este éxito su elección de nombres «artísticos». Gerta está convencida de dos cosas: su joven amigo tiene verdadero talento de fotógrafo, y presentarse como Endre Friedmann, húngaro no es nada recomendable. De modo que la pareja recurre a un ardid genial: André Friedmann no es más que el agente exclusivo en París de un fotógrafo estadounidense, famoso en su país, llamado Robert Capa, imposible de localizar, porque siempre está haciendo reportajes… Capa por (Frank) Capra, un realizador al que admira, y Robert seguramente por Robert Taylor, el actor, también estadounidense. Según otras fuentes, desde su infancia llevaba el mote de «Cápa», tiburón en húngaro.

Gerta presenta las fotos de este «Robert Capa» (es decir, las de Friedmann) a los jefes de redacción que, impresionados, las compran y las publican. Robert Capa no tarda en hacerse famoso y, una vez descubierto el subterfugio, adopta este seudónimo (según Encarta). «Ambos son los reyes del farol y consiguen lo imposible con un golpe de suerte» (Astrid Eliard, diario Le Figaro). Gerta, por su parte, se convierte en Gerda Taro (¿porque suena parecido a Greta Garbo?), primero colaboradora y agente de «Robert Capa», antes de dedicarse también a la fotografía, como era de esperar. Pero por trabajar con Capa, durante mucho tiempo perdió su identidad. Sólo hace unos años ha sido reconocida formalmente como una fotógrafa auténtica y talentosa.

En vísperas de viajar a España

En julio de 1936, cuando estalla la guerra civil española, el ex húngaro Endre Friedman (1) convertido definitivamente en Robert Capa «el Americano» y Gerda Taro cruzan los Pirineos por encargo de Lucien Vogel, jefe de redacción de Vu. Van a «cubrir» la guerra en el bando republicano —él con su Leica y ella con su Rolleiflex— para otras revistas como Regards y Ce Soir, el periódico comunista francés, dirigido por el escritor y poeta Louis Aragon. Capa cubrirá más adelante la partida de las Brigadas Internacionales (2) y las batallas finales de Mora de Ebro y el Segre.

El último reportaje de Gerda Taro, publicado por Regards en julio de 1937

Pero su vida en común se interrumpe bruscamente el 28 de julio de 1937, cuando Gerda Taro cae mortalmente herida en el frente de Brunete. Muere la primera mujer reportera de guerra, cuando está a punto de cumplir 27 años. Muere la única mujer que contó realmente para Capa. En la primavera de 1937 le había pedido que se casara con él, pero ella no había querido. Juntos habían escrito un libro titulado Death in the Making. Gerda no lo vería publicado. La revista Life dio la noticia de «la primera mujer fotógrafa muerta en acción». La esquela publicada en la revista Ce Soir decía así: «Nuestra reportera fotógrafa Gerda Taro ha muerto cerca de Brunete, donde había presenciado la batalla. Un tanque republicano chocó con el vehículo a cuyo guardabarros se había subido para salir del pueblo cuando cayó en poder de los sublevados».


La muerte de Gerta en una viñeta popular

La investigadora alemana Irme Schaber, junto con el biógrafo estadounidense Richard Whelan, conservador del International Center of Photography (ICP), entre otros (y otras), se han afanado en restituir a Gerda Taro el lugar que le corresponde. La primera ha escrito Gerta Taro: Fotoreporterin im spanischen Bürgerkrieg. (3) «Es el libro de referencia, lleno de informaciones inéditas, tanto sobre Taro como sobre su época» (Michel Guerrin, Le Monde). A principios de los años noventa Schaber empieza sus indagaciones sobre Taro. Michel Lefebvre, otro periodista de Le Monde, cuenta: «Logra acceder a los archivos Capa custodiados por el ICP de Nueva York, lo cual no es nada fácil. Convence a Richard Whelan de que algunas fotos son de Taro. Las cuadradas de la cámara Rolleiflex son suyas, las rectangulares de la Leica son de Capa».



Gerta en España, por Fred Stein

La intensa y corta vida de Gerta Pohorylle merecía esta forma de homenaje, pues llevaba demasiado tiempo olvidada o relegada a «pálidos destellos» como ser «el accesorio decorativo del gran Capa o el nombre de una calle en la República Democrática Alemana, donde la convirtieron en una comunista modelo» (Astrid Eliard, en el diario Le Figaro). Durante muchos años su recuerdo sólo ha perdurado (4) a la sombra del de Robert Capa.

Gerda era ya una mujer libre, independiente, comprometida y valiente cuando se fugó de la cárcel de Leipzig y se refugió en París, donde esta joven judía de 24 años no tardó en codearse con Bertholt Brecht, Anna Seghers, Paul Nizan y Louis Aragon.

