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20/12/2014
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Conflicto en Congo: ‘El Terminator’ nada en la abundancia mientras las fuerzas de paz observan


AUTOR:  David SMITH

Traducido por  Mariola Merino y revisado por Consuelo Cardozo. Editado por Fausto Giudice


La misión de la ONU en el Congo es la mayor operación de paz en el mundo, con un coste anual de $1,350 mil millones al año. Pero en lugar de poner fin a una epidemia de violación y homicidios, la fuerza de pacificación es acusada de apoyar activamente a aquellos a quienes pretendía poner en manos de la justicia.

Bosco Ntaganda
Bosco Ntaganda, líder de los rebeldes en Congo, a cuyas fuerzas se les imputan atrocidades en sus enfrentamientos bajo la insignia del ejército nacional, en un acuerdo respaldado por las fuerzas de pacificación de la ONU. Fotografía: Lionel Healing/AFP/ Getty Images

A primera vista no se percibe nada alarmante en el hombre que juega al tenis en el terreno rojizo del Hotel Karibu. Otros huéspedes en los terrenos del hotel pasean tranquilamente por el impecable césped, cenan en rondaveles (típicas edificaciones  circulares africanas) con los techos de paja o beben plácidamente al tiempo que admiran el lago Kivu.

Pero el despreocupado deportista en este oasis de lujo en medio de la pobreza de Goma, en la República Democrática del Congo, es un hombre que las Naciones Unidas preferirían que no existiera.

Bosco Ntaganda está perseguido por el Tribunal penal internacional (ICC en sus siglas en inglés) en La Haya por reclutar y enviar a combatir, supuestamente, a niños menores de 15 años. También se le acusa de dirigir tropas responsables de masacres sobre la población civil, con las que se ganó el apodo de “El Terminator”.

Sin embargo Ntaganda, a quien se le suponen unos 36 años de edad, no sólo permanece en libertad sino que ejerce de general en un ejército que cuenta con el respaldo total de la misión de paz de la ONU en el Congo, conocida como MONUC (Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo). Este hombre es la personificación de lo que, según los críticos, es ‘un pacto con el diablo’. Mientras que los ojos del mundo están distraídos con guerras en Afganistán y otros lugares del mundo, muchos creen que las colinas boscosas del este del Congo están siendo testigo de otro capítulo vergonzoso de las fuerzas de paz de la ONU,  junto a los impotentes despliegues en Srebrenica y Ruanda.

Pérdida de confianza
“Ya no puedo confiar en la MONUC ”, decía una enfermera a la que robaron a punta de pistola el mes pasado cuando se disponía a atender a civiles heridos. “Les pedimos ayuda pero contestaron que no era su trabajo. Les pedimos un convoy que nos acompañara al pueblo pero no hicieron nada para protegernos.”

La enfermera, que no quiso dar su nombre por miedo a represalias, trabaja en el hospital Heal Africa de Goma, donde se atienden a numerosas víctimas de agresiones. Este hospital recibió el año pasado la visita de la secretaria de estado estadounidense, Hillary Clinton. Pero ni siquiera un hospital es inmune a los excesos ilegales del ejército congolés respaldado por la MONUC.

“Dos hombres con uniforme salieron de un campo de maiz y detuvieron nuestro coche” dijo la enfermera. “Uno de ellos traía un arma y nos apuntó. Nos preguntaron a dónde nos dirigíamos y contestamos que éramos enfermeras y que íbamos a Nyanbanira. Nos dijeron que les diéramos 1.000 dólares o nos quemarían el coche.”

“Les respondimos que era un vehículo para emergencias y que íbamos a buscar a ciudadanos heridos, pero no lo aceptaron. Abrieron la puerta y se llevaron al conductor. Nos quitaron todo el dinero, la comida y las herramientas. Nos podrían haber matado. Es sólo gracias a Dios que estamos aún con vida.”

Según esta enfermera, el incidente tuvo lugar cerca de la base de la MONUC. “Pero cuando les llamamos para decirles que nos habían asaltado, dijeron ‘Esto no es asunto nuestro.’ No es la primera vez que han fallado a la hora de socorrernos. No entiendo lo que hacen en el este del Congo.”

Con una fuerza de 18.500 cascos azules en el Congo, la ONU ha creado la mayor fuerza de pacificación mundial con un presupuesto de 1.350 mill de dólares al año. La MONUC ha estado proveyendo con raciones, transporte, combustible y armas de fuego al ejército del gobierno congolés (FARDC) en su operación contra un grupo exilado de la milicia Hutu ruandesa, las Fuerzas Democráticas para Liberación de Ruanda (FDLR), algunos de cuyos líderes tomaron parte en el genocidio del país vecino del Congo en 1994.
Pero el ejército congolés se encuentra acusado de atrocidades contra el pueblo al cual supuestamente debe defender. En una serie de informes condenatorios, Human Rights Watch (Observatorio de los Derechos Humanos) ha documentado cientos de homicidios y miles de violaciones. Algunas de las muertes fueron especialmente atroces: civiles decapitados, descuartizados con machetes, golpeados con palos, disparados mientras huían o quemados vivos en sus hogares. La mayoría de las vícitmas fueron mujeres, niños y ancianos.

