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21/10/2017
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La columna de los 1000

Viaje al Muro de la Vergüenza marroquí


AUTOR:  Nuria LUNA


Introducción

Acabo de volver de un viaje a los campamentos de refugiados saharauis organizado para protestar contra el muro marroquí. Por fin he podido volver a ese lugar tan especial, un lugar donde las cosas adquieren sentido y dan sentido a lo demás. Hace seis años, los saharauis abrieron una ventana en nuestra cabeza. Abrieron una ventana y entró el sol, que alumbró lo que antes no veíamos. Los muebles viejos tomaron colores nuevos, las voces se convirtieron en cantos y en risas de los niños. El horizonte se desplegó sobre sí mismo venciendo las montañas de ladrillo que querían devorarnos. Hace seis años observé admirada a Daha, que acababa de volver de Cuba y explicaba con tranquilidad que de haber una guerra, él será guerrillero, y luego hablaba de jazz y de libros. Desde que estuve con ellos, las imágenes de la tele no han vuelto a ser papel pintado, sino que saltan con todo desparpajo en el cuarto de estar y se pasean. Porque durante muchas noches ellos me vienen a visitar, con su alegría y su dignidad. Y yo sé en todo momento que yo estoy aquí, pero esto es tan pequeño, y al otro lado del espejo se encuentran ellos, cada mañana, cada tarde, cada sonrisa que es un gesto de resistencia, que hace seguir girando el mundo.

Viva el pueblo saharaui. Sáhara libre.... Sáhara hurra!!


Un poco de historia

En 1974 el Sáhara Occidental era la última colonia española, y prácticamente también la última colonia europea en África. Las Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana presionaban al régimen franquista para que descolonizara el territorio, y el Polisario luchaba por la liberación de su pueblo, pero el decadente régimen franquista se aferraba a su última colonia. Finalmente, la presión llevó al gobierno a anunciar que la descolonización se produciría en seis meses. Entonces Marruecos reclamó ante el Tribunal de la Haya que la colonia española debía pasar a formar parte del reino alauita. El tribunal dictaminó a favor de la autodeterminación saharaui (1975) pero Marruecos no acató la decisión e invadió el Sáhara, con los civiles delante de la infantería como carne de cañón y para reducir la posibilidad de enfrentamiento con el ejército español. Es lo que se conoce como “Marcha Verde” y fue presentada por Marruecos como una ocupación pacífica por parte de miles de civiles, aunque delante de ellos iba la aviación marroquí bombardeando a los saharauis con fósforo y napalm y causando una masacre. Los que pudieron huyeron en ese momento a la provincia argelina de Tinduf, donde las Naciones Unidas organizaron los campamentos de refugiados. Hacia allá vuela mi avión, dando un gran rodeo porque no puede sobrevolar el espacio aéreo marroquí. La marcha verde sirvió también para que España firmara unos acuerdos secretos (14 de noviembre de 1975), cediendo el Sáhara a Marruecos y Mauritania a cambio de preservar sus intereses económicos y geoestratégicos en la región. La guerra que siguió significó pronto la retirada de Mauritania y el retroceso de Marruecos de parte del territorio, a lo que Marruecos respondió construyendo con ayuda francesa e israelí el llamado “muro de la vergüenza”, que divide el territorio saharaui, mide 2720 km y está alambrado, electrificado y sembrado de unos 5 millones de minas. El 22 de marzo nos manifestaremos delante de ese muro, oponiendo a ese muro vergonzoso una cadena humana. Queremos enfrentar su muro de muerte con uno de esperanza.

 

El Muro de la Vergüenza


Territorios ocupados en azul, territorios liberados en verde
Fuente: Sahara Libre

 

Primer día con la familia de Leila

Hemos llegado sobre las dos y media de la noche a Tinduf, donde hay que pasar el control, y luego nos llevan a la wilaya de Smara en autobuses. Nos repartimos en grupos de 4 ó 5, entre murmullos y risas nos esperan los guías que nos llevan a las familias, son alrededor de las cinco de la mañana. Cuando despertamos nuestra familia ya está preparando el té y el desayuno para nosotros. Luego nos reunimos todos en el ayuntamiento de la wilaya con el secretario general de la juventud del Polisario (UJSARIO) que nos habla del muro marroquí, de la voluntad de crear la República Árabe Saharaui Democrática sobre los valores de la libertad y de la dignidad humana, y de que el futuro pasa por la movilización de la juventud.

