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23/10/2017
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¿Podemos ignorar la responsabilidad de formar intelectuales orgánicos?


AUTOR:  Arturo YARISH

Traducido por  Atenea Acevedo


Cortesía del autor, original escrito el 29 de abril de 2008

Reflexiones críticas en torno al artículo Sobre lo que significa ser de izquierda, de Fernando Sánchez Cuadros, en el que plantea la pregunta ¿Puedo luchar para revertir la miseria, el hambre, la injusticia, el abandono, sin ser de izquierda?

La primera respuesta sincera para cualquier espíritu voluntario habría de ser: nadie debería de detenerte y la mayoría agradecerá tu esfuerzo. Sin embargo, también habríamos de plantear una pregunta históricamente imperativa: ¿Podemos ignorar la responsabilidad de formar a nuestros propios educadores y líderes, nuestros intelectuales orgánicos?

No es posible hacer política o historia sin… [una] vinculación sentimental entre los intelectuales y el pueblo-nación… [La] relación entre los intelectuales y el pueblo-nación, entre los líderes y los liderados, los gobernantes y los gobernados surge de una cohesión orgánica en la que el sentimiento-pasión se transforma en entendimiento y, por ende, en conocimiento… entonces y solo entonces la relación puede considerarse de representación. Solo entonces puede tener lugar el intercambio de elementos individuales entre gobernantes y gobernados, líderes y liderados, y puede consolidarse la vida en común... (SPN p. 418).[1]

El planteamiento estructurado y bien escrito de Fernando Sánchez Cuadros me ha llevado a reflexionar sobre la siguiente pregunta inexorablemente obligada: ¿Cómo formamos conscientemente a nuestros propios intelectuales, los intelectuales orgánicos de izquierda que necesitamos hoy? ¿Cómo planificamos la continuidad que podría surgir del fomento de la relación entre los intelectuales orgánicos y el “pueblo nación”?

El siguiente ensayo es una aportación preliminar al debate vital y necesario, aunque largamente aplazado, sobre la manera de formar a futuros líderes. Mi objetivo es reavivar el interés en el legado viviente de Antonio Gramsci (www.internationalgramscisociety.org/) contenido en sus Cuadernos desde la cárcel. Haciendo una particular referencia al papel crucial que previó para el intelectual orgánico y su formación, presentaré algunos comentarios de introducción en torno al método formativo que encuentro inherente a la interpretación que hace Gramsci de la filosofía de la praxis de Marx como una teoría de la pedagogía condensada en la unidad orgánica del método de la teoría y la práctica que demostró plenamente en sus Cuadernos desde la cárcel. Después me atrevo a proponer que, como estudiosos de la teoría de la praxis, revisemos juntos los elementos orgánicos esenciales del método crítico dialéctico histórico de Marx y la explicación que brinda Gramsci como punto de partida para la construcción de un plan formativo orientado al desarrollo de nuevos intelectuales orgánicos para las alternativas sociales en discusión en los difíciles tiempos que vivimos.

Esta cordial respuesta al inspirador ensayo que plantea la pregunta ¿Puedo luchar... sin ser de izquierda? se basa en los Cuadernos desde la cárcel, de Antonio Gramsci, y hace frecuentes referencias a la reciente obra de John Sanbonmatsu, El príncipe posmoderno.[2]

 

Estos difíciles tiempos que nos tocó vivir

Ante el reconocimiento de patrones políticos peligrosos hoy, como Gramsci identificó las primeras formaciones fascistas, Sanbonmatsu presenta, como el subtítulo de su obra El príncipe posmoderno lo indica, una relectura de La teoría crítica, la estrategia de la izquierda y la formación de un nuevo sujeto político. En la tradición de la interpretación gramsciana del método crítico de Marx, Sanbonmatsu analiza cuidadosamente nuestra historia reciente para evaluar la práctica a fin de preguntarse cuál será el mejor camino para formar al nuevo sujeto político.

Planteando la pregunta central de su obra de manera similar a lo que Gramsci hizo hace casi 80 años al evaluar las graves amenazas y consecuencias del fascismo italiano, Sanbonmatsu apunta:

¿Cómo pueden las hoy dispersas formas de emancipación, tras haber sido forzadas por la historia a abandonar la “piel” del socialismo, descubrir o inventar una nueva forma? ¿Una vía para unir a tantos elementos dispersos, confundidos y en gran medida reactivos en la lucha contra la injusticia y propiciar una nueva civilización, antes de que sea demasiado tarde? Y muy pronto se hace tarde. (PmP, p. 9).

En El príncipe posmoderno, Sanbonmatsu también se pregunta quién formulará una alternativa, pregunta que introduce un largo debate y el enfoque sugerido para la formación de un nuevo príncipe moderno o posmoderno. Como Gramsci, en la tradición creativa marxista, Sanbonmatsu va más allá para preguntar cómo podríamos definir las condiciones necesarias para modificar las relaciones entre las fuerzas dentro de un entorno político en el que los posibles elementos para desarrollar un nuevo bloque histórico[3] se encuentran tan fragmentados. Para subrayar su sentido de urgencia, cita el siguiente párrafo de Utopistics, de Immanuel Wallerstein (1998):

No seremos testigas de un debate político simple y relajado. Será una lucha mundial, librada al estilo vida o muerte, pues hablamos de sentar las bases para el sistema histórico de los próximos quinientos años. Y estamos debatiendo si queremos sencillamente otro sistema histórico en el que los privilegios dominen la escena y la democracia y la igualdad se vean minimizadas, o si queremos avanzar en sentido contrario por vez primera en la historia conocida de la humanidad. (Citado en PmP, p. 10).

Claramente motivado por la predicción de Wallerstein en cuanto a un “período de infierno en la Tierra”, Sanbonmatsu se dedica a construir un argumento para la formación de relaciones vinculantes que proyecten el magnetismo necesario para generar una atracción hegemónica, cultural y política alternativa. No obstante, en el centro mismo de sus sugerencias para formar un nuevo bloque histórico, al igual que Gramsci, Sanbonmatsu sitúa la necesidad imperiosa de definir un cuerpo político perceptible como fuerza política alternativa (PmP, p. 11).

Mi aportación al llamado urgente de Sanbonmatsu por una forma creativa de sentar las bases de un “nuevo orden civilizacional” (PmP, p. 11) es traer las ideas de Gramsci en torno a la formación del “intelectual orgánico” al centro del debate y situarlas en el contexto de los difíciles tiempos que nos tocó vivir. Parte esencial de las bases para que “el sistema histórico de los próximos quinientos años” genere una igualdad sustancial es formular un plan formativo cuyo nodo teórico y operativo incluya el fomento de un vínculo igualitario elemental e indispensable mediante procesos que constantemente transmiten el principio de un movimiento unitario de edificación mutua entre el discípulo y el maestro, un movimiento que proyecte el mayor potencial para la formación de la misma “conexión sentimental” que se pretende cultivar entre “los intelectuales y el pueblo-nación”.

La organización de una voluntad colectiva de espíritu democrático que propicie un nuevo orden civilizacional conlleva la cuestión del elemento unificador.

Subrayando su acuerdo con Gramsci, Sanbonmatsu cita los Cuadernos desde la cárcel: “El príncipe moderno, el príncipe mito no puede ser una persona real, un individuo específico; solo puede ser un organismo, un elemento complejo de la sociedad en el que la voluntad colectiva ya reconocida y con cierta afirmación mediante la acción, y empieza a tomar forma concreta” (PmP, p. 17). No obstante, la pregunta central sigue vigente: ¿De dónde provienen las muchas personas que han de conformar el “príncipe mito”? Ciertamente, provienen de los muchos agentes del cambio pensantes y sensibles en la sociedad actual; sin embargo, también debemos preguntar cómo se allegan de cohesión, cómo forman la organicidad específica del cuerpo del príncipe mito, cómo crean “la base de una cultura común y universal, un nuevo ‘ser histórico mundial’” (PmP, p.13.)

En respuesta a las pertinentes preguntas planteadas por Sanbonmatsu, propongo volver al debate de Gramsci en torno a la formación del intelectual orgánico como punto de partida y preguntarnos cómo habrán de prepararse las personas de carne y hueso que conformen el príncipe mito para trabajar juntas en la formación de una unidad social integral a partir de la cual se definirá el próximo orden “civilizacional”. Primero, al igual que Sanbonmatsu y otros muchos estudiosos de Gramsci, debemos seguir el rastro de sus huellas y lanzarnos de lleno al estudio de la constelación de su dinámica teoría de la práctica para aprender cabalmente su pensamiento crítico y ampliar la creativa tradición marxista de poner la teoría a prueba mediante la práctica, lo que puede expandir los fundamentos teóricos de nuestro proyecto educativo. Propongo nada menos que revisar el casi olvidado pensamiento gramsciano acerca del potencial formativo de la filosofía de la praxis como base de la pedagogía del proceso de la teoría de la praxis, refinarlo en la práctica, contribuir a su desarrollo teórico y aplicarlo tan rápida y creativamente como sea posible en nuestro tiempo.[4]

En comparación con Gramsci, quien escribió desde una celda fascista durante los últimos y agonizantes años de su vida, tenemos al menos dos ventajas: conocemos y comprendemos mucho mejor al fascismo y muchos de nosotros todavía tenemos la suficiente libertad para estudiar y formarnos, y formar a otros, fuera de una celda (antes de que sea demasiado tarde). También, a diferencia de Gramsci y como resultado de su enorme aportación a la filosofía de la praxis, que hábilmente interpreta y aplica a lo largo de sus textos desde la prisión, nosotros estamos mucho mejor preparados para usar las herramientas del método de la teoría y la práctica. Así, a la mayoría debería de resultarnos un poco más fácil, con la ayuda de Gramsci, subir a los hombros de los gigantes.

Si bien seguramente encontraremos muchos voluntarios ansiosos fuera de la dispersa izquierda, voluntarios listos para unirse a una lucha articulada en pro de la justicia social y económica, debemos asumir la responsabilidad de desarrollar conscientemente un plan revolucionario para formar a los nuevos intelectuales que se adhieran a los movimientos y partidos en pos de una visión alternativa de la justicia social y la igualdad sustantiva y sostenible.

Tenemos una gran deuda social con quienes ya han ampliado los alcances de la casi olvidada filosofía de la praxis; lo mejor que podemos hacer para saldar dicha deuda es aplicar el método de la teoría y la práctica en nuestra formación. La pedagogía de la teoría y la práctica habrá de reflejar la unidad orgánica de la filosofía de la praxis de manera tal que proyecte la organicidad unitaria vinculantes de la teoría mediante las prácticas del proceso formativo, desarrollando así un vínculo efectivo entre estudiante y maestro, líderes y liderados, hasta que los liderados se transformen en líderes.

La capacidad autoexpansiva inherente a la teoría de la praxis solo puede realizarse en sociedad gracias a la agencia humana que la pondrá a prueba en la práctica y hará las aportaciones necesarias para refinar la teoría. Por ende, es necesario diseñar el método formativo correspondiente a fin de actualizar la filosofía en cuanto a la vida cultural del “pueblo-nación”.

Este ambicioso proyecto formativo no habrá de ser sectario; así, podría ser una influencia unificadora para la formación de un nuevo príncipe mito. Ciertamente, un esfuerzo colectivo y no sectario por desarrollar una pedagogía básica fundada en la filosofía de la praxis, nos brinda la mejor oportunidad de desarrollar un método formativo integral y crítico, que refleje sus fundamentos teóricos y sea capaz de demostrar el proceso dialéctico de logro del consentimiento que se encuentra en el centro mismo de la concepción gramsciana de la hegemonía. Un programa coordinado de manera integral formaría el sólido núcleo de un plan educativo capaz de recibir y formar a todos aquellos que, a título personal, elijan unirse a la lucha por construir una sociedad alternativa.

