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26/09/2020
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Escapando del verdadero “dinero trucho"*

Los clubes del trueque en la Argentina, una experiencia útil de secesión económica**


AUTOR:  Jorge ALDAO


En la Argentina, el recurso a los "clubes del trueque" tuvo su origen en las políticas económicas de la década de los 90 que, como las definió un Ministro de Relaciones Exteriores de ese Gobierno, eran "relaciones carnales con Estados Unidos" (y, por supuesto,  con el FMI).

Estas "relaciones carnales" condujeron a un deterioro económico y social que desembocó en una  crisis y en la caída del gobierno electo del presidente De la Rua en diciembre del 2001.

La compleja situación provocó la declaración del Default de la Deuda Externa por Adolfo Rodríguez Saa  quien fue uno de los 4 presidentes que el país tuvo en 11 días en esas circunstancias.

Esto, 4 presidentes en 11 días,  da una idea de la descomposición institucional del país, acompañada de  medidas como el "corralito" (por el que el gobierno prohibía la extracción de fondos de los bancos  para impedir las "corridas bancarias"), impago generalizado de prestamos hipotecarios, saqueos en los suburbios de Buenos Aires, "cacerolazos"  frecuentes contra los bancos por parte de ahorristas, corte de rutas y calles por parte de "piquetes" de obreros desocupados y, finalmente, una manifestación con muchos muertos en la histórica Plaza de Mayo que precipitó la renuncia del presidente De la Rua.

Por ello, durante la década del 90 y hasta el año 2002  los argentinos sufrimos muy tempranamente lo mismo que está sufriendo hoy el mundo desarrollado con la Crisis Financiera Global,  ya que la Argentina tenía una economía virtualmente dolarizada,   no había dinero ni crédito y el desempleo era muy elevado.

Pero, finalmente,  eso fue una ventaja, al igual que fue una ventaja para Rusia cuando su crisis económica también terminó en un Default de la Deuda Soberana de ese país.

Porque, en ambos casos, al  tener extremas dificultades en recurrir al financiamiento externo, ambos países debieron salir de la crisis mediante recursos internos lo que ha significado que, en este momento, la deuda externa de la Argentina sea relativamente baja (aunque la deuda interna es elevada).

Por ello es que después del año 2002, cuando  la Argentina entró en una etapa de franco crecimiento y disminución del desempleo (estimuladas por el aumento de los precios de las "commoditys"), los "clubes del trueque" perdieron la importancia que habían tenido en los momentos más críticos.

Y, aunque ahora vuelven a tomar algún impulso, no es debido a la Crisis Financiera Global y a sus consecuencias en la Argentina (que llegan amortiguadas) sino porque el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, aunque finge ser progresista, ha retrocedido en lo económico para privilegiar más aún que su esposo (el anterior presidente Néstor Kirchner) su  "opción preferencial por los más ricos" (parafraseando al Concilio Vaticano II y a la Teología de la Liberación) a cuyas empresas  apoya con subsidios y todo tipo de prebendas.

De todas formas, la experiencia argentina con los "clubes del trueque"  es valiosa para los pobladores de aquellos países en los que circula el  "dinero trucho" como se llama en la Argentina a las cuasimonedas (debiendo incluirse en esas cuasimonedas a los tickets con los que, en algunas empresas, se paga parte del salario) y en aquellos países con alto desempleo y muchas familias con escasez de circulante.

Como parte también destacable de esa experiencia de lucha es bueno recordar que cuando la clase media advirtió que se estaban confiscando sus ahorros y depósitos bancarios, salió a la calle golpeando cacerolas y solían coincidir  con manifestaciones de  piqueteros desocupados y, en esas circunstancias, se coreaba una consigna que decía "piquete y cacerola, la lucha es una sola".

Pero este "romance" entre la clase media estafada por los bancos y los obreros desocupados por la deslocalización de las fábricas duró poco ya que, cuando los "caceroleros" comenzaron a recobrar sus ahorros, se olvidaron de esa consigna y volvieron a quejarse contra los piquetes que obstruían las calles e impedían el libre tránsito olvidando que, cuando el gobierno inventó el "corralito", la violencia de la clase media contra los bancos y contra sus empleados fue notable. (llegaron a golpear y escupir a empleados  de bancos que no podían hacer otra cosa que  negarles la devolución de sus ahorros y destruyeron los frentes de algunos bancos).