Después de las actividades volvemos a las jaimas. La familia que nos ha acogido escucha en silencio las noticias de la cuarta ronda de negociaciones que retransmite una vieja tele en blanco y negro. Tras un momento de tensión, sacuden la cabeza con cansancio y comentan que habrá una quinta ronda de negociaciones. “Nos prometieron que la segunda ronda sería la última -dice Malainin mientras canta algo a su hijita y prepara el té- pero ya van por la cuarta y sigue sin haber una solución”.

La ceremonia del té es muy importante para los saharauis y en cuanto tienen ocasión la explican a los visitantes. “El primer té es amargo como la vida, el segundo es dulce como el amor, y el tercero es suave como la muerte” nos cuenta Mohammed, el hermano de Leila. Y luego añade entre risas que cuando estudiaba en Cuba alguien le preguntó que cómo podía saber que la muerte es suave sin haber muerto, y que el amor es dulce sin haber estado enamorado... Entre té y té queman el tiempo los saharauis, en una espera interminable de promesas incumplidas. Desde que las Naciones Unidas hicieron público el plan para la organización del referéndum en 1990 y comenzó el alto el fuego (1991), los esfuerzos de Marruecos y los intereses occidentales han impedido que la consulta se llevara a cabo. Mientras tanto, Marruecos vende fosfatos a España y Francia, otorga licencias para pescar en aguas saharauis, compra armas a España y tortura y “desaparece” a cientos de personas en los territorios ocupados.

Por la noche, Al-Jazeera pone programación infantil. Y, si mis ojos no me engañan, estoy viendo una secuela de Shrek doblada en árabe.


La larga espera de los saharauis

Esta mañana nos despertó temprano la monitora de nuestro grupo para ir a un concierto, que tiene lugar en una jaima repleta de gente, en el centro del campamento. Los jóvenes saharauis animan con palmas y gritos a los cantantes. Una mujer, otra mujer, una niña y un chico joven se levantan y comienzan a bailar junto a los cantantes. En una jaima más pequeña, varias mujeres nos dan a probar comida saharaui: cuscús, pan, carne y grasa de camello, dátiles, dulces, y una pasta cuyos ingredientes desconozco. La carne de camello se come mucho aquí en los campamentos, igual que la carne de cabra, porque son los animales que soportan las condiciones más duras, especialmente los camellos. Y en el desierto de Tinduf no hay ninguna vegetación, sólo piedras y arena.

Por la tarde acudimos a un acto en el que el gobernador de la wilaya nos explica la organización de los campamentos. Un español pregunta sobre la distribución de los víveres que envían los organismos internacionales. “La reducción de ayuda humanitaria por parte de las Naciones Unidas y la Unión Europea ha puesto en dificultades a la población refugiada”, explica el gobernador de la wilaya. “Las raciones alimentarias asignadas actualmente a cada familia son inferiores a lo que necesitan cada mes”. Recuerdo que hace unos cuatro años, el nuevo rey marroquí se reunió con Bush reforzando la alianza entre ambos países. Después, las Naciones Unidas declararon que el problema saharaui había dejado de ser un “asunto prioritario”. También se suspendió la ayuda que enviaba la Unión Europea a través del programa ECHO. Desde entonces muchos jóvenes tratan de emigrar.

El gobernador de la wilaya cuenta el origen del proyecto expansionista marroquí, impulsado desde los años 40 por el partido nacionalista marroquí Istiqlal en su lucha por la independencia. El proyecto del “gran Marruecos” fue después recuperado por el rey Hassan II y propugnaba la expansión al Sáhara Occidental, Mauritania, Ceuta y Melilla, parte de Argelia, de Mali e incluso de Senegal, y acabó materializándose en la ocupación del Sáhara. La oposición de izquierdas marroquí, representada por la Vía Democrática, siempre ha rechazado la ocupación del Sáhara Occidental.

