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22/10/2017
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Regreso a las fuentes

IRÁN: ¿Se precipitará al vacío el gato que ha llegado al borde del precipicio?


AUTOR:  Slavoj ŽIŽEK اسلاوی ژیژک Σλαβοϊ ΖΙΖΕΚ

Traducido por  Gorka Larrabeiti


Cuando un régimen autoritario se acerca a la crisis final, su disolución suele pasar por dos etapas. Antes del derrumbe, se produce una ruptura misteriosa: de pronto la gente sabe que todo ha terminado y sencillamente ya no tiene miedo. El régimen no sólo pierde su legitimidad sino que su propio poder se percibe como una impotente reacción de pánico. Todos conocemos esa clásica escena de dibujos animados: el gato llega hasta el precipicio pero sigue caminando, ignorando que ya no hay tierra bajo sus patas; empieza a caer sólo al mirar hacia abajo en el momento en el que percibe el abismo. Cuando pierde su autoridad, el régimen es como el gato en el precipicio: está a punto de caer y tan sólo le falta acordarse de mirar hacia abajo.

En “El Sha”, un cuento clásico sobre la revolución de Jomeini por Ryszard Kapuscinski, se señala el momento exacto de esta ruptura: en un cruce de Teherán, un manifestante se niega a moverse cuando un policía le ordena hacerlo, y el policía, apurado, se limita a darse la vuelta; en dos horas toda Teherán sabía de este suceso y pese a que había habido enfrentamientos en las calles durante semanas, todo el mundo supo que el juego había terminado. ¿Está sucediendo ahora algo parecido?

Hay muchas versiones sobre los hechos de Teherán. Algunos ven en las protestas el clímax del “movimiento reformista” a favor de Occidente, en la estela de las “revoluciones de colores” de Ucrania, Georgia, etcétera –una reacción seglar contra la revolución de Jomeini-. Respaldan las protestas en cuanto primer paso hacia un nuevo Irán liberaldemocrático, liberado del fundamentalismo musulmán. A estos los contradicen los escépticos que piensan que Ahmadineyad ha ganado de verdad: él es la voz de la mayoría, mientras que el apoyo a Musavi llega de las clases medias y de su dorada juventud. En pocas palabras: dejémonos de ilusiones y afrontemos el hecho de que, con Ahmadineyad, Irán tiene el presidente que se merece. Luego están los que liquidan a Musavi en cuanto miembro del establishment religioso con diferencias tan solo aparentes con Ahmadineyad: Musavi quiere continuar con el programa energético nuclear, está en contra del reconocimiento de Israel, y encima recibió el pleno apoyo de Jomeini como primer ministro cuando la guerra contra Irak.


Kowsar Nikahang

Por último, los más tristes de todos son quienes apoyan a Ahmadineyad desde la izquierda: la verdadera cuestión según ellos sería la independencia de Irán. Ahmadineyad ha ganado por haber combatido por la independencia del país, haber desenmascarado la corrupción de las élites, y utilizado las riquezas petroleras para aumentar la renta de la mayoría de los pobres –éste es el verdadero Ahmadineyad, nos dicen, una imagen que va más allá de la que proyectan los medios occidentales de un fanático negacionista del Holocausto-. Siguiendo este punto de vista, lo que está ocurriendo en Irán es una réplica del derrocamiento de Mossadegh en 1953: un golpe financiado por Occidente contra un presidente legítimo. Esta lectura no sólo ignora los hechos: la alta afluencia a las urnas –desde un 55% hasta un 88%- sólo se explica con el voto de protesta. Pero revela también la ceguera hacia una demostración genuina de la voluntad popular, asumiendo con condescendencia que a los subdesarrollados iraníes, Ahmadineyad les va estupendamente, por no estar suficientemente maduros para tener una izquierda laica.

Por opuestas que parezcan, todas estas interpretaciones leen las protestas iraníes como un choque entre integristas islámicos y reformistas liberales pro-Occidente, lo que explica el motivo por el que encuentran dificultades a la hora de colocar a Musavi: ¿se trata de un reformista respaldado por Occidente que pide libertades personales y economía de mercado o bien de un miembro de las jerarquías religiosas cuya posible victoria no influiría seriamente en la naturaleza del régimen? Tan extremas y variopintas lecturas muestran que ninguna de ellas ha entendido la verdadera naturaleza de la protesta.

