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20/02/2019
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Revuelta en Dubaibilonia: La huelga de los trabajadores asiáticos lleva a los Emiratos a considerar la introducción de un salario mínimo


AUTOR:  Fausto GIUDICE

Traducido por  Nuria Luna


Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles?

Bertolt Brecht, Preguntas de un obrero ante un libro


Dubai, nueva Babilonia

La nueva Babilonia del siglo XXI se llama Dubai. Este emirato petrolero del Golfo ha entrado en un frenesí faraónico y está tranformándose en una verdadera pesadilla climatizada. Burj Dubai, la torre que va a dominar la nueva Babilonia, será la torre más alta jamás construida. Su número de plantas será un secreto hasta el fin de la obra. Pero la máquina infernal acaba de estropearse: los esclavos se han rebelado. O, dicho en términos modernos, los obreros se han puesto en huelga.

¿Huelga? Es la única actividad exótica que no se admite en los Emiratos Árabes Unidos. Preguntado el año pasado por el programa de France 2 Envoyé spécial sobre las condiciones de trabajo de los obreros inmigrantes en estas obras babilónicas, el responsable árabe prefirió pasar la palabra a su consejero francés, quien farfulló: «Ehh, trabajar en los Emiratos, no es la Seguridad Social».

En 2005, los 10 millones de trabajadores inmigrantes en los países del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo: Arabia Saudí, Sultanato de Omán, Kuwait, Bahrein, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos (Abu Zhabi, Ayman, Sharyah, Dubai, Fuyairah, Ras el Jaimah y Umm al Qaiwain) enviaron a sus países 30.000 millones de dólares. Un dinero duramente ganado. En las obras de Dubai, hace 45 ºC a la sombra. No hay horarios. La actividad se prolonga las 24 horas del día. Para ir de las obras a sus viviendas, que reciben el merecido nombre de campamentos, los obreros deben esperar sus autobuses durante horas. Para ellos, la pesadilla ni siquiera está climatizada.

Los patronos de los emiratos petroleros comenzaron una sustitución masiva de mano de obra a partir de la primera guerra del Golfo, reemplazando a los trabajadores egipcios, palestinos, jordanos, iraquíes y yemenitas por obreros de Asia, principalmente de 5 países: India, Bangladesh, Pakistán, Sri Lanka y China. Los indios son los más numerosos. De los 1,5 millones de trabajadores indios que hay en los emiratos, más de la mitad trabajan en Dubai y 300.000 en Abu Zhabi. Provienen en su mayoría de tres estados de la Unión india: Rajastán, Punyab y Andra Pradesh.



Las obras de Burj Dubai



La torre sube (enero de 2006)...

... y sube (junio de 2006)...

... y sube (octubre de 2007)... ¿hasta dónde?

Son obreros de la primera generación, anteriormente campesinos y obreros agrícolas. Son reclutados por agencias de negreros o emigran ilegalmente a los Emiratos. Perciben salarios que van de 93 a 131 euros al mes por jornadas de 12 horas y más. Desde hace dos o tres años, estos obreros se dan cuenta de que se lo han quitado todo: a fin de cuentas, habrían hecho mejor en buscar trabajo en una de las zonas especiales que crecen como hongos en India, de Delhi (Guraong) a Hiderabad (bautizado «Ciberabad»), donde ganarían lo mismo o más, con la ventaja de quedarse en su país.

En el pasado mes de junio, el gobierno de Dubai lanzó una campaña de regularización de los obreros sin permiso de residencia, dejándoles elegir entre un billete de avión para volver a su país de origen o un permiso para quedarse. 280.000 de ellos prefirieron marcharse. Ante esta escasez de la mano de obra, se produjo un doble fenómeno: los trabajadores comprendieron que la coyuntura era favorable para reclamar aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo y de vida, y los patronos comenzaron a reclutar trabajadores ¡en el Tíbet y en Corea del Norte!

Aunque en los emiratos las huelgas son exóticas, no por eso son infrecuentes: en Dubai, las últimas tuvieron lugar en marzo y abril de 2006. Entonces 2.500 obreros, empleados por la firma angloárabe Al Naboodah Laing O’Rourke en las obras de Burj Dubai, la famosa «torre más alta del mundo», interrumpieron el trabajo y se enfrentaron a las fuerzas represivas (también compuestas en parte por inmigrantes, sobre todo yemeníes). Reclamaban cosas normales: un aumento de salario (pues el suyo oscilaba entre 2,75 euros para un peón y 5,25 euros para un carpintero cualificado), asistencia médica, un mejor trato de los capataces. A esta huelga le siguió, en abril, la de los obreros de la Marina del «New Dubai», empleados por la Al Ahmadiyah Contracting Company. Hubo enfrentamientos violentos, seguidos de las habituales expulsiones de los «cabecillas violentos».