Pero parece que los largos años de espera y el abandono de la comunidad internacional hacen mella en la paciencia de muchos saharauis. El gobernador nos explica la dificultad creciente de la dirección del Polisario para convencer a los jóvenes de la vía pacífica por la que apostó en 1991. Es la misma opinión que encuentro en los jóvenes a los que pregunto: cada vez más gente joven está harta de esta situación de “no guerra ni paz” y preferirían volver a una guerra. Mientras tanto, España es la principal suministradora de armas a Marruecos, provenientes de fábricas diseminadas por todo el Estado. El gobernador pregunta por qué en vez de asumir su responsabilidad y reparar los daños causados por la colonización, España apoya a Marruecos. Saca entonces a colación el ejemplo de Portugal y Timor Oriental. La solidaridad de la población civil española no se refleja en la postura política del gobierno español. ¿Por qué no ocurre lo mismo que con Irak? Si la mayoría de la población española está a favor del derecho del pueblo saharaui a decidir, ¿por qué el gobierno no respeta esa postura?


La resistencia cotidiana

Hoy hemos ido a Rabuni para visitar la radio y el hospital nacional. Rabuni es la capital administrativa de los campamentos de Tinduf, y aquí se encuentran también el protocolo general (donde se quedan los invitados que no se alojan con las familias) y los ministerios de la RASD (República Arabe Saharaui Democrática). Como todos los demás asentamientos, lleva el nombre de una ciudad de los territorios ocupados. Visitamos primero la sede de la radio saharaui, que empezó a emitir en 1975. La radio saharaui se escucha en los campamentos de refugiados, en los territorios ocupados y también por internet (http://web.jet.es/rasd/radionacional.htm#). La emisión comienza a las seis de la tarde; a las doce de la noche termina la programación en árabe hassanía y comienza la programación en español, que dura una hora. En este momento están poniendo una canción del grupo Estrella Polisaria, que nosotros ya casi nos hemos aprendido: “Libre, queremos un Sáhara libre...”. La radio es hoy en día el principal medio de comunicación saharaui, en un momento en que la televisión saharaui aún no emite en directo y sólo existe acceso a internet en los campamentos del 27 de febrero y Rabuni.

Tras la visita en grupos caminamos bajo el sol hacia el hospital nacional de Rabuni, al que llevan a los enfermos a los que no se puede atender en los dispensarios de las dairas o en los hospitales regionales que están en las wilayas. En este hospital conocemos a Juani, doctora de Santiago de Cuba que lleva ya once meses en los campamentos. “En el hospital nacional somos siete los médicos cubanos de distintas especialidades que estamos aquí con el programa de solidaridad”, nos cuenta. “Venimos por dos años y podemos pedir otro destino si no nos gusta, pero al final uno se siente tan de este pueblo. Yo ya no me quiero ir”. Además de médicos cubanos, el hospital se mantiene con donaciones españolas de medicamentos, y según Juani “hay recursos como para salvar una vida humana, y eso aquí, en el desierto, no es poco”.  No podemos hablar mucho más con ella porque una chica española de nuestro viaje se ha puesto enferma y se la lleva para atenderla. En este lugar en medio del desierto, olvidado por la comunidad internacional, Cuba se encuentra por todos lados. No sólo en Juani sino en todos los médicos y profesionales saharauis que se han formado allí, en su manera de reir y de bailar, de cantar, en los chistes que se cuentan. Y al cabo de unos días, uno puede tener la extraña sensación de encontrarse en la Habana.

La doctora Juani
 

Reencuentro

La hospitalidad es una palabra que se llena de sentido al conocer al pueblo saharaui. Aquí deja de ser una palabra y se transforma en forma de vida, en nuestro asombro maravillado, en poesía que trastoca los sentidos. La arena se convierte en mar y en bosque, las jaimas son palacios para nosotros. Muchas veces me vienen a la cabeza los momentos que pasé hace seis años con Aisha, Fatima, Nguía, Hamdi... O cuando el padre de Nguía nos dijo, tan tranquilo, “vosotros ya habéis pasado tres noches en nuestra jaima, así que sois parte de nuestra familia”.

