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13/12/2017
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Junto con el dibujante Juan David, fue uno de los primeros en trabajar con la imagen del joven Fidel Castro

¿Qué ha sido de la rica colección de la época cubana del escultor Tony López?


AUTOR:  Michel PORCHERON

Traducido por  Michel Porcheron. Revisado por Juan Vivanco


Exhumar las obras de un autor vivo, para evitar un reconocimiento póstumo, siempre tardío, un tanto vano y solemne, es modestamente lo mejor que podría hacerse en el caso del cubano Tony López.  Pero semejante «exhumación» supondría realizar una labor de búsqueda e investigaciones dignas de un arqueólogo sutil convertido en un fino sabueso. Decir que son esculturas pertenecientes al patrimonio cubano da su verdadera dimensión a esta delicada tarea… hipotética y hercúlea. Como buscar una aguja en un pajar.

En el 2008 cumplirá 90 años de edad.  Nacido por casualidad en La Coruña, España, de madre cubana de Puentes Grandes y padre español de Santiago de Compostela, escultor de oficio, nieto de escultor, comienza su vida en Cuba a los nueve meses de edad. «Siempre dije que era cubano, pues, vaya, me criaron en Cuba, y me siento más cubano que las palmas. Toda mi vida fui un cubano rellollo» (López utiliza ese cubanismo que significa puro, o de pura cepa).  Hace 50 años que ya no vive en Cuba, si bien regresó en numerosas ocasiones después de la victoria de Fidel  Castro en enero de 1959.  Venía a trabajar, a hacer nuevas esculturas. Vive en Miami, donde tiene su taller, en la Calle 36 del North West.

«Cuando me quedé huérfano (…)  Todo el mundo me decía que dejara la escultura que me iba a morir de hambre. Y siempre respondía: si me muero de hambre haciendo lo que me gusta me muero feliz», son sus palabras recogidas por Elena Iglesias para El Nuevo Herald. Tony López, que vivía con su madre y sus hermanas en Rancho Boyeros, a las afueras de La Habana, sobrevivió durante varios años de vacas flacas vendiendo cuadros y tallas de madera sin firma. Un anticuario se encargaba de hacerlas pasar por piezas procedentes de España, hasta que se descubrió la estratagema de López, felizmente para él. Su primer cliente verdadero fue el marqués de Pinar del Río, Rafael Carvajal, que le pagó 100 pesos por una de sus tallas. «Desde entonces empecé a trabajar para gente con dinero y empecé a mejorar».

En el tomo X y último de la obra colectiva de referencia, Historia de la Nación Cubana (página 245), editada en 1952, Rafael Marquina, de manera lacónica, escribió en su capítulo La escultura en Cuba (página 245): «Tony López, un caso aparte, de mucha actualidad, pues elevó el arte de la decoración al nivel de la estética pura e  introdujo la  escultura en la vida cotidiana como un aporte a la creación práctica». Más de 50 años después, José Veigas (1944), investigador y crítico de arte cubano, publicó un diccionario alfabético (Ed. Oriente, 2005, 551 páginas, 15 páginas de bibliografía general, pobre en ilustraciones) sobre la escultura en Cuba en el siglo xx, con 700 fichas técnicas de escultores (o arquitectos) cubanos y extranjeros. La de Tony López, en una página, menciona 10 exposiciones personales y colectivas del escultor entre 1948 y 1950 en Cuba, donde recibió tres premios (1948, 1954 y 1957). La breve bibliografía sólo cita tres artículos publicados en Mami.

El haber sido uno de los primeros artistas en adueñarse con talento de la imagen de Fidel Castro, al día siguiente del célebre ataque al Cuartel Moncada (el 26 de julio de 1953), bastaba para ver en él a  alguien que había escogido su campo, lo cual, a mediados de los años 50, le obligó a abandonar Cuba en 48 horas (con destino a los Estados Unidos), debido  a sus actividades políticas como miembro (uno de los tesoreros) del Movimiento 26 de julio. Aún tuvo tiempo de pasarle el dinero a una militante que después se haría famosa en la revolución, Haydée Santamaría. El exilio forzoso de Tony López, cuando tenía unos cuarenta años de edad, lógicamente, dio lugar a que, poco a poco, en Cuba se olvidara al hombre y al artista.   Es, sin embargo, el autor de una de las estatuas más conocidas de La Habana, el busto de bronce del líder estudiantil Julio Antonio Mella (1905-1929), que se encuentra aún en la pequeña plaza situada al pie de la gigantesca escalinata que  lleva a la entrada de la Universidad de La Habana, en pleno Vedado.  Colocada sobre un pedestal de piedra, tiene la fecha de 1954, en La Habana, y la firma de Tony López.

