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22/10/2017
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La Primera guerra mundial de las palabras. Palestine Think Tank y Tlaxcala declaran la guerra contra la desinformación

Sobre el antisemitismo


AUTOR:  Nahida IZZAT ناهدة عزة

Traducido por  Victoria Blanco y Manuel Talens


Aunque para muchas personas hablar de antisemitismo y acusar a alguien de antisemita es un asunto muy delicado, siento la necesidad de destacar algunos puntos: 

Como palestina y musulmana que ha sufrido el racismo en carne propia, tanto en el Reino Unido como en el territorio palestino ocupado, entiendo lo que significa vivirlo y, por lo tanto, me siento sumamente identificada con todos quienes sufren la amenaza del racismo y la discriminación, con quienes padecen abuso verbal, físico, emocional o de otro tipo sólo por el hecho de ser “diferentes”.

También comprendo el horrible sentimiento y la terrible sensación de estar sometida a sutiles miradas o comentarios racistas que sólo yo percibo, no la gente a mi alrededor.

Sin embargo, también advierto una enorme diferencia entre un comentario racista, dirigido a una persona o a un grupo por sus creencias, raza o lo que los vuelve diferentes, y un gruñido, un comentario despectivo o sarcástico en contra de una entidad ocupante criminal denominada “Israel” y su población a causa de sus CRÍMENES

Hay que saber distinguir entre la ira y la furia que, año tras año, han despertado décadas de crímenes espantosos, totalmente impunes, del ciego odio racista que aún pueda existir en una pequeña minoría, la cual, de todos modos y por propia naturaleza, odiaría lo que fuera y a cualquiera que fuese diferente. 

Además, esa entidad ocupante llamada Israel (una palabra que detesto pronunciar y suelo evitar) no es un ser teórico, ni funciona en el vacío; no es un concepto abstracto, pero tampoco un vacío conjetural.

Es una entidad operada por GENTE.

GENTE que toma decisiones.

GENTE que elige políticos.

GENTE que sirve EN SU TOTALIDAD a un ejército brutal.

GENTE que fomenta creencias, actitudes y acciones racistas.

GENTE que invadió la tierra de otros, los despojó, y ocupó dicha tierra por la fuerza

GENTE que encarcela niños y dispara a los corazones de bebés.

GENTE que destruye el patrimonio mundial.

GENTE que roba agua, tierra, mar y cielo.

GENTE que mata la esperanza, la vida, la belleza y las sonrisas.

GENTE que construye sus colonias sobre la sangre y las ruinas de otra gente.

Es una entidad en la que el 94% de la GENTE votó a favor del ataque contra Gaza.

Es una entidad en la que el 71% de la GENTE está deseosa de que USA ataque a Irán.

http://www.haaretz.com/hasen/spages/860903.html 

Es una entidad de GENTE que no ha respetado a NINGUNO de sus países vecinos.

Es una entidad de GENTE que vive en una tierra ROBADA desde hace más de seis décadas, sin mostrar signos de vergüenza, remordimiento, conciencia o deseo de admitir o reparar los daños que ha causado. 

Cualquier persona normal, con algo de compasión, expresaría una mueca de asco y repugnancia ante dicha entidad o dicha gente, capaz de cometer horrores tan viles. 

Por eso, me resulta difícil aceptar que una reacción así ante crímenes tan terribles –que cualquiera sentiría al escuchar los nombres Israel o israelí– sea un acto de racismo (antisemitismo).

Por otra parte, nosotros los palestinos no tenemos ninguna responsabilidad en los crímenes del holocausto, ni tampoco somos responsables del racismo europeo contra el pueblo judío. 

Asimismo, tampoco veo diferencia alguna entre los distintos tipos de racismo, incluido el racismo dirigido contra los judíos, conocido como antisemitismo. Si aceptamos que el racismo contra las personas judías es diferente, entonces estaríamos aceptando el absurdo racista de la “excepcionalidad judía”. El racismo es racismo; con muchas causas, pero con las mismas consecuencias.