  

Los clubes del trueque

Los clubes del trueque tienen en la Argentina su inicio formal en el año 1995 cuando un grupo de personas (que ya venía reuniéndose por los problemas ecológicos de su zona, ubicada en Bernal, una ciudad de los suburbios de la Ciudad de Buenos Aires) deciden enfrentar el problema de la desocupación y de la consecuente exclusión de muchos de sus vecinos  del mercado formal por carecer de ingresos que les permitieran subsistir.

Esta exclusión se debía no sólo a la deslocalización de fábricas argentinas que mudaron su producción a Brasil o a China, provocando un súbito desempleo, sino, también, por la explosiva ampliación de cadenas de supermercados con compras masivas en el exterior que hizo cerrar a los pequeños comercios que compraban y vendían  producción argentina.

Además de esas circunstancias, la situación de la población  se agravaba -aún la de aquellos que tenían trabajos en los gobiernos provinciales o en las municipalidades-  ya que las políticas económicas habían desfinanciado a esos gobiernos locales quienes recurrieron a la emisión de “bonos de la deuda pública” con los que  abonaban mensualmente los ya bajos sueldos de los empleados públicos.

Sin embargo  había muchos comercios que no aceptaban esas “cuasi monedas” (con curiosos nombres telúricos  como “Patacones”, “Quebrachos” y “Federales” o nombres más técnicos como  “Lecop”, “Lecor”, “Bocanfor”, “Bocades” etc.) por lo que la población de bajos recursos sufría serias necesidades ya que esos bonos llegaron a representar  el 30% del dinero circulante en el país pero, aunque aceptados con restricciones en la provincia que los emitió, no  eran aceptados en el resto de la Argentina.

Ante esta situación -que los fundadores del club llamaban competencia darwiniana- comenzaron a imaginar una asociación de “prosumidores” es decir productores consumidores, una idea atribuida a Alvin Toffler.

Sin embargo, de este concepto, “prosumidor”,  ellos eliminaban el aspecto neocapitalista que se sustenta en aprovechar las ventajas de la globalización y del desarrollo cibernético para que los consumidores fueran, al mismo tiempo, colaboradores en el diseño o la producción, pero recibiendo migajas por su tarea y quedando los fuertes ingresos para quienes detentaban el control del proceso.

Los fundadores de los clubes del trueque recordaban la frase de Henry Ford diciendo que “si no le pagaba bien a sus empleados, pocos podrían comprarle sus automóviles” y señalaban la falacia de la idea de que un empresario reemplazara con un sistema industrial robotizado a 100 obreros sin comprender que, si todos los empresarios hacían lo mismo, habría millones de desempleados  y el mercado para los productos de cada uno de esos empresarios desaparecería, ya que no tendrían a quien venderle su producción.

Es decir que, en el origen del Club del Trueque, está una concepción ecológica de equilibrio entre la naturaleza  y el ser humano que luego es aplicada a una concepción de la economía donde se busca el equilibrio entre productores y consumidores.

Los clubes del trueque no poseen afiliación política ni  religiosa y sólo funcionan  en base a que sus miembros son “prosumidores”.

Además, la organización de estos “clubes del trueque” es horizontal, sin jerarquías ni cargos en  su funcionamiento teniendo cada “prosumidor” el derecho de entrar y salir del club cuando lo desee. Se busca que siempre se respete uno de uno de los doce principios de la Red Global del Trueque, es decir  la rotación permanente de roles y funciones para  disminuir los riesgos de una burocratización.

En los clubes del truque los “prosumidores” intercambian productos y servicios mediante trueques multirecíprocos donde no se recurre al dinero o al trueque directo sino que se usan unos vales llamados “créditos”.

Esto quiere decir que cada “prosumidor” ofrece a la red sus productos -recibiendo créditos por los productos aceptados- y toma de la red los productos que ésta le ofrece -mediante la entrega de los créditos que tiene- para cubrir algunas de sus necesidades insatisfechas.

Con los clubes del truque no se pretende sustituir a la  economía formal sino ser  un complemento para aquellos que, por diversas circunstancias, están parcial o totalmente fuera del sistema económico y que desean destinar sus esfuerzos para mejorar su situación actuando plenamente como “prosumidores” y está dirigido a todos aquellos que necesiten algo y que puedan ofrecer algo a cambio de eso que necesitan.