El sábado 27 de octubre de este año comenzó un nuevo ciclo de huelgas en las obras de Dubaibilonia. Los primeros en ponerse en huelga fueron los trabajadores de la zona industrial de Yebel Ali y del barrio residencial en construcción de Al Qusais. Se enfrentaron a los policías a pedradas y destruyeron algo de material. Resumiendo, un comportamiento de «no civilizados», como dijo un alto funcionario de los Emiratos. 4.500 obreros fueron detenidos. Al principio el gobierno anunció su expulsión, pero después, sin duda puesto en razón por los jefes de las obras, decidió finalmente no expulsar más que a 159 de ellos, 90 de ellos indios. Los 4.300 restantes volvieron al trabajo el 31 de octubre. Los resultados inmediatamente visibles de esta huelga son pobres: a la entrada del Campamento de Sonapur, un edificio de hormigón de 3 pisos donde duermen los obreros, la empresa de construcción ha colocado una nota anunciando que dos médicos comenzarán en breve a visitar a los enfermos. Y el patrón se ha comprometido además a pagar la instalación de aire acondicionado en el campamento y las bombonas de gas utilizadas por los obreros para cocinar su rancho. Pero al parecer no piensa aumentar los salarios.

La segunda huelga empezó en las obras de la Arabtech Construction Company el jueves 1 de noviembre. Esta vez, fueron 40.000 trabajadores, de los cuales 10.000 eran originarios del Andra Pradesh, los que dejaron de trabajar. Sus reivindicaciones: aumento de los salarios, mejora de las condiciones de alojamiento y de transporte y anulación de las multas (descontadas de los salarios) que les ponían bajo cualquier pretexto. Las reacciones no se hicieron esperar. El ministerio de Trabajo y la «célula de derechos humanos» del ministerio de la Policía crearon un comité conjunto que visitó los campamentos y discutió con los huelguistas. Se les prometió mejoras, y especialmente, cosa increíble, la creación de un seguro de enfermedad. Algo que haría caducas las palabras del consejero francés antes citado. Los diplomáticos indios también entraron en el juego y la empresa constructora les juró que iba a «revisar los salarios» en dos meses. Los huelguistas volvieron al trabajo el sábado 3 de noviembre. Y el general Zhahi Jalfan Tamim, comandante en jefe de la policía de Dubai, hizo una declaración realmente extraordinaria: «Podríamos abrir diligencias contra las empresas constructoras que tratan a los trabajadores de manera inhumana».

Con su lucha, los parias de Dubai traen aires nuevos a los Emiratos.

La huelga de los trabajadores asiáticos lleva a los Emiratos a considerar la introducción de un salario mínimo

Una huelga de cerca de 40.000 obreros asiáticos de la construcción en Dubai –que llegó a su quinto día el lunes 5 de noviembre- ha incitado al gobierno a ordenar a los ministros y a las empresas de la construcción que revisen los salarios, y eventualmente a instaurar un salario mínimo, en una tentativa de evitar la agitación en el mercado de trabajo. Los obreros rechazaron trabajar en las obras de un hotel que forma parte del rascacielos más alto del mundo, en construcción en esta ciudad del Golfo en pleno boom urbanístico; se quejan de los bajos salarios, del aumento del coste de la vida, y de condiciones laborales miserables. La huelga, un ataque al frenesí constructor en Dubai, ha desencadenado una crisis del trabajo de envergadura en esta ciudad-estado del desierto, que se vende en el mercado como centro de atracción de los grandes negocios y del turismo de lujo en el Medio Oriente. Esta crisis ha incitado al gobierno a anunciar la creación de una comisión conjunta para el examen de los salarios, compuesta de funcionarios y de representantes de las empresas constructoras.

La actuación del gobierno, relatada por la agencia de prensa pública WAM el domingo, indica claramente que los Emiratos se toman en serio las reivindicaciones de los trabajadores y no las rechazan como un problema exclusivo del sector privado.

Venu Rajamany, cónsul general de la India en Dubai, señaló que era cada vez más probable que el gobierno fijara un un salario mínimo. El cónsul estuvo implicado de cerca en las negociaciones entre los obreros en huelga, el ministerio de Trabajo y la empresa de construcción Arabtech que está detrás del proyecto de hotel de Burj Dubai. “La instauración de un salario mínimo puede ser una de las soluciones al problema”, dijo Rajamany. “Si el ministerio de Trabajo proporciona una horquilla tras consultar a las empresas, ésta será un umbral por debajo del cual ninguna empresa podrá descender”.