Por lo tanto, no considero que el sufrimiento de los judíos (que fue realmente horrible) sea de un tipo exclusivo que deba ser venerado o visto como esencial o fundamentalmente distinto de cualquier otro sufrimiento; de la misma manera que no considero que nuestro sufrimiento, como palestinos, sea único o distinto de otro tipo de padecimientos. 

Se me agolpan las preguntas:

¿Por qué se nos recuerda constantemente a los palestinos los horrores del holocausto cuando no tuvimos nada que ver con él?

¿Por qué debemos sufrir los palestinos el mismo destino que las víctimas del holocausto a manos de aquellos que alardean mundialmente con la bandera del “nunca más”? 

¿Por qué querría la ONU imponer el estudio de la historia de los opresores y los ocupantes (holocausto) a los niños que se consumen en campos de refugiados, a esos niños que, junto a sus padres y abuelos, han sido víctimas de una limpieza étnica planificada y ejecutada por esos mismos a quienes, supuestamente, deben comprender? 

¿Por qué se nos relaciona constantemente con el antisemitismo, cuando durante sesenta años (en realidad un siglo) hemos sido víctimas incesantes del racismo más vil y maligno (una limpieza étnica que gradualmente se está convirtiendo en una especie de “solución final”), perpetrado por una población entera de sionistas racistas?

(Con toda franqueza, a veces imagino que hubiera sido mucho más simple y menos doloroso si nos hubiesen asesinado de inmediato con gas en vez de sufrir esta política de insoportable muerte lenta que hemos estado padeciendo durante más de un siglo). 

¿Cómo puede el mundo exigirnos que reconozcamos la “humanidad” de un colono que viene con su esposa e hijos armados hasta los dientes y, a punta de pistola, desaloja a una familia palestina, arroja afuera sus pertenencias y se instala en su casa? 

¿Qué tipo de “humanidad” es esa?

Y lo que es más importante, ¿por qué se nos pide con tanta insistencia que sintamos compasión por nuestros torturadores, que nos asesinan y humillan sin piedad, que intentan aniquilar a nuestra gente y nuestra historia? ¿Y por qué, con qué propósito, se nos pide que sintamos su “humanidad”, mientras que su cuchillo sigue clavado en nuestros corazones? 

Por último, no puedo hablar en nombre de todos los palestinos, pero sí en el mío, y debo admitir que los últimos acontecimientos en Gaza fueron la última gota que desbordó el vaso; antes solía pensar que aún había esperanza, que esa GENTE algún día tomaría conciencia de su “humanidad” y lamentaría el daño causado, pero lamento decir que, cuanto más veo de ellos, más me doy cuenta de que esta esperanza y este sueño son sólo una ilusión. 

He pasado los últimos años leyendo y debatiendo con muchos de esos sionistas “moderados” en los llamados “campos de la paz”, y lo único que he descubierto son grupos de personas arrogantes, incapaces de reconocer, de admitir o de querer rectificar los crímenes cometidos. 

Sólo les interesa la “paz” mientras les sirva para proteger sus intereses y para asegurar su posesión de la tierra robada. 

Además, hace muy poco tiempo y, por accidente, me topé con cierta información honorífica que revela la severidad del deterioro de la moralidad y la falta de humanidad entre esos sionistas RACISTAS (cuya intolerancia ideológica y chovinismo superan todo lo demás), que me sumió en un estado de shock durante días; llorando, temblando, asfixiándome con palpitaciones y sufriendo de graves ataques de pánico. Espero y rezo para que un día no muy lejano sea capaz de escribir sobre la terrible realidad que me causó tanta angustia y aflicción, que conmocionó mis principios y traumatizó mi esencia.