También hizo esculturas de Antonio Guiteras,  para la Universidad,  las de Bachiller y Morales, Ramiro Valdés Daussá, así como la máscara mortuoria del dirigente obrero asesinado, Jesús Menéndez, y un monumento en Cárdenas, dedicado a José Antonio Echeverría. Es asimismo el autor de una máscara mortuoria (1951) de Eduardo Chivas, conservado por una estrecha colaboradora del político cubano, Pastorita Núñez González y donado recientemente por ella a las instituciones cubanas competentes. La máscara se encuentra hoy en el Museo de la Revolución. En la famosa finca del Cacahual, provincia de La Habana, donde está enterrado el combatiente Antonio Maceo (1845-1896), figura señera de la guerra de liberación contra los españoles, hay una tarja con firma de Tony López.

Durante sus años cubanos, el artista López fue un innovador.  Popularizó un nuevo género poco conocido (todavía hoy muy poco conocido).  Durante más de diez años causó sensación en el mundo artístico habanero con sus estatuillas (1) de personalidades políticas o personajes populares.  Si no es el padre de las figurillas en Cuba, fue su primer maestro.  En su galería de la calle Galiano 103 y Amargura, en La Habana, o en los salones del «Humorismo cubano, el público puede apreciar sus obras más logradas de caricaturas en tercera dimensión». Las estatuillas (o figurillas) de López no eran forzosamente «caricaturescas», en el sentido de que no todas eran sistemáticamente obras cómicas o satíricas para acentuar trazos ridículos o desagradables.  En López no existe de modo permanente lo extremo ni lo bufón, y mucho menos, lo gratuito. Tony López fue un figurista sobrio, fino y sutil, que sabía escoger entre lo artístico y lo satírico, en dependencia de sus inclinaciones personales.

Su obra, la colección de estatuillas (el crítico de arte cubano, Axel Li, la califica de «caricaturas escultóricas») fijadas sobre  un doble zócalo rectangular, todavía no se conocen en Cuba. El Museo de Bellas Artes sólo posee una (policroma, 34 x 32 x 34), que retrata a Jorge Mañach (1899-1961), un intelectual amigo del escultor.  De modo  que la única forma de conocer el trabajo  del escultor Tony  López es buscando en las páginas de la prensa cubana de la época, como Bohemia.  Eso es también válido para (volver a) descubrir, igualmente, en libros y recopilaciones (3), reproducciones de interés o vestigios de originales en obras de otro tipo, como pintura, dibujo, o grabado, pero en el caso de la escultura, por su naturaleza, la página de una publicación no podría restituir jamás la fortaleza de la tercera dimensión (salvo si en nuestros días...  se transformara en grafismo tridimensional para representar objetos en tercera dimensión sobre soporte numérico, en una pantalla, lo cual nos colocaría en la famosa 3 D).

En Bohemia del 26 de julio de 1955 (páginas 52-53) con el título «López expone caricaturas en yeso», se descubre una buena parte de las 36 piezas de una exposición de López que había sido presentada semanas antes en el edificio de las Damas Isabelinas de Cuba.  La estatuilla que representa al joven Fidel Castro, formaba parte de esta exposición y Bohemia la describe con esta leyenda: «Fidel Castro.  Formidable caricatura sicológica del hombre del Moncada...». Curiosamente el crítico José Veigas no la menciona en su libro ni tampoco dice nada de la rica colección de estatuillas de la época cubana de Tony López.

Miguel Ángel Quevedo, a la sazón director de Bohemia, apreció tanto la estatuilla del presidente (1944-1948) Ramón Grau San Martín como «demonio» que le encargó a López una semanal.

Las investigaciones de Axel  Li (La Habana, 1979)  permitieron la divulgación reciente de trabajos que ponen de manifiesto la existencia y la calidad de la obra del cubano Tony López.  Li es también el autor de dos estudios publicados en la Gaceta de Cuba (julio-agosto de 2006, páginas 43-45) y en el reciente número de septiembre-octubre de 2007 de Noticias/Arte Cubano.  El fundador del M-26, vestido de traje, imberbe, muy apuesto, en evidente postura de quien va a dirigirse apasionadamente al público, con la mano izquierda en el bolsillo del pantalón, el brazo derecho plegado, la mano cerrada  y  el índice elevado que lo caracteriza.