He quedado con Alí, del Polisario, que me lleva en jeep a visitarlos, así que me pierdo el encuentro con la Unión de Mujeres de Smara. Después de tantos años no me puedo hacer a la idea de que les voy a volver a ver. Llegamos, vamos preguntando y enseñando las fotos, y enseguida nos llevan hasta la jaima. Bajo una débil luz de neón al principio no reconozco a Aisha, que ha engordado, y aún menos a Nguía que era una niña de 14 años con la que hicimos una guerra de almohadas, y ahora tiene un bebé. Pero señalan en las fotos, y les voy reconociendo, y me siento como esos saharauis que vuelven de Cuba al cabo de tantos años sin ver a su familia. Tratamos de explicarnos, Alí traduce, y les leo la carta que traigo de mis compañeros de aquel viaje. El tiempo se acaba y no he podido ver a Hamdi, que ahora trabaja en el teletaxi, ni al padre de Nguía que tiene bronquitis. Nos intercambiamos los números de móvil, les doy los regalos que he traído, nos tenemos que ir ya pero Nguía y Aisha afirman que vendrán mañana a darme unos regalos. Me despido llorando de Fatima, no sé cuándo volveré a verla, pero esta vez al menos quedaremos en contacto. En el viaje de vuelta, Alí recoge a la salida de la wilaya a un hombre que va también a Smara porque aquí los coches se comparten. Alí va bromeando conmigo para sacarme de mi mundo, “cuando te vi llorar quise darte un caramelo, pero no llevaba ninguno encima”. Nos reímos, el otro pasajero también. Con las bromas y como ya ha oscurecido, Alí se pierde un poco por los caminos del desierto, pero luego retrocede y finalmente conseguimos llegar a Smara.

Allí el encuentro de las mujeres ha terminado con un concierto, el grupo de Estrella Polisaria canta una canción, las mujeres animan con su manera de ulular y los españoles damos palmas y bailamos.

 

Mañana es el gran día

Aquí van algunas frases en hassanía, que me enseña Leila:

-         Salam aalekum (se dice al entrar en un lugar)

-         Aalekum Salam (se contesta para dar la bienvenida)

-         Schhaelkum (¿qué tal estás?)

-         Labass / Ia kel jer / Jer (bien)

-         Ma ismuk (¿Cómo te llamas?)

-         Ana ismi... (me llamo...)

-         Kem aenduki/aenduka min sena (¿cuántos años tienes? –a un hombre / a una mujer-)

-         Eendi taletha washruna xena (tengo 23)

Algún día seré una hablante de hassanía, seguro, pero por el momento con gestos me entiendo mejor. Paso la mañana esperando a que llegue mi familia, porque se me olvidó darles mi dirección y parece que el mensaje que les he enviado no ha llegado. Me pregunto cómo harán para encontrarme en una wilaya tan grande como Smara. Como tenemos la mañana libre, aprovechamos para comprar regalos. En el mercado, Paco comienza a tocar la guitarra y varias personas se echan a bailar, el frutero que estudió en Cuba también, y se organiza una pequeña fiesta. Después de la comida nos reunimos en el Protocolo esperando a los autobuses que nos llevarán a las dunas, y allí me encuentran Nguía y Aisha tras toda la mañana buscándome. Vienen cargadas de regalos que han comprado para mí, para mi familia y para los amigos con los que estuve en su jaima hace seis años.

En el mercado

 

Nos dirigimos en camión y autobús hacia las dunas, que se encuentran a más de una hora. Recuerdo vagamente una fiesta cubana que organizaron allí en mi viaje anterior, hombres con turbante bailando salsa bajo un cielo estrellado. Pero al llegar casi está atardeciendo y sopla un fuerte viento lleno de arena. La gente sube por la cresta de las dunas y se deja caer, pero la arena no es resbaladiza como la nieve. Llenos de arena hasta el fondo y con nuestros aparatos en las últimas, hacemos fotos en todas direcciones; el desierto se extiende como un océano. Encuentro entonces a Javier, del Observatorio de Recursos Naturales del Sáhara (http://www.wsrw.org/). Esta organización está formada por activistas de distintos países que hacen un seguimiento de los negocios que se llevan a cabo con recursos del Sáhara Occidental, sobre todo con la pesca y los fosfatos, además de la arena. El observatorio denuncia estos negocios que en el caso español implican sobre todo a empresas como Calvo o Rianxeira. En los últimos tiempos, el “pragmatismo” del gobierno español ha fomentado el interés de los empresarios españoles por los territorios ocupados, y en especial la relación económica entre Canarias y Marruecos. Para denunciar el expolio de otro recurso natural saharaui, los fosfatos, se ha convocado una manifestación que tendrá lugar el 19 de abril en Huelva. La manifestación saldrá de la Avenida de las Palmeras a las 12h y terminará delante de la empresa francesa FMC FORET que se enriquece a costa de los fosfatos saharauis.

