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Lanzamiento de la cadena de televisión France 24 - El polo audiovisual exterior francés: una travesía accidentada, un dispositivo caótico, una visión etnicista


AUTOR:  René Naba, 6 de diciembre de 2006

Traducido por  Paz Gómez y revisado por Manuel Talens


Demos la bienvenida como es debido a semejante acontecimiento y no escatimemos en palabras de aliento: el dispositivo audiovisual exterior francés ya está en marcha gracias al lanzamiento de France 24, la cadena de televisión francesa de información continua, y a la adopción de la carta de sus siervos. Ardientemente deseada, esta renovación audiovisual no se ha visto mínimamente contestada en cuanto a sus principios, tanta era la necesidad que de ella se tenía, tanto la vetustez del dispositivo era patente, tan manifiesta la erosión de la posición francesa en su estrategia interior, sobre todo en el mundo arabomusulmán. Más allá de divisiones partidistas, la renovación debería dar lugar a la determinación de los poderes públicos de «enarbolar la bandera» tras un eclipse de cerca de un cuarto de siglo.

Los operadores y los oyentes francófonos o francófilos, testigos impotentes del naufragio del dispositivo francés, deberían poder sentir ahora sino orgullo, al menos alivio.

Después de las guerras de Afganistán (2001) e Iraq (2003), USA lanzó dos vectores de comunicación transregionales «Radio Sawa» y la cadena televisiva «Al-Hurra», que se superponen a los grandes vectores de comunicación transfronterizos (CNN, ABC, NBC, CBS, Fox News, etc), mientras que la cadena panárabe «Al-Jazeera, líder mediático incontestable de la esfera arabomusulmana, emprendía en noviembre de 2006, diez años después de su triunfal lanzamiento, la segunda fase de su desarrollo gracias a la puesta en marcha de una cadena anglófona. En el mismo periodo de 18 años, Francia ha producido seis informes en los que presentaba reformas destinadas al polo audiovisual exterior, es decir, una media de un informe cada tres años (Informe Michel Péricard 1987, Informe Alain Decaux 1989, Informe Francis Balle 1995, Informe del senador Jean Cluzel 1996, Auditoría Blolch-Lainé 1996, Informe Imhaus 1997, Informe Brochand 2002).

La cadena internacional francesa posee una estructura paritaria compuesta por capitales públicos (France Télévisions) y privados (TF1). La última revisión del proyecto prevé la división del dispositivo en dos cadenas: una internacional (que emitiría en francés e inglés) y una arabófona con capitales mixtos francomarroquíes que emitiría desde Tánger, mediante conexión con la radio francomagrebí Médi 1.

El proyecto anterior para la cadena internacional, principalmente arabófona, preveía un dispositivo con capitales mixtos francoárabes, procedentes principalmente del Golfo petrolero. Las variaciones estructurales en cuanto a los capitales del proyecto parecen responder esencialmente a razones de comodidad personal de los dirigentes franceses, más que a consideraciones estratégicas basadas en el interés nacional.

Francia dispone en el ámbito televisivo de varios vectores de proyección internacional de estructura paritaria (TV5 y la cadena francoalemana ARTE) y de otros tres en el ámbito radiofónico (RFI, RMC-MO, Médi 1 y Africa N°1), diseñados en función de la «teoría de los grupos de audiencia». Sin embargo, hasta la creación de France 24, Francia no contaba con ningún vector con plena soberanía en su ejercicio en el ámbito planetario. Tras diez años de tribulaciones mediáticas, el polo audiovisual exterior francés presenta una travesía accidentada, acompañada de un dispositivo caótico que reposa, en el ámbito radiofónico, sobre una contratación basada en una visión etnicista.

Por otra parte, y a juzgar por la renovación precedente, el proyecto radiofónico realizado hace 10 años, en 1996, con la incorporación de RMC-MO [Radio Monte Carlo-Oriente Próximo] a RFI y su integración en el edificio de la «Casa de la Radio» en París, la máxima debería ser, si no la circunspección, al menos la prudencia.

-La situación caótica de principios del siglo XXI en Francia en el ámbito de la comunicación internacional, que pretendía ser la panacea que diese solución a los males crónicos del sector audiovisual, ha puesto sobre todo al descubierto los principales defectos de la gestión francesa, confirmando asimismo la esclerosis que aqueja a los circuitos internos de decisión.

-La operación, que supuestamente dinamizaría la reorganización mediática de Francia, ha resultado ser un contrasentido diplomático y mediático en el plano internacional, debido a la estructura paritaria de su capitalización financiera y a la fuerte tutela ejercida por el Eliseo, responsable de la constitución del grupo directivo.