 

Voluntarismo/organización

Toda persona tiene una relación objetiva y subjetiva con la realidad, así como reacciones conscientes e inconscientes frente a las condiciones objetivas de la vida. Nuestras reacciones ante cuestiones sociales y las circunstancias que causan están condicionadas, mas no determinadas, por nuestra clase, educación, relaciones sociales y orientación política, entre otros factores que influyen en nuestra forma de ver el mundo. Así, mi primera reacción ante el planteamiento de Fernando Sánchez sobre la posibilidad de luchar por la justicia social sin ser de izquierda es contundente: sí. En la historia reciente podemos encontrar muchas coaliciones antifascistas que contaban entre sus filas innumerables individuos y grupos valientes que no consideraríamos en la izquierda del espectro político.

No es necesario tener una orientación de izquierda para identificar las injusticias sociales y económicas o los prejuicios, ni para levantar la voz y entrar activamente en una fase de la lucha social para cambiar las cosas. La periodista defensora de una causa, el político sensible, el economista convencional, la funcionaria sagaz, el soldado raso o la oficinista pueden hacer aportaciones de gran importancia para la lucha por la justicia social sin considerarse en ningún momento izquierdistas de ningún tipo.

Podemos señalar muchos ejemplos de individuos valientes, como el general Smedley Butler, quien reveló un complot fascista para controlar USA en la década de 1930 o como los soldados que se han negado a ir a la guerra en Irak y aquellos que sacaron a la luz los crímenes de guerra y la tortura sistemática de prisioneros de guerra bajo control usamericano, gente cuya valentía no está necesariamente motivada por una filiación o formación política, sino por una consciencia personal y un sentido de dignidad humana. Véase, por ejemplo, la transmisión por Pacifica Radio del profundamente conmovedor testimonio de los soldados titulado “Winter Soldier on the Hill” en the Pacifica network. Lamentablemente debemos discutir el asunto en términos de posturas dentro del espectro político, pero es necesario hacerlo ante nuestra incapacidad de elaborar nociones fundamentales de dignidad humana aplicables a un nivel social universalmente aceptado.

Peor aún, enfrentamos el sutil condicionamiento social de las influencias culturales del capitalismo corporativo que, sistemáticamente, nos conduce a lo que Stephen J. Gallagher denomina “la normalización de la criminalidad”. En un texto publicado por Monthly Review, en su edición de marzo de 2008 (vol. 59. no. 10) con el título “Forget Guantanamo” (Olvidemos Guantánamo), Gallagher destaca que la gente demuestra su aceptación de la norma mediante un sinfín de pequeños pasos, como “el acuerdo”, “el proceso de convertir una práctica en algo rutinario”, “la tolerancia”, “la colusión” y “el encubrimiento” que se manifiestan en:

El vecino que mira al otro lado cuando alguien hostiga a un inmigrante... el abogado que entierra pruebas... el periodista que evita escribir ciertas notas... y el editor que evita publicarlas son culpables de la normalización de la criminalidad. Y en tanto saben pero se convencen a sí mismos de que no saben, toda la población de Estados Unidos [de América] es culpable de la normalización de la criminalidad. (MR,  vol. 59 p.10).

A pesar de muchas presiones institucionales y aspectos de condicionamiento cultural, constantemente encontramos personas en la vida cotidiana que de repente expresan profundas inquietudes sociales vinculadas a sus esfuerzos públicos y privados por corregir toda clase de problemas sociales; en otras ocasiones encontramos gente que ha recibido una educación convencional, liberal o incluso de izquierda que se expresa de manera insensible y cruel frente a la injusticia social. Es común que los actos valientes de exponer información sobre incidentes atroces y horrorosos tengan una motivación profundamente personal: tomar una postura en cuanto a la conducta genuinamente humana. Las personas que revelan conductas de corrupción oficial y delictiva suelen actuar de manera espontánea y con mucho miedo por su bienestar individual.

Frente a la complacencia institucional ante actos de corrupción y delitos en la esfera pública no podemos esperar paciente y pasivamente el extraordinario impulso de valentía individual que podría surgir en un momento de crisis; por el contrario, debemos crear un entorno social y político incluyente que tenga el potencial de vincular el voluntarismo con la organización. Debemos encontrar medios y métodos para vincular estas expresiones individuales espontáneas en pro de la justicia social con una conciencia pública y colectiva que pueda ser validada y apoyada abiertamente como manifestación compartida. No debemos ni podemos depender nada más en las expresiones excepcionales y espontáneas de conciencia o escándalo personal como única etapa de lenta formación molecular de una voluntad colectiva a favor del cambio. Si bien la clase, el estatus social, el sentido de identidad e incluso la formación política pueden servir como buenos indicadores y, tal vez, factores de predicción de las reacciones sociales más probables ante una gran gama de injusticias, la formación de una atmósfera cultural de apoyo recíproco y colectivo sería mejor como factor condicionante. La posible y casual mezcla de reacciones individuales ante las circunstancias que condicionan la sensibilidad social es demasiado amplia para servir como única motivación.

En el mismo número de Monthly Review, István Mészáros publica un artículo complementario, titulado “The Communal System and the Principle of Self-Critique” (El sistema comunal y el principio de la autocrítica), en el que propone la formación de una base material para una “alternativa al orden metabólico social del capital como sistema orgánico que sea hegemónica e históricamente sostenible”; argumenta que “La institución y el funcionamiento exitoso de dicha alternativa hegemónica es, por supuesto, inconcebible sin el control conciente de la actividad cotidiana por parte de los individuos libres. En este sentido, las dimensiones social e individual de nuestro problema están inextricablemente ligadas” (MR,  vol. 59 pp.35 y 44).

La condición elemental para una autocrítica conciente y sostenible es una base social material. Recordando los pensamientos de Gramsci en torno a la relación orgánica de la estructura con la superestructura, Mészáros presenta el convincente argumento de que si queremos evitar los errores históricos del “socialismo autoritario” y el “socialismo de mercado”

Es necesario que el propio socialismo se constituya como un sistema orgánico u orden social metabólico en el que sus relaciones productivas y de toma de decisiones se refuercen entre sí. Una organización más colectiva de la producción posibilita, pero también hace necesaria, si va a desarrollarse un verdadero modo comunal orgánico, la activación del principio de autocrítica, dirigido al presente, como elemento constitutivo de la sociedad. La genuina planeación en condiciones de democracia sustancial no puede tener lugar sin la participación activa y continua de la autocrítica que implica el aprendizaje constante a partir de la cambiante experiencia histórica. (MR,  vol. 59. p. 34).

El tema nos lleva de nuevo a una serie interrelacionada de preguntas históricas clave en lo organizativo y lo educativo. Quisiera sintetizarlas de momento en relación con la tensión positiva y negativa que se genera entre la espontaneidad y la organización y que, como lo señala John Sanbonmatsu en el prólogo de El príncipe posmoderno, tiene más probabilidad de “…unir a tantos elementos dispersos, confundidos y en gran medida reactivos en la lucha contra la injusticia”. Se trata fundamentalmente de una cuestión de carácter educacional que debe centrarse y enraizarse en las condiciones materiales de las realidades sociales y económicas emergentes. Arraigados en los “modos comunales orgánicos” de producción, los “principios dialécticos de autocrítica” pueden aprenderse mediante la actividad social y económica o en espacios más formales para después aplicarse y probarse en la práctica. Un buen punto de partida para el necesario debate que implica la pregunta planteada por Fernando Sánchez sobre la posibilidad de luchar sin ser de izquierda pasa por la formación de las estructuras organizacionales y las estrategias que mejor puedan orientar las luchas futuras alentando a quienes muestran receptividad social y orientación política para tomar medidas colectivas consensuadas y enlazando las reacciones sociales espontáneas de personas bienintencionadas con redes más amplias, como lo señala Mészáros, mediante la “coordinación flexible y la integración consensual”, organizando así socialmente el impulso individual y los medios para darle aliento en una nueva sociedad hegemónica.

 

Historia/política – Pasado/presente

Irónicamente, quienes buscamos alternativas de izquierda a muchas formas de explotación capitalista corporativa[5] nos encontramos en situaciones análogas a las que enfrentaban nuestros predecesores frente al cambio de siglo; enfrentamos un dilema muy parecido, con retos comparables. Ciertamente, no queremos construir una estructura de partido centralizado que drene el contenido democrático de los movimientos sociales, extraiga la espontaneidad de su vitalidad popular y concentre toda la autoridad y el poder en un “comité central”. No obstante, tenemos que prepararnos para contrarrestar el poder centralizador y concentrador de un capitalismo corporativo cada vez más autoritario y mítico con una fuerza social igualmente bien organizada, culturalmente diversa y estrechamente integrada que exprese una conciencia política colectiva, voluntad y poder de actuar. Esta fuerza popular, de contrapeso político y social, debe ser profundamente democrática, capaz de manifestarse y expresar una amplia diversidad social, étnica, racial y de género.

Idealmente, un nuevo colectivo o entidad política ha de reflejar la combinación de las mejores características de movimiento y partido, lo que indicaría una mezcla equilibrada de espontaneidad y organización que habrá de prepararse de manera que haya un crecimiento en relación con la energía social espontánea que la alimenta. Si queremos contribuir de manera más creativa a la formación de una alternativa de izquierda políticamente organizada, tendremos que revisar nuestra propia historia de éxitos y errores, sí, nuestros fracasos, y corregirnos. No podemos elaborar un plan alternativo para un cambio social duradero y democrático si dependemos únicamente de la ira, las ideas personales, el oprobio o las ocasionales manifestaciones individuales y colectivas de frustración. Sin embargo y con el mismo énfasis, para evitar los costosos errores de nuestra historia colectiva como izquierda, debemos aprehender e internalizar el significado y los matices de desarrollar un nuevo bloque histórico como paso elemental hacia la formación de una nueva hegemonía de izquierda.

Tal como lo argumenta Gramsci en la sección de los Cuadernos desde la cárcel titulada “Problemas del marxismo”, cuando se logra la “cohesión orgánica entre líderes y liderados, gobernantes y gobernados”, entonces y solo entonces podemos hablar de una relación de representatividad. Solo entonces puede ocurrir un intercambio de elementos individuales entre gobernantes y gobernados, líderes y liderados, y puede realizarse una vida común que constituya la fuerza social para la creación del ‘bloque histórico’ (SPN p. 418).

Muchos de quienes tenemos cierta urgencia reconocemos que estamos lamentablemente poco preparados para superar los múltiples desafíos de formar un nuevo orden social metabólico. No obstante, también habremos de reconocer que una actividad fundamental y duradera para la organización de un nuevo bloque histórico de izquierda será la educación de intelectuales que trabajarán para darle forma social y política, congruencia y expresión popular. A fin de formar a esos líderes, orgánicos a la labor social y política, tenemos que desarrollar una pedagogía que refleje las relaciones reales capaces de acoger y organizar los enormes beneficios que pueden derivarse dentro de la interacción efectiva entre el voluntarismo espontáneo y la organización. Un buen punto de partida en este viaje histórico formativo es volver a analizar la constelación de tensiones que Gramsci aborda dialécticamente y que nutren sus pensamientos sobre la unidad orgánica de la teoría de la praxis. Mi argumento es que los elementos necesarios para desarrollar una pedagogía de la teoría de la praxis se encuentran en el conjunto de los conceptos dialécticamente formulados que constituyen la unidad del método crítico de Gramsci. La unidad orgánica del pensamiento de Gramsci que refleja su método crítico, consecuentemente expresado a lo largo de los Cuadernos desde la cárcel, se analiza mejor mediante su aplicación de la teoría de la práctica. A continuación transcribo una lista parcial de interrelaciones sociales, políticas, económicas y teóricas dialécticamente elaboradas por Gramsci en los textos escritos en la prisión; esta lista es una muestra representativa de lo que denomino la constelación de conceptos dialécticos de Gramsci.

