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24/08/2019
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Nasser revive


AUTOR:  Thierry DERONNE

Traducido por  Juan Vivanco


Agosto de 2007. La Cumbre Social de Caracas acoge a los hijos de Gamal Abdel Nasser y de Patrice Lumumba. Abdul Hakim Nasser recuerda las condiciones difíciles en que su padre inició la revolución egipcia en los años sesenta y su afán por implantar la enseñanza gratuita, como hoy en Venezuela. Roland Lumumba denuncia «el monopolio privado de los medios, ese muro de Berlín entre los pueblos del Sur». Durante su entrevista con el presidente venezolano, los africanos lo relacionan inmediatamente con las luchas de sus padres por la independencia. Nasser le da las gracias por su claro apoyo al pueblo libanés durante la agresión de Israel: «En los países árabes le consideran un héroe». «Sabemos lo que siente, en profundidad, el pueblo árabe» les contesta Hugo Chávez, «es preciso que renazca con fuerza la tesis del socialismo árabe desarrollada por Gamal Nasser».

Los carteles que juntan a Nasser con Chávez en las calles de Beirut recuerdan lo mucho que tienen estos dos hombres en común. Pasión por la revolución francesa. Rebelión contra la miseria y la dependencia de su pueblo. Probidad personal. Ambos emprendieron sin baño de sangre, sin terror, reformas agrarias, vastas campañas de educación, la nacionalización de la banca, de industrias, de recursos petroleros. Es verdad que Nasser limitó las actividades de los partidos políticos. No así Chávez, legitimado en diez elecciones validadas por los observadores internacionales. En política exterior se aprecia una continuidad entre la Conferencia de Bandung (1955), que consagró a Nasser como uno de los dirigentes de los no alineados, y la política multipolar de los venezolanos —Petrosur, Telesur, Banco del Sur—. La Unión de Repúblicas del Sur de América preconizada por Chávez recuerda a la República Árabe Unida de Nasser.

El parecido no se detiene ahí. Los dos procesos soportan la misma propaganda occidental. Un reciente artículo de Le Monde Diplomatique (1) recuerda que cuando Israel ocupó el Sinaí en 1967, los periodistas franceses acusaron a Nasser de agresión. De nada sirvió que el general De Gaulle, aislado, explicara que «Israel organiza la ocupación en los territorios que ha conquistado, lo que no puede hacerse sin opresión, represión ni expulsiones; y contra él surge una resistencia a la que tacha de terrorista». Los periódicos franceses, de Le Nouvel Observateur a Le Figaro, hicieron pasar a Israel por una víctima de Nasser y sacaron a miles de manifestantes a la calle para aplaudir la guerra.

Una campaña idéntica, eficaz, quiere hacer pasar por «amenaza totalitaria» la revolución democrática de Chávez. El 7 de enero de 2007 Lamia Oualalou, en Le Figaro, deploraba que a la oposición venezolana le quedara «cada vez menos espacio para expresarse». El 8 de enero Les Échos denunciaba «el autoritarismo creciente de Chávez». El 9 de enero Le Monde atacaba con los «poderes especiales de Chávez». ¿Cómo están las cosas siete meses después?

No sólo «la última televisión independiente cerrada por Chávez» sigue emitiendo, sino que el 70 % del espectro radioeléctrico está en poder de la oposición, como la mayoría de las radios y la prensa escrita venezolana. Algunos de estos medios reciben ayuda económica de Estados Unidos (a través de la NED, tapadera de la CIA). Reuters, AP, CNN y Fox repiten sus «informaciones» por todo el mundo, lo cual explica que el 95 % de lo que se difunde en Francia sobre Venezuela sean opiniones de la derecha venezolana.

En cuanto a los «poderes especiales» otorgados por la Asamblea Nacional al presidente y presentados por estos medios como una «deriva autoritaria», simplemente han permitido acelerar las nacionalizaciones de la telefonía, la electricidad y las cuencas petrolíferas para fomentar el desarrollo nacional. En Venezuela, en septiembre de 2007, las calles vuelven a llenarse de discusiones, de asambleas populares sobre la nueva constitución que, de ser aprobada por referéndum popular en diciembre de 2007, va a instaurar el poder comunal como pilar del estado y la reducción de la jornada laboral. Le Figaro, Le Monde, Libération y Charlie-Hebdo ya tienen su versión de esta fiesta democrática y nos darán la tabarra con ella hasta diciembre de 2007: «Chávez presidente vitalicio». Uno de los artículos que se someterá al voto popular instaurará un derecho que ya tienen los ciudadanos del Reino Unido, Francia, España, Alemania, Austria, Irlanda, Italia y Portugal: el de reelegir al presidente o primer ministro cuantas veces se les antoje.

La democratización del espectro radioeléctrico, la administración participativa de los municipios y las políticas públicas, la bonanza económica, la disminución de la pobreza y la reconstrucción de los servicios públicos en Venezuela no interesan a la mayoría de los periodistas europeos. Destacaba Edward Said que desde los años cincuenta los estudios occidentales sobre la modernidad habían hecho caso omiso de los nacionalismos árabes, el Egipto de Gamal Abdel Nasser, la Indonesia de Sukarno, los nacionalistas palestinos, etc. (2). La izquierda que ve el telediario de la tarde prefiere el social-liberalismo de Lula y de Bachelet, o si acaso el «contrapoder» zapatista. Sin analizar el abandono de la reforma agraria en Brasil, el aumento de las desigualdades en Chile o la pérdida de influencia de Marcos en Méjico. Mientras el movimiento nasserista libanés se interesa vivamente por el modelo venezolano y el fortalecimiento del estado como regulador del mercado, esa izquierda postmoderna se recluye en una visión parcelaria y en la apropiación multicultural (mis trabajadores, mis mujeres, mis indígenas…). Incapaz de ver el fenómeno como un todo histórico, portador de futuro para la Humanidad. Incluso se atreve a dar lecciones de democracia (disfrazadas de crítica de izquierdas) a un «antiguo militar golpista» que en ocho años ha hecho más por la igualdad política y las libertades sociales y económicas que ningún otro hombre de estado. Ha olvidado que su propio futuro pasa por la alianza con estas repúblicas sociales, estos nacionalismos democráticos y estos estados nuevos preñados de ideas socialistas que surgen al calor del bolivarismo y el nasserismo (3). 

1. «Même de Gaulle était isolé», Alexis Berg y Dominique Vidal, Le Monde diplomatique, agosto de 2007, http://www.monde-diplomatique.fr/2007/06/BERG/1483

2. Covering Islam, Edward G. Said, Random House Mondadori, 2006, p. 128.

3. Un islamisme ouvert sur sa gauche: l´émergence d´un nouveau tiers-mondisme arabe?, Nicolas Dot Pouillard, http://www.mouvements.asso.fr/spip.php?article127


Fuente: http://www.cyber-journalistes.org/spip.php?article402

Artículo original publicado en septiembre de 2007

Sobre el autor

Juan Vivanco es miembro de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala:
http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=3682&lg=es


AL SUR DE LA FRONTERA: 08/09/2007

 
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