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15/08/2020
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El gran juego de la caza de piratas


AUTOR:  M.K. BHADRAKUMAR

Traducido por  Germán Leyens. Cortesía de Rebelión


“Señor, habéis dejado bien puesto el nombre de India.” Así se dirigió el presentador de un canal de televisión en Nueva Delhi al jefe de la armada india, almirante Sureesh Mehta, al hablar de la victoriosa batalla naval del navío de guerra INS Tabar contra potenciales secuestradores cuando caía la tarde del martes en el Golfo de Adén.

 
El INS Tabar y el MV Jag Arnav. AP Photo

Sus palabras hubiesen despertado la envidia de Sir Francis Drake, el navegador y político esclavista británico del Siglo XVI, en la era isabelina. Sir Francis tuvo más derecho a la fama, en su vida interrumpida por la disentería mientras atacaba San Juan de Puerto Rico, en 1595.

No es de sorprender que los patrióticos medios indios hayan expresado respetuosamente una vez más su gratitud y confianza en las fuerzas armadas. Las fuerzas armadas tuvieron también una oportunidad de distraer de una furiosa controversia sobre la presunta participación de militares en actividades terroristas de fundamentalistas hindúes. La armada india había “visto” acción después de un prolongado interludio de 37 años desde la guerra de Bangladesh.

Chief of Naval Staff Admiral Sureesh Mehta
Sureesh Mehta. Foto Reuters Pictures

Una declaración cuidadosamente articulada sugirió que los piratas atacaron al Tabar y que éste “reaccionó en autodefensa” y abrió fuego contra el buque nodriza. Los piratas “escaparon hacia la oscuridad” mientras el barco indio hundía un bote pirata. El incidente recibió amplia atención internacional. Pero también provoca algunas preguntas.

La piratería marítima ante las costas de Somalia ocupa un lugar importante en el radar de la opinión pública mundial. El reciente secuestro del buque cisterna Sirius Star – un súper-tanque suficientemente grande como para contener un cuarto de la producción diaria de Arabia Saudí (2 millones de barriles) – ha destacado dramáticamente las crecientes dimensiones del problema. El gobierno que apenas funciona en Somalia no es capaz de poner freno a los piratas que salen de sus puertos y se apoderan de barcos de carga que van de paso.

Los piratas a bordo del Sirius Star han emitido una exigencia de rescate de 25 millones de dólares, y han advertido de consecuencias “desastrosas” si no se paga el dinero.

Un flagelo que se creía enterrado en libros de historietas y películas ha vuelto a aparecer. Pero a diferencia de bucaneros de otros tiempos, los piratas somalíes están bien armados y organizados en dos o tres sindicatos. Pueden detener la actividad del Océano Índico al Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Las primas de seguro para barcos que navegan entre el Cuerno de África y la Península Arábiga han aumentado hasta 10 veces y los costes adicionales podrían ascender a 400 millones de dólares por año.

El jueves, Maersk, la mayor compañía naviera del mundo, anunció que ya no pondría en riesgo sus buques cisterna ante los piratas frente a Somalia. Maersk dijo que reprogramaría su flota de 50 buques tanque por el Cabo de Buena Esperanza en el extremo sur de África – una ruta mucho más larga y costosa.

La presencia naval de potencias extranjeras no puede solucionar el problema. Hay unos 14 barcos de guerra de varios países, incluida la OTAN, desplegados frente a la costa somalí, mientras se estima que más de 20.000 barcos pasan cada año por el Golfo Pérsico. Además, hay signos de interrogación sobre la legalidad de las operaciones de esos barcos de guerra. Aunque la OTAN obtuvo una solicitud del secretario general de Naciones Unidas para su trabajo de interdicción en aguas internacionales frente a Somalia, no se puede decir lo mismo de Rusia o India. Rusia afirma que el gobierno somalí solicitó su ayuda, pero no hay nadie que esté realmente a cargo en Mogadishu. Es notable que la declaración de la armada india haya subrayado expresamente que su barco de guerra “reaccionó en autodefensa.”

Es obvio que lo que hay que hacer es actuar bajo mandato de Naciones Unidos, involucrando de preferencia a la Unión Africana y a los Estados del litoral que puedan tener la capacidad necesaria, o a los que pueda ayudar a desarrollar esas capacidades. Pero eso no ha sucedido, llevando a la fuerte sospecha de que se desarrolla un Gran Juego por el control de la ruta marítima en el Océano Índico entre el Estrecho de Malaca y el Golfo Pérsico. Esa ruta marítima es indudablemente una de las vías navegables más delicadas para el comercio relacionado con carga como el petróleo, armas y bienes manufacturados que circula entre Europa y Asia. En realidad, la efectiva cooperación regional en la represión de la piratería y los secuestros en el punto álgido del Estrecho de Malaca debiera ser un modelo útil.

Se habla de que los piratas podrían suministrar cobertura para grupos terroristas internacionales. Expertos en “terrorismo” ya han hecho cambios y han comenzado a especular que al-Qaeda pueda estar copiando el modus operandi de los piratas somalíes. ¿Vamos en camino a incluir la piratería marítima en la “guerra contra el terror”?

Sería una lástima, ya que es fácil comprender las condiciones anárquicas que prevalecen en Somalia. Somalia es un país disfuncional, como Afganistán que nunca ha sido un fanal brillante de estabilidad o democracia. Pero las cosas cambiaron claramente para mejor cuando la Unión de Cortes Islámicas (ICU) tomó el control a comienzos de 2006. La ICU tuvo éxito en la restauración de la ley y del orden en ese país desagarrado por rivalidades de clanes y violencia.