 

Lista parcial de interrelaciones en la constelación de conceptos dialécticos analíticos de Gramsci

  • Ser/transformarse
  • Coerción/consentimiento
  • Dominio/liderazgo
  • Formación/intelectuales
  • Fuerza/consentimiento
  • Hegemonía/dictadura
  • Historia/práctica
  • Intelectuales/masas
  • Liderazgo/espontaneidad
  • Líderes/liderados
  • Mecanismo/dialéctica
  • Necesidad/libertad
  • Orgánico/coyuntural
  • Pasado/Futuro
  • Filosofía/política
  • Cantidad/calidad
  • Gobernantes/gobernados
  • Estructura/superestructura
  • Teoría/práctica
  • Voluntarismo/organización
  • Guerra de maniobra/guerra de posición

Esta lista parcial pero representativa, tomada de más de cien relaciones analíticas revisadas por Gramsci en los Cuadernos desde la cárcel, es una muestra de las combinaciones dialécticas que habremos de leer como identidades conceptuales y como relaciones dialécticas reales y teóricas con otras combinaciones. Un ejemplo evidente de la unidad de las tensiones se encuentra entre la oposición de la dominación al liderazgo con su asociación al vínculo fuerza/consentimiento. Incluso esta breve lista resulta reveladora de la dinámica interacción analítica dentro de cada combinación y en relación con las demás, expresando así la unidad orgánica del pensamiento de Gramsci. El lector también puede notar la fluidez del movimiento conceptual durante la Constelación desde lo teórico hasta lo concreto, y el movimiento inverso que goza de mayor significado mediante el nexo teoría/práctica, formando la organicidad que une a la teoría con la práctica y viceversa. A medida que Gramsci nos muestra sus investigaciones, nos permite observar la unidad orgánica de los momento subjetivos y objetivos en las relaciones estudiadas; así, nosotros también aprendemos los movimientos de interrelación dentro del proceso dialéctico y nos queda claro el carácter integral del

…concepto fundamental de que la filosofía de la praxis es ‘suficiente para sí misma’, que contiene en sí misma todos los elementos fundamentales necesarios para construir una concepción total e integral del mundo, una filosofía y teoría total de la ciencia natural, y no solo eso, sino todo lo que se necesita para dar vida a una organización práctica integral de la sociedad, es decir, una civilización integral total. (SPN, p.462).

Si ubicamos el llamado de Gramsci a la formación de un nuevo tipo de intelectual en el contexto de su evaluación de la autosuficiencia práctica y teórica de la filosofía de la praxis, reconoceremos de inmediato la unidad vinculante entre la teoría y sus exponentes. Sin un “líder” informado (activador intelectual), la teoría no puede ponerse a prueba ni expandirse. La teoría se actualiza en las relaciones de trabajo del intelectual orgánico en la sociedad. Por lo tanto, deberíamos, tendríamos que hacer el esfuerzo por elaborar una pedagogía integral que refleje la poderosa organicidad analítica del método de la teoría y la práctica. Gramsci reconoció claramente que la formación de un nuevo tipo de intelectual, capacitador en la teoría de la praxis, sería fundamental para la organización de una nueva sociedad, por lo que albergaba una profunda preocupación acerca de la educación necesaria para formar intelectuales pensantes y sensibles, necesarios para la “organización integral práctica de la sociedad”. El nuevo líder-intelectual orgánico, sensible y pensante, el “constructor”, el “organizador”, el “defensor de la persuasión” tendría que educarse en los métodos correspondientes a los objetivos sociales de las nuevas relaciones humanas.

Si estamos de acuerdo con Gramsci en que todo ser humano es un “intelectual”, un “filósofo” y un “político” capaz de hacer teoría y vivir culturalmente, entonces debemos aceptar las responsabilidades que entraña emprender la titánica y larga tarea socioeducativa que desata el potencial colectivo al hacer de los gobernados líderes del futuro. No podemos basar el futuro crecimiento de una alternativa cultural/económica ajena al capitalismo corporativo y su cultura depredadora en el mito del individualismo extremo y, por ende, seguir esperando pacientemente por uno o dos héroes con inclinación hacia las expresiones humanistas de gentileza, generosidad y compromiso social. Tenemos que construir el marco educativo socialmente unificador necesario para cultivar la formación de nuevos intelectuales cuyo sentido de afinidad apasionada los vincule orgánicamente con las metas del proyecto social alternativo, con el pueblo en un proceso democrático de aprendizaje que con toda probabilidad generará los vínculos de una progresión social metabólica popular y democrática, capaz de generar un proceso igualitario y colectivo de nuevo desarrollo humano.

Esta sugerencia nos lleva nuevamente a las páginas de los Cuadernos desde la cárcel dedicadas a la educación de los intelectuales, la formación de los intelectuales orgánicos y la cuestión de las relaciones de gobernantes y gobernados, y líderes y liderados. Al mismo tiempo, aborda el tema de cómo recibir de la manera más productiva las energías y las ideas creativas que surgen espontáneamente entre individuos y grupos que bien pueden no ser de izquierda y cómo trabajar con ellos y crecer juntos como fuerza sociopolítica unificada, capaz de generar un aprendizaje mutuo y constante.

Si bien debería quedarnos claro que cualquier alternativa a las relaciones capitalistas corporativas de producción deben de construirse sobre y a partir del terreno real del capitalismo corporativista, también habrá de quedarnos claro, como personas con una visión alternativa, que las modificaciones requerirán prácticamente de una renovación total de la forma de pensar y comportarnos y, por ende, tomarán tiempo. Aunque tenemos que crear las condiciones materiales que permitirán el espacio idóneo para el cultivo de iniciativas sociales y económicas alternativas, también tenemos que intentar transmitir nuevos métodos de pensamiento dialéctico en los espacios disponibles dentro del Estado capitalista corporativo sin perder de vista, por supuesto, la imposibilidad de desarrollar una nueva pedagogía si seguimos ensimismados en el ámbito dominante de la ciencia positivista de orientación ideológica.

 

Separada de la teoría de la historia y la política, la filosofía no puede ser sino metafísica...

Si bien el método científico puede ser el punto de partida de la teoría crítica según Gramsci, es el método histórico crítico dialéctico el que encierra el potencial para una teoría del conocimiento generada sistemáticamente y autoexpansiva. Al tiempo que comentaba la importantísima aportación del método científico a la superación de las limitaciones de la metafísica, Gramsci enfatizó que:

…el típico proceso unitario de realidad se encuentra… en la actividad experimental del científico, que es el primer modelo de mediación dialéctica entre el ser humano y la naturaleza, y la célula histórica elemental mediante la cual el ser humano se coloca en relación con la naturaleza y a través de la tecnología llega a conocerla y dominarla.[6] El experimento científico es la primera célula del nuevo método de producción, de la nueva forma de unión activa entre ser humano y naturaleza. El científico que experimenta también es un trabajador y no mero pensador, y su pensamiento es continuamente controlado por la práctica y viceversa, hasta que se forma la perfecta unidad de teoría y práctica… [Este] proceso de desarrollo del pensamiento moderno se consuma en la filosofía de la praxis. (SPN, p. 446).

Así como debemos dejar atrás los confines de la teoría económica neoclásica de hoy y la ciencia positivista para desatar el poder autoexpansivo de la filosofía de la praxis, también debemos señalar el camino hacia una pedagogía dialéctica y socialmente integral deliberadamente diseñada para ampliar la capacidad analítica de los agentes de los cambios vitales necesarios para la producción de nuevos conocimientos.

No hay duda de que los “intelectuales tradicionales” trabajadores y bienintencionados, refugiados de las instituciones capitalistas corporativas, traerán consigo la mayor parte de sus predilecciones intelectuales, pero en el contexto de su buena fe y compromiso con sus contrapartes de la “escuela” de la teoría de la praxis, pueden recibir orientación a fin de contribuir a la dinámica de expansión del método dialéctico, pero la “escuela” debe estar preparada para acogerlos.

Debemos elaborar el plan formativo del futuro intelectual orgánico de izquierda sobre el terreno del capitalismo corporativo de hoy, donde toda fase de las relaciones sociales de producción se convierte en laboratorio. Es dentro de la esfera del modo de producción capitalista que el nuevo intelectual orgánico entra en contacto con sus contrapartes “tradicionales”, forma los nexos sociales donde aprende a poner la teoría en práctica y puede actualizar la teoría en la constante interrelación que constituye un método práctico de laboratorio.

Todo programa formativo inspirado en la teoría de la praxis habrá de desarrollarse en dos esferas distintas, pero vinculadas: una informal pero deliberada dentro de los espacios laborales del capitalismo corporativo y otra en entornos alternativos más formales, como los centros sindicales y los colegios alternativos con apoyo comunitario. Lejos de la conquista de la academia por parte de la izquierda, lo que duraría poco en países como Usamérica dadas las circunstancias, tendremos que formar un espacio formativo propio, pero necesitamos alentar a cada intelectual orgánico a penetrar todas las esferas económicas y sociales de la vida dominadas por el capital, en sus barrios y en sus lugares de trabajo, donde desempeñen un papel de organizadores y “líderes de los hombres”... y de las mujeres.

 

Cómo se forja un nuevo sujeto político

El desarrollo de un nuevo sujeto político colectivo entraña el cultivo de nuevos caminos, caminos novedosos para muchos, nuevas formas de pensar, actuar y observar el mundo, nuevos métodos para producir y probar el conocimiento, las habilidades y las destrezas que encuentran expresión en un nuevo tipo de activista/líder/formador/agente social del cambio cuya educación teórica y práctica refleje y exprese las visiones alternativas de una formación política y económica emergente. La formación de un nuevo sujeto político requerirá de líderes dedicados a la labor integral de ampliar el consentimiento de múltiples actores sociales como base para crear un nuevo bloque histórico. Esta meta necesita un programa formativo fundamentalmente unitario y unificador capaz de reflejar los conceptos de las relaciones sociales en un nuevo orden social metabólico, diseñado para preparar al intelectual orgánico para su papel de mediador entre la teoría y la práctica, entre individuos y grupos, en una intervención activa en la historia y la política.

Una realidad se impone: no podemos construir un nuevo marco de relaciones sociales únicamente con las herramientas del sistema que elegimos cambiar. Sin embargo, nuestra primera realidad es que esas son las herramientas intelectuales que la mayoría posee, pero a diferencia de los tiempos previos al Manifiesto Comunista, los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, El capital y los Cuadernos desde la cárcel, entre muchas otras obras valiosas, quienes estamos conscientemente en la izquierda contamos con una rica herencia intelectual que merece ser revisada y enseñada usando los métodos del proceso dialéctico autoexpansivo.