El color verde adoptado por los partidarios de Musavi, los gritos “Allah akbar” que retumban desde los tejados de Teherán al atardecer señalan nítidamente que se ven como seguidores de la continuidad con la revolución de Jomeini del 1979, como regreso a los orígenes, y eliminación de la corrupción que la sucedió. Este regreso a las raíces no se ve sólo en las reivindicaciones: afecta sobre todo al modo como actúa la muchedumbre: la unión enfática de la gente, su solidaridad omnicomprensiva, la autoorganización creativa, la improvisación en la manera de articular la protesta, la alianza sin par de espontaneidad y disciplina como esa amenazante marcha de miles de personas en completo silencio. Nos hallamos ante una sublevación popular auténtica de los desilusionados de la revolución de Jomeini.

Tendremos que extraer un par de consecuencias cruciales de este cuadro. Ante todo, Ahmadineyad no es el héroe de los pobres islamistas, sino un corrupto islamista-fascista-populista, una suerte de Berlusconi iraní cuya mezcla de pose de clown y despiadada gestión del poder está causando malestar incluso en el seno de la mayoría de los ayatolás. La distribución demagógica de briznas a los pobres no nos ha de engañar: dentro de él no hay solo órganos de policía y un aparato de relaciones públicas muy occidental, sino que también están los nuevos ricos, fruto de la corrupción del régimen [la Guardia revolucionaria iraní no es una milicia obrera, sino una megacorporación, el centro más fuerte de poder en el país].

Además, se debe establecer una diferencia entre los dos candidatos principales opositores de Ahmadineyad: Mehdi Karroubi y Musavi. Karrubi es, en efecto, un reformista: fundamentalmente proponer la versión iraní de política identitaria y promete favores a todos los grupos particularistas. Musavi es completamente diferente: se bate en nombre de la resurrección del sueño popular que sostuvo la revolución de Jomeini. Aunque este sueño era una utopía, habría que reconocer en él la utopía de la revolución, lo que significa que la revolución de 1979 no puede reducirse a una insurrección integrista: se trataba de mucho más. Es momento de recordar la increíble efervescencia de los primeros años después de la revolución, con una explosión asombrosa de creatividad social y política. Que esta explosión fuera sofocada demuestra por sí solo que la revolución era un auténtico acontecimiento político, una apertura momentánea que desencadenó una fuerza de transformación social inaudita, un momento en el que “todo parecía posible”. Lo que sucedió después fue un cierre paulatino debido a que el establisment islamista acaparó el poder. Para decirlo en términos freudianos, las protestas de estos días son “el retorno de la remoción” de la revolución jomeinista.

Por último, cabe decir que ello significa que hay un potencial de liberación en el Islam; para hallar un “Islam bueno” no hay que remontarse al año mil: lo tenemos aquí, ante nosotros.

El futuro es incierto; lo más seguro es que quien esté en el poder contendrá la explosión popular: el gato no caerá al precipicio, sino que volverá a pisar suelo firme. De todos modos, el régimen no será ya el mismo, sino que habrá un gobierno autoritario y corrupto, uno más. Sea cual sea el resultado, es de vital importancia que seamos conscientes de que hemos asistido a un gran acontecimiento liberatorio que no encaja en el esquema de la lucha entre liberales filooccidentales y fundamentalistas anti-Occidente. Si nuestro cínico pragmatismo nos hace perder la capacidad de reconocer esta dimensión liberatoria significa que en Occidente estamos entrando de verdad en una era posdemocrática, preparándonos para nuestro Ahmadineyad. Los italianos conocen ya su nombre: Berlusconi. Los demás esperan haciendo cola.


Fuente: Will the cat above the precipice fall down?

Artículo original publicado el 24 de junio de 2009

Sobre el autor

Gorka Larrabeiti es miembro de Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor, al revisor y la fuente.

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UMMA: 30/06/2009

 
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