Varias ONG, como Oxfam, se han unido a la condena presentada por el Observatorio de los Derechos Humanos a la MONUC por apoyar un ejército con sangre en las manos.

Según un informe filtrado del Grupo de Expertos enviado por la ONU, las operaciones militares habían “exacerbado la crisis humanitaria.” En el diario británico The Guardian, Eve Ensler, autora y fundadora de V-Day, movimiento global para acabar con la violencia contra las mujeres y las niñas, afirmaba que “las fuerzas pacificadoras de la ONU (MONUC) no están manteniéndose al margen, observando pasivamente las masacres, sino que están en realidad apoyando a los perpetradores.”

Existen razones políticas para explicar por qué en el ejército congolés está escaseando de manera tan dramática la disciplina militar. Ha estado combatiendo y perdiendo contra el general renegado Laurent Nkunda, un señor de la guerra de etnia Tutsi, supuestamente apoyado por Ruanda. Pero hace un año, el Congo y Ruanda firmaron un acuerdo secreto que llevó a su arresto.

El ejército congolés entonces legitimó y absorbió abruptamente al grupo de milicia de Nkunda, el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP).

Juntos apuntaron sus armas hacia las FDLR. Era necesario un compromiso, según la ONU, ya que éste podría finalmente dar al gobierno la fuerza suficiente para establecer el orden en este vasto y caótico país.
“La realineación del CNDP ha sido probablemente el desarroyo más significativo aquí durante 15 años”, declaró Matthew Brubacher, un delegado de asuntos políticos del MONUC. “El año pasado, antes del acuerdo, el CNDP estuvo a punto de tomar Goma. Si no puedes vencerles, no está de más incorporarlos. No se les puede vencer militarmente así que ¿cuál es la alternativa? ¿Preferirían las ONG que un grupo militarmente autónomo continuara siendo más fuerte que el ejército?”

Difícil fusión
Pero la fusión ha resultado ser todo menos fácil, con el rechazo de muchos de los anteriores miembros del CDNP a abandonar sus antiguas prácticas.

Lyn Lusi, directora del programa Heal Africa, de nacionalidad británica, declara: “En el proceso de paz tomaron a todos los bandidos, a la milicia y a los asesinos de todos y cada uno de los grupos y les dieron un uniforme, diciéndoles ‘Ahora sois el ejército oficial.’ Así que, ¿qué se puede esperar?”

“Sé que los soldados profesionales de la FARDC están disgustados con esto. Ahora se les ha puesto en un mismo lote junto a bandidos y criminales. Hay buenos soldados profesionales en la FARDC que están deseando una oportunidad y ayuda para limpiar su ejército.”

Lusi añadió que la misión de la ONU no comprendió del todo la realidad del terreno. “Creo que el MONUC no era consciente de lo que todo el mundo en el Congo era consciente. La MONUC lleva a cabo soluciones de despacho. Están sentados en sus oficinas de todo el mundo diciendo, hagamos esto, apoyemos al ejército nacional. Pero cualquiera que conociera bien al ejército nacional habría dicho que eso no es suficiente.”

Las tensiones han aumentado debido a las envidias en las filas, la falta de entrenamiento y al impago del sueldo a muchos ex-soldados del CNDP, quienes posteriormente volvieron a saquear. La MONUC afirma que está trabajando para resolver estos problemas.

En el pueblo de Kanyabayonga, un teniente coronel del ejército hindú, que es el mayor contingente pacificador de la ONU en el Congo, con más de 4.000 tropas en el país, declaró: “Hubo un problema con el personal integrado, que no recibía su salario. Un batallón se rebeló, comenzó a disparar una noche y quemó tres casas. Nuestro comandante permaneció toda la noche para dialogar con los soldados y se resolvió el asunto.”

El coronel, que deseó permanecer en el anonimato, añadió: “La FARDC se dió cuenta de que tenía que pagar a los soldados. De modo que los generales están reaccionando a estos asuntos. Las cosas están cambiando en la práctica pero la instrucción llevará tiempo.”

Pero para otro pueblo, Luofu, a 90 millas al norte de Goma, esa disciplina, ni llegando ahora llegaría con suficiente rapidez. El pasado año, rebeldes de las FDLR quemaron unas 1.000 viviendas, dejando a los habitantes únicamente el mixto ejército congolés como recurso para pedir ayuda. Según Gilberd Bouyenge, sacerdote católico, ahora la situación de los vecinos del pueblo no es mucho mejor.