A modo de mutación estratégica, el proyecto radiofónico del polo audiovisual francés ha sido sometido a una operación de «cirugía estética» superficial. Así, la puesta en marcha de un vector propio del siglo XXI se ha visto remplazada por el mero formateo de una radio nacida en los años setenta. La conjunción de las tediosas burocracias de la RFI y del sectarismo clánico de la RMC-MO hace imposible la reforma y aún más la atribución de una dimensión mundial a la única radio francesa con vocación internacional.

La reestructuración, operada sin tener en cuenta el contexto audiovisual y político de la región, según la más pura tradición burocrática y de improvisación, y sin la menor audacia innovadora, ha oficializado la división tradicional de la emisora y ha establecido una situación que perjudicará durante mucho tiempo la imagen de la radio. La restauración de la hegemonía de un grupo durante mucho tiempo al mando de una radio cuya gestión está completamente desacreditada y cuya reputación está marcada con el sello del escándalo, no denota voluntad de renovación, salvo que en ello se vea la marca de una habilidad extrema.

En los altos cargos de la sección arabófona, reestructurada hace tan sólo diez años, se han sucedido en tan sólo tres años dos directores generales, dos directores de información, dos de publicidad (HMI y Tihama), dos responsables de Administración General y Relaciones Humanas. De esta manera, el organigrama de la emisora cuenta con la impresionante cifra de dieciséis responsables por treinta periodistas, lo que representa el 50% del personal, un récord mundial absoluto.

Dada la gran simpatía de la que Francia goza en el mundo arabomusulmán, debido a su defensa de la legalidad internacional en el asunto iraquí, ésta ha decido dotarse con una cadena de información continua con el fin de oponerse a la hegemonía anglousamericana y de hacer llegar su disonancia en el concierto unanimista particularmente atronador desde la intervención militar contra Iraq. La tardanza de este proyecto no lo hace menos encomiable. No obstante, existe la inquietud de que la conducta dual francesa, tanto en el plano político como en el mediático, dote al proceso de esta misma duplicidad, atenuando tanto los beneficios de su posición legitimista, como su credibilidad en el plano diplomático.

En el pulso planetario que opuso Francia a USA durante la guerra de Iraq, el excepcional discurso del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, ante el Consejo de Seguridad el 14 de febrero de 2003 no tuvo mucho peso frente a la realidad aplastante de que quienes entonces llevaban las riendas de la diplomacia de la primera potencia militar contemporánea eran ciudadanos afrousamericanos, signo evidente de una mayor fluidez social.

Sin demasiadas consideraciones doctrinales ni grandes declaraciones triunfalistas, USA, a pesar de ser conocido por su violencia social, ha colocado regularmente en los puestos importantes del aparato estatal y en momentos decisivos de la historia del país a personalidades provenientes de la minoría negra o de la inmigración. Así, Condoleezza Rice y Colin Powell, precedidos del afrousamericano Ralph Bunch, Secretario General adjunto de la ONU en 1948, el general libanousamericano John Abizaid, jefe del Mando Central de USAen un área de competencia que va desde Afganistán al Golfo Pérsico, o el afgano Almay Khalilzadeh, procónsul usamericano en Afganistán (2002) y en Iraq (2005).

Ni ninguna construcción intelectual, por muy elaborada que esté, ni ningún hecho histórico, por muy prestigioso que sea, podrían competir con esta verdad tan valorizante para el Tercer mundo, a pesar del belicismo propio al gobierno de Bush hijo, y que revela por oposición la patología francesa. Tres miembros del último Gobierno de la era de Chirac presidido por Dominique de Villepin fueron necesarios para poner en marcha el principio de igualdad en sus varias vertientes, la cohesión social, la paridad hombre-mujer y el fomento de la igualdad de oportunidades entre franceses de pura cepa y franceses naturalizados, a pesar de que dicho principio de igualdad es uno de los tres principios fundadores de la República, ratificado como bien común de la Nación desde hace más de dos siglos. Parece como si el laicismo, concepto único en el mundo, se hubiera forjado para servir de tapadera al chovinismo recurrente de la sociedad francesa. Las concesiones que episódicamente otorga, a modo de premio de consolación, no a los que más lo merecen sino a los más dóciles, más que atenuar esta política discriminatoria, subrayan el rigor de su perfecta contradicción con el mensaje universalista francés, dejando a Francia expuesta a dolorosos reveses.