Sin lugar a dudas, la comunidad mundial debería dejar a las víctimas la decisión sobre la manera en que esos criminales serán tratados en el futuro. Sólo las víctimas pueden atravesar los senderos del perdón y del castigo. Las víctimas deberían tener la última palabra, con independencia de cuál sea su juicio, no deberían ser vilipendiadas, acusadas o juzgadas moralmente, puesto que ya han sufrido suficiente.

El perdón y la reconciliación requieren ciertas condiciones:

1) Detener los crímenes,

2) admitir la culpa,

3) pedir perdón, y

4) reparar el daño causado.

Ninguna de estas condiciones se considera una opción en esa poderosa sociedad racista y enferma.

En lo que a mí respecta, no poseo autoridad alguna para hablar en nombre de todos los palestinos, pero puedo decir con toda franqueza que NO deseo que los asesinos sionistas, aquellos que estuvieron involucrados de manera directa o indirecta en las masacres, el robo de la tierra, el sometimiento y la opresión, permanezcan en Palestina después de su liberación del ocupante. Excepto, desde luego, por aquellas pocas personas buenas que hay entre ellos, ya que ningún alma debe cargar con la responsabilidad de otra, no deseo que los racistas criminales, ocupantes e invasores permanezcan en Palestina, la tierra que han violado, destruido y maltratado sin cesar, y tampoco deseo que sean mis vecinos. 

No han mostrado respeto alguno, ni gratitud ni amor por esta tierra o su gente.

No merecen vivir allí.

Pero estos sentimientos son sólo míos, y sé que no he de ser yo quien tome la decisión.

Más sobre el antisemitismo

Me gustaría señalar algunos puntos más:

1) Israel se denomina a sí mismo Estado judío y, según él, actúa en nombre de todo el pueblo judío, por el pueblo judío. Goza además del apoyo moral y económico de la mayoría de las comunidades judías del mundo entero. Ante la ausencia de protestas o de desvinculación por parte de la mayor parte de los judíos, parece difícil que no haya quienes consideren que los judíos sionistas que viven fuera de la Palestina ocupada son culpables de complicidad y complacencia activa o pasiva, ya sea por guardar silencio o por ayudar y apoyar a los criminales.

2) Israel sigue gozando de la protección del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a través de los vetos de Washington ante cualquier resolución que pretenda sancionar la interminable lista de crímenes e infracciones del Derecho internacional por parte del Estado sionista y los criminales israelíes actúan con total impunidad, sin verse inquietados por ninguna jurisdicción. De manera inevitable, esta insufrible situación hace que aumenten la rabia y el resentimiento contra el doble rasero y el tratamiento especial que recibe Israel.

3) el uso excesivo del término antisemitismo:

a) por parte de los judíos sionistas, que lo utilizan para acusar a quienes no lo son;

b) por parte de los judíos sionistas buenos, que lo utilizan para acusar a los judíos antisionistas;

c) por parte de los judíos antisionistas, que lo utilizan para acusar tanto a judíos antisionistas como a quienes no son judíos de antisemitismo, y ello tan pronto como éstos se atreven a analizar el judaísmo con ojos críticos y le reprochan algunos aspectos, algunas creencias, actitudes o comportamientos.

Todo esto se ha combinado para crear una sensación de ausencia de libertad de expresión y, sin duda, también una sensación de vivir sometidos a lo que parece intimidación y control del pensamiento.

También se ha diluido el significado de la palabra antisemitismo, que ha perdido prácticamente todo su sentido primigenio. Hoy día se utiliza hasta la náusea, hasta lo absurdo, como un simple recurso retórico o bofetada ante cualquier cosa y cualquier persona, tan pronto como alguien intente analizar el menor de los hechos. Me temo que la palabra ha perdido su eficacia a la hora de definir una forma de racismo. Cuanto más la escuchamos de forma inapropiada, más indiferentes nos sentimos ante su uso futuro. Lo peor es que, Dios no lo quiera, podría incluso suceder que se volviese como un búmeran contra quienes la usan. El cuento de Pedro y el lobo resulta en este punto demasiado familiar.