En este punto, es necesario referirnos y reconocer la interpretación y presentación que hace Gramsci de la filosofía de la praxis, y enfatizar la importancia que otorgó a la educación como proceso esencial para la formación de los intelectuales necesarios en la compleja tarea de hacer surgir un nuevo orden hegemónico. Si vemos la filosofía de la praxis y su método de la teoría y la práctica en sus tres fases dialécticas (estudio de la teoría, prueba de la teoría en la práctica y reevaluación de la teoría original y su posible modificación) podremos aprehender rápidamente la teoría de la educación que Gramsci nos ofrece en los Cuadernos desde la cárcel.

Con la lente de los tres movimientos relacionados de la teoría a la práctica y de vuelta a la teoría, fácilmente identificables en la propia evaluación histórica crítica de Gramsci respecto a los veinte años previos a su vida política, podemos fácilmente reconocer los tres principales elementos que denomino el método de laboratorio de Gramsci para el análisis histórico político, y podemos apreciar completamente el papel indispensable del intelectual orgánico como agente activo del cambio.

Sugiero la lectura de los Cuadernos desde la cárcel como exposición de la prueba metodológica de la teoría, mediante el crítico repaso de Gramsci de la historia italiana hasta el fascismo que, en el proceso, abre sus aportaciones a la ampliación de la teoría de la praxis. Asimismo, considero que usa el método crítico para desarrollar un bosquejo de la pedagogía de la praxis.[7]

Al enfrascarse en un agudo estudio de su propio tiempo desde una perspectiva nacional e internacional con referencias completas a antecedentes históricos, Gramsci modela el método de laboratorio y rastrea el análisis histórico material dialéctico de Marx para demostrar, mediante la práctica, un proceso de estudio que delinea una teoría de la educación para la formación de futuros intelectuales orgánicos.

 

Historia/filosofía – Filosofía/política: su unidad orgánica

La filosofía no puede separarse de la historia de la filosofía, ni la cultura de la historia de la cultura... Separada de la teoría de la historia y la política, la filosofía no puede ser sino metafísica, en tanto que la gran conquista en la historia del pensamiento moderno, representada por la filosofía de la praxis es precisamente la historicidad de la filosofía y su identificación con la historia. (SPN, pp.324 y 436).

 

El método de laboratorio

Armado con una teoría más que probada, refinada y construida a partir del análisis histórico, el estudiante/practicante, al igual que Gramsci, podrá modelar el proceso de la teoría y la práctica mediante la creación de series de interrelaciones analíticas activas que pueden imaginarse en ascenso sobre una especie de elevador de hélice que sube y baja por el cuerpo de la teoría, relacionadas con la historia y la cultura vivas en un entorno de realidad política en constante dinamismo y, a partir de ahí, podrá trabajar en una evaluación de la realidad actual que ofrece el mayor potencial para la intervención política dirigida en el contexto de las relaciones de poder vigentes. Al modelar el tratamiento que hace Gramsci de la teoría de la praxis, el estudiante/practicante habrá de ser capaz de identificar conceptualmente series similares de movimientos interrelacionados a través de un procedimiento que evalúe la teoría conforme a los principios de su desarrollo histórico continuamente probado en el ámbito de la lucha política. Convencionalmente, podríamos referirnos a este ejercicio como análisis histórico comparativo, pero no en el sentido simple de mera yuxtaposición. Para Gramsci, el movimiento es constante: en uno y el mismo instante, el proceso del método dialéctico de la teoría y la práctica pasa de la teoría previamente desarrollada y evaluada, a modificarse por la aplicación práctica, lo que se convierte en sujeto de evaluación crítica para determinar si es necesario modificar la teoría.

En el nivel más simplificado para el estudiante/practicante recién iniciado, lo más probable es que el proceso tome la forma de un ejercicio de laboratorio con dos procedimientos interrelacionados: un análisis abierto de eventos secuenciales con miras a un resultado desconocido o un segundo ejercicio que presentaría un resultado; se pediría al estudiante explicarlo con base en los hechos actuales, es decir, leyendo la historia desde el presente hacia el pasado e infiriendo razones para el resultado concreto. Gramsci realiza ambos ejercicios en los Cuadernos desde la cárcel. En cierto sentido, traza la línea hacia atrás y después hacia delante, o bien, comprende su lugar histórico y calcula sus derroteros futuros para preparar intervenciones.

El estudiante más avanzado, con pleno conocimiento del método de la teoría y la práctica, con el tiempo se adentra en el complejo remolino de un momento histórico en desarrollo y tiene que usar el método para proponer acciones, proyectar su efecto histórico y, a partir de los resultados, evaluar la teoría y recomendar los cambios necesarios en la práctica en relación con la teoría. El estudiante/practicante pule las habilidades necesarias para interpretar mejor el movimiento de los hechos mediante la práctica de la investigación dialéctica del movimiento a lo largo de la historia vinculado al momento presente.

La historia y la política dejarían de enseñarse como una serie de eventos congelados en el pasado distante para analizarse con una mirada crítica como eventos en constante movimiento a partir de los cuales la historia viva, montada en la cultura, es vista como influyente y condicionante acción humana sobre la política actual. Bertell Ollman, en un texto titulado Dance of the Dialectic y publicado en la edición especial de octubre de 2008 de Science and Society  vol. 62, no. 3 titulada “Dialectics: The New Frontier”, demuestra los movimientos básicos de avance/retroceso y lado a lado de la abstracción del método de la teoría y la práctica. Si bien altamente simplificado, pero preciso, el baile es fácilmente reconocible si contamos con algunas lecturas previas: el movimiento en la historia y sus relaciones con el proceso analítico dialéctico en la filosofía de la praxis.[8]

El proceso de laboratorio también se designará para preparar al estudiante del método de la teoría y la práctica en el análisis del momento histórico desde el interior de los eventos en curso, de manera tal que refleje tanto como sea posible las incertidumbres de la vida real. Siguiendo a Aristóteles, “Nadie se baña dos veces en el mismo río”, pero si nos empeñamos podremos comprender el curso de ese río y las múltiples condiciones materiales y fuerzas que causan cambios grandes y pequeños, o bien eliminar por completo la existencia del río y así saber por qué y cómo ocurren los cambios. En el laboratorio, ya sea mediante la simulación de la realidad o el estudio de un momento histórico determinado, el estudiante se vería obligado a examinar las formaciones políticas y económicas para reconocer las sutiles mutaciones que podrían alterar el predecible movimiento de los eventos dentro del marco que permitiría una eficaz intervención táctica y estratégica.

El enfoque de laboratorio que incluye tanto continuidad como contingencia contiene una amplia aunque más controlada aplicación del método de la teoría y la práctica. En palabras de Gramsci

 …el proceso de crear intelectuales es largo, difícil, está plagado de contradicciones, pasos adelante y pasos atrás, dispersiones y reagrupaciones en las que muchas veces se pone a prueba la lealtad de las masas... El proceso de desarrollo está atado a la dialéctica entre los intelectuales y las masas. El estrato intelectual se desarrolla cuantitativa y cualitativamente, pero cada salto adelante hacia una nueva amplitud de miras y complejidad del estrato intelectual está atado a un movimiento análogo por parte de la masa de los ‘sencillos’ que alcanzan nuevos niveles de cultura y, al mismo tiempo, extienden su círculo de influencia hacia el estrato de los intelectuales especializados (SPN, p. 335)

Si bien la formación del nuevo intelectual orgánico es larga y costosa, su potencial para ampliar la difusión del conocimiento de manera más sistemática en la sociedad es inmenso. Se proyecta que el crecimiento combinado pero disparejo del intelectual en las masas se depure consistentemente con el estrecho vínculo social de los líderes con los liderados, hasta que los liderados se transformen en líderes. Ya que las etapas formal e informal del desarrollo educativo del intelectual están íntimamente interrelacionadas con el pueblo de la nueva formación social y económica, y se corresponden con las incertidumbres de los cambios políticos y económicos en proceso, el éxito depende del desarrollo unitario de todo el orden social metabólico.

La teoría de la praxis nos permite observar dichas formaciones como proceso dialéctico de la agencia humana, no como si se tratara de una división entre ellos y nosotros, sino entre y yo. Así, el nuevo estudiante del método de la teoría y la práctica aprende pronto que la historia no se estudia como una serie de datos estáticos y abstractos, ni de momentos sociales distantes y congelados en el tiempo, ni como el flujo teleológico progresivo de los eventos, como suelen presentarla los textos convencionales. Por el contrario, aprende a ver la formación histórica de su propia vida como un proceso en movimiento y la analiza como una realidad social unificada en la que el pasado cultural histórico se vincula con el presente social dinámico en el que líderes y liderados se mezclan en un esfuerzo de cooperación mutua a fin de analizar su propia historia y prepararse para definir su futuro. Al contemplar un horizonte que se amplía, se pierde en la distancia y nunca está completo, juntos aprenden a enfrentar la incertidumbre con mayor confianza y finalmente aprehenden la plena humanización del proceso histórico dialéctico, un proceso que se torna cada vez más inteligible y mutable.

El avanzado estudiante del método de la teoría y la práctica se adentra en la compleja combinación de tendencias del mundo real y vertiginosas contingencias mejor preparado para analizar el cambio social conforme a la estructura de determinada sociedad, y anticipa la posibilidad de sorprendentes cambios. Tras reconocer significativas transformaciones en ciernes, recomienda intervenciones para canalizar las acciones populares espontáneas y aporta un liderazgo informado. Aunque el proceso aún está algo esquematizado, permite similar un movimiento real que rompe con la forma tradicional de enseñanza y aprendizaje, pues promueve la interacción entre variables probables y la intervención de contingencias.

Para Gramsci, la formación de este nuevo tipo de intelectual orgánico era crucial para la propagación y difusión de un nuevo concepto del mundo entre las masas, lo que podría contribuir a elevar y ampliar su identidad como grupo distintivo en relación con el resto, desarrollando así su confianza en sí mismos. El nuevo intelectual orgánico habría de contar con los conocimientos para dirigir al pueblo de su “nación” con pasión por sus necesidades y con base en un profundo “sentimiento” a partir de su estrecho contacto con la vida popular. La “unidad intelectual y moral” que une a la gente “sencilla” o común en el plano “universal” necesario y suficiente para una nueva hegemonía de izquierda, decía Gramsci, tenía que formarse gracias al líder/formador capaz de mediar y ampliar el íntimo intercambio entre los diversos niveles de conciencia en el pueblo, representando así las verdaderas fuerzas sociales del cambio. Antonio Gramsci se interesaba por alentar el desarrollo de un nuevo tipo de intelectual: un intelectual que percibiera con pasión la estrecha relación del “pueblo-nación”, entidad vinculada por los “sentimientos” y la unión en una lucha basada en la participación activa dentro de la vida cotidiana” (SPN, p. 9)

Ciertamente, la conexión orgánica de los líderes con el grupo social es deseable, mas no esencial. Sin embargo, Gramsci vio con toda claridad lo necesaria que es la formación de quienes ya sienten pasión por su pueblo en lucha para formar

…ese elemento decisivo en toda situación… la fuerza permanentemente organizada y lista que puede llegar al campo cuando la ocasión se juzgue favorable... Por ende, la tarea esencial es garantizar sistemática y pacientemente la formación y el desarrollo de dicha fuerza, su carácter homogéneo, compacto y conciente de sí misma. (SPN, p.185).

Si bien la conexión orgánica original de los líderes con el grupo puede ser importante y deseable, tampoco basta si no se cuenta con capacitación y formación. La emoción y el sentimiento pueden ser innatos, imbuidos y exaltados por los efectos condicionantes de la verdadera participación en la sociedad, debemos señalar que tanto el sentimiento como el pensamiento pueden cultivarse en relación dialéctica mediante la formación de intelectuales orgánicos e intelectuales refugiados que quieran dar el salto.