Oponerse a USA en nombre del multilateralismo y del «diálogo de culturas», preconizar la apertura al tercer mundo, pero practicar una política de cierre con respecto a la población francesa producto de la inmigración, proponer, tan sólo y parcamente, asientos de segunda para los ciudadanos franceses de origen inmigrado, a diferencia de los asientos de palco de la envergadura de Condoleezza Rice y Colin Powell, los dos jefes principales de la diplomacia de origen afrousamericano, es síntoma cuanto menos de una cultura del desprecio y de la irresponsabilidad, que ha contribuido en mucho al descrédito de Francia bajo el reinado de Chirac.

El mayor riesgo que acecha a Francia no es la marginación (resultado de una diplomacia que debía haber establecido una nueva relación con el mundo arabomusulmán tras un siglo de política colonial calamitosa), sino su exclusión como resultado de su comportamiento inconstante.

Durante la nueva guerra de Iraq, Radio France Internationale (RFI), el principal operador radiofónico francés, fue el primer difusor de emisiones religiosas anglosajonas destinadas al mundo arabomusulmán, el principal portavoz de las tesis de la coalición anglosajona y su principal proveedor de servicios en la región. Triple récord difícilmente igualable.

De esta manera, la RFI se ha beneficiado de una financiación usamericana del orden de 2,2 millones de euros anuales por las prestaciones de servicio realizadas para vectores usamericanos como Trans Worl Radio (961.971,33 euros) y Broadcasting Board of Gouvernors, BBG, la autoridad tutelar de los vectores usamericanos (1.249.961,04 euros), cantidades que representan cerca de la mitad de la subvención concedida por el Quai d’Orsay a la radio francesa [1]. Dado lo que hay en juego, la contribución financiera usamericana ha resultado ser alienante para una radio de soberanía y, lo que es más, para Francia. Así el chef de un mundo multipolar ha quedado reducido, bajo estas circunstancias, al simple oficio de pinche de cocina.

El acuerdo francousamericano supone un contrasentido diplomático debido a que desnaturaliza la esencia misma de la radio francesa, ya que al despreciar el principio del laicismo y de la neutralidad del Estado, la convierte en el principal portavoz del proselitismo religioso anglosajón destinado al mundo arabomusulmán, en un momento crítico en la historia de las relaciones araboccidentales y en el paroxismo de la ofensiva de los predicadores neoconservadores del gobierno republicano contra el conjunto arabomusulmán. Dicha ofensiva se materializó en la guerra de Afganistán, en 2001, y en la guerra de Iraq, en 2003, así como en la definición de un eje del mal articulado en torno a Irán y Siria, dos países musulmanes.

La licencia acordada a los predicadores anglosajones en la radio francesa y la subcontratación de VOA (Voice of America) acreditan la idea de un vector francés convertido en caballo de Troya de la política usamericana en la región. A pesar de las consecuencias perjudiciales de esta política, la jerarquía del polo radiofónico exterior (RFI RMC-MO) se felicitó públicamente por la exclusividad de una entrevista con el primer ministro británico Tony Blair, prédica que ilustra su trágico desconocimiento de las realidades de la región. De esta manera, la elección de Londres de pasar por una radio francesa (y no por el prestigioso servicio arabófono de la BBC), su mensaje político hacia Iraq, su viejo coto de caza privado arrebatado por los franceses tras el derrocamiento de la monarquía iraquí en 1958, así como la elección de USA de transmitir su predicación religiosa a través de un difusor francés, parecen estar destinados principalmente a tachar a sus socios adversarios franceses de complicidad y duplicidad. Tanta ingenuidad, e incluso vanidad, nos deja aún más perplejos si tenemos en cuenta que una de las consecuencias inmediatas del éxito de la ofensiva anglousamericana ha sido la evicción de Francia de Iraq, país que históricamente constituye el mayor logro de la diplomacia gaulliana de la segunda mitad del siglo XX.

En el contexto de la ofensiva anglousamericana contra el mundo arabomusulmán, en un momento en el que los medios de comunicación ingleses y usamericanos concluían su despliegue geoestratégico en la región, Francia mantuvo una actitud propia del pasado y marcada de tintes xenófobos en lo que respecta al sector de la comunicación y sobre todo al polo audiovisual. Desde la Cumbre de la Francofonía celebrada el 19 de octubre de 2002 en Beirut, la jerarquía radiofónica ha procedido en dos tiempos (el 29 de octubre de 2002 y en los meses de febrero y marzo de 2003) a la exclusión de unas veinte personas, colaboradores de la estación de confesión musulmana casi en su totalidad, en un proceso que contradice el «diálogo de civilizaciones» preconizado por el Presidente francés Jacques Chirac en el congreso de Beirut.