Tras la visita a las dunas nos llevan de vuelta, pero al campamento 27 de febrero para asistir a una gala que han preparado con música de varios grupos saharauis y españoles que se encuentran presentes. En el camión vamos cantando para despistar al frío; delante de mí sujeto una tela con la que se cubre a modo de tienda de campaña un grupo apretado de cuatro españoles y un niño saharaui que vino con nosotros. Cuando volvemos a nuestro campamento estoy exhausta y me voy a dormir. Mañana haremos una cadena humana frente al muro electrificado y minado de Marruecos, que corta como un cuchillo el terrritorio saharaui. Mañana es la razón de que estemos aquí. Mañana...


Sábado 22 de marzo: cadena humana

Nos levantamos a las cinco de la mañana llenos de sueño, pero muy animados. Yo tengo ganas de dar saltos o echar a correr, me come la impaciencia. Malainín, solidario, se levanta él también para prepararnos el té y el desayuno. Al final llegamos un poco tarde, pero nunca hemos sido muy puntuales en los campamentos saharauis. La mayoría de la gente aún no ha llegado, tampoco el otro grupo de nuestra monitora, y esperamos en la oscuridad, hablando con unos y con otros. Delante de nosotros, una larga fila de jeeps traídos por el Polisario, en los que nos vamos a meter... trece españoles además del conductor. Seguro que si pudieran nos pondrían a alguno sobre el techo, me río por dentro. Nuestro conductor se llama Sid Ahmed y tiene 20 años, pero su mirada seria es la de una persona adulta. Nos dice que trabaja como profesor en el campamento 27 de febrero, le hago preguntas por gestos, nos reímos. El jeep echa a andar y se bambolea, sus tripulantes dan cabezadas apretados unos con otros y delante de nosotros se ve una larga fila de coches y la luna llena. Avanzamos durante una hora, luego hay una pausa y salimos al baño... que se encuentra detrás de unos arbustos, porque por fin hay arbustos. Los conductores fuman un cigarro, buscamos a alguna de nuestra gente que van en otro jeep, vamos a ver a los ateridos tripulantes del camión, y luego enseguida todos volvemos a montar. Otra hora, otra pausa, y me toca sentarme en el asiento de atrás, donde con los baches volamos en todas direcciones. Ya no intento dormir, vamos bromeando y preguntándonos cómo será el muro.

Los jeeps han llegado y aparcan en dos hileras, el camión también. Buscamos al resto de nuestro grupo pero con el viento y la cantidad de gente no lo conseguimos, así que camino con Leticia. Han ido llegando también los saharauis, españoles que visitan a sus familias y gente de otros países. Empezamos a hacer una cadena humana, yo doy la mano a un militar saharaui, a mi derecha un grupo de mujeres saharauis no puede contenerse y se manifiesta. Con dificultad logran frenarlas para que no se lancen sobre la tierra minada que nos separa del muro. Sobre él distinguimos la silueta de varios militares marroquíes, bien protegidos por su alta tecnología militar. Los monitores y los periodistas recorren la cadena humana, y veo en los saharauis esa mezcla de emoción y urgencia. Delante de nosotros a escasos doscientos metros se encuentra el muro y muchos desearían echar a correr y saltarlo ya. Derribar el muro con sus minas, sus alambres de espino, su hipocresía marroquí y su desprecio internacional. Recuerdo que un español de nuestro viaje propuso que lo atravesáramos, y así es seguro que saldríamos en todos los medios de comunicación. Claro, pero el muro que mide más de dos mil kilómetros está rodeado de cinco millones de minas. La gente que me acompaña encuentra restos de munición por el suelo, más tarde un español me dirá que encontró un proyectil sin explotar y quiere llevárselo a casa. La cadena humana ya llega hasta el horizonte, y nos dicen que se ha terminado, que nos demos la vuelta. Ha durado muy poco porque las Naciones Unidas no nos dieron más que cuarenta minutos. Quizás si nos quedáramos se opondrían a posteriores manifestaciones frente al muro, porque la MINURSO no querrá visibilizar su propia incompetencia como organizadora del reférendum que prometió a los saharauis. Vamos volviendo hacia los jeeps, contentos porque al parecer ha sido un éxito de participación, hemos sido más del doble de los 1000 que eran el objetivo inicial. Toca con ganas una banda de Vallecas que ha venido a apoyar a los saharauis. Alrededor de los instrumentos de viento, damos palmas saharauis y españolas, y cantamos una adaptación libre de O’ When the Saints:

“Vamos a tirar,
vamos a tirar,
vamos a tirar ya ese muro...
Vamos a tirar ya ese muro,
ese muro caerá...”