Los “prosumidores” suelen comenzar ofreciendo productos muy sencillos como tejidos caseros, ropa, comida  o pequeños muebles de confección artesanal y luego, solos o asociados con otros “prosumidores”, derivan hacia pequeños talleres industriales.

Ya se ha dicho que en los clubes del truque no se acepta la moneda de curso legal en la Argentina ni, tampoco, se efectúan trueques lisos y llanos sino que se usa una “cuasi moneda” o vale llamada “crédito”.

Estos créditos son creados (diseñados e impresos) por alguno de los “prosumidores” y son el mecanismo que facilita el intercambio de productos y servicios.

Como paulatinamente crece el volumen de los trueques -y de manera parecida a lo que sucede en la economía formal- es necesario que aumente el volumen de créditos disponibles (créditos) los que periódicamente se reparten sin cargo entre los miembros de cada club, buscando una distribución lo más justa posible.

Los créditos no son un valor, como una moneda o un bono de la deuda pública y por ello no se piensa ni se busca que los créditos estén respaldados de alguna manera.  Funcionan porque el sistema tiene credibilidad debida al conjunto de personas que integran los clubes del trueque.

Cuando alguien se retira de un club debe cumplir con el compromiso de devolver la misma cantidad de créditos que ha ido recibiendo, los que serán destinados a otros miembros.

Por ello los créditos no son un instrumento que tenga validez jurídica y nadie puede usarlos en una demanda judicial.

Tampoco deben ser confundidos con un “pagaré”  u otro medio de pago y no tienen fuerza cancelatoria y el ser tenedor de créditos no otorga derecho a reclamos de ningún tipo sobre un club del trueque o una asociación de clubes.

Por las mismas razones el “ganar créditos” en operaciones de trueque no supone obligaciones impositivas (IVA, ganancias, etc.) ya que NO SON INGRESOS REGULARES EN  MONEDA DE CURSO LEGAL y sólo es la manera en que el que entrega un bien o un servicio recibe la conformidad por esa entrega y se hace acreedor a recibir en otro momento bienes o servicios por un valor equivalente.

Esto es importante por la complejidad del sistema impositivo que obliga -aún a los comerciantes pequeños- a contratar los servicios de un profesional especialista en tributación  y por el peso que los  impuestos de la economía formal tienen en los gastos de un grupo familiar.

También hay muchas personas que viven en la economía formal pero que, paralelamente, viven en la economía del trueque sea para mejorar sus ingresos o para aprovechar, por ejemplo,  cuando un empleador  paga parte de su salario “en especie” es decir en los mismos productos que se fabrican en su empresa. De esta manera, en lugar de tener que malvenderlos para recuperar algo del dinero, se puede trocarlos a valores de mercado.

Los asociados a los “clubes del trueque” o “prosumidores” pronto se acostumbran a “pensar en créditos” y dejan, por lo menos en ese momento, de “pensar en pesos”. 

En circunstancias de crisis o recesión es difícil vender cualquier producto en la economía formal, pero es mucho más simple cambiarlo por algún producto o servicio por el que, de otro modo, se hubiera comprado pagando un dinero del que no se dispone.

Es decir que las mercancías y los servicios pasan de mano en mano porque no hay que tener dinero para hacerlo.

En los clubes del trueque “entra todo”.  Se ofrecen para el intercambio comida de fabricación casera, verduras de una huerta familiar en el fondo de la casa, artesanías y muebles de madera o cuero, herramientas usadas en buen estado, shampoo fraccionado en la casa y jabones aromatizados también hechos en casa. También se truecan libros que se encuentran en cualquier librería y, cuando comienzan las clases, cuadernos, hojas de carpeta y útiles escolares. Alguna persona cobra por tomar la presión arterial y médicos, abogados, arquitectos y pintores ofrecen sus servicios. Algún otro ofrece bonsáis en desarrollo mientras otro busca un profesor de matemáticas para su hijo.

Los “créditos” permiten efectuar trueques con otros clubes del país y viajar y hospedarse en alojamientos cuyos propietarios son “prosumidores” pertenecientes a la red

Pero no debe creerse que los productos y servicios de los clubes del trueque son más baratos que lo de la economía formal. Su ventaja radica en que pueden obtenerse sin dinero, sin tener un sueldo en un trabajo formal y sólo por ofrecer a cambio algo que otro necesita o desea.