La primera exclusión tuvo lugar el 29 de octubre de 2002, una semana después de la Cumbre de la Francofonía, y privó al principal vector arabófono de Francia de la colaboración de algunas de las más prestigiosas voces del mundo árabe, desacreditando paralelamente a la emisora. Entre los intelectuales árabes que quedaron fuera de las ondas arabófonas se encontraban, principalmente, Nawal Saadawi (Egipto), escritora conocida por sus combates por los derechos de las mujeres, y el poeta palestino Samir Al-Qassem. Los mismos a los que se rogará que intervengan en la emisora Monte-Carlo con el fin de pedir la liberación de Florence Aubenas, la periodista francesa secuestrada en Iraq en enero de 2005.

La segunda exclusión tuvo lugar en febrero de 2003, en pleno debate del Consejo de Seguridad sobre Iraq. Esta operación cerró la decapitación editorial de la emisora con el despido del redactor jefe central, RIAD Mouassass y de su adjunto, ambos de nacionalidad siria, así como del único colaborador iraquí de la emisora. El motivo del despido del iraquí fue la falacia de que había afirmado que Jacques Chirac era el «jefe del Frente del Rechazo a la guerra contra Iraq» y el del despido del redactor jefe, otra falacia, el que hubiese pedido autorización a sus superiores para participar en un debate televisivo.

Este desbarajuste vino acompañado, curiosamente, de un refuerzo concomitante de la presencia maronita que arrasó así con cinco de los sietes puestos de responsabilidad en la jerarquía arabófona (entre ellos con el de director de antena y con el de director de programación) y con una tercera parte del resto de los puestos. Cediendo al tropismo maronita, la jerarquía fortaleció la hegemonía de este clan en la emisora de radio y estancó a la emisora francesa en el atolladero confesional libanés, transformándola casi en una radio comunitaria. Con esto, se acreditaba la idea de que Francia seguía cultivando el juego de las minorías en Oriente Próximo y de que salvo los maronitas, ninguna otra confesión es digna a sus ojos.

Si es legítimo que la dirección se rodee de colaboradores sino devotos a su causa, al menos leales a ella, asimismo es sensato el considerar el grado de competencia de los trabajadores como uno de los criterios para su contratación. Un vector internacional necesita tanto un equipo digno de la confianza de su audiencia, como un equipo que albergue devoción para con la propia jerarquía interna. Ni competencia y lealtad son términos contradictorios en lo que respecta al personal, ni la pertenencia a una determinada religión representa una prueba rotunda de aptitud profesional o, menos aún, de francofilia.

Volver a colocar en los puestos de poder al grupo de personas responsable de las derivas mercantiles de la emisora y de su escandalosa reputación plantea el problema sino de la connivencia, al menos de la capacidad de discernimiento reinante en la jerarquía. Esta purga antiislámica, juntamente con unos métodos de gestión enérgicos propios de otros tiempos (tal y como la autorización de salidas del personal previa entrega de una demanda escrita solicitando autorización) [2], acentúa las acusaciones de clanismo, sectarismo y comunitarismo de las que la emisora es objeto con especial virulencia, especialmente tras la puesta en funcionamiento del polo radiofónico exterior en 1996.

La bunquerización del polo radiofónico arabófono alrededor de un fuerte núcleo maronita (la minoría cristiana libanesa de más peso) explicaría la actuación de la emisora en su tentativa de establecerse en Beirut, a pesar de la gran amistad que el ex primer ministro libanés Rafic Hariri profesaba por el Presidente Jacques Chirac. Esta bunquerización ha hecho mella en la credibilidad de la posición gaullista de la diplomacia francesa y ha provocado un importante descenso de la audiencia de la emisora. Un sondeo realizado en 2003 sitúa a la radio francesa a la cola del pelotón de las grandes emisoras de radio internacionales, con un resultado irrisorio en los principales puntos de articulación en los cuales la emisora está presente en Oriente Próximo, incluido el Líbano, donde ocupa la dieciseisava posición con un índice de audiencia del 5,5% [3].

La jerarquía cuenta con el mayor índice de rotación de un equipo editorial en la historia del audiovisual exterior, con no menos de trece despidos de cargos directivos en la sección arabófona (tres redactores jefes, siete redactores jefe adjuntos y tres responsables de programación) efectuados bajo el mandato del primer presidente del polo radiofónico exterior. Un comunicado de la intersindical del personal de la RMC-MO dirigido a las autoridades tutelares, el 6 de diciembre de 2004, acusa a la jerarquía de haber practicado «una política irresponsable, arbitraria y de clientelismo» al haberse entregado a la realización de «despidos orientados».