El 1 de agosto de 1937 el entierro de Gerda Taro fue una manifestación «grandiosa y popular» de miles de republicanos, comunistas y progresistas, que formaron el cortejo fúnebre desde la plaza de la Ópera hasta el cementerio de Père Lachaise al son de la Marcha Fúnebre de Chopin. Su tumba la decoró el escultor Giacometti. Irme Schaber enmienda en su libro el uso que hizo de su imagen el aparato estalinista. 


   
Soldados republicanos. Foto: Gerda Taro,
cortesía del International Center of Photography

En diciembre de 1938 Capa sólo tiene 25 años. La revista inglesa Picture Post le dedica once páginas con una selección de sus últimas fotos y su retrato con la leyenda: «El mejor fotógrafo del mundo: Robert Capa». Había llegado a París cinco años antes, a la edad de 20. A los 26 era quien mejor había fotografiado la guerra civil española. Llegaría a ser el fotógrafo de guerra más famoso. Todavía no se hablaba de fotoperiodismo.

Expulsado de Hungría a los 17 años por agitación política izquierdista contra la dictadura profascista de Miklos Horthy (4), recaló en Berlín, donde estudió Ciencias Políticas. Para ganarse la vida se dedicó a la fotografía y entró como ayudante en la Dephot (Deutscher Photodienst), una importante agencia de fotoperiodismo fundada en 1928 por un compatriota suyo, Simon Guttmann. Su primer trabajo, publicado en el Weltspiegel el 11 de diciembre, es un reportaje realizado el 27 de noviembre de 1932 con el crédito Friedmann-Dephot sobre León Trotski en Copenhague, con motivo de una conferencia del revolucionario exiliado sobre la revolución rusa. Dephot defendía una nueva visión del reportaje, tendencia que daría origen a revistas como Life y Picture Post. Cuando los nazis llegan al poder (mayoritarios en el Reichstag desde julio de 1932, votan plenos poderes para Adolf Hitler en marzo de 1933), Endre Friedmann huye de Alemania y se refugia en París, como muchos de sus compatriotas y amigos, en otoño de 1933. Aquí conoce a otros fotógrafos y traba amistad con algunos de ellos, como André Kertész. Con David Szymin, llamado David Seymour, alias Chim, refugiado judío polaco, que trabajaba para el semanario comunista Regards, y el francés Henri Cartier-Bresson, formó un trío de amigos conocido como «los Tres Mosqueteros». Sus ideas políticas antifascistas, muy firmes a pesar de su juventud, le indujeron a fotografiar (ya con la firma Robert Capa) las huelgas y las manifestaciones que precedieron a la victoria de los partidos del Front Populaire y al primer gobierno presidido por un socialista, Léon Blum (junio de 1936 – abril de 1938). Capa y Gerda Taro ya estaban en París, aunque cada cual por su lado, cuando la extrema derecha protagonizó grandes manifestaciones en febrero de 1934.

El resto de la vida y la carrera de Robert Capa es bien conocido (6). China en 1938, durante la invasión japonesa; el Tour de Francia de 1939 para Match y Paris-Soir (7), el desembarco aliado (156.000 hombres) el 6 de junio de 1944 en Omaha Beach (8), playa de la Normandía francesa, la liberación de París, la batalla de las Ardenas, la guerra de Palestina (entre 1948 y 1950) y por último la de Indochina. El 25 de mayo de 1954 lo mató una mina en la carretera de Thai Binh (delta del río Rojo, Vietnam del Norte), cuando fotografiaba una columna de soldados franceses en combate. Tenía 41 años. La bandera estadounidense cubrió su ataúd.



El descanso del soldado republicano. Foto:  Robert Capa,
cortesía del International Center of Photography

Él, que nunca había cogido un fusil, una granada u otra arma, «cayó como un soldado entre los soldados», según las palabras del general francés Cogny, que le impuso a título póstumo la Cruz de Guerra con Palmas y Citación.

Había emigrado de nuevo a Estados Unidos en 1939, donde se había nacionalizado en 1946. Está enterrado en el cementerio de Amawalk, pequeña localidad del estado de Nueva York. Pero fue en París done vivió.

En 1947 había fundado en Nueva York, con Henri Cartier-Bresson, Gisèle Freund, David Seymour y otros, la agencia Magnum (¿llamada así por el champán?), la primera agencia fotográfica independiente.

«El observador penetrante e implicado en las transformaciones profundas del mundo se propone la tarea de testificar sobre la desgracia que los hombres se infligen a sí mismos: la guerra» (Elvire Perego, Encyclopedia Universalis). El testigo, reportero-fotógrafo, testificó con profundidad, como en su primer viaje, cuando tomó en el frente de Córdoba la famosa fotografía del miliciano alcanzado por una bala (9).