Axel Li, autor de una tesis de Licenciatura en Historia del Arte sobre el humor gráfico en Cuba, crítico de arte de Opus Habana y de otras publicaciones cubanas, pone énfasis (en su artículo de Arte Cubano) en la profunda incertidumbre que existe por la suerte que ha corrido la obra cubana de Tony López. Existe un gran desconocimiento sobre lo ocurrido con sus estatuillas de los años 40 y 50.  «Se trata, agrega, de una triste realidad, que por poco haya caído  en el olvido una memorable estatuilla de Fidel». Y agrega: «pero es que no ha sido la única», refiriéndose también «a muchas otras», la de hombres políticos o públicos de antes de 1959, como el presidente Ramón Grau San Martín, Genovevo Pérez, José Manuel Alemán, Alonso Pujol, Pedro Lada, Eduardo Chibás , o de personas célebres como Jorge Mañach, Roberto Agramonte, Victor Manuel, Conrado W. Massaguer, Juan David, Benny Moré, Germán Pinelli, Luis Carbonell, Cantinflas, etc..., así como la de Camilo Cienfuegos y otros tres bustos de Fidel Castro, joven (4).

Es lógica la preocupación de Axel Li.  La misma de otros colegas que en otro país  confrontara el mismo  problema. Encontrar piezas artísticas del patrimonio nacional representativas de personalidades políticas o muy populares de una época que  desde hace mucho tiempo se hallan «perdidas», o extraviadas, en el mejor de los casos.

Por otro lado, hace ya más de 50 años que prácticamente se ignora la dimensión volumétrica de las figurillas, puesto que, también, desde hace más de 50 años se tiene de ellas una visión en dos dimensiones  (las fotos publicadas en la prensa) con el mismo ángulo (el perfil izquierdo de la estatuilla de F. Castro, por ejemplo) «sin la posibilidad de percibir su exacta configuración y su escala volumétrica». Por las fotos, puede deducirse que las figurillas de López eran de yeso.

«¿Acaso  tendríamos una solución?»  concluye Axel Li, manifestando la inquietud que quiere dar a conocer; pero el problema es: ¿a quién dirigirla?  Todavía no se sabe dónde se encuentra la estatuilla de Fidel Castro hecha por Tony López en 1955, si es que aún se conserva. La estatuilla y tres bustos de Fidel Castro «son piezas que hoy en día resultan desconocidas». Según Axel Li, «a Fidel se le caricaturó más de una vez». En este conjunto importante destaca la creación de Tony López. Axel Li considera que esta obra «supera» las (bidimensionales) de Juan David (1953) o de Massaguer (1959), otros artistas que han trabajado con la imagen de Fidel.

Caricatura de Fidel por Juan David, 1953

Después de miles de peripecias, en mayo del 2005, el joven crítico cubano logró entrar en contacto con Tony López.  Con mucha paciencia, logró enviar (sin mucha precisión) sus preguntas a  Tony López;  con la ayuda in situ de la arquitecta María Ayub pudo hablar por teléfono con Tony López  y, finalmente,  tener entre sus manos la grabación de esta entrevista gracias  al apoyo del periodista amigo Max Lesnik, quien se la entregó en  La Habana en uno de sus viajes a Cuba.

De este modo, en respuesta a una pregunta de Axel Li,  se pudo conocer de boca de Tony López  (la entrevista  aparece en el citado número de la Gaceta) la suerte corrida por sus estatuillas, que «no pocas personas tienen muchas de ellas; otras... En el Museo Nacional de Bellas Artes se encuentra la de Jorge Mañach (...) En mi casa tengo la de Luis Carbonell y otras tres». Li no le inquiere sobre la suerte corrida por muchas otras, incontables.  En el 2004 se encontró en Cuba el busto de Camilo Cienfuegos, en  casa de Melly López ( 1920 – 2005) , hermana  menor de Tony,

«¡Hice un millón de figurillas!  Necesitaría horas para mencionarlas todas», le dijo López a Axel Li.

 

Germán Pinelli, actor e ilustre presentador de televisión, y Roberto Agramonte, profesor de la Universidad de La Habana

Actualmente Tony López, padre de una familia numerosa, dos veces viudo, casado por tercera vez, es un hombre rico, reconocido y muy solicitado. Hace esculturas de mármol, bronce, piedra, madera y últimamente fiberglass. Entre sus obras más famosas se pueden citar la escultura de bronce de Claude Pepper, en el Biscaye Boulevard, un busto de mármol de Carlos J. Finlay en el Jefferson Medical College de Filadelfia, una estatua de José Martí en Nueva Orleáns y otra en Costa Rica, un monumento sobre el Holocausto en Miami Beach, una escultura de Carlos Manuel Céspedes (1819-1874) para un colegio de México y una estatua de Juan Pablo II en un parque público de Angola.

En Cuba, Tony López fue contemporáneo de grandes figuras del arte de la caricatura, como David, Hercar, Rafael Blanco, Massaguer, Arroyito, Roseñada, Portell Vila, Jesús de Armas, Niko, Silvio, Prohias, Felo Díaz, Mario Kuchilan y Bidopia. Es el último superviviente de esa generación, «sus colegas de ayer», como los llama Axel Li.