El que Francia se erija en protectora de las minorías oprimidas es en sí mismo eminentemente elogiable y honorable, pero el que se erija en madrina exclusiva de los maronitas es revelador de la mengua de sus ambiciones en el mundo árabe, salvo que consideremos esta tolerancia como una recompensa encubierta otorgada a esta comunidad para compensarla por el gran apoyo que el presidente Chirac concedió a su amigo Rafic Hariri, ex primer ministro musulmán sunita libanés, asesinado en Beirut el 14 de febrero de 2005.

En lugar de reflexionar con seriedad sobre la naturaleza de sus obligaciones y de asumir la responsabilidad de estas decisiones y de sus consecuencias desastrosas tanto para la radio como para la imagen de Francia en el mundo árabe, la jerarquía de la RFI responsabiliza de su fracaso en la obtención de una frecuencia radiofónica en Beirut a una supuesta «quinta columna» [4]. Así, a los «empleos ficticios» sucede la innovación, por parte de los jerarcas, de la noción de «responsabilidad ficticia».

Jean-Paul Cluzel, arquetipo de los «chicos de Juppé» que poblaron la alta administración durante la breve estancia del que fue alcalde de Burdeos en el Gobierno (1995-1997) y que además fue nombrado cabeza del holding en enero de 1996, ha batido un récord de longevidad aprovechando la coyuntura de la cohabitación socialistogaullista. Sin embargo, cuando las elecciones presidenciales del 2002 se acercaban y el resultado del escrutinio se presentaba incierto, Cluzel multiplicó su candidatura a diversos puestos en el sector audiovisual (AFP, CSA, TV5), en una tentativa evidente de cubrirse las espaldas.

Deontológicamente inconveniente, esta bulimia candidatural ha perjudicado la imagen de la alta función pública, ya que ha acreditado la idea de que el vector para el que dicho funcionario debía trabajar es como mucho un mal menor, un trampolín para la consecución de otras posiciones más valiosas. Inconveniente psicológica y socialmente, el frecuente lanzamiento de los enarcas [clases dirigentes que han estudiado en la Escuela Nacional francesa de Administración, ENA], a veces no relacionados en manera alguna con la información o incluso con la comunicación, a la cúpula del dispositivo internacional audiovisual se ha asemejado, en esta última década, a una balsa de gente pudiente en un contexto de fractura social. Todo ello justifica, a posteriori, el descontento popular con respecto a la colisión enárquica de las élites francesas y a su ceguera política, lo que explica en parte la afrenta electoral del poder de Chirac. En último lugar, inconveniente estratégicamente esta agitación de naturaleza arribista se hace presente de manera molesta en un momento en el que los grandes competidores anglosajones y árabes proceden a tomar posición tras los atentados antiestadounidenses de septiembre de 2001, a través de la contratación a un alto precio de periodistas consagrados, sin que el criterio etnicoprofesional sea el factor determinante para su selección.

Tanto la BBC, como los medios de comunicación uisamericanos, así como las prestigiosas cadenas transfonterizas árabes (Al-Jazeera, Al-Arabia) recurren con frecuencia a colaboradores de confesión musulmana, o a cristianos no necesariamente maronitas, sin que dicha pertenencia religiosa reduzca su competitividad, su credibilidad o su lealtad con respecto a la empresa para la que trabajan o a su país de adopción. Bajo esta óptica, debemos constatar que la contratación sobre una base etnicocomunitaria parece ser una especificidad francesa, la huella de la supervivencia de una mentalidad colonial.

Debido más a un bloqueo político en el plano interno, que a una reorganización del sector audiovisual en el plano internacional, no se penalizó a dicho personaje por sus avatares, sino que se le ascendió a la presidencia de Radio France a finales de su quinta candidatura. Jean-Paul Cluzel registró a su paso por la emisora un récord difícilmente igualable de tres huelgas en ocho años, una media de una huelga cada treinta meses [5] en RFI y diecinueve días de huelga del personal en Radio France en el primer año de su nuevo mandato (2004-2005). La primera de las huelgas tuvo lugar en marzo de 1997, el día de la caída de Kinshasa (Zaire) a manos de Laurent-Désiré Kabila; la segunda, entre febrero y marzo de 2003, en pleno debate diplomático francousamericano sobre la guerra de Iraq y la tercera cuando se votó la ley sobre los signos religiosos en Francia, en la época del debate internacional sobre las armas de destrucción masiva iraquíes, lo que dejó a Francia sin voz en estos momentos claves de la actualidad.