Volvemos a los jeeps y al camión y nos dejan un poco más lejos, para hacer un picnic en el desierto bajo algunos árboles que dan un círculo pequeño de sombra. Nos rodean lagos cristalinos, y los saharauis nos cuentan que muchos camellos han muerto de sed dirigiéndose hacia uno de esos espejismos. Esos lagos brillantes parecen una metáfora de la situación de los saharauis. El futuro anhelado por todos se esconde hoy en día bajo la arena y las piedras de Tinduf.

El viaje de vuelta termina en el museo militar, que se podría llamar museo de la desmilitarización porque allí han ido dejando las armas incautadas durante años al enemigo así como sus propias armas, después de desactivarlas. Observo con detenimiento los morteros franceses. Dentro de mi cabeza resuena La Marsellesa, convertida en una fanfarria desafinada, y me imagino a algún presidente francés pronunciando algún discurso solemne sobre la libertad y los valores republicanos mientras saltan por los aires saharauis, argelinos, africanos. Luego llego a un mortero español, que me recuerda la reciente venta de armas a Marruecos por el gobierno de Zapatero. Vienen a mi mente los discursos pacifistas de Zapatero, nuestro sentimiento de victoria tras la retirada de las tropas, y ahora los discursos se convierten en humo bajo el peso de los vehículos, los camiones, las patrullas navales, y todas las armas de combate que fueron vendidas a la monarquía marroquí con todo descaro. Se me saltan las lágrimas delante de estas armas que asesinan las bellas palabras de nuestros gobiernos, pero al menos no hay más engaño. Luego tiene lugar una conferencia, en la que se nos avisa de nuevo de que el Polisario no será responsable de las consecuencias de la pasividad internacional. Mi cabeza está ausente pero me obligo a mí misma a volver, a grabar sus palabras, tomar notas, porque tendrán una utilidad y no hay tiempo que perder. Es nuestro turno para darle la vuelta a todo esto, oponernos a la máquina que se dirige inexorable hacia la guerra y actuar. Que el Sáhara se convierta para los españoles en un nuevo Irak.


Epílogo

Esta noche apareciste en mis sueños
Volviste, otra vez,
Con tu equipaje de estrellas
Hablando de justicia y libertad

Más de treinta años en el desierto,
resistiendo,
llenando el vacío de palabras,
las palabras de significado,
el cielo con las palomas de vuestras manos.

Para todos aquellos que luchan, intifada,
vuestro canto de esperanza atraviesa los mares,
hace caer murallas y fronteras,
levanta a los caídos, trae la primavera.

Como un torbellino en el desierto,
como las banderas que bailan en tus manos,
como la canción aquélla, como la risa de Malainín,
como Saltana torturada sin rendirse
como vuestro anhelo de libertad, Istiqlal.

Entrevista con el portavoz de Voluntad y Determinación, plataforma organizadora de La Columna de los Mil

Entrevista con médico saharaui

Entrevista con Javier García Lachica, del Observatorio de Recursos Naturales del Sáhara

Viaje Parte II

(Noviembre de 2005)

 Para Lucho,que nos trajo el realismo mágico.

Vivía en París, a las afueras. Cada día recorría el corto trayecto que separaba mi habitación de la facultad de letras. Dejaba a mi derecha una carpa que es una escuela de circo, y a mi izquierda pequeños recintos vallados donde pastaban las cabras de la escuela. Tras de mí quedaba una residencia en ruinas, donde convivían alumnos de todas las antiguas colonias francesas, y llegaba a la universidad aún cubierta de murales del 68.