También habremos de tomar en cuenta que todo esfuerzo formativo por desarrollar/cultivar al intelectual orgánico dentro de las cambiantes relaciones de la sociedad producirá nuevos líderes con diferentes niveles de capacidad, conocimiento y dedicación; líderes que participarán activamente e influirán en muy diversos estratos de un movimiento, partido político o segmento de sociedad alternativa en ciernes. El proceso es, en sí mismo, orgánicamente dialéctico y el nuevo intelectual crece y amplía los parámetros del método de la teoría y la práctica gracias a la comprensión cabal de la unidad orgánica en el centro de dicho método.

Esta es la razón por la que Gramsci estaba tan preocupado por la integridad del contenido de la formación en relación con el método que orientaría al estudiante/practicante en la internalización del proceso de la teoría y la práctica. El interés de Gramsci en la calidad del contenido y el proceso de aprendizaje se repite constantemente en sus referencias al príncipe moderno como “el que proclama y organiza una reforma intelectual y moral, lo que también significa preparar el terreno para el subsiguiente desarrollo de una voluntad colectiva nacional-popular hacia la consolidación de una forma de civilización moderna superior y total” (SPN p.133).

Cuando esta amplia tarea formativa se combina con la necesidad de que el intelectual orgánico trabaje para elevar la consciencia crítica de toda la población mediante el contacto estrecho y el desarrollo de una relación mutua en la producción de nuevos conocimientos, podemos aprehender plenamente la necesidad de una comprensión cabal del proceso de la teoría y la práctica. Por ende, era necesario para Gramsci, tanto como para nosotros hoy, garantizar la interpretación más precisa y clara del proceso histórico dialéctico. El impulso revolucionario de Gramsci hacia la hegemonía se basó en un plan formativo democrático, activo y expansivo que

…ofrece la base para el ulterior desarrollo de una concepción histórica dialéctica del mundo, capaz de entender el movimiento y el cambio, de apreciar el esfuerzo y el sacrificio que el presente le ha costado al pasado, y que el futuro le está costando al presente; capaz de concebir el mundo contemporáneo como síntesis del pasado, de todas las generaciones pasadas, y como proyección hacia el futuro. (SPN, pp. 34 -35).

Los seguidores de este masivo proyecto formativo, necesario para levantar los cimientos del nuevo sistema histórico de democracia e igualdad que señala Wallerstein, los organizadores del príncipe mito, los muchos defensores de la persuasión, serán los futuros “filósofos democráticos” que se unen al expresar la pasión y el sentimiento del pueblo-nación. Para que el pueblo pueda construir su propia historia de manera más consciente, para regular el proceso que delinea su propio futuro en proyección, tendría que ser capaz de participar en la producción, verificación y difusión de sus propios conocimientos. Gramsci entendió, sin duda, que la única forma para que la humanidad escapara a la continua dominación de los gobernantes sobre los gobernados pasaba por un proceso educativo en el que crea a sus propios gobernantes, comprende sus métodos y limita su poder. Esta titánica tarea solo puede lograrse en tres movimientos formativos activos e interrelacionados: primero, el pueblo debe entender las relaciones de los gobernantes y los gobernados; después, debe formular colectivamente una teoría de su propia visión del mundo, y entonces actuar en función de sus conocimientos para generar la alternativa deseada. El proyecto educativo de Gramsci está íntimamente relacionado con los “elementos constituyentes del marxismo”: filosofía<>política<>economía, todos relacionados dialécticamente en la realidad y trabajados en el análisis histórico. La dialéctica, el eslabón conector, ocurre, como lo señala Gramsci, cuando:

El ser humano sabe objetivamente en tanto el conocimiento es real para la totalidad de la raza humana históricamente unificada en un solo sistema cultural unitario (SPN, p. 445).

Hacer que el conocimiento sea real para “la totalidad de la raza humana” exige un programa educativo continuo con potencial para difundir el conocimiento a lo largo y ancho de la colectividad humana. Como argumentaba Gramsci siguiendo a Marx: cuando el pensamiento entra en el nexo del conjunto de las relaciones sociales se convierte en una “fuerza material” de la historia y, lógicamente, el desarrollo de esa fuerza sustancial habrá de ser labor de los y las formadoras en el método de la teoría y la práctica.

Así, es imposible exagerar la importancia de la calidad de la formación de los intelectuales orgánicos en el pensamiento de Gramsci. Su “hombre en las masas” que surge de éstas sin perder el vínculo con ellas, interactúa con la masa como guía, líder y formador. El papel crítico pero delicadamente matizado del estilo de liderazgo del nuevo intelectual podría encontrar su mejor expresión en la frase “...todo maestro es siempre un pupilo y todo pupilo un maestro”. El carácter orgánico solo puede tomar un cariz activo y efectivo cuando esta mutualidad fundamental alimenta todos los aspectos de la vida. Básicamente, significa el reconocimiento de nosotros mismos en los otros y el vínculo que desarrollamos con ellos. Además, Gramsci presenta un argumento adicional con elocuente pasión; lo transcribe para que quien lee perciba plenamente la interconexión de su pensamiento:

Hemos establecido que la filosofía es una concepción del mundo y que la actividad filosófica no debe concebirse únicamente como la elaboración ‘individual’ de conceptos sistemáticamente coherentes sino, sobre todo, como batalla cultural para transformar la ‘mentalidad’ popular y difundir las innovaciones filosóficas que probarán ser ‘históricamente verdaderas’ al punto en que llegan a ser concretamente (es decir, histórica y socialmente) universales. ... Este problema puede y debe relacionarse con la forma moderna de considerar la doctrina y la práctica educativas según la cual la relación entre maestro y pupilo es activa y recíproca... Pues la relación entre maestro y discípulo a la que nos referimos generalmente… solo se consolida cuando se cumple esta condición política [‘libertad de pensamiento y expresión del pensamiento’] y solo entonces asistimos a la consolidación ‘histórica’ de un nuevo tipo de filósofo, al que podríamos llamar ‘filósofo democrático’ en el sentido de que se trata de un filósofo convencido de que su personalidad no se limita a su ser físico, sino que es una relación social activa de modificación del entorno cultural. (SPN, pp. 348-351).

La enormidad de este proyecto formativo radical se define por sus objetivos de activar un proceso de aprendizaje cooperativo correspondiente a los objetivos de igualdad sustantiva como base de un nuevo orden social metabólico que sostenga el mayor potencial para consolidar la expansión colectiva continua del conocimiento en procesos unitarios de desarrollo mutuo, pues supone que cada individuo puede alcanzar un mayor nivel de conocimiento para guiar a otros democráticamente.

Gramsci estaba convencido de que el desarrollo colectivo de un método analítico confiable sería la vía hacia una teoría expansiva del conocimiento. Reconocía que el método crítico, histórico y dialéctico contiene en sí mismo la capacidad de analizar la realidad y de generar nuevos conocimientos a partir de sus procesos internos. Para Gramsci, el método crítico plasmado en la filosofía de la praxis es una “doctrina del conocimiento” y “la médula misma de la historiografía y la ciencia de la política...” SPN, 435. Claramente señaló que a través del método de la teoría y la práctica, basado en la historia y aderezado con las aportaciones de perspicaces analistas, podría consolidarse una epistemología marxista. Al combinarse con el reconocimiento del continuo proceso de “consolidación” se formaría el nexo entre la teoría y la práctica, dando lugar a una ciencia de la dialéctica en una relación recíproca autoexpansiva entre el pensamiento y la acción, visible en las relaciones formativas mutuas entre activistas, formadores y líderes. Insistió con seguridad a la vez que con cautela:

Una ciencia nueva prueba su eficacia y vitalidad al demostrar su capacidad de confrontar a los grandes paladines de las tendencias que se le oponen y al resolver por sus propios medios las preguntas vitales que éstos plantean o al demostrar, preventivamente, que dichas preguntas constituyen falsos problemas. (SPN, p. 433).

Cuando Gramsci, con toda perspicacia, argumentó que la filosofía de la praxis es una teoría autoexpansiva (SPN, 433), sabía que se encontraba (como lo entendemos ahora) en las primeras etapas de su desarrollo. Debido a que la filosofía de la praxis es producto de la agencia humana que afirma poder explicar su propio proceso de desarrollo, su propia historia mediante un método crítico, su potencial interno expansivo requiere del cuidadoso cultivo de agentes intelectuales orgánicos creativos y promotores del desarrollo que, capacitados en la aplicación de nuevos métodos, tengan la habilidad de aprehender esta forma relativamente nueva de pensar, usarla con eficacia, enseñarla, ponerla a prueba y revaluar su situación actual.

Con diversos grados de éxito, muchos estudiantes/practicantes sagaces de la teoría de la praxis acometieron el reto de explicar el método crítico de Marx y sus grandes esfuerzos desde la publicación El capital y los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política han aportado un inmenso corpus de conocimiento de incalculable valor que bien merece una mirada crítica. La vasta literatura sobre la filosofía de la praxis constituye un legado invaluable, un canon que requiere de años de estudio, tiempo del que la mayoría de los activistas no dispone en estos ajetreados tiempos.

La idea y la necesidad del desarrollo intencional de intelectuales orgánicos dentro del nuevo entorno social alternativo no evitan ni deben evitar la bienvenida participación y labor de intelectuales de la sociedad capitalista tradicional. Aquellos intelectuales refugiados o “tradicionales”, como los llamaba Gramsci, hoy típicos de las instituciones capitalistas corporativas, pueden, además de aportar nuevas perspectivas sobre temas viejos, contribuir a la expansión y el enriquecimiento del proceso de la teoría y la práctica si brindan una visión crítica y nos mostramos dispuestos a enseñar el método crítico.

Si bien reconoce la necesidad de desarrollar deliberada y conscientemente al nuevo intelectual orgánico, Gramsci no rechaza la necesidad de reclutar intelectuales tradicionales de la sociedad de la década de 1920. No obstante, toda su experiencia de vida, combinada con su estudio de la historia italiana, le hizo ver la necesidad de desarrollar a un nuevo tipo de intelectual. Con visión igualmente clara aceptó que los nuevos intelectuales habrían de recibir educación formal e informal en las condiciones y limitaciones propias del nacimiento de una nueva sociedad.

Su análisis crítico de los grupos de su tiempo, como los consejos fabriles y el partido socialista italiano, nutrieron su clara preferencia por la organización fluida, abierta pero disciplinada que incluiría a otros intelectuales. Sus numerosas críticas a Benedetto Croce, el intelectual italiano tradicional y líder de la época, sus esfuerzos por sumar a sus filas a Gabriele d’Annunzio, su larga amistad con Piero Sraffa y sus reflexiones críticas sobre la importancia de Antonio Labriola señalan su profunda necesidad de reunir lo mejor de lo mejor entre los intelectuales.

Sin embargo, reconoció e insistió en que la vía más eficaz para la asimilación rápida del pensador orgánico sensible y el intelectual tradicional en el futuro sería el método de la teoría y la práctica. Ya es tarde: como en los últimos años de su vida en libertad, nosotros, sometidos a las presiones actuales de tiempo y escasez de recursos, habríamos por lo menos de preparar un plan de estudios, aun cuando tenga que limitarse a lo esencial del método crítico. No obstante, debemos empezar por asumir la capacidad de desarrollar una pedagogía completa, duradera y autoexpansiva de la teoría de la praxis articulada en la unidad orgánica contenida en la constelación de conceptos gramscianos claramente expresados en los Cuadernos desde la cárcel.