Un acto de protesta contra sus prácticas discriminatorias y una huelga general de tres semanas en la RMC MO, que condujo a la dimisión de sus protegidos, fueron la respuesta a la partida de Cluzel de la RFI. Su sucesor, Antoine Schwartz, se cuidó bien de batir el anterior récord, con dos huelgas en un año, llevando al Eliseo y al Quai d’Orsay a calificar al nuevo pupilo de un «error de casting» [6].

En lugar de ser considerados como los puntos neurálgicos de una guerra diplomática de dimensiones culturales, los diversos cargos del aparato audiovisual exterior suelen hacer las veces de sinecura para ciertos enchufados. Las «buenas frecuentaciones» fundadas en afinidades intelectuales, regionales o sentimentales, constituyen en Francia una de las catapultas socioprofesionales más potentes, mucho más importantes, en todo caso, que el plano de la competencia o la experiencia, afirman, pruebas en mano, dos periodistas, Sophie Coignard y Marie-Thérèse Guichard, en una severa requisitoria de las prácticas francesas [7].

El que un vector con vocación de trampolín para el esplendor cultural francés en el mundo árabe haga las veces, debido a una tergiversación increíble, de captación por parte de un clan familiar, el que dicho dispositivo mercantiloclánico perdure durante tres décadas, transformándose a veces en tribuna política de los protagonistas del conflicto libanés o de las transacciones comerciales (de lo que dan testimonio los documentos adjuntos en el anejo de mi obra Aux origines de la tragédie arabe, Ediciones Bachari 2006) y el que esta excrecencia haya podido escapar a la vigilancia de la autoridad tutelar, bastan para explicar la regresión del sector mediático francés.

Francia, país que estaba a la cabeza del sector de los medios de comunicación en el mundo euromediterráneo a principios de los años setenta, paradójicamente se encuentra treinta años más tarde y a pesar de la ventaja indiscutible que la herencia gaullista representa, a la cola de los grandes países occidentales, habiendo sido suplantada incluso por las nuevas potencias de la región, como Arabia Saudita, o incluso por el pequeño estado de Qatar, gracias a la cadena transfronteriza «Al-Jazeera». En los años 1980-1990, en un momento en que la competencia internacional se equipaba poniendo en órbita grandes vectores transcontinentales de difusión por satélite, el sector audiovisual exterior francés, a imagen de su clase politicoadministrativa, se estancaba en veinte años de fardeo y de pelas, de desbarajuste, de compadreo, de clientelismo y de nepotismo. Francia no se ha recuperado nunca de esta loca etapa sancionada por sonoros escándalos judiciales y por el colapso de su dispositivo audiovisual exterior.

Sin embargo, nada hacía esperar que el sector audiovisual exterior francés acabaría así. Nada excepto ese falso celo de excepción francesa, la famosa especificidad que se convertirá rápidamente en especiosidad. Nada excepto, y por encima de todo, una propensión al «management panique», por retomar la expresión del sociólogo Michel Crozier [8]. Un comportamiento atentista, de espera, en el que la elección de soluciones ad hoc prevalece generalmente sobre el reglamento, un comportamiento pusilánime en el que la audacia de la anticipación se ve frenada por la quietud generada por la podredumbre de una situación en la que la serenidad y la racionalidad ceden el paso, con frecuencia, al frenesí y a la improvisación resultado de un ambiente de catastrofismo.

Con un retraso de un cuarto de siglo con respecto a la veterana emisora usamericana, Francia lanza su propia cadena de información continua, siguiendo el modelo de la cadena planetaria CNN, en un momento en el que grandes vectores transfronterizos anglosajones o árabes cruzan el espacio euromediterráneo. Veinte años después de la puesta en marcha de este proyecto, la reforma del dispositivo audiovisual exterior francés se estanca y se debate entre las restricciones presupuestarias, la incertidumbre de la política y la indecisión de sus consejeros, todos ellos afanados, sin embargo, en la apasionada búsqueda de una mítica «cadena escaparate» que devuelva el lustro de antaño a Francia. Peor todavía. La reorganización del aparato exterior que pretendía ser uno de los grandes logros de la presidencia de Chirac, ha tenido como resultado un dispositivo anacrónico que contradice el «diálogo de culturas» que Francia se proponía lanzar en la Cumbre de la Francofonía en Beirut: una sección arabófona con una estructura etnocomunitarista teñida de clanismo y desprestigiada debido al apoyo al proselitismo religioso estadounidense, a través de la prestación de servicios a la radio metodista usamericana Trans World Radio. En contra de toda expectativa, el polo radiofónico exterior toma parte en la lucha de los grupos fundamentalistas usamericanos para la espiritualización del mundo según el esquema occidental, y contribuye así a imponer los valores usamericanos a través de la globalización, en detrimento de los propios intereses de Francia y de su especificidad cultural.