  Un salario mínimo sería un paso sin precedentes para los Emiratos, que han dependido durante mucho tiempo del trabajo barato importado para su expansión capitalista. El lunes, The Associated Press llamó por teléfono a representantes de Arabtech y a responsables de recursos humanos de las empresas, sin obtener respuesta. Arabtech, un gigante de la construcción de Dubai, construye igualmente dos altas torres residenciales en la zona financiera de Dubai, áticos al borde del mar y chalets en el desierto.

Los 40.000 obreros asiáticos se comprometieron a continuar acantonados en los 26 campos de trabajo dispersos en los siete Estados semiautónomos de los Emiratos, hasta que sus salarios reciban un aumento de al menos 55 dólares (38 euros). La compañía paga actualmente a los obreros sin cualificación 109 dólares (75 euros) al mes y 163 dólares (113 euros) a los obreros cualificados.

“No podemos seguir estas condiciones. Necesitamos un aumento salarial inmediato”, dice Mohamed Aslam, un obrero de 28 años de Bangladesh.

Las huelgas son ilegales en los Emiratos y los sindicatos están prohibidos, pero la protesta de los obreros asiáticos se mantuvo a pesar de las amenazas de arresto. La semana pasada, 4.000 obreros asiáticos empleados por Pauling Middle East Company LLC, una empresa general que trabaja en diferentes proyectos en Dubai, fueron arrestados cuando su huelga por mejores salarios y contra las duras condiciones laborales se convirtió en una revuelta.

Cerca de 160 de ellos, sospechosos de haber dañado vehículos de la policía por lanzamiento de piedras, siguen en prisión, en espera de diligencias judiciales y probablemente de una expulsión.

La huelga de 40.000 obreros asiáticos sobreviene en un momento en que los empresarios tienen dificultades para encontrar trabajadores para realizar sus ambiciosos proyectos, después de que más de 300.000 obreros volvieran a Asia en los últimos tres meses.

El subsecretario de Estado en el Ministerio de Trabajo  de los Emiratos, Humaid bin Deemas, declaró según WAM que “se realizaría un estudio en los próximos días” para asegurar los derechos de los trabajadores y proteger los intereses de las empresas. Bin Deemas exigió que los obreros  “obtengan la integralidad de sus salarios sin ninguna deducción”, y rechazó las “excusas dadas por ciertas empresas para justificar su práctica de retenciones sobre los salarios”.

Los obreros se quejan igualmente de los retrasos en el pago de los salarios y de que las empresas deduzcan aleatoriamente de sus salarios montantes para el transporte, las vacaciones o las bajas por enfermedad.

Bin Deemas dijo que tales prácticas eran ilegales y “una forma inaceptable de explotación”. No indicó sin embargo si los obreros en huelga obtendrían aumentos salariales. El domingo, los obreros rechazaron una oferta de la empresa para aumentar sus salarios en dos meses. “No podemos esperar más”, dijo un obrero que trabaja en las obras de Jebel Ali y que rechazó dar su nombre por temor a las represalias. “Volveremos al trabajo sólo cuando nuestras reivindicaciones sean satisfechas”. Cuenta que comparte una habitación con 12 hombres y un cuarto de baño con 59 obreros. No tienen ningún seguro de enfermedad ni vacaciones pagadas, y deben luchar por poder montar en el autobús que les lleva a su campamento tras una jornada de trabajo de 12 horas. Demasiados pocos autobuses hacen el recorrido entre las obras y los campamentos donde viven, y los obreros deben por ello esperar durante horas para volver.

Sentado en las obras delante de un supermercado, Bal Raj, un obrero de Arabtech de 36 años que dejó a sus tres hijos en la India y está en huelga, ha gastado sus últimas monedas en una taza de té. “A partir de ahora no sé cómo voy a sobrevivir”, dice Raj.

Fuente: The Associated Press, 5 de Noviembre de 2007
Traducido del inglés al francés por Fausto Giudice y del francés al español por Nuria Álvarez Agüí

Leer también

Emiratos Árabes Unidos: la intifada de los trabajadores indios, de Abdelbari Atwan, Al Quds Al Arabi


Fuente: Basta ! Journal de marche zapatiste

Artículo original publicado el 5 de noviembre de 2007

Sobre el autor

Fausto Giudice y Nuria Luna pertenecen a Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

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EN EL VIENTRE DE LA BALLENA: 06/11/2007

 
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