 

El teórico/practicante – El teórico en la práctica - Gramsci, intelectual orgánico

Para Gramsci, la filosofía de la praxis era una teoría para el análisis del movimiento constante y dialéctico de las relaciones políticas y económicas en determinado escenario histórico. La teoría de la práctica es una teoría de la actividad política fundada en la historia del desarrollo de determinada formación social. El método de análisis de la teoría y la práctica constituye la base del análisis político/económico a fin de elaborar un plan de acción política. A partir de la relación entre fortuna y vertú, correspondientes al azar y a la labor organizada y concertada respectivamente, en toda acción política, Gramsci enfatizó que el analista/líder debe ser capaz de evaluar con precisión la relación entre la base estructural económica de una sociedad y su relación con sus propias manifestaciones políticas y culturales extraordinarias dentro de la “superestructura” para evaluar estrategias orientadas a asumir posturas relativamente firmes o planificar maniobras tácticas más fluidas. Si una nueva fuerza histórica, social y política habrá de insinuarse efectivamente al interior del orden social y económico vigente, es indispensable juzgar con precisión la relación de las fuerzas actuales, sus movimientos interrelacionados y el espacio que fortuitamente podría existir o crearse para el posicionamiento y la maniobra de esa nueva fuerza a fin de ocupar un segmento del terreno social, político y económico a partir del cual construir la base de su futura viabilidad política y económica. Dicha fuerza social y política alternativa debe prepararse para mantener, operar y demostrar su poder en un segmento del espacio actualmente ocupado por la sociedad dominante. Gramsci y el grupo L’Ordine Nuovo llevan esta tesis a la práctica durante la ocupación de las fábricas en el norte de Italia; tenemos mucho que aprender de la evaluación que hace Gramsci de aquellos hechos.

Después del colapso de los consejos fabriles y el auge del fascismo en Italia, en sus Cuadernos desde la cárcel Gramsci deja testimonio de su repaso y evaluación crítica de prácticamente todos y cada uno de los hechos históricos; error y fracaso desde la perspectiva de la teoría de la praxis. Así, la totalidad de los Cuadernos desde la cárcel puede verse como una síntesis del método analítico de la teoría y la práctica. Profundamente consciente de las deficiencias de un análisis estructural solo fundado en la historia, Gramsci recordó, de memoria y con precisión casi absoluta, la advertencia de Marx en cuanto a las relaciones entre la estructura y la superestructura, hecho que queda claro al leer su amplia discusión en torno al Príncipe moderno en referencia con el papel de los intelectuales y la guerra de posición, y las tácticas pertinentes a la guerra de maniobra; de inmediato notamos las dinámicas interrelacionadas y concentradas gracias a una constelación de esferas enlazadas de teoría, historia y práctica en la unidad orgánica del pensamiento y el análisis de Gramsci. Al igual que Maquiavelo años antes, Gramsci se preguntó en qué nos habíamos equivocado, cuál era el contexto histórico de los errores o los éxitos, cuáles eran las relaciones entre las fuerzas y cuál era el factor, dentro de determinado contexto histórico, que definía el momento cultural, político y económico capaz de sustentar medidas de intervención activa renovada para las fuerzas sociales del cambio. Siempre surge el papel organizador del líder en diversos niveles de evolución de una nueva formación social. Si bien Maquiavelo pensó en la imagen personal del príncipe, Gramsci propuso un príncipe moderno, el príncipe mito como ente organizado y organizador de la sociedad.

Si bien cada sección de los Cuadernos desde la cárcel de Gramsci debe leerse en función de su interrelación conceptual con las demás, su estudio sobre la formación histórica de los intelectuales tradicionales que expresa sus ideas en torno a la formación de nuevos intelectuales se encuentra en la relación entre las secciones dedicadas a la historia italiana, el príncipe moderno y la formación del intelectual. Al igual que en su estudio sobre la relación entre la acción espontánea y la acción organizada, su relación con la unidad dialéctica de fortuna y vertú, Gramsci argumenta que la teoría de la praxis, firmemente afianzada en el análisis histórico de la realidad concreta de una formación económica y social concreta, delineará las condiciones para un análisis dinámico y crítico del movimiento dialéctico de las fuerzas y las relaciones de producción en la sociedad vigente.

Todas y cada una de las etapas de la vida adulta de Gramsci sintetizan, además, la formación del nuevo líder orgánico. Inmerso y empapado de los elementos del método crítico de Marx en tanto discípulo de Antonio Labriola, Gramsci atravesó un largo período de educación formal tradicional italiana (y posteriormente socialista italiana) que sería pulido y sometido a prueba en las lides de la política del partido socialista, después durante su colaboración para el surgimiento del partido comunista y tras ser elegido como legislador.

A lo largo de su vida política manifestó, en su obra intelectual y organizacional, la centralidad del método de la teoría y la práctica para el análisis histórico. Cuando el régimen fascista lo encarceló sin justificación legal alguna, sus textos, reunidos en los Cuadernos desde la cárcel, reflejan su continua aplicación del método de la teoría y la práctica como estudio integral y crítico de la realidad italiana de la época. La obra de su vida, hasta las últimas líneas de los Cuadernos desde la cárcel, lo muestra como el modelo consumado del intelectual orgánico de una formación social alternativa reprimida. Pensador, activista político, líder/formador, la obra de Gramsci sigue el desarrollo de la veta abierta que dejó la teoría crítica de Marx, veta que haríamos bien en revisar y probar tal como él lo hizo en los Cuadernos desde la cárcel.

Un breve repaso a la vida política de Gramsci desde la perspectiva del período de L’Ordine Nuovo/consejo fabril lo presenta como un formador ocupado en formarse a sí mismo a partir de la experiencia. Sin duda, desde la época de la ocupación de las fábricas en Turín en 1920 hasta sus últimos días en el hospital de la prisión en Roma, hizo de su persona un nuevo tipo de líder orgánico, totalmente inmerso en su papel de liderazgo y consciente de su responsabilidad en cada una de las etapas de la lucha por conformar un partido comunista en Italia. Aprendiendo de sus seguidores, interpretando con creatividad, combinando y probando sus prácticas, siguió el patrón de vida del pensador dialéctico y crítico, reflejado en su liderazgo periodístico, legislativo y de partido.

Con otros líderes comunistas creó círculos de formación antes de ser separado del resto de los presos políticos del régimen fascista italiano. A partir del aprendizaje mutuo y del aprendizaje con personas del lugar, se formaron y formaron a otros. Gramsci continuó con este proceso durante los largos períodos que pasó incomunicado. Concentrado en la lectura y la evaluación crítica de las revistas y los libros a su alcance, se embarcó en un estudio dialéctico integral de la historia y la política en la realidad italiana, con abundantes reflexiones sobre el cambiante mundo exterior. Argumentaba la necesidad de aprender a usar una teoría del movimiento dialéctico que se corresponde estrechamente a los movimientos dinámicos en la sociedad, y argumentaba que la teoría de la praxis es la teoría de la unidad orgánica en constante cambio y, por ende, da paso a una teoría de la formación del proceso del cambio unitario constante. Al tiempo que la teoría de la práctica alimenta el proceso formativo del nuevo intelectual orgánico, su correspondiente método de laboratorio, demostrado en la obra de Gramsci, centra el proceso formativo práctico en el ámbito contemporáneo de la economía política de un período histórico concreto. Con base en su análisis de la historia italiana, su evaluación de la teoría de Marx, su interpretación contemporánea y su discusión en torno a la formación del intelectual, he revisado la constelación que conforman los conceptos desarrollados por Gramsci y he encontrado trazos de una teoría de la educación, o bien “…una doctrina del conocimiento…” que confirma claramente:

… [que] no es posible separar la política y la economía de la historia... Es decir, después de cumplir la principal tarea en el aspecto filosófico en general que trata de la filosofía de la praxis —la ciencia de la dialéctica o teoría del conocimiento, en la cual los conceptos generales de historia, política y economía se entretejen para formar una unidad orgánica— sería útil... disponer de un bosquejo general para cada momento. (SPN, p.431).

Los perspicaces estudios que conforman los Cuadernos desde la cárcel han de verse como uno de los grandes textos sobre teoría de la educación dentro de los parámetros actuales de la filosofía de la praxis. Su formato de manuscrito prácticamente nos permite percibir el desarrollo paso a paso del pensamiento de Gramsci. Cuando se reconocen estos textos como una unidad integral, si bien fragmentada debido a las condiciones en las que fueron redactados, constituyen una guía exhaustiva para la pedagogía de la teoría de la praxis con un enfoque tipo laboratorio frente al análisis político, un enfoque diseñado para preparar nuevos intelectuales orgánicos en el desempeño de su liderazgo a favor del cambio social. Gracias a la evaluación crítica de Gramsci de la totalidad de sus experiencias políticas, los Cuadernos desde la cárcel nos dejan ver que si no contamos con una teoría probada no podremos lanzar programas políticos efectivos; sin práctica inspirada en la teoría no podremos activar el potencial autoexpansivo del método de la teoría y la práctica. Así, la organicidad de la naturaleza autoexpansiva de la filosofía de la praxis se realiza mediante el proceso de vinculación y prueba de la teoría mediante la práctica activa de líderes informados.

Gramsci nos ha dejado una excelente obra de referencia para introducirnos al método histórico dialéctico de pensamiento crítico, análisis, aprendizaje y producción de nuevos conocimientos con la capacidad de ampliar la teoría de la praxis, haciendo de la autogestación de ideas un proceso educativo real y filosóficamente práctico. En tanto teoría de la autogeneración de nuevos conocimientos y marco intelectual de referencia para la formulación de una práctica política más efectiva, conlleva el potencial para su propia autogestación.

A medida que repasamos los principales apartados de los Cuadernos desde la cárcel, identificamos los principales elementos del método de Marx casi como si se tratara de un libro de texto. En cualquier punto podemos elegir entrar en el análisis elípticamente interrelacionado de Gramsci sobre la situación de la teoría y la práctica política en su tiempo para encontrar, a modo de ensayo, todos los elementos necesarios y vinculados para un estudio completo tanto histórico como dialéctico: historia, política y economía. De empezar por la formación de los intelectuales, por su análisis de la historia italiana o su estudio crítico de la filosofía y los problemas del marxismo, encontraremos a Gramsci poniendo a prueba la relación de la teoría y la práctica mediante una reflexión crítica del desarrollo de la teoría, sus implicaciones para la práctica política y la futura divulgación de la teoría y la pedagogía de la praxis. Su práctica de hecho de la teoría puede servir de guía para quienes tienen una idea clara acerca de adónde quieren llegar, pero no tienen la misma claridad acerca del cómo llegar.

 

¿El final de la Historia?