Pero, entonces, el gobierno de George W Bush lo consideró inaceptable. Con la perversa lógica del 11 de septiembre de 2001, ¿cómo podía permitir que un gobierno islámico fuera un pionero del buen gobierno? El resultado fue la invasión por la cristiana Etiopía en 2007, con apoyo estadounidense. La invasión no produjo resultados decisivos y en su lugar ayudó solo a dividir la ICU, y los elementos radicales conocidos como Shabah (Jóvenes) lograron la superioridad.

El resultado es obvio. Por ello, no cabe duda de que el problema de la piratería tiene que ser encarado también en tierra en Somalia. Pero es bastante frecuente que los problemas se presten a solución sólo si soldados y geoestrategas se apartan por un momento. Es, por lo menos, la opinión experta de Katie Stuhldreher. Escribiendo recientemente en el Christian Science Monitor, presentó un triple enfoque ante el problema somalí. Primero, la comunidad internacional debiera apreciar que la piratería en Somalia tiene su origen entre pescadores contrariados que han tenido que competir con la pesca ilegal por barcos comerciales extranjeros en sus aguas costeras ricas en atún.

Esta lucha desigual creó una población local empobrecida. También causó resentimiento entre la población costera el desvergonzado descarte de desechos en aguas somalíes por barcos extranjeros. Los pescadores locales descontentos, que salieron perdiendo, se organizaron rápidamente para atacar barcos de pesca extranjeros y exigir compensación. Su campaña tuvo éxito y llevó a muchos jóvenes a “colgar sus redes de pesca a favor de los AK-47.”

Stuhldreher sugirió: “Si se hiciera que las áreas costeras volvieran a ser lucrativas para los pescadores locales podría alentar a los piratas a volver a medios de vida legítimos.” Por ello, escribió: “Una fuerza de protección de la pesca eliminaría la fuente de legitimidad de los piratas.” Podría ser hecho bajo los auspicios de la ONU o de la Unión Africana o una “coalición de los dispuestos”. Más importante: “Una fuerza internacional enviada para proteger la industria local logrará el mismo objetivo que barcos de guerra pero de un modo más aceptable. El motivo principal para la prosperidad de la piratería a lo largo de la costa somalí es que no existe una autoridad costera para proteger esas aguas. Barcos extranjeros armados servirán a pesar de todo para llenar ese vacío e impedir ataques, pero con la misión explícita de servir al pueblo de Somalia – la misma gente que ha acumulado suficientes motivos para sentir aversión a las intervenciones militares extranjeras y que probablemente verá la presencia de barcos de guerra como intimidación.”

Pero, ¿habrá algún interesado en la “construcción de nación” en África, en EE.UU., la OTAN y los países miembros europeos, Rusia o India? Muy poco probable. Idealmente, la comunidad internacional también debería iniciar un proceso de reconciliación involucrando a los elementos residuales de la ICU. En retrospectiva, como en Afganistán en el caso de los talibanes, un entendimiento adecuado del islamismo ayudaría a apreciar el valor de la ICU en la estabilización de Somalia.

Al contrario, bajo la rúbrica general de la lucha contra la piratería marítima, lo que estamos viendo es un modelo completamente diferente de actividad marítima de las potencias intervencionistas. EE.UU. ha establecido un Comando África especial en el Pentágono. La OTAN y la UE van más allá del teatro europeo y entran al área del Océano Índico. Rusia busca una reapertura de la base naval de la era soviética en Adén. India ha pedido y obtenido facilidades de atraque para sus barcos de guerra en Omán, en un acto sin precedentes, para establecer una presencia naval permanente en el Golfo Pérsico. El Océano Índico se está convirtiendo en un nuevo teatro del Gran Juego. Parece ser cuestión de tiempo antes de que aparezca China.

China, claro está, no es un recién llegado al Océano Índico. En 1405, durante el reino del emperador Yung-lo de la dinastía Ming, un celebrado comandante naval chino, Ching-Ho, visitó Ceilán (conocido actualmente como Sri Lanka) con incienso para ofrendar en el famoso santuario de Buda en la localidad montañosa de Kandy. Pero fue emboscado por el rey cingalés Wijayo Bahu VI, y escapó a sus barcos. Para buscar venganza, China envió a Ching-Ho unos pocos años después. Capturó al rey cingalés y a su familia y se los llevó como prisioneros. Pero al ver los prisioneros, el emperador chino ordenó por compasión que fueran devueltos con la condición de que el “más sabio de la familia sea elegido rey.” El nuevo rey, Sri Prakrama Bahu, recibió el sello de investidura y fue convertido en vasallo del emperador chino. Así continuó Ceilán hasta 1448, pagando un tributo anual a China.

El almirante Mehta tiene ante sí un digno ejemplo, siempre que pueda persuadir a su país renuente a demostrar su poder en África por primera vez en su antigua historia. Su mejor argumento sería que a menos que logre la delantera, Ching-Ho podría reaparecer en el Océano Índico. Pero existe un riesgo inherente, por cuanto los piratas que desaparecieron en la bruma el martes por la noche, podrían volver en busca del INS Tabar.


Fuente: The great game of hunting pirates


Artículo original publicado el 22/11/2008

Sobre el autor

Germán Leyens pertenece al colectivo Rebelión, partenario de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor, al revisor y la fuente.

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MADRE ÁFRICA: 24/11/2008

 
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