Por eso, desde el fondo de mi corazón les diré lo siguiente a todos mis amigos judíos interesados en impedir que reaparezca el verdadero antisemitismo y a aquellos israelíes a los que aún les quede humanidad:

1) En vez de perder el tiempo tratando de encontrar "humanidad" en los criminales israelíes, utilicen sus energías para desenmascarar los crímenes israelíes y mostrar su carácter inhumano;

2) Desvincúlense por completo de esa entidad y proclamen su nulidad con todas sus fuerzas;

3) Abandonen la idea de que el antisemitismo es un caso especial de racismo; condenen cualquier racismo sin la menor ambigüedad;

4) Traten de analizar la situación desde el punto de vista de quienes no son judíos, quienes no aceptarán ni comprenderán la insistencia en el carácter único del sufrimiento judío, puesto que desde la Segunda Guerra Mundial el mundo ha sido testigo de las masacres de millones y millones de seres que no eran judíos. El mundo está lleno de odio contra los musulmanes, no contra los judíos;

5) Con todo el amor de mi corazón, con mis sentimientos más sinceros y puros, les pido que hagan introspección y busquen comprender por qué están convencidos de que el mundo debería aceptar el racismo que padecen como peor o diferente y por qué piensan que su sufrimiento es único y diferente del de los demás, ya que no es así como el mundo lo ve. Todos los sufrimientos tienen el mismo valor para quienes lo padecen y todo racismo tiene las mismas consecuencias; por ello, todos deben ser condenados con el mismo encarnizamiento;

6) Quienes apoyamos la causa palestina vamos a ser inevitablemente acusados de antisemitismo, lo cual no nos vuelve antisemitas, porque sabemos muy bien que no lo somos; por eso, las falsas acusaciones y los alegatos falaces no nos van a asustar ni a disuadir ni tampoco nos impedirán hacer lo que consideramos justo;

7) Y, por último, por favor, no se ofusquen cuando alguien señale algunos aspectos del judaísmo y de la cultura judía que quizá no les agrade o encuentren incompatibles con la humanidad, la igualdad o la imparcialidad, pues lo mismo les ha sucedido a otras religiones, sistemas de creencias y culturas, que lo aceptaron sin problemas, ya que a eso se resume la libertad de pensamiento y de palabra: todos tenemos derecho a analizar, criticar y cribar lo que parece estar dificultando el desarrollo moral humano, siempre que lo hagamos sin ofender, calumniar o avasallar, buscando la verdad de forma respetuosa, académica, genuina y bien intencionada.

P.S. Sé que lo que acabo de decir puede parecer muy fuerte, poco familiar o doloroso de escuchar, pero es lo que siento y estoy convencida de que la confianza sólo puede construirse hablando con claridad y honradez.

La lengua árabe tiene un dicho: “sadeequka man sadaqak, wassaddaqak”

 Es decir, “Tu verdadero amigo es aquel que es honrado contigo y te cree”.

En árabe, honradez se dice sidq y amigo sadeeq. Ambas palabras comparten la misma raíz, sa-da-qa: “dijo la verdad”.

Con todo mi amor, como siempre,

Nahida

Para leer otras entradas de esta Primera guerra mundial de las palabras, pinche aquí

 


La Primera guerra mundial de las palabras es una iniciativa de Palestine Think Tank y Tlaxcala.

Los autores que deseen participar pueden enviar sus textos a
contact@palestinethinktank.com y a tlaxcala@tlaxcala.es.

Fuente: Palestine Think Tank

Artículo original publicado el 7 de octubr de 2009

Sobre la autora

Victoria Blanco y Manuel Talens son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a los traductores y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala:
http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=8890&lg=es


LAS FICHAS DE TLAXCALA: 07/10/2009

 
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