Podemos pensar en el método de la teoría y la práctica como proveedor de herramientas de estudio para desarrollar un mapa preciso que nos lleve del presente conocido hacia un horizonte lejano, amplio y desconocido. Integrando el amplio concepto histórico de la íntima relación entre el pasado, el presente y el futuro, comprendemos el sentido del movimiento a través del tiempo que vincula la historia o la cultura actuales con sus antecedentes mediante la interpretación consciente e inconsciente de la historia de manera casual o informada por parte de personas reales que hoy están definiendo el futuro. Al aprehender ese movimiento complejo y real, la historia de la agencia humana se transforma en guía para el presente, en guía para que el análisis preciso de la correlación actual de fuerzas pueda producir directrices hacia la orientación del cambio futuro, teóricamente como nueva plataforma para un plan práctico; a través de ese proceso adquirimos cierto sentido del movimiento analítico del método de la teoría y la práctica. En este sentido integral de la relación entre la teoría y la práctica, a partir del cual se refina la teoría, el método crítico analítico constituye el canal básico y las herramientas rudimentarias para identificar vías y adentrarse en un terreno ignoto, pues no supone un cambio mecánico; anticipa contingencias. Este proceso crítico analítico tiene un carácter histórico porque supone y pone a prueba continuidades que tienen el mayor potencial para expandirse en el futuro cercano; es vitalmente analítico en la tradición marxista de la crítica implacable, es dialéctico en un proceso de abstracción teórica que implica el método dinámico de reconocimiento del movimiento interactivo, es específico y concreto porque analiza la sustancia de la interacción social continua y real de las relaciones sociales materiales desarrolladas por seres humanos, una interacción integral a la formación de un nuevo orden social metabólico.

 

…el sello de su propia genialidad...

[Gramsci]... no podía conformarse con una doctrina que pretendiera reducir al marxismo al estatus de ciencia positiva... separando la cosa conocida del proceso que permite la adquisición del conocimiento. Y, siguiendo el mismo método crítico, es mediante su análisis de los errores… que él mismo expresa con toda claridad el historicismo dialéctico que es el sello de su propia genialidad. (SPN, p 379-80)

La gran aportación de Gramsci a la filosofía de la praxis fue clarificar la naturaleza interna y autoexpansiva del materialismo histórico y dialéctico de Marx tanto como una síntesis de la verdadera interacción entre la agencia humana informada y su evaluación crítica en términos de su propia teoría autoexpansiva en cuanto a la producción de conocimiento. Así, Gramsci argumentaba la posibilidad de estimular indefinidamente el crecimiento de la filosofía de la praxis dentro de las realidades intelectuales y materiales de la práctica conscientemente organizada que suele ser objeto de la sagaz y crítica revisión por parte de sus activadores analíticos. Por lo tanto, el crecimiento del conocimiento y la teoría del conocimiento, dispuesto en una interacción dinámica entre el practicante y el teórico, detona la necesaria interacción entre el conocimiento en expansión producto de la participación activa en el mundo real con base en y por contraposición con una teoría en constante crecimiento.

La variable indispensable en la promoción de un proceso continuo y dialéctico entre la teoría y la práctica es la formación del intelectual orgánico a fin de que los gobernados aprendan a ser gobernantes. El proceso deliberado de formar nuevos intelectuales orgánicos y demostrar la interrelación dialéctica en su interior y en relación con el resto de los seres humanos es, en sí mismo, un proceso formativo dialéctico en expansión, sintetizado en la insistencia de Gramsci en que el intelectual orgánico sea una persona no solo “pensante”, sino también “sensible”, “líder de los seres humanos”, capaz de producir conocimiento, comprometerse con la educación, desarrollar vínculos y, en consecuencia, agente del crecimiento intelectual cuyo crecimiento conlleva el crecimiento de quienes se forman bajo su influencia. A partir del reconocimiento y la reflexión en torno al intercambio vital entre pensamiento, acción y sensibilidad, puede diseñarse una pedagogía teórico-práctica para mostrar la eficacia del potencial productivo del intercambio teoría-práctica que hace patente la igualdad sustantiva entre pensamiento y acción, entre pensador y actor. Así, el intelectual, cuyo papel social primordial puede ser la producción de conocimiento y la organización del pensamiento, advierte lo indispensable que es para su trabajo (el de formular y presentar ideas) tener una relación abierta y equitativa con sus compañeros de activismo. En este proceso de intercambio equitativo entre diversos tipos de intelectuales, el formador es constantemente formado para producir nuevos conocimientos en un entorno real; en consecuencia, se expande el alcance teórico de la filosofía de la praxis. De esta manera, la formación de nuevo intelectual orgánico se torna indispensable e integral al proceso de desarrollo de una nueva entidad cultural y política, sea como partido o como Estado, fundada en una serie de relaciones sociales no jerárquicas, organizadas para generar el mayor potencial para una labor de cooperación inspirada en el respeto y el desarrollo mutuos. Son claros entonces los beneficios fundamentales de generar una nueva sinergia social a partir de la afinidad en la producción de nuevos conocimientos.

 

¡Es tarde!

El motor de nuestros esfuerzos y principal motivación para trabajar con urgencia habrá de ser una realidad innegable: nosotros, la mayoría, estamos dispersos y divididos, somos una masa de seres humanos sumamente vulnerables frente a Estados capitalistas corporativos bien organizados y cimentados sobre bases que se presumen legales. A pesar de sus grandes diferencias internas, los mandatarios de los Estados corporativos representan un extraordinario bloque histórico y cultural organizado en torno a amplios principios de la preservación del poder mediante la expansión de la acumulación privada de ganancias en manos de unos cuantos gracias a la intensificada explotación de cada vez más trabajadores alrededor del mundo. Ese bloque ha fraguado una etapa más de crisis económica y ambiental, una crisis más peligrosa y de largos tentáculos. Mientras ese bloque se prepara para las consecuencias sociales de la ya avanzada crisis de sobreproducción podemos estar seguros de que sus intelectuales convencionales aplicarán viejos métodos para rescatar a su sistema y expandir sus métodos básicos y sofisticados de explotación de la mano de obra. Los esfuerzos del capital corporativo por escapar a las consecuencias económicas y financieras de la sobreproducción y la consecuente caída de las ganancias, agravada hoy día por muchos de los recientes excesos financieros, nos confrontan con la posibilidad de otra Gran Depresión y con condiciones proclives al caos social que advierte el reciente informe del Ministerio de Defensa del Reino Unido.

 

Socialismo o barbarie

John Sanbonmatsu, al igual que Gramsci como antecesor y en el espíritu de Rosa Luxemburgo e István Mészáros, reconoce que “muy pronto se hace tarde”. Hoy, como en el tiempo de Gramsci, enfrentamos desafíos urgentes en todas las facetas de nuestras relaciones políticas y sociales con el Estado capitalista corporativo; sin embargo, a diferencia del momento histórico que vivió Gramsci, estamos advertidos y, por ende, preparados. Enfrentaremos las innovadoras maniobras de los dirigentes de los Estados corporativos, pero a diferencia de Gramsci, Palmiro Togliatti y muchos otros que intentaban comprender la formación del Estado fascista, reconocemos el esquema estructural, los patrones generales y las razones históricas para la formación del “corporatismo”.

Si queremos, podemos levantarnos sobre los hombros de los gigantes y dar un enorme paso mediante el importantísimo legado de Gramsci plasmado en Cuadernos desde la cárcel. A partir de esa idea, haríamos bien en prestar atención a la advertencia de un fascista reciente, Augusto Pinochet, quien afirmó que la circulación de las ideas de Gramsci en América Latina era de lo más peligrosa (http://soc.qc.cuny.edu/gramsci/news/newslet2.html). No necesitamos mejor recomendación para revisar el pensamiento de Gramsci en torno a la formación de un nuevo orden alternativo.

La inquebrantable evaluación crítica de Gramsci sobre la tradición intelectual marxista hasta su desarrollo en el tiempo que le tocó vivir, aunada a su perspicaz y penetrante evaluación de errores personales y colectivos de interpretación de la teoría y su aplicación práctica, da paso a un estudio admirablemente completo de la teoría y su aplicación que bien puede servir como punto de referencia para nuestro urgente proyecto formativo. Como sucede a lo largo de las obras Elementos fundamentales para la crítica de la economía política y El capital de Marx, Gramsci nos presenta el esquema básico y la aplicación de su método analítico. A medida que volvía a incursionar en la filosofía de la praxis para demostrar y criticar sus procedimientos, la llevaba de nuevo a la mesa de debate gracias a una implacable evaluación crítica en pleno crisol de aquel momento histórico.

Una reflexión más profunda sobre el pensamiento y el momento histórico de Gramsci obliga a recordar que en las tres primeras páginas de la introducción al Príncipe posmoderno John Sanbonmatsu hace referencia a lo amorfo de la izquierda hoy alrededor del mundo, observación que, al igual que a él, me lleva inmediatamente a la siguiente pregunta: ¿Quiénes serían los agentes activos en diversos sectores sociales capaces de contribuir a darle forma y cómo podrían trabajar con mayor eficacia?

El problema de crear un nuevo estrato de intelectuales radical… en la elaboración crítica de actividad intelectual que existe en cada persona… hacia un nuevo equilibrio… que se encuentra en la perpetua innovación del mundo físico y social, transformándose [por ende]en la base de una nueva concepción integral del mundo. (SPN, p.9)

La izquierda ha generado una tradición histórica y filosófica de pensamiento y acción creativa que haríamos bien en revisar y refinar con perspectiva crítica. A pesar de no ser excesivamente popular, no haberse entendido del todo y haber sido objeto de ridiculización, la filosofía de la praxis está ahí para ser estudiada, aplicada y revaluada. Con su propia tradición cultural histórica, comprende el material para el estudio formal de su propio desarrollo histórico dialéctico. Mediante la aplicación práctica constante y revisión histórica, su proceso interno se presta para un método de laboratorio de investigación abierta y activa que reproduzca la indeterminación del mundo real. En este punto es que el desarrollo histórico de la filosofía de la praxis se convierte una pedagogía dialéctica de la praxis. Debido a su evolución histórica concreta y mediante su interpretación histórica práctica durante las luchas políticas, alienta la revisión de la circunstancia de su desarrollo que después puede ponerse a prueba como método formativo. A lo largo del proceso, agentes activos del cambio social e intelectuales orgánicos o tradicionales (“importados”) que internalizan el significado fundamental de Marx respecto a la idoneidad de formar al educador comprenderán mejor y con mayor claridad el potencial de un proceso de aprendizaje continuo, activo y autoexpansivo con base en el carácter mutuo del aprendizaje cooperativo motivado por el intercambio equitativo necesario para fraguar el intercambio entre el avance de la teoría y la solidez de la práctica.

En todas y cada una de las etapas de desarrollo de la teoría de la praxis, en la expresión gramsciana de su unidad orgánica, encontramos un reflejo del concepto de conectividad integral, formado por el contexto efectivo del marco social y el entorno de nuestras vidas, tal como se delineó a lo largo de la historia puntual de la actividad humana hacia la unidad social que debería existir pero que continuamente nos elude. La teoría de la praxis refleja la realidad de las relaciones sociales interdependientes que hay en nuestras vidas, pero puede no reconocerse o comprenderse del todo. El método de la teoría de la praxis reproduce esa percepción de unidad y desde todos los rincones de la constelación de su unidad orgánica efectiva, los intelectuales formados son cada vez más capaces de organizar actividades de análisis investigativo, interpretación y acciones dentro de una esfera interconectada de agencia humana. La teoría propone probar la validez de sus conceptos en una unidad móvil de sociedad organizada en un determinado modo de producción social. Así, la teoría en su expresión más simple, al punto que se resuelven sus tensiones dialécticas, supone su continua expansión y eficacia para explicar e interpretar relaciones reales.

Gramsci, dentro de la tradición marxista abierta y crítica y, a partir de ella, reconoció y explicó con toda claridad esta interacción dialéctica entre la agencia humana y la mutabilidad de la naturaleza humana, la reformación efectiva de los seres humanos en la naturaleza como resultado de su propia actividad cotidiana. En Cuadernos desde la cárcel presenta un claro esquema de su pedagogía integral. A modo de reflejo del alcance de la filosofía de la praxis, la correspondiente pedagogía debe reproducir, en su técnica formativa, el mismo método crítico y abierto de indagación, plenamente integrado a la teoría del conocimiento que propone generar.

