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23/10/2017
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Más sobre libertad de prensa


AUTOR:  Vicente ROMANO


(Para Quintín Cabrera)

Con frecuencia se sobrevalora el poder de la prensa, pero a veces se minusvalora su miseria.
Karl-Hermann Flach (1967)


I

Las frecuentes invocaciones a la libertad de prensa y de expresión por parte de los medios dominantes inducen una vez más a comentar la situación concreta de esta libertad. En España la suele reclamar el emporio mediático del fallecido Jesús Polanco, que se ha erigido en referente nacional de la información veraz, imparcial y libre. Ejemplos destacados de su conglomerado de periódicos, emisoras de radio y televisión, editoriales, etc., son el diario El País y la cadena de radio SER, antigua cadena de la Sociedad Española de Radiodifusión.

El País quiere acentuar su libertad en el subtítulo de la cabecera: “Diario independiente de la mañana”. Tal vez pretenda decir que no depende de ningún partido político. Aunque así fuere, en absoluto es independiente de su Consejo de Administración, ante el que periódicamente debe rendir cuentas de sus beneficios o pérdidas. De ahí que sus invocaciones a la libertad de prensa y de expresión estén condicionadas por sus intereses. Así que, a la hora de aplicarlas en sus medios, esas libertades no rijan para quienes detenten o expresen ideas contrarias a esos intereses. La reciente expulsión del profesor Caros Fernández Liria de un debate de la SER por manifestar su opinión contraria a la oficial de la cadena con respecto a la libertad de prensa en Venezuela, donde el emporio Polanco tiene considerables intereses económicos, o la sesgada in formación de El País acerca de la situación sociopolítica de esta nación latinoamericana, sobradamente documentada por el periodista Pascual Serrano y el profesor José Manuel de Pablos, ilustran muy bien la hipocresía de estos medios.

Mas, tampoco hay que escandalizarse de esta hipocresía. Estos medios y los periodistas que trabajan en ellos están ahí para defender los intereses, esto es, el beneficio de sus propietarios. De lo bien o mal que los defiendan dependerá su salario y su puesto de trabajo. Por eso no hay que extrañarse de que atrofien la viga en el ojo propio e hipertrofien la paja en el ajeno. Los periodistas no sólo están sometidos a la jerarquía de mando que impera en estos medios. Como cualquier trabajador, tienen que vender su fuerza de trabajo para poder comer ellos y sus familias. Aunque, claro está, hay formas más y menos dignas de hacerlo.

A estos defensores de sus libertades e intereses habría que recordarles las palabras de Rosa Luxemburg, una “roja” tan roja que la asesinaron precisamente por expresar sus ideas en público. Ella decía que “libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es ninguna libertad. Libertad es siempre libertad para los que piensen de otra manera. No por el fanatismo de la ‘justicia’, sino porque todo lo vivo, sano y purificador de la libertad política depende de esta esencia y su efecto falla cuando la libertad se convierte en privilegio.”

II

El estudio de la comunicación social, término introducido por el Papa León XIII en su encíclica De rerum novarum, se pregunta por la autodeterminación del ser humano en la comunicación pública. Tiene por objeto la libertad, o falta de libertad, en los procesos comunicativos. Para avanzar en sus preguntas debe partir de las correspondientes concreciones mínimas de la autodeterminación y explotar sus posibilidades. De otro modo no obtendrá ninguna respuesta.

La lucha por la felicidad de la libre expresión va dirigida a la emancipación de la correspondiente heterodeterminación. Lo que ésta persigue es la integración en su sistema de valores y de dominio. De ahí que nieguen la emancipación y la combata. Véanse, si no, las informaciones difundidas sobre los movimientos de liberación en América Latina o en el resto del mundo.

En lo esencial, la invocación de estos medios a la libertad de prensa y de expresión es una comunicación unidireccional, no reversible. O, dicho de otro modo, comunicación de los pocos orientada al dominio de los muchos. En suma, y en su sentido más negativo, la manipulación propiamente dicha. Porque se manipula cuando se producen informaciones que no reflejan los intereses y necesidades de los consumidores, cuando se producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con la realidad social. De ahí que, parafraseando a Carl von Clausewitz, pueda decirse que la mayoría de las noticias son falsas.

La manipulación significa envolver de tal modo la información que desaparezcan las contradicciones. En contraste con la emancipación, que es liberación de la violencia, la manipulación es retención bajo la violencia. Por eso, la manipulación siempre está relacionada con el dominio. Siempre es un juego con el miedo humano a estar encerrado, el intento de dominar la accesibilidad.

A la manipulación pertenecen tres elementos:

a) el manipulable, esto es, aquél para quien la emancipación constituye una posibilidad.

b) el manípulo,

c) el manipulador.

III

En comunicación, libertad es sinónimo de accesibilidad. La libertad de prensa se reduce, en última instancia, a la libertad de acceso a la información, esto es, al conocimiento, y a los medios. De ahí que sólo la ejerzan los pocos que los poseen. Al carecer de medios propios para ejercerla, los muchos carecen de libertad de prensa y de expresión.

Entre los medios no sólo están los llamados medios de comunicación de masas, sino los espacios en los que se integra el sistema de dominio: iglesias, escuelas, locales deportivos, teatros cines, calles y plazas, lugares públicos, en los que se efectúa preferentemente el mantenimiento de la ley y el orden.

Se trata, como hemos dicho en otra parte*, de los lugares del tiempo, los espacios del encuentro, del contacto elemental humano, de la comunicación directa, no mediada ni mediatizada, o sea, libre. Este tipo de lugares de actividad simultánea parecen desaparecer cada vez más del escenario, ya sea en el trabajo, en público, o en casa. El capital y los poderes dominantes también los privatizan y controlan, coartando así la libertad de expresión. La tendencia económica apunta también en otra dirección: la de sustituir los lugares de comunicación intensiva por una profusión cada vez mayor de relaciones comunicativas tecnológicas. La privatización de los espacios públicos equivale a una expropiación del ciudadano, por suponer siempre una limitación al uso público, esto es, del populicus, del pueblo.

Lo que se persigue con la privatización y el control de los lugares del tiempo es lo mismo que con los medios impresos y audiovisuales: el monopolio de la comunicación, limitar a los espacios del intercambio comunicativo, o sea, la no libertad de prensa o de expresión.

Los medios que carecen de apertura impiden la comunicación. Per definitionem, la comunicación contiene el elemento de la reciprocidad. Contradice, pues, la voluntad autoritaria, que recurre a los medios de la violencia. Reciprocidad significa apertura a los otros. En la apertura de la comunicación se concreta el pensamiento cognoscente. Como es bien sabido, el conocimiento surge del juego entre dicción y contradicción, del diálogo enriquecedor.

Ahora bien, contemplando la producción actual de información y las limitaciones a la libertad, esto es, al acceso por parte de la inmensa mayoría de la población, puede decirse que se produce información para mantener la ignorancia.

Y, como decía Karl Marx: “La ignorancia jamás ha ayudado a nadie”**.


__________

* Vicente Romano: El tiempo y el espacio en la comunicación. La razón pervertid, Argitaletxe Hiru, Hondarribia (Guipúzcoa) 1998.

** Con estas palabras terminó Marx su discurso contra Weitling en la reunión del Comité de Correspondencia Comunista de Bruselas el 30n de marzo de 1846



Fuente: remitido por el autor

Artículo original publicado el 25 de Setiembre de 2008

Sobre el autor

Vicente Romano  es miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=5967&lg=es


LAS CRÓNICAS TLAXCALTECAS: 27/09/2008

 
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