«Mientras que la caricatura gráfica ha seguido su curso vinculado, en buena parte, al desarrollo de la prensa, la caricatura de tres dimensiones, en cambio, ha tenido una existencia discontinua caracterizada por su rareza y fragilidad», dice la Encyclopaedia Universalis.

 

Izquierda: dibujo de Raval (Colección del Museo del Humor de San Antonio de los Baños, Cuba).
Derecha: Fidel en dedeté, tomado del libro citado de Ares y Jape, p. 129 (el original está en verde).

Notas

(1)   Generalmente se acepta que el artista Santiago Rodolfo Hernández Giro (1881-1970) fue el primero que creó una obra de estatuillas cromáticas.

(2)   En el 103, varias capas intempestivas de pintura blanca borraron la mención «Tony López» que hasta hace poco figuraba sobre la fachada.  En la planta baja se encuentra hoy un local de la agrupación musical «Septeto Nacional Ignacio Piñeiro», cuya creación se remonta a 1927.

(3)    Tres obras generales (monográficas) publicadas en Cuba sientan pauta en el dibujo humorístico o el dibujo político (en cubano se llama humor gráfico) en Cuba: Más de Cien Años de Humor Político en 2 tomos (Ed. Oriente, 1984, páginas 121 y 123) de Evora Tamayo, Juan Blas Rodríguez y Oscar Hurtado, luego del gran Juan David (1911-1981); La caricatura: tiempos y hombres (Ed. Centro Cultural Pablo de la Torriente, 2002, página 127).  David, un cubano de padre francés, confirma en su libro, al parecer redactado en los años 60, que también fue un gran conocedor del arte de la caricatura de fuera de Cuba.  Por no hablar sólo de artistas franceses (entre 1962 y 1966 fue consejero  cultural de la Embajada de Cuba en Francia) como Honoré Daumier, Gustavo Doré, Dubout o Effel, supo captar el talento de Tim, André Francois, Siné o Chaval, considerados hoy como «clásicos».  El tercer libro —que próximamente será editado en Cuba— es Historia del Humor Gráfico en Cuba, firmado  por el diseñador Ares y el periodista Jape ( Ed. Milenio, España, 2007, páginas 207, 238) con un índice de nombres citados en una bibliografía.  Abela, Ajubel, Chago, Juan David, Manuel, Massaguer, Nuez, Posada, Rafael, Tamayo, Tony, Torriente y Wilson son los artistas con el mayor número de presentaciones.  Ares fue también uno de los precursores de la Caricatura Cubana Contemporánea (Editorial Pablo de la Torriente, 2007) que acaba de publicar el primer volumen (de 3) de 32 páginas (Autores de la A a la F) que recopila una selección de sesenta dibujos publicados  en blanco y negro en la prensa. Sobre los últimos 40 años, puede consultarse la colección del diario nacional Juventud Rebelde y el suplemento humorístico DDT (o Dedet, cuyo primer número se publicó el 25 de febrero de 1969), ddt como Dicloro-Difenil-Tricoloroetano, eficaz insecticida orgánico utilizado en profilaxis (www.dedete.cubaweb.cu). Los primeros dibujos numéricos cubanos se publicaron en el DDT en 1996.

(4)   Al leer a Axel Li, uno comprende por qué el profesor Jorge Lozano conserva actualmente los dos bustos de la figura de Fide Castro, con  barba, uno al menos heredado de su padre, a quien se lo envió T. López de regalo desde Miami. Esos bustos llevan las fechas de 9 marzo y 26 de julio de 1958.  El tercero (¿1959?) Fidel con su gorra, habría «desaparecido».  Sobre la imagen de Fidel Castro como tema, más allá de las fotos, que ha motivado numerosos libros, en muchas partes del mundo, puede consultarse las páginas del sitio www.lajiribilla.cu  que reproduce una veintena de fotos del líder histórico cubano a través de dibujos.  Axel Li es también el autor de un texto de Testimonios visuales de un líder (en Viaje a los Frutos) escrito por Ana Cairo, Ed. Bachiller, 2006, páginas 201 – 2003) que presenta una galería con una quincena de «imágenes» (de las cuales 7 dibujos, la foto del escultor Tony López, 6 carteles y tres fotos) de Fidel Castro.  De los artistas actuales también se encuentra la pintura de Pedro Pablo Oliva (Pinar del Río, 1949) poseedor de una importante obra de pinturas y dibujos sobre el tema de Fidel Castro.

Fidel y Camilo Cienfuegos por Conrado Massaguer, 1 de enero de 1959


Fuente: remitido por el autor

Artículo original publicado el 8 de febrero de 2008

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LOS INCLASIFICABLES: 12/02/2008

 
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