Para formar un club del trueque se necesita que haya algunas personas interesadas en ello (que generalmente se conocen entre sí por sus actividades comunitarias en la zona de residencia) y que consigan, por la credibilidad que generan, la incorporación de más miembros hasta llegar a una cantidad mínima de 20 o 30 asociados.

Al mismo tiempo se necesita buscar un local comunitario cuyas autoridades lo  presten para a ello o  una fábrica o taller abandonados en las que poder exhibir la producción que se intercambiará.

A partir de allí los miembros de ese club comienzan a confeccionar un listado de BIENES, SERVICIOS Y CONOCIMIENTOS para informar a la población de la zona.

Y, al mismo tiempo se comienzan a entregar a los “prosumidores” que se asocian al club una pequeña cantidad de créditos que les permitirán ingresar en el sistema y comenzar con los intercambios.

El valor de los productos y servicios en créditos  se relaciona, por lo menos en la Argentina, con los valores de la economía formal pero se intenta que sólo sea como una aproximación, ya que hay productos que están subsidiados y sus costos no son reales mientras otros son objeto de especulación y tampoco sus valores se relaciona con su costo efectivo de producción.

Por ejemplo para una señora que hace pan casero, su costo en créditos dependerá del valor de la harina, la levadura, el gas para la cocción y su mano de obra y su llegada al club del trueque.

Pero otra señora que “tira las cartas” deberá fijar el valor de su trabajo en relación a un costo hora hombre razonable y relacionado con el costo de la vida en su ciudad.

De la misma manera un abogado o un plomero fijarán el valor de su trabajo en créditos en función de lo que le cuesta vivir, desarrollar esas tareas  y de lo que espera ganar por su trabajo pero siempre atendiendo a los niveles de vida de los otros “prosumidores”.

Y, aunque hay una relación con los precios de mercado, se producen desviaciones inevitables por parte de personas que acaparan en los clubes productos de primera necesidad y luego los revenden allí mismo a valores más altos. Estas personas no son “prosumidores”, es decir productores y consumidores sino simples especuladores y cuando se los detecta se les señala que su conducta es inconveniente. A veces corrigen su actitud y otras veces desaparecen de ese club para ir a otro.

Es evidente que este proceso requerirá muchos ajustes para mejorar y para que la redes de clubes del trueque sean algo que se mantenga en el tiempo.

Por ello es importante que cada club tenga personas dedicadas a la capacitación de los “prosumidores” ayudándoles a distinguir qué productos tienen salida y cuales serán un fracaso para evitar las frustraciones. 

Es decir que debe ayudarse a los que no son naturalmente emprendedores a descubrir dentro de sí mismos sus capacidades para iniciar y sostener emprendimientos productivos. 

También debe enseñarse la solidaridad tratando de desterrar de la mentalidad de los “prosumidores”  la actitud especulativa (aunque más no sea en su actividad en  los clubes del trueque) que debieron aprender cuando las crisis económicas los golpearon y se vieron obligados al “sálvese quien pueda”.

Y debe fomentarse la capacitación política para resolver los problemas y para desarrollar más actividades afines con los clubes del trueque apelando a la intuición de la población y, en especial, a la de las madres de familia cuya capacidad de supervivencia autónoma -sin depender del trabajo formal- es conocida.

También debe enseñarse a los que fabrican alimentos normas mínimas para la manipulación de los mismos que tiendan a garantizar la salud de la población y dando a conocer a los que tienen pequeñas huertas la conveniencia de los cultivos orgánicos y del uso de plantas que, complementándose con otras, repelen naturalmente a las plagas sin recurrir a insecticidas.

Y, en la medida de lo posible deben formarse Círculos de Calidad  dentro de cada Club del Trueque.

A largo plazo, algunos animadores de los clubes del truque están pensando en desarrollar préstamos sin interés basándose en la exitosa experiencia del Premio Nóbel  Muhammad Yunus y el Banco Grameen cuyos beneficiarios son, en un 97%, mujeres que cumplen escrupulosamente la devolución de sus préstamos y que, gracias a los “microcréditos”, han mejorado el nivel de vida de sus hijos y, sobre todo, han recuperado su dignidad como seres humanos.