¿Es posible que Bob Capa no se repusiera nunca de la muerte de Gerta? ¿Que tratara de olvidar los horrores captados con su Leica? Porque cuando era Bob, entre dos reportajes bélicos, Capa era «un jugador inveterado, un sibarita amante de la buena mesa y los buenos caldos, un dandi siempre sin blanca, un juerguista, un derrochador que habría dado cualquier cosa por una homérica partida de póquer con verdaderos amigos, como Hemingway (10) o Steinbeck» (Jean-Claude Perrier). Los escritores franceses Dan Frank y Jean Vautrin se inspiraron en Capa, novelesco a más no poder, para su personaje de novela Borowicz, llamado Boro, reportero-fotógrafo por supuesto, en Le Temps des Cerises (Fayard, 1990). Luego Boro se convirtió en personaje de tiras cómicas.

Tuvo muchos amigos famosos, como Picasso, Gary Cooper, John Huston, Billy Wilder, George Stevens, William Saroyan, Gene Kelly, etcétera.

Y tuvo una cantidad aún mayor de amantes, famosas (Ingrid Bergman) o no, mujeres de una noche o de la calle.

Según Irme Schaber, fue Gerda (11) quien inventó a Capa. Hasta el corte de pelo, la corbata y el traje. Tras la muerte de su joven y bonita compañera («la cazadora de luz» para José Bergamín, «la indispensable» para María Teresa León, «la pequeña rubia» de Rafael Alberti), Capa tuvo que inventarse una vida sin Gerda. 

«Ha nacido una fotógrafa, se llama Gerda Taro»

¿Cuántas fotos llevan la firma de Robert Capa? ¿Cuántas llevan la de Gerda Taro? «No se ha hecho ningún inventario» después de la muerte de Capa, escribe Irme Schaber. ¿Dónde empieza el fondo Taro, dónde termina? En España las fotos de Taro se han publicado con la firma Capa, luego Capa-Taro y por último Taro. ¿«Inventó» Robert Capa, a su vez, a Gerda Taro?

«Este misterio debería resolverse en una exposición Taro montada por el International Center of Photography de Nueva York», escribía en mayo de 2006 Michel Guerrin.

En la Avenue of The Americas número 1133, hasta el pasado 6 de enero, se expusieron 80 fotos con la firma de Gerda Taro, la mitad inéditas. La comisaria no era otra que Irme Schaber, que ha identificado formalmente 300 fotos de Gerda Taro. «Ha nacido una fotógrafa, se llama Gerda Taro», titulaba su crónica Michel Lefebvre, enviado especial del diario francés (1 de octubre de 2007). Lo mismo que Capa, ella fotografiaba desde muy cerca. Es conocida esta frase de Capa: «Si tu foto no es buena es porque no te habías acercado lo bastante».


Cartel de la exposición

En el sótano, según el periodista francés, hay cuatro salas dedicadas a Robert Capa. Una pared entera presenta las cuarenta copias que existen de las fotos tomadas junto con la del miliciano español abatido, añade.

El descubrimiento en Méjico de los 3.000 negativos, en perfecto estado, tiene gran trascendencia. Aportarán miradas nuevas y profundas sobre la guerra civil española. Su historia, su recorrido, desde España, hace unos 70 años, hasta Nueva York, pasando por Marsella, Marruecos y Méjico, es rocambolesca.

(Continuará)

Uno de los maletines descubiertos recientemente con 3.000 fotos de Robert Capa

Notas

(1) Por primera vez, en 2007 se reunió a los cinco grandes de la fotografía húngara en una exposición en el Museo Ernest de Budapest. Son André Kertész (1894-1985), Gyula Halász llamado Brassai (1899-1984), Martin Munkácsi, László Moholy-Nagy (1895-1946) y el más joven, Endre Friedmann, Capa. La ciudad de Pécs, al sur de Hungría, presentó esta exposición única (250 fotos tomadas entre 1910 y 1970). Todos ellos, excepto Brassai (que se quedó en Francia), se hicieron ciudadanos estadounidenses. «Kertész y Moholy tuvieron una influencia determinante sobre Capa», declaró Karoly Kincses, antiguo director húngaro de la Fotografía. Como solía decir Capa bromeando: «No basta con ser talentoso. También hay que ser… húngaro».

(2) El destino de muchos de los brigadistas acabaría siendo trágico. De vuelta a la URSS —rusos o no— fueron fusilados o encarcelados bajo la acusación de «hitlerotrotskistas». Según la conocida fórmula de «agentes del extranjero, se habían convertido en agentes del extranjero»… En el Oeste, en Estados Unidos, el FBI y las comisiones macartistas persiguieron a muchos de los que habían pertenecido a las B. I. o apoyado la causa republicana. El propio Robert Capa fue acusado varias veces de «agente comunista».