Si bien en periodos iniciales de su desarrollo el método de Marx, según algunos de sus defensores, fue interpretado como un proceso teleológico y mecanicista, la enorme aportación de Gramsci a la filosofía de la praxis sería el regreso del reconocimiento de la dinámica indeterminada del proceso de la agencia humana a la teoría, su sincronización y la restauración del correspondiente proceso analítico, crítico y abierto a la teoría con la posibilidad de explicar y estudiar el movimiento dinámico no lineal en las cambiantes relaciones sociales del mundo real, abrir un espacio para las contingencias y así restablecer el potencial de autoexpansión de la teoría firmemente vinculado y fundado en el material histórico y la realidad cultural. Al mostrar cómo la naturaleza autoexpansiva del método de Marx surge de la interacción repetida entre la agencia humana informada y su evaluación crítica constante vinculada a la teoría relacionada, Gramsci ayudó a reinstaurar la vital conexión dinámica entre el mundo real de la actividad humana y la teoría dialéctica de la continuidad y el cambio que tiene las mayores posibilidades de explicar el movimiento constante dentro del cambiante horizonte de la creatividad humana.

Por lo tanto, mediante el proceso histórico dialéctico en teoría relacionado con la práctica puede estimularse, de manera prácticamente ilimitada, el potencial de crecimiento de la teoría. Dentro de sus realidades materiales intelectuales, la práctica conscientemente organizada que se somete constantemente a la mirada crítica del analista/activista con capacitación dialéctica tiene mayores probabilidades de enlazar una teoría de la expansión del conocimiento con la producción de nuevos conocimientos en una relación dinámica entre el practicante/teórico y el teórico/practicante que, en efecto, sintetiza la definición del nuevo intelectual vinculado en y con la unidad orgánica de la teoría y la práctica, y en su propia relación teórica y práctica con determinada formación histórica y cultural.

El elemento clave en el desarrollo y el fomento del intercambio dialéctico continuo teoría/práctica es la formación de sus protagonistas. Una nueva expresión social y manifestación de “unidad orgánica” solo adquirirá una forma política reconocible mediante la agencia colectiva y activa de nuevos intelectuales orgánicos que piensen, trabajen y sientan con aquellos a quienes se proponen llevar a funcionar como líderes. Los intelectuales “importados” que se adhieren y apoyan individualmente los esfuerzos en pro del cambio social pueden ser tan capaces y eficaces y, tal vez, en ciertos casos, incluso mejores que cualquier intelectual orgánico formado y capacitado; sin embargo, el resultado en el largo plazo será menos predecible al perderse continuidades importantes que pueden lograrse con procesos formativos concretos. Debo aclarar que la formación propuesta no se limita a la producción de un líder efectivo e instantáneo sino como lo implica Gramsci en las palabras “persuasión permanente”: un líder vinculado, comprometido y sintonizado en pensamiento con la vida del pueblo-nación. Debemos de reconocer que el intelectual orgánico separado o fuera de la esfera formativa del método de la teoría y la práctica quedará a la deriva y tenderá a funcionar como un pragmático tradicional bienintencionado. Tal vez ese intelectual orgánico advierta algunos de los aspectos de la filosofía de la praxis pero, ¿para qué dejarlo al azar? Hoy, a diferencia de agentes del cambio social que nos precedieron, no necesitamos ser autodidactas ni arriesgarnos a cometer los errores que esa práctica podría implicar. La formación del nuevo intelectual orgánico requerirá de la total interconexión del estudiante/practicante, vinculados en un proceso unitario de aprendizaje, inmersos en su comunidad y guiados por la teoría de la praxis.

La cuestión central que plantea John Sanbonmatsu adquiere fuerza y urgencia en nuestros días, tanto como le pareció a Gramsci en circunstancias parecidas durante la década de 1920, así que bien merece la pena repetir la advertencia de Sanbonmatsu en los primeros párrafos de su introducción al Príncipe posmoderno: “...muy pronto se hace tarde” (PmP, p. 9).

 

…tomar partido… ¿tomar partido? Sí, ¡tomar partido!

Si bien suelo reservar mis reflexiones finales para puntualizar ideas en torno al pensamiento de Gramsci y así lo haré antes de concluir el presente ensayo, quisiera agradecer al profesor Sánchez Cuadros citando un largo segmento de su ensayo Sobre lo que significa ser de izquierda, pues considero imperativo tomar partido.

“En la medida en que la derecha se radicaliza y las fracciones extremistas ganan terreno, ¿se puede no ser de derecha ni de izquierda? En la medida en que la articulación de una respuesta democrática con consenso social es una necesidad imperiosa y exige propuestas políticas precisas, así como generar las organizaciones que las pongan en práctica ¿se puede no ser de izquierda? Lamentablemente no es tan simple. La complejidad ha sido expuesta de manera brillante por Boaventura de Sousa Santos: ‘Algunos, al considerar que no tienen que explicitar de qué lado están, han cesado de preocuparse de dicho interrogante y han criticado a aquellos que sí lo hacen; a otros quizá las generaciones más jóvenes de científicos sociales, les gustaría responder a esta pregunta y por tanto tomar partido al respecto, pero han constatado, en ocasiones con angustia, la aparente y creciente dificultad de identificar posiciones alternativas concretas frente a las cuales sería imperativo escoger de qué lado se está. Ellos también son los más afectados por el problema que aquí constituye mi punto de partida: ¿por qué, si hay mucho para criticar –tal vez más que nunca antes–, resulta tan difícil construir una teoría crítica?’.

Varios temas surgen inmediatamente de esta reflexión de Santos:

  1. El problema de la tolerancia
  2. El problema del posmodernismo
  3. ¿Puede la izquierda ser liberal?
  4. ¿Es la izquierda necesariamente revolucionaria?
  5. ¿En qué consiste el socialismo? ¿Hay un socialismo del siglo XXI?

Temas que constituyen en sí mismos una agenda para la reflexión y la discusión tendiente a consolidar una propuesta consistente de izquierda.”

Habrá quienes, a título individual, “tomen partido”: algunos de manera pasiva, al aceptar el statu quo; otros de manera activa desplazándose más a la izquierda o la derecha. Sin embargo, nosotros, en la “izquierda”, debemos adoptar una “postura alternativa concreta” claramente identificable para quienes elijan tomar partido. Debemos ocupar un lugar y formar una postura a partir de la cual presentar al mundo la validez teórica y práctica de nuestra perspectiva. En este momento histórico debemos de aceptar las realidades de una larga lucha desde una posición de relativa debilidad que clama por los principios de la guerra de posición y formar el núcleo de un bloque histórico de la izquierda fundado en el consenso. No tiene que ser “difícil desarrollar una teoría crítica”, pero sí será muy difícil difundirla sin crear el marco formativo para sus futuros adalides.

Cierro esta respuesta con una referencia a las tres últimas líneas del ensayo de Fernando Sánchez Cuadros. A medida que revisamos el socialismo como punto de referencia y nos preguntamos qué habrá de ser el socialismo en el siglo XXI, necesitamos entablar un urgente debate en torno a cómo consolidar “propuesta(s) desde la izquierda” de carácter consecuente y congruente. Mi aportación a dicha consecuencia y congruencia, como se evidencia tras la discusión de la filosofía de la praxis según Gramsci y su método de la teoría y la práctica, es proponer un esfuerzo colectivo y no sectario desde la izquierda para organizar un programa preliminar a fin de formar nuevos intelectuales capacitados en la difusión de nuevos conocimientos en la humanidad conforme se integran a la trama de las relaciones sociales y se convierten en “fuerza material” para el desarrollo de un “nuevo orden civilizacional” pues, siguiendo el énfasis de Gramsci, “la hegemonía hecha realidad significa la verdadera crítica de una filosofía, su verdadera dialéctica” (SPN, p. 381). Será necesario enseñar explícitamente esta unidad dialéctica, aprenderla prácticamente y verificarla teóricamente. Si el leitmotiv del pensamiento de Gramsci ha de encontrarse en su “unidad temática”, como lo argumenta con agudeza Carl Boggs en la obra The Two Revolutions: Gramsci and the Dilemmas of Western Marxism, publicada en 1984, el elemento que identifica y expresa dicha unidad originaria del carácter orgánico como detonador de la espiral de nuevos conocimientos es la historicidad concreta del método dialéctico de la teoría y la práctica de Gramsci.

[El]... elemento “unitario” en la realidad nacional y local es la verdadera acción política concreta, la única actividad productiva del progreso histórico. Requiere de la unidad orgánica entre la teoría y la práctica, entre los estratos intelectuales y las masas, entre gobernantes y gobernados. (SPN, p. 190).

Carl Boggs apunta atinadamente que en Cuadernos desde la cárcel Gramsci nos enseña a interpretar y aplicar su método con precisión.

Estas ideas están permeadas de agradecimiento por el provocativo ensayo de Fernando Sánchez Cuadros, y van dedicadas a todos los jóvenes intelectuales orgánicos en ciernes, como el “pequeño bolchevique rojo”.



[1] Todas las referencias a los Cuadernos desde la cárcel en este ensayo pueden encontrarse en la edición inglesa titulada The Selections from the Prison Notebooks of Antonio Gramsci (SPN), editada y traducida por Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith, International Publishers, Nueva York, undécima impresión, 1992 y en www.marxists.org/archive/gramsci/prison_notebooks/selections.htm

[2] Todas las referencias al “Príncipe posmoderno” de John Sanbonmatsu (JS), The Postmodern Prince (PmP) pueden encontrarse en Monthly Review Press, Nueva York, 2004.

[3] “Las estructuras y las superestructuras forman un ‘bloque histórico’, es decir, el complejo, contradictorio y discordante conjunto de las superestructuras es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción” (SPN, p. 366).

[4] Aunque existe una rica historia de educación marxista a la que haremos referencia, dicha historia está fragmentada y no rara vez es sectaria y dispersa. Si bien no creo que debamos dedicarnos a reinventar la rueda, este ensayo señala de manera explícita mi percepción de las cosas en el momento actual.

[5] La denominación más precisa del capitalismo corporativo sería el “corporatismo”, según la definición de Giovanni Gentile, community.comcast.net/comcastportal/board/message?board.id=cityhall&thread.id=394680 

[6] Cabe notar que Gramsci no acepta de ninguna manera la transferencia directa del método científico, propia de las ciencias naturales, en el estudio de los procesos sociales y políticos de la historia humana. Al contrario, enfatiza que gran parte de su argumento en contra del mecanicismo del marxismo ortodoxo y el positivismo no marxista se basa en la adaptación innatural de las metodologías de las ciencias naturales al estudio de las actividades humana. No obstante, es igualmente importante recordar que las prácticas científicas adecuadas a las ciencias naturales constituyen un excelente ejemplo del proceso dialéctico que sirve como “primer modelo” del método de estudio de la teoría y la práctica.

[7] Estoy tan convencido de lo exhaustivo de la teoría de la educación tal como Gramsci la demuestra en sus textos desde la cárcel que trabajo en un ensayo que describe el proceso y pretendo desarrollar a partir, casi exclusivamente, de las palabras de este autor.

[8] Sugiero a quienes deseen realizar un estudio más profundo del proceso dialéctico en la filosofía de la praxis la lectura de todos los artículos en el número especial de Science and Society ya citado.

 



Fuente:


Sobre el autor

Atenea Acevedo es miembra de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

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LOS INCLASIFICABLES: 10/06/2008

 
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