Esto es especialmente importante porque en las grandes ciudades de la Argentina hay muchos hombres, mujeres y niños que realizan venta ambulante en las calles y en los trenes, pero-al no disponer de efectivo para comprar mercadería-  dependen de redes cuasimafiosas que les entregan  de productos para la venta y se quedan con el grueso de la ganancia.

De esta manera se podría eliminar el asistencialismo del Estado o de las ONGs y se ayudaría a muchos excluidos a ir forjando su propio destino.

   DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DE LA RED GLOBAL DE TRUEQUE

 

  Nuestra realización como seres humanos no necesita estar condicionada por el dinero.

  No buscamos promover artículos o servicios, sino ayudarnos mutuamente a alcanzar un sentido de vida superior, mediante el trabajo, la comprensión y el intercambio justo.

  Sostenemos que es posible remplazar la competencia estéril, el lucro y la especulación por la reciprocidad entre las personas.

  Creemos que nuestros actos, productos y servicios pueden responder a normas éticas y ecológicas antes que a los dictados del mercado, el consumismo y la búsqueda de beneficio a corto plazo.

  Los únicos requisitos para ser miembro de la Red Global de Trueque son: asistir a las reuniones grupales, capacitarse y ser productor y consumidor de bienes, servicios y saberes, en el marco de las recomendaciones de los Círculos de Calidad y Autoayuda.

  Sostenemos que cada miembro es el único responsable de sus actos, productos y servicios.

  Consideramos que pertenecer a un grupo no implica ningún vínculo de dependencia, puesto que la participación individual es libre y extendida a todos los grupos de la Red.

  Sostenemos que no es necesario que los grupos se organicen formalmente, de modo estable, puesto que el carácter de red implica la rotación permanente de roles y funciones.

  Creemos que es posible combinar la autonomía de los grupos, en la gestión de sus asuntos internos, con la vigencia de los principios fundamentales que dan pertenencia a la Red.

  Consideramos recomendable que los integrantes no respaldemos, patrocinemos o apoyemos financieramente - como miembros de la Red - a una causa ajena a ella, para no desviarnos de nuestros objetivos fundamentales.

  Sostenemos que el mejor ejemplo es nuestra conducta en el ámbito de la Red y en nuestra vida fuera de ella. Guardamos confidencialidad sobre los asuntos privados y prudencia en el tratamiento público de los temas de la Red que afecten a su crecimiento.

  Creemos profundamente en una idea de progreso como consecuencia del bienestar sustentable del mayor número de personas del conjunto de las sociedades.

 

Notas del editor

* La palabra trucho es un argentinismo que significa falso. Menem trucho es por ejemplo el nombre popular que recibió una serie de billetes de valor nulo con el rostro de Carlos Saúl Menem y frases proselitistas que se distribuyeron por medio de promotoras callejeras y unidades básicas a principios de la década del 90 en la Argentina. Con el simbólico nombre de Un Valor que estabilizó el país y Diez años de estabilidad, fueron creados como propaganda política del entonces Presidente de la Nación Carlos Menem. Formó parte del llamado cotillón menemista junto con una moneda conmemorativa por el cumpleaños número 66 del susodicho.

Claudio Scabuzzo  escribe en su bitácora La Terminal de Rosario el 24/2/2008:

Dinero trucho

“Truchos” era algunos billetes que circularon por el país. En el verano del 90 se conoció la desaparición de papel para imprimir billetes del tesoro del Banco Central.

Simultaneamente cientos de billetes de 500.000 australes aparecían en circulación con algunos faltantes. Por ejemplo, no tenían firmas, ni numeración, ni las medidas legales. Lo peor de todo esto es que una pericia había comprobado que dichos billetes eran legales por el papel, pero que podrían haberse impreso fuera de la Casa de la Moneda.

La gente en febrero de ese año comenzó a tener temor de los billetes que tenían en el bolsillo. Porque no solo se hablaba de los truchos sinó de los diferentes. El caso del billete de 100.000 australes fué llamativo: Existian dos modelos legales, ambos con José Evaristo Uriburu, pero uno tenía la barba cortada distinta, peinado de otra manera y hasta miraba para otro lado.

Además había trascendido que el 4 de julio de 1991 el Banco Central había iniciado una investigación por la aparición de dos billetes con la misma numeración. Pero la historia de los billetes truchos se traslado también a la nueva moneda que sucedió al austral. Era la época de Menem.