(3) Traducido al italiano por Elena Doria (Gerda Taro: una fotografa rivoluzionaria nella guerra civile spagnola) y al francés por Pierre Gallissaires (Gerda Taro, une photographe révolutionnaire dans la guerre d’Espagne). No hay traducción española.

(4) Gerda Taro no tuvo herederos. Sus parientes murieron en las cámaras de gas de los nazis. En cuanto a su memoria, «su destino póstumo experimentó en cincuenta años oscilaciones sorprendentes: llama simbólica, medio olvidada, denigrada, icono al estilo estalinista…» (Philippe Lewandowski, mensual Démocratie et Socialisme, http://www.democratie-socialisme.org/article.php3?id_article=1016)

(5) Hungría, que fue por poco tiempo república después de la guerra de 1914-1918 y la desaparición del imperio austrohúngaro, a partir de enero de 1919, con el archiduque Jozsef de regente, estuvo gobernada por Béla Kun (1886), y la República Húngara de los Consejos sólo duró 133 días. Béla Kun, condenado a muerte en la URSS, fue ejecutado el 24 de agosto de 1938. Horthy (1868-1957) fue elegido regente el 1 de marzo de 1920. Obligado a abdicar por los alemanes en octubre de 1944, murió en Portugal el 10 de febrero de 1957.

(6) Ver Robert Capa, l’homme qui jouait avec la vie, de Alex Kershaw, periodista y biógrafo inglés (traducción de Daniel Roche, Ed. JC Lattès, 2003). Capa escribía una autobiografía, Slightly Out of Focus(1947).

(7) Según Laure Beaumont-Maillet (Capa, connu et inconnu, Bnf, 2004), «Raymond Vanker, que también seguía el Tour, recuerda la intrepidez de Capa, uno de los primeros que tomaron fotografías en el sillín trasero de una moto. En el reportaje del Tour, lo mismo que en las guerras, Capa mostraba interés por lo que ocurría al margen de la acción. Por eso fotografió también a los espectadores y captó un asombroso conjunto de imágenes de la familia de uno de los célebres corredores de la época, Pierre Cloarec, llamado “El Coloso de Pleyben”».

(8) Capa tiene entonces 31 años y es corresponsal de Life Magazine. Acreditado por el ejército USA aunque todavía es ciudadano húngaro (de un país aliado del III Reich), desembarca con los soldados estadounidenses en el Norte de África y después en Sicilia. El 6 de junio de 1944, en una lancha de desembarco, participa en la primera ola de asalto de 1.450 hombres (Compañía E). Son las 6:35 de la mañana y está clareando. Capa va armado… con tres cámaras, dos Contax de 35 mm y una Rolleiflex. De las 72 fotos de las Contax tomadas en Omaha Beach sólo se salvaron once, pero están desenfocadas y movidas. La redacción de Life de Londres tuvo la osadía de explicar: «La mano de Capa tembló». Irónicamente, Capa tomó esta frase para el título de sus memorias de guerra, Slightly Out of Focus…

(9) El hecho de que siga siendo controvertida no resta mérito a la mítica fotografía del miliciano español alcanzado por una bala. Dio la vuelta al mundo después de su publicación en la revista francesa Vu y un año después en Life.

(10) Robert Capa probablemente conoció a Ernest Hemingway en la segunda quincena de mayo de 1937 en el Hotel Florida de Madrid, cuartel general de los periodistas, reporteros-fotógrafos, intelectuales y artistas. Hemingway se inspiró en las fotos tomadas por Capa cerca de Segovia durante la ofensiva republicana para la descripción que hace en Por quién doblan las campanas. El escritor norteamericano no estuvo presente en el teatro de operaciones.

(11) Sobre Gerda Taro se prepara un documental: L’ange oubliée de la photo, de Bernard Lebrun, reportero de France 2, y Pascale Bougaux (RTBF). La Biblioteca Nacional de Francia (Bnf) ha puesto en línea una exposición virtual http://expositions.bnf.fr/capa/index.htm

También se puede consultar, de François Maspero, L’Ombre d’une photographe, Gerda Taro, Seuil, 128 p, 2006.

Robert Capa, La Batalla del Segre, placa de contactos de fotos recuperadas, 
cortesía de Cornell Capa/Magnum Photos



Fuente: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4571&lg=fr

Artículo original publicado el 30 de enero de 2008

Sobre el autor

Juan Vivanco es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente.

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LOS INCLASIFICABLES: 01/02/2008

 
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