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19/09/2019
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Cuánto hasta que se den cuenta de que la batalla está perdida?

Desde el río hasta el mar


AUTOR:  Gilad ATZMON جيلاد أتزمون گيلاد آتزمون

Traducido por  Mariola Merino


Dejemos de una vez por todas de entusiasmarnos por la creciente presión usamericana sobre Israel para que paralice los asentamientos en Cisjordania. Toda la fascinación con este asunto es producto de un ardid sionista que busca desviar la atención de la causa originaria del conflicto: el robo a Palestina y a los palestinos en nombre de un “regreso a la patria judía”. El llamamiento para que se detenga la construcción israelí en Cisjordania tiene como objetivo dejarnos con la falsa impresión de que el robo a Palestina comenzó en 1967. Muchos de nosotros conocemos los hechos, pero no todos. La mayoría de los palestinos fueron expulsados de sus ciudades, pueblos, campos y huertos en 1948.

Lo que parece una iniciativa de paz usamericana,  que presiona a Israel para que detenga su expansión en Cisjordania, es en realidad uno de los puntos del programa que promueven los sionistas del gobierno de USA, conscientes como son, al igual que el difunto Sharon, de que la única posibilidad de supervivencia para el Estado de Israel en la próxima décadas consiste en menguar hasta convertirse en un pueblecito judío. La solución de los dos Estados es, en efecto, el último esfuerzo por mantener vivo al sionismo.

Netanyahu no es un estúpido. Tiene una visión de conjunto. Sabe que el sueño de su padre, el sionista revisionista Benzion Mileikowsky, de un “Eretz Yisrael” aún mayor es inalcanzable.

El periódico Haaretz reveló hoy que el primer ministro israelí admitió en Washington que está comprometido con la causa de  “dos Estados que convivan uno junto al otro”. Sin embargo, hizo hincapié en que “el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares, de donde fueron expulsados, no sería negociable”. Según parece, un primer ministro israelí de la línea dura está por voluntad propia haciendo frente al pecado original israelí, a saber, la expulsión de la mayoría del pueblo palestino. Sin embargo, el hecho de que insista en que este punto no será “negociable” sólo puede significar que ya se está negociando. “Deben abandonar la quimera”, continúa Netanyahu, “de inundar Israel con refugiados, renunciar a las exigencias irredentas del Néguev y Galilea y declarar de forma inequívoca que el conflicto ha terminado para siempre.”

Está claro que Netanyahu expresa aquí un deseo compartido por la mayoría, si no por la totalidad de la población israelí. Todo el pueblo israelí sueña con despertarse una mañana y encontrar que todos los gentiles, palestinos, árabes y musulmanes han abandonado la región.

Tengo el gusto de informar a Netanyahu, y a todos los israelíes que estén dispuestos a escuchar, de que esto no va a suceder. Por mucho que un posible aluvión de “refugiados” palestinos sea una honda pesadilla de los israelíes, dicha posibilidad está lejos de ser una quimera palestina. Es una realidad a la espera de cumplirse. Israel ha perdido su oportunidad de reconciliarse con sus vecinos. Fracasó a la hora de resolver su conflicto con el pueblo autóctono de esta tierra. El destino de Israel estará determinado por “hechos sobre el terreno”, es decir, por cuestiones demográficas. En lo que respecta a la reconciliación, Israel se ha adentrado en un camino sin retorno. Su destino está sentenciado. Ya no se trata de saber si Palestina llegará a extenderse desde el río hasta el mar, sino más bien de “cuándo lo hará”.

Al contrario que la mayor parte de los de israelíes, que niegan la causa palestina, Netanyahu admitió hoy que los palestinos fueron efectivamente expulsados. Por primera vez, “las demandas irredentas” de los palestinos están siendo consideradas por un primer ministro israelí. Y, sin embargo, Netanyahu debería dejar de engañarse a sí mismo y de engañar a su pueblo. No se trata solamente del Néguev y Galilea. Se trata realmente de cada trozo de tierra entre el río y el mar: Tel Aviv, Jerusalén, Haifa, Be’er Sheva y cada pueblo, huerto, campo, río y árbol que se halle entre ambos. La única cuestión sin resolver es la siguiente: ¿Cuánto tiempo pasará hasta que la moneda israelí, el shekel, se desplome? ¿Cuánto hasta que los israelíes se percaten de que viven en tierra robada? ¿Cuánto hasta que se den cuenta de que la batalla está perdida? ¿Cuánto hasta que interioricen el hecho evidente de que, una vez más, han conseguido enojar a sus vecinos?


Fuente: el autor - From the River to the Sea

Artículo original publicado el 11 de noviembre de 2009

Sobre el autor

Mariola Merino pertenece a Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística, a la cual Giad Atzmon está asociado como autor. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora, al revisor y la fuente.

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http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=9322&lg=es

 
 


TIERRA DE CANAÁN: 22/11/2009

 
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