En esos años Banco Central había detectado billetes de 50 pesos numerados a mano y cortados con tijera. El papel de dichos billetes era legítimo. Algunos funcionarios culparon a la empresa privada que hace la impresión calcográfica. Pero dicha empresa negó que haya tenido faltante de papel. En realidad el papel había faltado nuevamente de los depósitos de la casa de la Moneda, cuado Armando Gostanian dirigía esa imprenta oficial. Gostanian era un fabricante de camisas que ayudó a Carlos Menem en la campaña para presidente.

Gostanian fué el autor de los “Menemtruchos”, los billetes publicitarios de Menem Presidente que fueron decomisados en muchos lugares porque eran usados como legítimos. Además pesaba sobre ese funcionario una denuncia de acoso sexual y de amenaza a una periodista. Tampoco nunca quedó clara la compra de papel moneda que hizo Gostanian a un precio del 185% superior al del mercado.

Mientras tanto las denuncias que pesan sobre él por la emisión de Menemtruchos quedaron sin resolución. Ni el propio Presidente Menem lo condenó por su conducta.

Hasta hoy la moneda falsa circula, sin la cara de Menem. Se sabe de metalicos de dudosa procedencia, pero con tantas máquinas que detectan su ilegalidad, lentamente fueron descartadas por los consumidores.


Los créditos del nodo Tanti en Sierras de Córdoba son los Chelcos

** Léanse los artículos  Secesión económica y Éxodo (política) en wikipedia

 

 Museo de la Red Golbal de Trueque con mil ediciones distintas de billetes y boletines, banderas, libros, videos, fotos, distintivos, volantes, guías, afiches, declaratorias, convenios etc. De los clubes y redes de trueque de trueque que funcionan o funcionaron en la Argentina y otros países de Latinoamérica. El museo invita a quienes quieran sumar datos de interés, objetos, artículos e ideas que amplíen esta colección escribiendo a autosuficiencia2004@yahoo.com.ar o llamando al 4251-1974
Quienes deseen visitar el museo pueden acercarse los viernes a partir de las 15 hs (horario de otoño-invierno) y a partir de las 17.30 hs (primavera verano en el Hemisferio Sur) a nuestra sede Av. Lamadrid 1750, Quilmes Oeste (el edificio es conocido como La Bernalesa, un predio de 8 hectáreas que fue una de las textiles de algodón más grandes del mundo. Atualmente, entre otros servicios, funciona un paseo de compras y un gigantesco espacio de diversión para los niños llamado "Parque mágico").

Leer comentarios aquí debajo

Leer también Los sistemas de intercambio local: algunos elementos de historia y sociología, por Smaïn Laacher


Fuente: el autor

Artículo original publicado el 24/10/2008

Sobre el autor

Jorge Aldao es miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor y la fuente.

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EN EL VIENTRE DE LA BALLENA: 23/10/2008

 
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Comentarios al articulo


La nota en general es objetiva aunque omite el accionar del Estado en 2002-2003 cuando desde el gobierno de Duhalde se ejerció el terrorismo de estado manifestado en las persecuciones que sufrimos con allanamientos a la sede de nuestra asociación civil, amenazas de muerte, causas penales (armadas) sobre nosotros, campaña de desprestigio en los medios amarillistas como Canal 9 y la monumental falsificación de unos 100.000 millones de créditos para desfalcar el sistema.

Si no se sabe esto, no se puede entender como en tan solo tres meses pasamos de una red de 5000 nodos a 1000 clubes de trueque y posteriormente a la descomposición de la red para que puedan operar los clubes de trueque en forma cerrada.

Fue exactamente el momento en que Hilda Duhalde lanzaba el plan asistencialista "Jefes y jefas de familia" con un subsidio de 150 pesos y una consigna perversa: Si vas al Club de Trueque No recibís el plan".

El modelo ha resistido estos embates por demás brutales del gobierno y en la actualidad sigue operando con muy bajo perfil para evitar estas "interferencias" y como experiencia social a la que seguimos alentando durante estos 14 años, la consideramos con un mayor potencial del que ha dado hasta el presente.
Saludos


Horacio Covas
Fundador del Club de Trueque/RGT
24/10/2008


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