Cerca del campus, un colectivo de sin papeles había ocupado el anexo de una escuela primaria para demandar la apertura de expedientes de regulación. Naïma me llevó allí una noche y así fue como les conocí[1]. El “9º colectivo de sin papeles” (http://9emecollectif.net/) forma parte de una lista muy larga en un país donde no se ha llevado a cabo ninguna regularización masiva desde hace más de veinte años. Organizarse para realizar acciones colectivas se convierte en la única manera de aspirar a tener una vida normal algún día, sin el miedo constante a ser capturado en cualquier momento y repatriado, sin la incertidumbre del trabajo en negro y el alquiler de un piso tremendamente caro.

La mayoría eran argelinos, pero también había magrebíes de otros países, subsaharianos, asiáticos y latinoamericanos. Los niños corrían de un lado a otro de la sala en la que dormían medio centenar de personas. Las mujeres sobre colchones, los hombres sobre algún cartón. Ellos limpiaban y cocinaban con las mujeres. Recuerdo también que a los hombres magrebíes les gustaba mucho bailar: ponían música y sacaban a bailar a las mujeres y a sus compañeros de todos los países. Hacían reuniones casi todos los días. Llevaba la voz cantante una mujer argelina que ya había obtenido los papeles pero seguía luchando por los demás. Las decisiones se tomaban por votación a mano alzada entre los miembros del colectivo.


“¡La Tierra es un solo país que pertenece a... todos!” pone en el cartel

Yo iba una o dos horas, hablaba con la gente que ya conocía, y luego volvía a la residencia. Hablando en la sala ocupada en español, con los colombianos, tenía la sensación de haberme librado por muy poco. También llevé a una amiga una vez o dos. Por más que les conociera, no me sentía capaz de quedarme a dormir con ellos, por eso cada noche volvía a casa después de una corta lucha interior. Pero un día nos dijeron que el alcalde, del Partido Comunista, había dado un ultimátum para que desalojaran la sala. La razón era que quería poder disponer de ella en las fiestas navideñas. Parece que si Jesucristo viviera hoy en día tendría guardaespaldas y una mansión privada donde nacer, morir y resucitar sin ser importunado.

La policía antidisturbios iba a venir a desalojar la sala, así que era necesario que se quedara esa noche mucha gente para tratar de resistir, nos dijeron. Por primera vez me forcé a mí misma a quedarme, igual que hicieron otros “soutiens” (personas que apoyan el movimiento). Dormí sobre un colchón al lado de otras mujeres, cubierta de mantas.

 Por la mañana, antes de despertar, oía voces en árabe y movimiento a mi alrededor, y soñé que había vuelto al Sáhara. Allí estaba en la jaima, con mi familia saharaui que ya estaba preparando el té, oyendo a mi alrededor las risas de los niños. Los lugares de resistencia, la dignidad de los saharauis y la de los sin papeles de París se comunican como distintas habitaciones de la misma casa. Desperté feliz de haber vuelto a los campamentos de Tinduf por un rato. La policía no había venido y Abdul me invitó a desayunar té con galletas.

Que sepan los indecisos, los escépticos y los fatalistas, que la ocupación aún duró un par de meses y todos los miembros del colectivo empadronados allí consiguieron los papeles. Y siguen hoy en día haciendo todo tipo de acciones y ocupaciones, con las que logran regularizar a muchos de sus miembros. En cada manifestación, cada ocupación, cada acto de los sin papeles brilla su dignidad de personas que no se rinden, como tampoco los saharauis. La dignidad que no se puede enterrar y que barrerá las montañas de mentiras, la indiferencia y el olvido, en las barriadas de París, en los territorios ocupados del Sáhara occidental, en El Aaiún y Smara…

La dignidad que os hace gigantes y hermosos.


[1] Naïma era la presidenta de la asociación de residentes de Nanterre, una asociación muy combativa. Desde 2006, Naïma y luego otros militantes de la asociación fueron perseguidos por las autoridades universitarias, mediante consejos de disciplina que en el caso de Naima supusieron su expulsión y prohibición de inscribirse en ninguna universidad francesa durante dos años… Hubo una campaña de solidaridad en universidades de toda Francia, que continúa hoy en día: http://agen-nanterre.over-blog.com/article-18389024.html.


Fuente: remitido por la autora

Sobre la autora

Nuria Luna pertenece a Tlaxcala, la red internacional de  traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora y la fuente.

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MADRE ÁFRICA: 29/03/2008

 
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