“No existe otro ejército, así que debemos confiar en ellos. Algunos violan, pero no todos”, dijo.

La MONUC ha intentado supervisar el comportamiento del ejército más estrechamente, a pesar de que sus agentes pacificadores están distribuidos de forma muy dispersa en una zona del tamaño de California.

En Luofu, Kyalwahi Daniel, a quien obligaron a permanecer fuera de su hogar mientras los rebeldes violaban a su mujer, afirmó que la presencia de las fuerzas pacificadoras está marcando una diferencia. “Desde que la MONUC está aquí, los soldados tienen miedo de intimidar a los civiles. Saben que la gente acudiría a la MONUC y ésta enviaría un informe negativo a su comandante.”

Personas desplazadas
Existen tímidas señales de que lo peor puede haber quedado atrás. Los agentes de pacificación sobre el terreno afirman que han visto disminuir la violencia durante los últimos 6 meses y que el gobierno congolés y los mandos militares están tratando finalmente los temas de violencia sexual de forma seria, atrapando y castigando a los infractores.

Las cifras de la ONU muestran que la cantidad de personas desplazadas internamente en el norte de la provincia de Kivu descendió de 1.100.000 el pasado mes de julio a 109.000 hacia finales de diciembre. Las repatriaciones oficiales de ruandeses se triplicaron el año pasado, a medida que se producían más rendiciones de rebeldes de las FDRL.

La fuerza de las FDLR se estima en unos 4.000 hombres y se cree que cuenta todavía con el control de muchas zonas mineras, beneficiándose de la riqueza mineral del Congo.

El presidente del Congo, Joseph Kabila, ha declarado que la guerra está un “90% terminada” y ha realizado un llamamiento a la MONUC para que abandone el país a tiempo para el 50º aniversario de su independencia de Bélgica en junio. Este acontecimiento se presenta demasiado optimista. La MONUC acaba de comenzar una misión revisada que, consciente de pasadas críticas, únicamente apoyará al ejército en las operaciones que la MONUC ayude a planear.

El británico Alan Doss, jefe de la MONUC, reconoció que el ejército congolés era culpable de abusos contra los derechos humanos.
“Sí, algunos elementos del ejército congolés, en particular varios de los nuevos elementos integrados, han estado involucrados en atrocidades. Nosotros mismos informamos de ello y expresamos nuestra preocupación a las fuerzas armadas congolesas y a sus superiores, y hemos retirado el apoyo de la unidad allí donde presentamos estas alegaciones.”

Ante la pregunta de si la MONUC se había precipitado demasiado a la hora de dar su repaldo al ejército, Doss respondió: “Quién sabe, quizá cuando miremos atrás dentro de unos años, diremos sí, se cometieron errores, eramos conscientes de que todo era muy precipitado.”

“Pero depende del contexto en el que nos situemos. Debemos recordar que el consejo de seguridad (de la ONU) había estado presionando al gobierno para pactar con la rebelión del CNDP y también con las FDLR.”
Doss añade: “Cualquier operación va a tener, desgraciadamente, un impacto sobre la población civil. La cuestión es qué es lo que intentamos hacer aquí.”

“Por supuesto que no encontramos satisfacción alguna en el asesinato de personas y la violación de mujeres, pero esta parte del país nunca estará en paz a menos que pactemos resueltamente con grupos armados y sí, claro, impongamos disciplina en las FARDC.”

Aún así Ntaganda, requerido legalmente por crímenes de guerra, está activo en un ejército apoyado por una fuerza de pacificación de la ONU. “Hemos dejado bien claro que no tendremos nada que ver con él y lo hemos cumplido. Lo ideal es que todas las personas que estuvieron involucradas en violaciones de los derechos humanos fueran entregadas pero recuerde de dónde está saliendo este país. No se pueden tratar todos los asuntos inmediatamente. Hay que ser realistas en esto. El proceso de integración es una tarea aún en proceso.”

Algunos calificarían estas afirmaciones de pragmáticas en un país desolado por la guerra durante generaciones, mientras que otros las tacharían de un compromiso muy sucio.

Kabila, sin embargo, no intenta tratar con tacto la situación del país. El presidente congolés admitió de manera rotunda: “¿Por qué optamos por trabajar con el Sr. Bosco, una persona buscada por el Tribunal Criminal Internacional? Porque queremos la paz ahora. En el Congo, la paz debe llegar antes que la justicia.”


Fuente: guardian.co.uk home Congo conflict: 'The Terminator' lives in luxury while peacekeepers look on

Artículo original publicado el 5 de febrero de 2010

Sobre el autor

Mariola Merino, Consuelo Cardozo y Fausto Giudice forman parte de Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora, la revisora, el editor y la fuente.

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MADRE ÁFRICA: 03/03/2010

 
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