Los promotores de la nueva cadena internacional francesa deberían considerar como una advertencia el colapso de la RMC-MO, prefiguración regional del fiasco planetario de Vivendi Universal e ilustración trágica de una «gestión a la francesa». Ahora que Oriente Próximo es el teatro de un nuevo vaivén en su historia, Francia debe acabar de una vez por todas con esta situación para que los promotores aficionados a dichas prácticas no resulten ser, posteriormente, los principales sepultureros de la causa francesa. A no ser que la opción de Francia sea una prolongada marginación, los avances anglosajones deben llevarla a cuestionar seriamente su política audiovisual, ya que la competencia representa nada menos que la determinación de poder de la nueva jerarquía en los futuros equilibrios regionales resultantes de la recomposición del paisaje regional en el sector informativo y partiendo del orden cultural.

Jacques Chirac aborda la recta final de su carrera con un balance dudoso: su responsabilidad está clara en lo que concierne al naufragio del polo audiovisual exterior que él mismo se ha encargado de pilotar a distancia, con consecuencias desastrosas comparables por su impacto al hundimiento de la flota francesa en Tulón en 1942. Su proyecto insignia de una cadena de información continua se torna irrisorio debido a sus múltiples baches y averías bajo forma de una ecuación corrosiva «CII= Complemento inútil e irrealizable» [9].

El decano de los jefes de Estado occidentales, el cacique de la vida política francesa, se retira, dejando a su paso: el devastador paisaje de un campo en ruinas en lo político y lo diplomático, el recuerdo de la trayectoria de un hombre ambicioso pero sin visión de futuro y la herencia del modelo de una política de munificencia aparente, además de un regalo para la edificación de las futuras generaciones, el relato inquietante de la carbonización de un nobelizable, índice sintomático de la tragedia cultural de la Francia de hoy día, demostración irrefutable de la inanidad de un determinado tipo de posición declamatoria a la francesa.

Notas

1 - Informe del Consejo de Administración para la asamblea general de accionistas en el ejercicio del año 2003, a fecha de junio de 2004, página 4: La RFI alquila a Trans World Radio (TWR), radio de la iglesia metodista usamericana, una hora de máxima audiencia en las antenas de onda media de RMC-MO, para la difusión de emisiones religiosas destinadas al mundo árabomusulmán. Estas emisiones diarias, de una duración media de una hora y treinta minutos, se emiten en inglés y en árabe, y están destinadas a un área que cubre los lugares más sagrados del Islam, La Meca (Arabia Saudí), Qom (Irán), Al-Azhar (Egipto), Nadjaf y Karbala (Iraq), es decir, un área en la que se encuentran los más importantes focos de integrismo fuera del sector Pakistán-Afganistán. La RMC-MO lleva prestando servicio a los medios usamericanos desde junio de 2002, fecha en la que ya se perfilaba la campaña de Iraq, encargándose del mantenimiento del equipamiento necesario para la difusión de los vectores usamericanos desde Chipre.

2 - «RMC Moyen-Orient fait dans le social dur», véase el periódico satírico «Le Canard Enchaîné» N° 4389/ 8 de diciembre de 2004.

3 - Informe del Consejo de Administración bajo el ejercicio 2003, a fecha de junio de 2004, op. citada página 2. En Jordania, la RMC ocupa la sexta posición (5% de audiencia, a pesar de su presencia en la frecuencia FM) y en Siria la quinta (9,7% de audiencia). Por último, el informe señala de manera sibilina que «se ha efectuado un estudio cuantitativo en Qatar» sin mencionar ni la posición, ni el índice de audiencia. Parece que un pudor tal se explica por el hecho de que la RMC no estaba a la cabeza en la lista de éxitos de Qatar, sino que ocupaba más bien una de sus últimas posiciones.

4 - Declaraciones de Jean Paul Cluzel, director general de la RFI, al periódico libanés «An-Nahar» a fecha de 21 de octubre de 2002. ¿Complacencia o condescendencia? La jerarquía del sector audiovisual exterior ha practicado a menudo la confusión de géneros entre información y operaciones de relaciones públicas con dividendos comerciales. Durante la guerra iranoiraquí (1980-1989), confió la presentación del noticiario nocturno, particularmente audible en Bagdad, a un periodista que contaba con ventajas diplomáticas dadas sus funciones en la misión iraquí en París, corriendo el riesgo de exacerbar aún más las relaciones francoiraníes del momento. Durante la nueva guerra de Iraq (2003), el cónyuge de uno de los responsables de la emisora era uno de los colaboradores más directos de un importante embajador de un emirato petrolero en París, conocido por su hostilidad hacia Iraq, Siria e Irán, corriendo así el riesgo de exacerbar más las relaciones de Francia con Siria e Irán. A pesar de los votos de desconfianza del personal de la emisora, estos nombramientos se mantuvieron, sin que ni en uno ni en otro caso la autoridad tutelar se plantease la cuestión de la pertinencia de dicha proximidad-complicidad y sus consecuencias en la política editorial de la emisora, partiendo de la credibilidad del papel de Francia desempeñaba en la zona. Hasta el punto de que se plantease la cuestión de saber si el empeño antisirioiraquí manifestado durante la guerra de Iraq en 2003 no tenía relación con la situación matrimonial del Sr Depuradora que pretendía, de esta manera, saldar por cuenta del empleador de su cónyuge los conflictos relativos a las rivalidades interárabes.

5 - RFI/Huelga: tres huelgas entre 1996 y 2004, es decir, una media de una huelga cada 30 meses, récord mundial absoluto. La primera de ellas tuvo lugar en marzo de 1997,el día de la caída de Kinshasa (Zaire) a manos de Laurent-Désiré Kabila; la segunda, entre febrero y marzo de 2003, en pleno debate diplomático francousamericano sobre la guerra de Iraq, la tercera cuando se votó la ley sobre los signos religiosos en Francia y en la época del debate internacional sobre las armas de destrucción masiva iraquíes, dejando así sin voz a Francia en momentos claves de la actualidad. Mientras que la BBC estaba preparada tres meses antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el sagrado usamericano, habiendo concluido con Dubai a fecha de 19 de junio de 2001 un «online partnership» por el cual la cadena inglesa se convertía en el proveedor exclusivo de informaciones y programas de las administraciones públicas y de las empresas privadas de la zona franca del principado. Además de concluir acuerdos de cooperación con Nile Sat y Arabsat, la BBC se elevó al rango de socio ineludible de los operadores de la región, líder indiscutible de los medios transcontinentales en Asia occidental y meridional, una zona de gran tensión en la que se encuentran los principales países petroislámicos (Arabia Saudita, Irán e Iraq), las potencias atómicas del tercer mundo de elevada densidad demográfica (India y Pakistán) y Turquía, Afganistán y los países musulmanes de Asia central.

6 - De Rififi a RFI, de Lauriane Gaud, véase el semanal satírico «Le Canard Enchaîné» del miércoles 25 de mayo de 2005. Por su parte, el presidente Chirac, que había apoyado todas las candidaturas del señor Cluzel durante la época de la cohabitación socialistogaullista (1997-2002) imponiendo su reelección en contra de los candidatos que precedieron al Primer Ministro Lionel Jospin cada vez que su mandato se vio renovado, reservaría comentarios poco graciosos al nuevo presidente de Radio France. «Chirac de Cluzel: +il est trop con celui-là+ Cluzel attendu au tournant de la Maison Ronde» (Chirac dijo de Cluzel:+ no veas si es tonto éste+ Cluzel esperado a la vuelta de la Casa Redonda, la Casa de la Radio en París) de Annick Peigné Guily, véase el periódico francés Libération del 3 junio de 2004, así como Libération del 18 de noviembre de 2005 para el sondeo de Médiamétrie [sociedad francesa encargada de realizar mediciones de audiencia].

7 - Véase (en francés) : «Les bonnes fréquentations, histoire secrète des réseaux d’influence », Sophie Coignard y Marie Thérèse Guichard, Editions Grasset (1995) et LP9 Le livre de poche N.°14.443.

8 - Véase (en francés) : Michel Crozier avec Bruno Tilliette : «La crise de l’intelligence », Essai sur l’impuissance des élites» à se réformer-Inter-éditions Mars 1995.

9 - Véase : «CII, la CNN à la française en panne, un complément inutile et infaisable» (CII, la CNN a la francesa, averiada, un complemento inútil e irrealizable), Libération del 25 de junio de 2005 de Rápale Garrigos e Isabelle Robert. La última fase del proyecto prevé una división del dispositivo en dos cadenas, una internacional (francés e inglés) y otra arabófona de capitales mixtos francomarroquíes que emitirá desde Tánger.


Sobre el autor

Paz Gómez Moreno y Manuel Talens son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Talens es asimismo miembro de Rebelión. Esta traducción puede reproducirse con fines no comerciales, a condición de respetar su integridad y mencionar a los autores y la fuente.

 

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LIMPIAMENINGES: 06/12/2006

 
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